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21/12/2014 n216
Señor, dame paciencia…
El Celador

Ya he comenzado la cuenta atrás… ¿para que me toque el Gordo? ¡No! Para que pasen la cena de Nochebuena y la comida de Navidad. Quiero mucho a mi familia, a la propia y a la política, pero es que se pone todo el mundo como muy nervioso, todos gritan en exceso y están a la que salta. Y esta vez me incluyo, porque yo también estoy especialmente susceptible; hasta mis compañeros del hospital lo dicen, no sé en qué narices se basan...
Creo que es porque estas fechas estresan mucho: tanto quedar con la gente a tomar algo como si no nos fuéramos a volver a ver, tanto ir de tiendas, tantas personas por la calle… Y luego, que si fulanito este año no me ha felicitado las fiestas, que si menganito no me ha ofrecido lotería, que de qué color decoramos el árbol… Total, que yo llego a los días señalados desfondado, con ganas de estar tranquilo, pero hay que hacer todo lo contrario.
No me tachéis de tremendista porque acabo de leer una encuesta que dice que, para el 66 por ciento de los consultados, el exceso en los gastos en Navidades es un factor de estrés, seguido por las compras (56 por ciento), la acumulación de compromisos sociales (54 por ciento) y el cansancio general y los mensajes navideños (40 por ciento). Y a mí me pasa; eso sí, todavía no lo somatizo, pero, por lo visto hay a quien todo esto le hace padecer insomnio, cefaleas, dolores musculares y problemas estomacales.
En fin, que no es que yo sea como el Grinch, que la Navidad me gusta, de verdad, ¡aunque me pone muy nervioso! De momento, creo que no necesito que me vea un especialista, pero mi deseo para estas fechas –además de que me toque la lotería, por supuestísimo– es tener mucha paciencia para seguir siendo el marido, padre, yerno, tío y cuñado ideal, y para poder comerme los langostinos a gusto. ¡Felices fiestas para todos!