¿Quiere recibir Revista Médica en su correo de forma gratuita?
21/12/2014 n216
El presidente de la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina pasará las navidades en Nueva York, donde su hijo está realizando una rotación. La de Rigual es una familia muy sanitaria, con cuatro generaciones dedicadas a este sector. Él se decantó por la carrera científica y docente porque, como asegura, una de las formas de ejercer la profesión sanitaria es “enseñando a ser médico”.
La Universidad Complutense de Madrid nos ha dejado la sala de juntas de su Facultad de Medicina para esta entrevista…
Es una de nuestras facultades de Medicina más señeras. Siempre han sido muy generosos con la Conferencia Nacional de Decanos ofreciendo sus instalaciones y, ahora, han demostrado una vez más esa generosidad.

Entremos en materia: usted nació en Alicante, pero estudió la carrera en Valladolid, ¿por qué ese tránsito?
Viví mi juventud en Alicante y estudié en Valladolid realmente por una casualidad, pues fue fruto de una conversación de mi padre con un buen amigo que le aconsejó esta universidad. Era una buena facultad que, según mis padres, reunía todas las condiciones para el estudio, en una ciudad alejada de los problemas políticos de la época.

¿Y cómo fue el cambio de la costa a la meseta?
A los mediterráneos, a los valencianos, siempre nos ha llamado mucho la atención la meseta; un ejemplo son los escritores de la generación del 98. Es algo distinto a lo nuestro, aunque el frío lo llevamos mal, tanto que llegué a pensar que no iba a aguantar allí muchos años, porque para alguien acostumbrado a veinte grados, pasar a las nieblas fue un cambio bastante sustancial. Me fui con 16 años a Valladolid y la verdad es que fui encantado. Cuando uno es joven cualquier cambio lo ve como positivo.
Hiedra García Sampedro
Imagen: Miguel Fernández de Vega
Junto a sus padres escogió la facultad de Valladolid, ¿también le animaron en su vocación médica?
Vengo de una familia muy sanitaria, de médicos y de farmacéuticos. Mi bisabuelo ya era médico, mi abuelo también y mi padre estudió Medicina, aunque no acabó, y después hizo Farmacia, así que era farmacéutico y naturalista. Mis dos hijos son médicos y tengo cuñados y primos también en la profesión. Es difícil explicar qué es la vocación médica, quizás influya el ambiente en el que vives, el deseo de servir a los demás, la opinión de los profesores, ver que tienes aptitudes... Sin embargo, con 16 años solo se piensa en estudiar. Uno encuentra la vocación cuando conoce la profesión.

Una educación sin tele

Crecer en un hogar sin televisión ha marcado la trayectoria de Ricardo Rigual, quien cree haber adquirido costumbres y valores distintos a quienes sí están educados con la influencia de la ‘caja tonta’. Al decano le gusta pasar tiempo con su familia, en Valladolid o en Alicante, donde siguen viviendo sus hermanos. Se confiesa “muy mediterráneo” y el mar es una de sus pasiones. En general, disfruta paseando y estando “al aire libre”; de hecho, se planteó ser ingeniero agrónomo para estar más en contacto con la naturaleza. Ahora, con más de treinta años dedicados a la Medicina, afirma estar “muy contento” con lo que la vida le está dando.
¿Cómo fue su acogida en la Facultad de Valladolid?
Muy familiar. En seguida pasé a colaborar en el Departamento de Fisiología donde estaba Carlos Belmonte, que fue mi primer maestro y alguien muy cercano. Luego fui alumno interno del departamento y pasé a trabajar con Constancio González, mi director de tesis y con quien tanto he aprendido.

Desde entonces, su carrera ha estado muy centrada en la docencia, ¿ha podido estar también en contacto con los pacientes?
Estudié Medicina del año 73 al 80 y las facultades de Medicina no eran como ahora. Por ejemplo, las prácticas eran voluntarias. Cuando fui alumno interno hacíamos guardias con muchas responsabilidades, así que mi experiencia clínica se basa en haber hecho guardias durante varios años. En seguida me vi involucrado en la carrera científica, porque en aquél momento en Valladolid había mucha gente con ideas nuevas, personas que son excelentes científicos y que han creado escuela.

Junto a sus compañeros de la UVA, celebrando el Día del Doctor en 2014

La Fisiología es su campo de investigación, ¿en qué áreas concretamente?
En la Fisiología sensorial, en la sensibilidad a la hipoxia, que está enmarcado en la neurociencia y el control respiratorio. La Fisiología estudia los fundamentos del organismo sano. Para conocer cómo se tratan los órganos y tejidos, y cuándo funcionan mal hay que conocer cuál es su funcionamiento normal.

Entonces no realizó el MIR, aunque en ese momento sí se habían ofertado las primeras plazas.
Sí, había empezado dos años antes; pero no me interesé por el MIR porque ya era interno de Fisiología cuando era estudiante. Incluso en esos veranos fui a las universidades de Edimburgo (Reino Unido) y de Utah (Estados Unidos). Mi trayectoria ya se había decantado.

Pasaron los años y accedió al cargo de decano de Valladolid.
Cuando llegué a Valladolid era un chico de Alicante que no conocía ni la universidad ni la ciudad, y no sé por qué motivos acabé siendo decano de esa facultad. Nadie se plantea ser decano, sino que es fruto de las casualidades, de tener el perfil correcto en el momento adecuado.

Siempre digo que se es médico de muchas maneras, una de ellas es enseñando a ser médico. Todos somos necesarios, todos estamos involucrados en ese proyecto que es mejorar la sanidad, cada uno desde el puesto que ocupa.

¿Llegó también por casualidad a la presidencia de la Conferencia Nacional de Decanos?
A nadie le obligan, decir lo contrario no sería verdad. Uno cree que puede ser útil y que puede cumplir con ese cometido y acepta el ofrecimiento. El ambiente en la conferencia es magnífico, a pesar de que siempre hay recambio de decanos, fruto de que unos dejan de serlo y otros acceden al cargo. El espíritu se mantiene, un espíritu de trabajo serio, de respeto entre todos y de colaboración.
¿Entonces no existen desacuerdos en el seno de la conferencia?
Más que desacuerdos, tenemos diferentes opiniones, ahí está la riqueza de una conferencia, pero siempre hemos llegado a un consenso.

¿Y con sus alumnos, cómo es el trato?
El trato del decano con los estudiantes es relativamente cercano, por el despacho del decanato pasan muchos alumnos y siempre tratamos de tener relaciones fluidas. No se puede ser decano sin conocer los problemas de los estudiantes. Todos los decanos hacemos lo mismo.

¿Cuáles son las preocupaciones que le transmiten sus alumnos?
Ellos están muy centrados en ser buenos profesionales. Los que acceden a Medicina tienen los mejores expedientes, son jóvenes brillantes y tienen un especial interés por formarse, por ser buenos médicos. Les preocupa mucho su formación, su futuro.

Laboralmente, ¿lo tienen más fácil los jóvenes médicos que otros profesionales?
La vida no está fácil para ninguno, aún así ser médico es una profesión que sigue siendo muy atractiva y es, junto a la de científico y otros servicios públicos, la profesión mejor valorada por la población.

Rigual preside la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina, que se reúne varias veces al año

Muchos alumnos que terminan tienen que buscar su salida laboral en el extranjero, ¿usted también tuvo que traspasar las fronteras?
Como alumno interno, colaborando con el Departamento de Fisiología, fui en verano a Edimburgo y Utah, donde contacté con Constancio González, que estaba allí en ese momento. Luego realicé el postdoctorado en Estados Unidos, estuve en unos laboratorios farmacéuticos que tenían contacto con las universidades de Carolina del Norte y de Duke. Estuve allí más de dos años trabajando y luego volví otra vez a mi facultad original.
Aficionado a los objetos “con historia”

El presidente de los decanos es aficionado a los libros antiguos y, en general, a los objetos “con historia”. Aunque no es un coleccionista empedernido, sí tiene algunas piezas de pintura. Esta es la razón de que entre sus ciudades favoritas estén Roma y París, capitales artísticas “que tienen un encanto especial”, comenta. Rigual atesora novela actual, le gusta la prosa americana y sus últimas lecturas han sido de Mario Vargas Llosa e Isabel Allende. De todas formas, asegura que un libro en sus manos puede durar mucho, porque no tiene tiempo de leer más. “Casi siempre, uno no logra hacer lo que le gustaría”, confiesa.

¿Cómo fue la experiencia?
De esto hace ya unos cuantos años, en aquel momento fue una experiencia muy positiva por conocer otros horizontes y ver diferentes maneras de trabajar y de organizarse. Recuerdo esa época con mucho cariño porque allí tuve a mi hijo mayor, que nació en Carolina del Norte, así que no solo tenía la responsabilidad de trabajar sino otras preocupaciones. Me fui allí con mi mujer cuando tenía 28 años, fue un momento de mi vida muy especial.

Sus hijos también son médicos, ¿cómo les va?
Los dos son médicos residentes en Madrid, uno está realizando la rotación en Estados Unidos. Sigo con ellos la doctrina de mi padre, si me preguntan, les doy consejos, pero creo que cada uno tiene que tomar sus propias decisiones. He tenido suerte con mis hijos, han elegido una buena profesión y son buenas personas.

Como presidente de los decanos, Rigual forma parte del Foro de la Profesión, junto a los representantes de estudiantes, de sindicatos, de especialidades, de sociedades científicas y de colegios

Pasando al terreno político, ¿cómo ha vivido las políticas universitarias en los últimos años?
Hay que sacar la política de la universidad. Las facultades deben regresar al mundo del conocimiento. No hemos pasado una buena época, hemos tenido una terrible crisis y la universidad no ha sido ajena. No nos cansamos de repetir que tenemos problemas para renovar el profesorado y que es necesario buscar una solución. A pesar de esta situación, y gracias al enorme esfuerzo que hacemos, somos capaces de ofrecer una formación más que razonable, aunque muy mejorable. Bolonia se ha implantado a coste cero y ha supuesto que hayamos vivimos una época muy convulsa. También ha sido un martirio para las universidades el límite del 10 por ciento en la tasa de reposición del profesorado.

¿Desde la conferencia, sentís que los políticos hacen oídos sordos a vuestras preocupaciones?
Sí, bueno, vamos a ver, las facultades de Medicina tienen una dificultad adicional, porque tenemos directrices de dos ministerios, el de Educación y las consejerías correspondientes en las comunidades autónomas, y el de Sanidad y los departamentos autonómicos de salud. Tener tantos interlocutores nos dificulta mucho el trabajo, a pesar de las buenas intenciones. Pero algo muy positivo ha sido la participación de la conferencia en el Foro de la Profesión Médica, desde donde se han desarrollado aspectos de máximo interés para el buen funcionamiento de las facultades, como es el problema de la apertura de facultades, el númerus clausus, la política sobre el profesorado o las relaciones con los hospitales.

¿Se solucionarán estos problemas algún día?
Son problemas recurrentes que nunca tendrán una solución definitiva, pero hay que acercase a ella de manera progresiva. Lógicamente, nos gustaría que las soluciones fueran más fáciles y, a veces, los que estamos a pie de obra vemos las cosas más sencillas, por lo que deberían prestarnos más atención.

En 2013 se firmaron los pactos por la Sanidad con el Gobierno que preside Mariano Rajoy