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30/11/2014 n213
Las razones de la dimisión de Ana Mato empañan el complicado trabajo que ha acometido en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Una cartera de la que nadie sale indemne porque se mira con lupa, según han contado sus altos cargos colaboradores a ‘Revista Médica’. Alguien tenía que afrontar los problemas del SNS derivados de la crisis y retomar los asuntos en barbecho, como la troncalidad y la LOPS, y la exministra se puso manos a la obra.

Redacción

En el ámbito personal, quienes la conocen de cerca opinan que Ana Mato es “cercana, modesta y sincera”. ‘Revista Médica’ ha pedido a las personas que han trabajado junto a ella, codo con codo, que reflexionen sobre su gestión durante el trienio que ha estado al frente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Su dimisión y los motivos que la han propiciado, así como la polémica generada con la crisis del ébola y, cómo no, el descrédito generalizado en torno a la política, son un caldo de cultivo para que las valoraciones de su trabajo sean, mayoritariamente, negativas. Sin embargo, desde las direcciones vinculadas a la cartera de Sanidad consideran que un juicio así “dista mucho de ser justo”, sobre todo cuando se compara con algunos de sus antecesores.

Lo cierto es que la exministra se ha enfrentado a numerosas críticas desde las filas de la oposición, pero también desde los profesionales y la propia ciudadanía, que la ha mantenido durante toda la legislatura entre los miembros del Gobierno peor valorados. En este sentido, fuentes del Consejo Asesor consultadas por esta publicación consideran la crítica inmerecida y apuntan que “su discreción y voluntad de diálogo muchas veces ha sido malinterpretada” y se ha confundido “con no querer afrontar los problemas”.

En su toma de posesión estuvo arropada por miembros de su partido. En la imagen, junto al consejero de Sanidad y Asuntos Sociales de Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz; el actual Consejero de Presidencia y Justicia, y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria; y el entonces consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández-Lasquetty

La ministra, de cerca
Mato aterrizó en Sanidad con humildad, sabedora de que tenía mucho que aprender. “Ha intentado entender este mundillo tan complicado, que no se asimila ni en seis meses ni en tres años. Incluso quienes llevamos décadas dedicados al ámbito sanitario nos equivocamos y no conocemos todo, así que el esfuerzo que tiene que hacer una persona que acaba de llegar es mucho mayor”, señala uno de sus colaboradores.

“Es una persona con una gran capacidad de trabajo, capaz de entender perfectamente los temas técnicos complicados y de dirigir a su equipo con mano firme, delegando la ejecución de las políticas previamente establecidas”, afirma otro. De hecho, añaden que un detalle que la honra es que, tras la dimisión, agradeció a su equipo lo que le había enseñado. “Siempre es agradable que, cuando has trabajado con una persona así, reconozca que le has ayudado, porque hay mucha gente que se cree que sabe más que tú del tema, aunque lleves más años”.

Los que han trabajado con ella aseguran que “encajaba bien las críticas, aunque a nadie le gusten”. Mato era consciente de que no estaba en posesión de la verdad; se dejaba asesorar y convencer: “Escuchaba a la gente y cambiaba de opinión, no era un monolito”. “Apoyaba las decisiones que tomaban sus colaboradores, aunque fueran complicadas. Confiaba mucho en quienes había elegido y les apoyaba hasta el final, con independencia de los resultados que ello pudiera tener para ella. Ha confiado bastante en las personas que tenía cerca; unas veces la hemos hecho errar y otras, acertar”.

De su paso por el Ministerio de Sanidad se lleva amigos que saben que ha sacrificado mucho en lo personal: “Se levantaba a las seis de la mañana para poder acompañar a su hija a la universidad y verla, al menos, un rato. Ha hecho un esfuerzo familiar muy grande, le faltaban horas y los fines de semana también se llevaba trabajo a casa”.


Las reacciones del sector
“Luces y sombras” es el balance que hace la Organización Médica Colegial (OMC) a la etapa de Ana Mato al frente de Sanidad. En términos muy similares se mueve el sindicato médico CESM, que desea que “el buen nivel de comunicación mantenido por los médicos con el ministerio se mantenga con su sustituto”, pero señala haber echado de menos “que no haya dado suficientes muestras de querer liderar a un Consejo Interterritorial”. La Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (Facme), por su parte, pide al próximo titular que tenga autoridad, conocimientos en la materia y carácter dialogante.

El Consejo General de Enfermería (CGE) y el sindicato Satse esperan a la toma de posesión del próximo ministro de Sanidad para decidir sobre su futuro en torno al Pacto por la Sostenibilidad y la Calidad del Sistema Nacional de Salud, que firmaron hace año y medio en presencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Por otro lado, a pesar de los recortes sufridos en los últimos años, el sector farmacéutico valora de la gestión de Mato la comprensión que ha tenido de su papel asistencial, entendimiento plasmado en el pacto que firmó con el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos. Por eso quieren que el próximo responsable de la cartera tenga la misma voluntad de diálogo con el sector.

Aunque las opiniones de los responsables de los laboratorios farmacéuticos difieren a la hora de calificar la etapa de Ana Mato como ministra de Sanidad, sí que coinciden en su temor a que el relevo ministerial provoque que se retrasen los proyectos legislativos en marcha, como el real decreto de precios y financiación o el de ensayos clínicos.

Por último, el Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS) ha emitido un comunicado en el que reconoce que la exministra de Sanidad y su equipo “han aportado elementos positivos al sistema sanitario”. Así, ha querido reconocer “su labor por el impulso del sistema desde un punto de vista global, en el que se integran los sectores público y privado”.


Tiempos difíciles
Desde el Consejo Asesor de Sanidad, órgano que con Mato en el ministerio ha recuperado la actividad tras años en barbecho, resaltan que la ya exministra ha vivido una época complicada, teniendo que hacer frente “a problemas heredados y otros derivados de la crisis”. Así, destacan que durante su mandato, y tras una década de espera, se ha “desencallado” la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS); se ha conseguido “desatascar” el Real Decreto de Troncalidad, “tras dormir muchos años el sueño de los justos”; se ha actualizado la cartera básica de servicios, se ha aprobado el calendario vacunal y se ha puesto en marcha la compra centralizada.

Mato ha tenido también la difícil tarea de afrontar la reforma sanitaria, una exigencia de la Comisión Europea y de las propias estrecheces económicas del país que ha supuesto “un trabajo duro y difícil, del que nadie puede salir bien parado”, indica una fuente. “Pero era necesario hacerlo preservando lo mejor del Sistema Nacional de Salud y se consiguió”, añade.

Por otro lado, sus colaboradores señalan que la política farmacéutica ha sido “una de las más firmes de la última década, con una decidida incorporación de los nuevos medicamentos con utilidad demostrada, superior a la de países en mejor situación económica”. Eso sí, empañada por el copago y la bajada de precios, para la que ha tenido que lidiar con las farmacéuticas.

En febrero de 2012, Ana Mato presidió el primero de los consejos interterritoriales del Sistema Nacional de Salud
que se han celebrado durante su etapa al frente del ministerio

Carencias en la comunicación
Probablemente, su mayor defecto haya sido la falta de comunicación. “Debería haber sido más comunicativa, sobre todo con las grandes profesiones y las sociedades científicas, porque lo que quieren es ver a la ministra, hablar con ella y estar cerca de ella”, opina una fuente cercana a Mato.

“Su declarada incapacidad para comunicar y su aversión a los medios de comunicación ha quedado sobradamente demostrada. Ello le ha hecho quedar siempre en un discreto segundo plano que no se ha correspondido con lo realmente ocurrido en las distintas áreas del Ministerio”, señala otra.

Lo cierto es que su agenda era muy amplia y que, como asegura otra persona de su círculo, “a ella le gustaba mucho más la parte de servicios sociales que la de la sanidad, porque la conocía más”. No obstante, “se tenía que haber acercado a los grandes eventos de la profesión médica”.
La política sanitaria de Mato
Las políticas en materia sanitaria de Ana Mato han estado marcadas, principalmente, en el Real Decreto 16/2012, para hacer frente a los objetivos de déficit del Gobierno, la implantación de nuevos copagos, y por la gestión de la crisis del ébola tras el contagio de la auxiliar de Enfermería Teresa Romero.

Además, tras la retirada de la reforma del aborto diseñada por el exministro Alberto Ruiz Gallardón, y en la que el Ministerio de Sanidad se quedó en un segundo plano, Mato asumió la responsabilidad de realizar una reforma más limitada de la Ley de Plazos circunscrita a establecer el consentimiento paterno para aquellas menores de 16 y 17 años que quieran abortar.

Durante su mandato, la ministra ha logrado el apoyo de los profesionales sanitarios (médicos, enfermeros y farmacéuticos) tras firmar con ellos un pacto para preservar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) que, sin embargo, no ha logrado con los grupos parlamentarios. También le quedará pendiente un gran pacto sociosanitario para que las comunidades coordinen ambos sistemas, necesario ante una población con más enfermedades crónicas.

Su última gestión se produjo tras la crisis de salud pública generada por los tres casos de ébola tratados en España, primero con la repatriación de los dos misioneros infectados en África, Miguel Pajares y Manuel García Viejo, que finalmente fallecieron, y principalmente tras el contagio de la auxiliar Teresa Romero, que había atendido García Viejo en el Hospital Carlos III de Madrid.
Su imagen en los servicios sociales
Precisamente, sus colaboradores en los servicios sociales comparten esa visión que define a Mato como una persona “con una enorme capacidad de trabajo” y destacan su cercanía: “Gana en las distancias cortas”. Además, resaltan entre sus características “una visión política innata, separando lo importante de lo intrascendente”.

Bajando a la arena del análisis de los tres años de Mato en el ministerio, desde este ámbito apuntan que se encontró una situación complicada en la que había que asumir “decisiones difíciles”, por lo que destacan “su valentía”, con el pensamiento puesto en el futuro y en la sostenibilidad del sistema. “Hace dos años y medio la oposición auguraba que el futuro sería negro, que el sistema sanitario o el de dependencia no existirían merced a las medidas de este Gobierno, pero las decisiones adoptadas desde el Ministerio han logrado que sigan siendo públicos, más transparentes y sostenibles”, aseguran.

Pero también advierten aspectos que podrían haberse encarado de otra manera, en especial la comunicación de las medidas. En este sentido, consideran que la necesidad de tomar decisiones inmediatas y resolver los problemas de las distintas patas de la gestión del ministerio han dejado sin tiempo a la exministra para explicar pausadamente y en profundidad las razones, y cuál era el objetivo que se buscaba. “La política es ingrata”, dicen, y destacan que, a pesar de la importancia de la labor de Mato al frente del Ministerio, “el tiempo no va a reconocer su trabajo”.

Ana Mato participó en el 4º Encuentro de Parlamentarios organizado por Sanitaria 2000 en Córdoba, en junio de 2013.
En la fotografía aparece junto a los socialistas José Martínez Olmos y Rosa Aguilar, el popular Jesús Aguirre y
el presidente de Sanitaria 2000, José María Pino

Una cartera ingrata
Esta idea es compartida desde alguna dirección general: “Pocos ministros de Sanidad salen indemnes de su época de trabajo. Si no es por una cosa, es por otra, porque es un ministerio que se mira con lupa, aunque, a nivel de Gobierno, parezca de segunda categoría”. Incluso ella misma decía que “es un ministerio en el que puedes hacer mil cosas bien, pero, si haces una mal, estás marcada”.

“En estos tres años y en condiciones económicas de máxima dificultad, se ha optado por afrontar los problemas y no sentarse a esperar y ver si se solucionaban solos, que ha sido lo que sus predecesores han hecho en bastantes temas. Ello genera críticas, sin duda, pero era necesario y alguien tenía que hacerlo”, resume una de las fuentes consultadas por ‘Revista Médica’.

Respecto al futuro, las mismas fuentes consideran que Mato deja el terreno habiendo sentado las bases de la sostenibilidad del sistema, lo que permitirá al próximo ministro convivir con una realidad muy distinta, en la que, aunque “aún quede mucha agenda por hacer”, ya hay proyectos muy avanzados, como el Pacto Sociosanitario o el impulso de la e-salud, así como una relación con las industrias farmacéutica y de tecnología sanitaria en la que se ha avanzado mucho en el entendimiento con ambos frentes.