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07/12/2014 n214

Sus dos años al frente de la Federación
Nacional de Clínicas Privadas (FNCP) le
dieron a conocer en el ámbito nacional,
pero su trayectoria sanitaria venía de
mucho más atrás. Y es que, desde mediada
la veintena, Gabriel Uguet está íntimamente
relacionado con la gestión sanitaria,
primero en la Cruz Roja de Baleares,
después en el Grupo Juaneda y,
ahora, liderando el proyecto de
Hospital de Llevant,
en Mallorca.
Enrique Pita / Imagen: Miguel Fernández de Vega y Cristina Cebrián

Remontémonos a sus orígenes familiares.
Nací en Mallorca, de padre y madre mallorquines y trabajadores. Mi madre era ama de casa y mi padre, comerciante. Provengo de una familia humilde que me dio la oportunidad de estudiar en una escuela de negocios importante y, a partir de ahí, me inicié en el mundo empresarial.
¿Cómo fue su infancia en la Mallorca rural?
Soy de un pueblo, Porto Colom, en el que había dos colegios. Esto te enriquecía porque compartías clase tanto con pastores como con personas que han acabado convirtiéndose en empresarios o que han ocupado cargos políticos. Creo que esto te da una visión mucho más global, conviviendo con diferentes maneras de ser y diferentes familias.
¿Cómo ha evolucionado la isla desde entonces, los años 70, hasta ahora?
Ha cambiado muchísimo. He vivido en la isla prácticamente toda mi vida, excepto unos años, y quizá aprecio menos el cambio que alguien que viene puntualmente, pero ha sido radical. En el pueblo todo ha evolucionado, hemos pasado de ser un pueblo en el que todos nos conocíamos a una sociedad cada vez más impersonal en la que ha habido mucha emigración.

Además, se ha construido muchísimo en la isla: zonas que eran vírgenes ya no lo son, están llenas de edificios y chalets. Aun así, Mallorca sigue teniendo rincones muy bonitos y sigue siendo una isla privilegiada.
¿Por qué decidió estudiar Administración y Dirección de Empresas?
En un momento dado, con 15 o 16 años, y viendo a mi padre, que se dedicaba al comercio, decidí que me gustaba el tema empresarial. Además, se dio la coincidencia de que un inquilino en la casa de al lado a la nuestra había estudiado en Esade. Él tuvo muchas ofertas de trabajo y me explicó cómo funcionaba la escuela. Así que me fui con mi padre a pedir información sobre el centro, me presenté a las pruebas, que eran bastante duras y exigentes, y tuve la opción de poder entrar en esta universidad que me ha abierto las puertas.
Con Carlos Rus, el gerente de la FNCP, cuando Uguet presidía la federación
Estudió en Esade en Barcelona, ¿cómo fue la experiencia de cambiar la isla por Barcelona?
En aquel entonces solo existía Esade Barcelona y el cambio fue tremendo. Una persona de pueblo, acostumbrada a la tranquilidad y a trabajar mucho a un ritmo diferente… Recuerdo llegar a mi piso en Barcelona agotado de ver a la gente correr. Al principio, todo esto era chocante, pero, por suerte, éramos siete compañeros del mismo pueblo compartiendo piso y experiencias, así que todo fue mucho más fácil y agradable.
Dejó Barcelona en el verano del 92 para marcharse a Estados Unidos.
El último año de la carrera tenía la posibilidad de elegir un destino y tuve claro que me interesaba Estados Unidos. Además, tuve la oportunidad de, convalidando ciertas asignaturas, sacar un MBA que, al cabo del tiempo, ha sido muy prestigioso en la Escuela de Negocios Thunderbird en Phoenix (Arizona), que está considerado por The Financial Times como uno de los mejores del mundo en comercio internacional.

Fue también un cambio radical. El sur de Estados Unidos es otro país respecto al norte, la gente es muy abierta, es una experiencia fantástica. Fui con otros cuatro compañeros de Esade y fue, posiblemente, la mejor época de la vida, muy bonita.
Refugio entre barracas de pescadores Aunque hace años que abandonó la Mallorca rural para instalarse en Palma, la familia Uguet mantiene una casa en Porto Colom. Una zona que, a pesar del paso del tiempo, se ha mantenido bastante virgen y recuerda a la Mallorca que Uguet conoció en su infancia. Este refugio conserva aún las barracas de pescadores y está rodeado de zonas protegidas en las que no se puede construir.
¿Cómo es Phoenix?
Es una ciudad de 100 kilómetros cuadrados, donde todo son chalés. Estás en medio del desierto, es una ciudad prácticamente artificial, y que tiene un estilo de vida quizá muy cercano al de un pueblo. En el sur la gente es más tranquila, se trabaja diferente.
¿En algún momento se planteó quedarse en Phoenix?
Sí, estuve a punto de quedarme. Tuve una oferta de trabajo y quedamos dos finalistas en el proceso. Pero me lié en la entrevista contando que no había hecho todavía el servicio militar y aquel americano no entendía lo que le estaba diciendo (risas). Así que eligió al otro finalista, que era un compañero de Esade y buen amigo mío, y que sigue trabajando en aquella compañía.
Y de allí, vuelta a su isla…
Sí, a pesar de la crisis del 93 tuve bastantes ofertas de trabajo para volver porque mi perfil era bastante demandado. Finalmente, me decidí por volver cerca de mi pueblo y a mis orígenes, por lo que acepté un puesto de director financiero y comercial como adjunto a la dirección de una empresa cárnica en Manacor.
Su tierra, Mallorca, y su familia, son sus dos grandes pasiones
¿Cómo se pasa del sector cárnico al de la salud?
Fue un paso progresivo. Cuando llegué era una empresa pequeña y cuando me ofrecieron este puesto de trabajo, con 22 o 23 años, prácticamente solo pensé que estaba cerca de casa y que podría estar con mis amigos y mi familia. Pregunté cuánto iba a cobrar y poco más, y me encontré una empresa en una situación complicada en la que hubo que trabajar mucho durante dos años y medio. Pero conseguimos levantarla, le dimos la vuelta a la cuenta de resultados y pusimos las bases de lo que sigue siendo ahora: una compañía solvente que, en aquel entonces, había hecho una serie de inversiones que necesitaban, quizá, una visión desde fuera.

Los americanos dicen que los tres primeros años en una empresa aprendes mucho, pero que, a partir de los siete, tienes que cambiar de aires porque te estancas. Así que cuando consideré que ya conocía una empresa pequeña decidí ir a trabajar a una compañía multinacional y me enrolé en Ecco, ahora Adecco, donde llegué a ser director regional y en la que busqué otra visión del negocio. Había conocido una empresa familiar y quería saber cómo se trabajaba en una multinacional.

Después, por una serie de circunstancias, decidí marcharme a la Cruz Roja, donde fui secretario general y coordinador general en Baleares. Teníamos un hospital, que dependía de mí, pero que tenía un gerente, Federico Álvarez, que cada semana me contaba la evolución del centro. A los seis o siete meses él decidió irse porque tenía una oferta en un hospital público y me dijo: “No busques gerente, tienes que ser tú”. Entonces yo tenía 27 años y no lo veía claro, pero hablamos con la directora nacional de Hospitales de Cruz Roja y optamos por combinar el puesto de coordinador general con la gerencia del hospital.
¿Cómo fue la experiencia en la Cruz Roja?
El hospital era una pequeña parte, quizá el 25 o el 30 por ciento, del presupuesto que teníamos en Baleares. En los siete años que estuve en la Cruz Roja hicimos muchas cosas y crecimos mucho: teníamos diez centros de día, servicio de atención domiciliaria y muchas otras cosas gracias a los voluntarios. Tuve la suerte de trabajar bajo la presidencia de Gerardo Bonet y, durante esa época, fuimos capaces, junto con todo el equipo, de hacer crecer mucho a la Cruz Roja en Baleares y de situarla como el referente en temas sociales. Tuvimos la suerte de poder pasar del modelo ambulancia-hospital al modelo de servicios sociales-hospital.
¿De la Cruz Roja pasó a un hospital privado?
Efectivamente. En los últimos años de la Cruz Roja, algunos compañeros que estaban en la junta directiva de la patronal de clínicas privadas de Baleares decidieron que necesitaban un cambio y me ofrecieron combinar mi puesto en la Cruz Roja con la gerencia de la patronal. Entonces trabajaba en un hospital concertado, donde no creaba enemistades ni era un peligro para el resto de hospitales, y pensaron en mí como alguien que conocía el mundo sanitario. La Cruz Roja no puso problemas y, después de dos años y medio, recibí una oferta del Grupo Juaneda para liderarlo bajo las órdenes del presidente.
En la presentación del Hospital de Llevant, flanqueado por la subdirectora Mercè Soteras y el director médico Enric Sospedra
Ha desarrollado toda su actividad profesional en Baleares, pero, en un momento dado, dio el salto a la arena nacional a través de la Federación Nacional de Clínicas Privadas (FNCP). ¿Qué supuso este cambio desde el punto de vista personal?
Fue importante. Hasta aquel momento, siendo gerente de la patronal balear coincidía con la FNCP en la negociación de convenios y otros asuntos. Su presidente por aquel entonces, Antonio Bartolomé, me preguntó si quería entrar en la junta directiva y comencé a trabajar con ellos. Nos reuníamos poco y era una excusa perfecta para venir una vez al año a Madrid a repasar los temas en común, pero era un tipo de presidencia muy personalista y el resto de miembros de la junta directiva estábamos, más que nada, para ayudar.

Con el relevo como presidente de Fernando Mesa del Castillo, hubo tensiones dentro de la FNCP por diferentes razones que se llevaron a la esfera personal. Esto produjo una escisión, la FNCP se quedó un poco descabezada y me propusieron liderarla. Por la rabia de ver cómo el trabajo de tanta gente y de tantos años podía desaparecer, decidí aceptar el reto de llevar la federación durante un periodo transitorio, que siempre dije que sería de un año, aunque al final fueron dos años y medio. Esta etapa me permitió conocer de verdad Madrid y a los madrileños, y una manera muy diferente –ni buena ni mala– de cómo funcionamos en otras zonas, con sus virtudes y sus defectos. Fue muy enriquecedor y una experiencia fantástica.
¿Qué balance hace de esos dos años y medio?
Muy positivo. He conocido y consolidado muy buenos amigos, aunque también me he llevado alguna decepción, como no puede ser de otra manera, pero la verdad es que ha sido una etapa muy positiva en mi crecimiento personal y profesional. No obstante, las etapas empiezan y terminan, y creo que desde Baleares es muy complicado gestionar una entidad que está en Madrid; tiene que ser alguien que disponga de más tiempo y más aptitud, como Cristina Contel.
El verano de los Juegos Olímpicos Sus años de estudiante en Esade Barcelona coincidieron con la transformación de la ciudad de cara a los Juegos Olímpicos que acogió en el verano de 1992. Aunque durante el mes olímpico ya no residía en la Ciudad Condal, Gabriel Uguet sí vivió los importantes cambios que convirtieron a una ciudad “casi oscura” en otra radicalmente distinta, abierta al Mediterráneo y muy cosmopolita.
Nada más dejar la FNCP, se embarcó en un nuevo proyecto personal.
Como he dicho, creo que todas las etapas empiezan y acaban. Tras siete años y medio en el Grupo Juaneda, donde habíamos hecho muchísimas cosas, decidí que era el momento de salir del proyecto e iniciar uno nuevo por mi cuenta que, debido a la inversión económica necesaria, no podía afrontar solo, sino con un grupo de socios financieros y de gestión como Tomás Medina y Jesús Gómez Montoya, con amplia experiencia en gestión y con inversiones en el mundo sanitario. Así nos lanzamos a este nuevo proyecto, el Hospital de Llevant. Aspiramos a que crezca y se consolide. Ahora es un nuevo hospital, pero nos gustaría convertirlo en un grupo de tamaño mediano.

Es un proyecto duro al que dedicamos muchas horas. El balance es muy positivo, pero queda mucho camino por recorrer. Estamos atentos a nuevas oportunidades y ojalá seamos capaces de hacer crecer esta primera inversión.
Dejando de lado el tema profesional y volviendo al personal, ¿a qué dedica el tiempo que le deja libre el sector salud?
Por desgracia, me deja muy poco tiempo libre, y con dos hijos de 11 y 13 años mi único hobby en estos momentos es estar con ellos durante las escasas horas que dispongo. Me quedan pocos años para poder disfrutar de esta etapa de mis hijos, así que valoro aún más esos ratos.