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23/11/2014 n212
Eduardo Ortega Socorro
Imagen: Miguel Fernández de Vega
Padre, hasta cierto punto, del medicamento publicitario en España, Rafael García Gutiérrez forma parte de la historia reciente del sector farmacéutico. Primera espada de la Asociación Nacional del Autocuidado (Anefp), ha sido el principal responsable de las relaciones de la patronal con la Administración, a la que dedica pocas críticas y muchos halagos. Con 68 años y ya jubilado, preside FunSalud y es alcalde de un pequeño pueblo de la sierra madrileña. Solo se plantea descansar cuando le obliguen la salud o el “pijama de madera”.
Da la impresión de que su trayectoria es paralela al devenir del sector farmacéutico.
Bueno, llevo en él desde 1969. Antes de eso, era profesor de instituto. Había hecho oposiciones y estaba en el Instituto Ramiro de Maeztu, de Madrid. Resulta que yo llevaba la tutoría de los hijos del director general de una compañía farmacéutica, que me ofreció ser gerente de promoción y coordinador nacional de ventas de su laboratorio.

¿Por qué un cambio tan radical?
La verdad es que fue por temas económicos. Ganaba 5.000 pesetas mensuales como profesor de instituto y él me ofreció 15.000. Tenía novia, quería casarme, tenía que comprar el piso... Mi intención era estar solo unos meses y, luego, volver a dar clases, pero me promocionaron y, en fin, ya fue imposible regresar. Poco tiempo después pasé por el laboratorio Federico Bonet, momento en el que fundamos Anefp, en 1978, recién estrenada la democracia.

Una de las últimas asambleas de García Gutiérrez en Anefp. A su derecha, Jordi Ramentol, presidente de la patronal, y Jaume Pey, su sucesor

¿Cómo afectó la Transición española a la industria farmacéutica?
Muy positivamente, ya que con este periodo llegó una mayor liberalización de precios, una mayor cobertura de medicamentos para los ciudadanos... Pero también negativamente, porque en la época de Enrique Sánchez de León, primer ministro de Sanidad, hubo más regulación y empezaron a aprobarse los decretos que legislan la publicidad y la comercialización de los fármacos. En definitiva, quedó una industria más regulada, pero también más liberalizada.

En 1978 nació Anefp. ¿Cuál fue su germen?
Nació por la vocación de ocho personas de la industria farmacéutica y las ocho compañías que representaban. No me acuerdo de todos, pero entre ellos estaban Bayer, Roche, Federico Bonet... Estos laboratorios sentimos la necesidad de que hubiese una regulación especial para los medicamentos llamados OTC en la Europa anglosajona, y que en España no existían. Aquí todos los fármacos eran iguales y tenían el mismo tipo de registro y características, y solo a algunos les dejaban hacer publicidad de forma excepcional. La aspirina, el calmante vitaminado y poco más.

Casamentero por sorpresa

Sus labores de alcalde han traído a García Gutiérrez unas funciones inesperadas, como la de casamentero. “Le dedico muchísimo tiempo a casar, caso muchísimo en el pueblo. Todos los sábados tengo tres o cuatro bodas y, en lo que va de año, llevo 55 matrimonios realizados”.

La razón que se esconde detrás de tal nivel de actividad en bodas es que Gargantilla de Lozoya y Pinilla de Buitrago es el “único pueblo que no cobra tasas de la Comunidad de Madrid”. Además, García Gutiérrez da un toque especial a cada ceremonia: “El matrimonio civil es muy frío porque se leen tres artículos y se tarda un minuto. Pero lo que yo hago es darles algunos consejos, leerles un poema de un profeta hindú… En fin, que hago la ceremonia un poco más bonita, y en el registro civil de Madrid ya tenemos fama”.

¿Por qué en España había ese retraso, por así decirlo?
Quizá por una actitud paternalista de la dictadura, en la que los únicos medicamentos que se podían utilizar eran los que recetaba el médico. No existía el concepto de automedicación. Es más, era absolutamente negativo, porque no se distinguía la automedicación responsable de la peligrosa o incluso ilícita. En nuestro país, esta visión negativa de la automedicación viene no solo de Franco, sino de tiempos de la República. La ciudadanía no podía tener iniciativa. Es ahora, en los tiempos que vivimos, cuando nace el concepto de que el paciente es el primer responsable de su salud.

Volviendo a los orígenes de Anepf, la asociación no nació con ese nombre en concreto.
No, lo hizo con el de Asociación de Medicamentos Publicitarios, pero es que entonces tampoco existía esta tipología de fármacos, así que nosotros le pusimos nombre: especialidades farmacéuticas publicitarias. ¿Por qué esta denominación? Para asegurarnos de que siempre se vendieran en farmacias. Y porque por entonces ya había corrientes que abogaban por prohibir la publicidad de medicamentos. Nosotros entendimos que, de esta manera, era más fácil hacer la defensa de nuestros productos.



¿Fueron los inicios de la democracia fundamentales para el nacimiento de Anefp y el origen del medicamento publicitario?
Totalmente. Con la democracia, llega el Ministerio de Sanidad. Y con él, se abre una capacidad de diálogo mayor entre la industria y la Administración. No podemos olvidar que entre los primeros logros de la asociación se encuentran el tener un registro diferente al oficial, el tener una lista de principios activos que pueden ser publicitarios y el tener una normativa sobre publicidad. Y eso se logra gracias a la colaboración y la ayuda que tuvimos desde la Administración. Fundamentalmente de hombres como Luis Rodríguez (director de Gabinete entre 1988 y 1992), que ya ha fallecido, y Paco Ferrandis (ocupó varios cargos durante la década pasada, como el de subdirector general de Financiación, Presupuestos y Evaluación Económico-Financiera del Ministerio de Sanidad o el de consejero técnico del Ingesa).


Tenemos entendido que existió la intención de formarse dentro de Farmaindustria, pero hubo problemas…
Nosotros queríamos haber nacido como una rama de Farmaindustria, pero, en aquel momento, las personas que la dirigían interpretaban que nuestra asociación podía suponer una pérdida de la soberanía que tenían sobre el medicamento. Aunque la relación siempre fue magnífica, es cierto que había intereses nuestros que podían ir en contra de los de la industria de prescripción. Por todo esto tuvimos que nacer como una comisión y sección dentro de la Asociación Española de Anunciantes, de la que he sido vicepresidente durante muchos años y sigo siendo consejero.

Así es como nació Anefp. Fuimos la hija bastarda de Farmaindustria, y si no se nos consideró así, sí que se nos vio como la hija débil de los laboratorios. Era mucho más caro lanzar un medicamento publicitario, con el que no ibas a conseguir retorno de la inversión pronto, que lanzar uno de prescripción o una copia. Por eso la industria farmacéutica fue muy reticente a entrar en este mercado. Ha sido después, tras la bajada los precios de los medicamentos de prescripción, el nacimiento de los precios de referencia, etcétera, cuando los laboratorios se han volcado en este sector.

Hace 36 años que se fundó Anefp y, durante casi todo este tiempo, usted ha tenido un papel protagonista dentro de la patronal.
Yo fui, desde el primer momento de la fundación, vicepresidente. Pasé a ser presidente en 1985 hasta 1991, cuando ya no podía aguantar más porque mi cargo me suponía trabajar para Anefp hasta las once de la noche. Entonces me ofrecieron ser presidente ejecutivo, aunque preferí ser director general y que hubiera un presidente que fuera rotando. De esta manera, había siempre dos cabezas pensantes en vez de una sola y esto nos permitía tener diferentes actitudes para negociar ante la Administración.

El exdirector general de Anefp fue un habitual de las mesas de debate del sector farmacéutico, como representante de las empresas de autocuidado. Junto a él, Humberto Arnés, director general de Farmaindustria; Carmen Peña, presidenta del Consejo General de Farmacéuticos; Marta Fernández-Teijeiro, presidenta del COF de Cantabria; Antonio Abril, presidente de Fedifar; y Ángel Luis Rodríguez de la Cuerda, director general de Aeseg

Durante todos estos años, lo cierto es que Anefp ha logrado gran parte de sus objetivos programáticos: desfinanciaciones, figurar en el nomenclátor de las administraciones públicas... ¿Cuál es el logro del que se siente más orgulloso?
Del que más contento me siento es de los precios libres, en 1982. Eso fue fundamental, pero no fue el único logro. Pero el más importante para mí fue el primero de todos: lograr un registro diferencial y una lista de principios activos diferenciada.

También fue muy importante la pantalla azul. La publicidad de los medicamentos tenía tal cantidad de advertencias que lo que hacía era asustar en vez de informar. Era muy frecuente que se anunciara un descongestionante nasal y que el paciente prefiriera el de receta, que no podía avisar de los “enormes peligros” que a nosotros nos obligaban a declarar. De esta manera, desaparecieron los sustos que le dábamos al consumidor, avisándole de que tenía que mirar el prospecto y consultar al farmacéutico.

Estos fueron los logros de los primeros años, pero de los últimos también fueron muy importantes las desfinanciaciones de medicamentos para síntomas menores como mucolíticos y las lágrimas artificiales, y la introducción en el nomenclátor. Siempre he defendido que una cosa es la financiación y otra la prescripción. El Estado solo debe de financiar aquello que puede y debe financiar, pero el médico debe poder prescribir cualquier cosa, todo aquello que considere necesario. No era razonable que se estuvieran gastando 70 millones de euros en lágrimas artificiales y que luego no se pueda pagar un empaste bucal.

El bricolaje, su pasión

Aunque García Gutiérrez advierte de que tiene muchas aficiones, sin duda la principal es el bricolaje. De hecho, tiene un taller para dedicarse a ello. Y como prueba, sirva un botón: “Simón Viñals me regaló el despacho de su ‘tataratatarabuelo’ cuando llegué al ayuntamiento, y estaba destrozado. Lo he restaurado con estas manitas y ha quedado un despacho del siglo XVII precioso en las dependencias municipales”.

También revela que, entre sus pasiones, se encuentran la obra de Gabriel García Márquez, el teatro y la poesía. De hecho, confiesa que queda para recitar con “un pequeñísimo círculo de amigos”.


Ha dejado la patronal. ¿En qué emplea su tiempo ahora?
Para empezar, creo que, cuando uno se jubila, no debe estorbar. Me jubilé de Anefp al cien por cien, pero como quería seguir ayudando, aunque sin estorbar, ocupé la presidencia de la Fundación para la promoción de la salud y el bienestar (FunSalud), que Anefp financió durante 2013, aunque dejó de hacerlo y de ser patrono en 2014. Lo que queda por hacer en sanidad es lo que quiere hacer esta fundación: promover un uso responsable y correcto de los medicamentos y del Sistema Nacional de Salud. Todo ello, a partir de la promoción de los hábitos de vida saludables y de los rigores del autocuidado, y a eso me voy a dedicar ahora junto a los patronos que me acompañan.

La fundación está en plena constitución, pero tenemos claro que uno de nuestros objetivos es el de llegar a la educación en la escuela. Los niños tienen una capacidad de prescripción enorme. Mis nietos son los primeros que me avisan de que me he de poner el cinturón de seguridad, por ejemplo. Eso lo dicen porque en el colegio tienen una asignatura que es Educación Vial. Lo que nosotros pretendemos es que el niño también reciba una formación similar en salud, como los hábitos de vida y de dietética saludables, y en el uso correcto de los medicamentos.



¿Cree que, en algún momento, en España se venderán medicamentos en los supermercados, como en Estados Unidos?
Podríamos estar hablando durante horas sobre las grandezas y las miserias de la farmacia americana. Las miserias están claras: la mercantilización del medicamento y el incentivo a su consumo… También está el autoservicio del paciente, algo sobre lo que nunca he estado a favor. ¿Cuál es la grandeza? Pues que en todas estas farmacias enormes puedes ver al fondo un sitio donde pone Prescription, donde hay un farmacéutico que es el único que dispensa medicamentos sujetos a prescripción –que es imposible conseguir sin receta– y que está el tiempo que sea necesario con el paciente con el fin de que este entienda cómo tiene que tomar y conservar un fármaco.

Gracias a los años en el sector, García Gutiérrez guarda una relación cercana con algunos de los ‘históricos’ del Ministerio de Sanidad, como Carlos Lens, subdirector general de Calidad de Medicamentos y Productos Sanitarios

Ahora es alcalde de un pueblo de las afueras de Madrid.
De la sierra pobre de Madrid, para ser más concretos. Soy alcalde de Gargantilla de Lozoya y Pinilla de Buitrago desde las últimas elecciones municipales de 2012. Es un pequeño pueblito, con solo cuatro núcleos urbanos. Es un poquito especial porque, entre semana, solo hay un centenar de personas, todas mayores y con muletas, pero durante el fin de semana puede haber unas 1.500. Y en verano, 2.500, puesto que tenemos uno de los campings más importantes de Europa. La verdad es que el pueblo había tenido una administración desastrosa. El alcalde se había puesto un salario de 24.000 euros y solo se preocupaba de lo que podía sacar del ayuntamiento. Tengo un chalet de fin de semana allí desde hace 44 años y esta situación me daba mucha rabia, pero no podía hacer nada, porque ya tenía bastante con Anefp.

He logrado tener una posición socioeconómica desahogada, y estoy agradecido a la sociedad por ello. Mis amigos me dicen que es porque he trabajado como un burro, pero quería devolverle algo a la sociedad y, como a nivel nacional y autonómico no podía, pensé que podía hacer algo más por los vecinos. Así que me presenté a las elecciones y lo hice por el Partido Popular (PP) porque era el que mandaba en la Comunidad de Madrid y porque, como tenemos que vivir de subvenciones, parece que si las pedimos desde un ayuntamiento del PP puede ser más fácil.

Estoy muy contento porque prometí tres cosas y espero haberlas cumplido para antes de las elecciones: hacer una residencia de ancianos, que estamos a punto de terminar; acabar de pavimentar la mayor parte del pueblo; y llevar agua y colectores a algunos barrios que no tienen. Evidentemente, renuncié a mi sueldo desde el primer día y tengo el orgullo de poder decir que no he pasado un solo euro de gasto al ayuntamiento.

¿Se presenta a la reelección?
Pues sinceramente, no lo sé. Dependerá mucho de que haya terminado los objetivos que me había planteado. Tiene gracia, porque quienes me están animando a presentarme son la propia oposición. De hecho, hay uno del Partido Comunista que me asegura que puedo contar con su voto. En los pueblos lo importante no son las siglas del partido, sino la persona.

¿Cuándo se va a dedicar a descansar?
Hombre, pues tendré mucho tiempo cuando me pongan el pijama de madera, toda una eternidad para ello (risas). Tocará cuando la salud invite a ello, pero mientras tenga energías para trabajar para los demás, seguiré haciéndolo.