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07/12/2014 n214
El Celador
Para ministro, yo
Siempre que se conoce el nombre de un nuevo ministro de Sanidad se escucha lo mismo: que si no sabe nada de Medicina, que si no entiende de hospitales, que si no tiene ninguna relación con la ciencia…
Que yo sepa –y según lo que me ha chivado Google, que no soy una enciclopedia con patas–, de los 19 ministros de Sanidad que ha habido en España desde que se creó la cartera, allá por el año 77, solo dos eran licenciados en Medicina: Ana Pastor y Bernat Soria.
Sinceramente, dudo mucho de que sus estudios les ayudaran a liderar mejor el departamento. Al final, lo que tienen que hacer los ministros es rodearse de buenos profesionales conocedores del sector y confiar en su criterio a la hora de tomar decisiones. Leo que el nuevo ministro es licenciado en Derecho –como lo fueron otros ocho– y en Filología Románica; esto último sí que es nuevo, para algo servirá.
Y cuando la gente dice que lo ideal sería un ministro que supiera realmente cómo funcionan la sanidad y los hospitales, pienso: “¡Pues yo mismo!”. Porque anda que no sabemos los celadores cómo funcionan los centros sanitarios, más que ningún otro profesional sanitario me atrevería a decir. He recorrido mi hospital de cabo a rabo, de día y de noche, desde los quirófanos hasta
los cuartos de calderas.
Pero es verdad que me falta esa parte política que tienen los políticos, valga la redundancia, y que, como las filologías, sin duda sirve para algo. El caso es que nunca va a llover a gusto de todos: si el elegido tiene un perfil gubernativo, mal, y si es un técnico, lo mismo. Esta semana los belgas también han cuestionado a su nueva ministra de Asuntos Sociales y Sanidad Pública, Maggie De Block. Cumple ambos requisitos, ser política y médica,
pero tiene un pequeño problema:
pesa más de 100 kilos. Los hay
que dudan de su idoneidad para el
cargo por ser obesa, pero ella pide que la juzguen por su trabajo y no por su físico. Lo dicho, nunca llueve a gusto de todos,
y mira que en Bélgica llueve.