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23/11/2014 n212
Sandra Melgarejo

¿Cine o Medicina? ‘Revista Médica’ ha identificado a algunos profesionales sanitarios que han llegado a plantearse este dilema. No obstante, aunque la vocación médica y el miedo a la incertidumbre de dedicarse al séptimo arte hayan imperado en sus vidas, se atrevieron a llevarse su afición por el cine al terreno sanitario y han colaborado en guiones e, incluso, han proyectado películas y producido largometrajes.
La Medicina es un tema recurrente en el cine y la televisión; la complejidad de la patología, las relaciones entre sanitarios y el fondo de estos profesionales fascinan a guionistas, directores y productores, y, cómo no, al gran público. Pero la admiración es recíproca y hay médicos que se han atrevido a hacer sus pinitos en el séptimo arte, una categoría en la que nos tomaremos la licencia de enmarcar también a las series.

Los guionistas suelen dedicar los primeros meses de trabajo a investigar el tema que tienen entre manos y, muchas veces, cuentan con la asesoría de profesionales sanitarios para que las enfermedades, los síntomas, los tratamientos y el argot médico sean lo más verosímiles posible. Así es como el urgenciólogo Juan Algarra empezó a colaborar en Hospital Central. Los guionistas que desarrollaban el proyecto de la serie visitaron servicios de Urgencias para coger ideas sobre su funcionamiento; uno de los días que fueron a su hospital, el Clínico San Carlos de Madrid, Algarra charló con ellos y, meses después, le llamaron para que viera los primeros guiones y les asesorara en el uso de palabras técnicas.

El urgenciólogo Juan Algarra, guionista de ‘Hospital Central’
“Al principio, desarrollaban toda la historia y solo querían que les ayudara con los tecnicismos, pero tuve que convencerles de que la Medicina no era como ellos pensaban porque, muchas veces, más que Medicina necesitaban magia, ya que planteaban casos que eran totalmente imposibles en la vida real. Tuvimos que trabajar mucho en los primeros guiones porque había que reconducirlos”. Después, cambiaron las tornas: los guionistas planteaban una historia y él buscaba qué tipo de enfermedad podía encajar. Con el tiempo, pasó de asesorar solo en la parte médica a escribir guiones completos.

De hecho, cuando acabó la serie, un grupo de guionistas, entre los que estaba Algarra, montó Primera Versión, una empresa dedicada a la elaboración y desarrollo de contenidos audiovisuales de ficción, de la que han salido trabajos como la serie de comedia De repente, los Gómez, y La memoria del agua, una miniserie de intriga sobre un asesinato en un balneario. Nada que ver con la Medicina.

Además, durante la época de Hospital Central, Algarra conoció al director de cine Daniel Sánchez Arévalo, con quien ha colaborado en casi todas sus películas: “Me ha dado a leer los guiones y hemos trabajado juntos. Siempre acepta cualquier matización, da gusto trabajar con él”. ¿Recuerdan la escena del robo de la caja fuerte en La gran familia española? Fue arduamente discutida entre el urgenciólogo y el director.

‘Hospital Central’ Vs ‘Urgencias’
¿Las series españolas de médicos tienen menos calidad que las estadounidenses? Juan Algarra, médico de Urgencias y guionista de Hospital Central, opina que sí, pero lo achaca a una cuestión de inversión: “No hay más que ver lo que costaba un capítulo de Urgencias y lo que podía costar uno de Hospital Central o de House”. Además, matiza que las series españolas siguen adoleciendo de otro problema: aquí los capítulos duran 70 minutos, mientras que en Estados Unidos son de 40 minutos, y “es muy distinto contar historias en 40 minutos que en 70”. “En las series españolas de ámbito familiar también existe la tendencia de que todos los grupos de población tienen que estar representados, porque a la cadena le interesa que la mayor cantidad de gente posible vea su serie. No se trabaja en función de la calidad, sino de las audiencias, y eso no siempre va en paralelo”, añade Algarra. No obstante, asegura que “los casos médicos se tratan igual” a este y al otro lado del charco. Por cierto, hace diez años hubo un caso de ébola en Hospital Central, algo que, en aquel momento, era poco verosímil… Como se suele decir, la realidad supera a la ficción.
El guion, al servicio de la especialidad Otro médico que colaboró en Hospital Central fue Jorge Matías-Guiu, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, vicepresidente primero de la Sociedad Española de Neurología (SEN) y cinéfilo confeso. Su participación en la serie comenzó cuando era presidente de la sociedad científica: “Se hizo un estudio sobre cuál era el conocimiento de la Neurología en la población. El resultado fue desalentador porque, aunque se conocían las enfermedades neurológicas, la gente no sabía qué médico las trataba. Así que la SEN contrató a una empresa de marketing para arreglar esta situación y uno de los pasos que nos recomendó fue meter al neurólogo en la televisión”.

Jorge Matías-Guiu ha colaborado en guiones
de ‘Hospital Central’ y ‘MIR’
Para ello, la SEN ofreció su colaboración a varias cadenas y recibió varias propuestas, entre ellas, la de Hospital Central. “Acordamos la posibilidad de incorporar a un neurólogo en la plantilla de médicos de la serie. Los casos neurológicos estaban de moda porque protagonizaban la mayor parte de los capítulos de House”, recuerda Matías-Guiu.

En una de las primeras intervenciones del personaje del neurólogo hubo una metedura y, a partir de entonces, los propios guionistas de la serie se ofrecieron a enviar los textos a la sociedad científica para que los revisara. Así, Matías-Guiu recibía todos los guiones e introducía las sugerencias que se le ocurrían. Al final, como le pasó a Juan Algarra, se volvió la tortilla: el neurólogo proponía los casos y los guionistas los integraban en la trama. “Fue muy divertido. Después, comenzó la serie MIR y el jefe de guionistas, que ya me conocía, volvió a contar conmigo”.

El jefe de Servicio del Clínico afirma que la imagen que se dio del neurólogo en Hospital Central fue muy positiva para la especialidad: “Empezábamos a pelear que existiera el neurólogo de Urgencias para atender los casos de ictus, y en la serie era así. Cuadraba mucho con la ideología que tenía la SEN y con el desarrollo del Código Ictus. Creo que cambió bastante la imagen que se tenía de la Neurología hace diez años”.

Adivina quién ha hecho un corto
Hablando de neurólogos, la SEN, a través de su Área de Cultura, produjo el cortometraje Adivina quién viene a comer mañana, que se estrenó en la Reunión Anual que la sociedad científica celebró en 2011, y que fue premiado y finalista en varios festivales internacionales. Nuevamente, Matías-Guiu opinó sobre el guion e introdujo algunos gags. El objetivo del corto –dirigido por Pepe Jordana y con un reparto que incluye a actores tan conocidos como Chete Lera, María Castro y Jorge Bosch– era reflejar la imagen del neurólogo en clave de humor. Jorge Bosch interpreta el papel de neurólogo, la actriz María Castro es su novia y el actor Chete Lera el padre de la novia.

José María Prieto entre los actores Jorge Bosch y María Castro, acompañados por Pepe Jordana, el director del corto ‘Adivina quién viene a comer mañana’ / Foto: Vicente Ayala
José María Prieto, neurólogo del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), entonces vocal del Área de Atención al Socio de la SEN, fue el encargado de supervisar el rodaje, que se realizó en una pequeña localidad de la provincia de Lugo. Su cometido era asesorar a los actores sobre algunos términos y, entre grabaciones, les contaba curiosidades sobre la especialidad que, según le dijeron, les ayudaron mucho. “Las correcciones tenían que ver, sobre todo, con los tecnicismos y palabrejas que hay en la Neurología. Acabé contando anécdotas sobre la especialidad, pero, más que nada, por calmar los nervios del rodaje. Fue una experiencia agradable y divertida, que no me importaría repetir”.

En general, Prieto comenta que los fallos que detecta cuando ve películas y series tienen que ver, fundamentalmente, con el uso de la jerga médica, pero afirma que cada vez encuentra menos errores: “Los guionistas son gente muy profesional y bien documentada”. El neurólogo considera positivo que las productoras pidan ayuda a las sociedades científicas para que, aunque se trate de ficciones, sean lo más rigurosas posibles. “Incluso los políticos deberían hacerlo, pero eso ya es otra historia”, bromea.

Filmoteca de médicos
La lista de películas que han tocado temas médicos, con mayor o menor fortuna, es interminable. Los doctores entrevistados por ‘Revista Médica’ han seleccionado algunas cintas que reflejan fielmente la realidad de la profesión o de los problemas que trata la disciplina:

Las confesiones del doctor Sachs, de Michel Deville.
Las alas de la vida, de Antoni P. Canet.
El hijo de la novia, de Juan José Campanella.
Tierras de penumbra, de Richard Attenborough.
El doctor, de Randa Haines.
Caro diario, de Nanni Moretti.
Philadelphia, de Jonathan Demme.
Despertares, de Penny Marshall.
El mar, de Agustí Villaronga.
Las alas de la vida, de Antoni P. Canet.
De los productores de… Y de médicos que hacen pinitos a otros que se meten de lleno en la producción cinematográfica. José Manuel Solla es presidente de la Fundación SEMG (Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia) Solidaria, médico rural en Galicia y productor audiovisual. Siempre le había interesado el cine y, cuando un paciente le comentó que iba a hacer un curso de Imagen y Sonido, decidió apuntarse. Aunque no acabó la formación por desavenencias con los propietarios de la escuela, conoció al director y guionista Gonzalo G. Palmeiro, diplomado en Cinematografía y Artes Audiovisuales, y juntos fundaron la productora Tamagaz Films.

José Manuel Solla tiene una productora, Tamagaz Films
Solla ya tenía escrito un guion y se pusieron manos a la obra. El resultado fue Los anillos del alma, un documental sobre lo que ocurre en los países en vías de desarrollo cuando una persona sin recursos se enfrenta a la enfermedad. “Se ha hablado de la pobreza desde muchos puntos de vista, pero nunca se ha narrado desde la óptica del más vulnerable: quien es pobre y está enfermo”, señala el médico. A este primer trabajo de Tamagaz le seguiría el largometraje de ficción Ventanas en el cuerpo, el testimonio del ejercicio profesional de los médicos rurales en la España de la posguerra y una “temeridad”, según Solla, ya que, con un presupuesto bajísimo, rodaron una película de época con 45 actores y en bastantes localizaciones.

“La producción es un campo amplísimo que implica tocar muchísimos palos. Es un trabajo arduo: buscar localizaciones, sponsors… Es decir, todo, menos el rodaje y la posproducción. Es lo que más tiempo lleva siempre”, explica el presidente de SEMG Solidaria, quien también hace algún cameo, “pero siempre muy cortito”. Ahora están rodando una película de ciencia-ficción, con una historia de amor y un dilema ético de por medio, cuyo personaje central es un neurólogo (siguen de moda) que está investigando sobre un microchip que permitirá conectar con pacientes que están en coma, y que recibe una tentadora oferta de una multinacional…

La historia de Solla plantea una duda: si le interesaba tanto el cine, ¿por qué estudió Medicina? “No era lo que tocaba en aquella época ni lo que esperaban tus padres de ti. Era muy complicado”. Bromas aparte, su principal vocación siempre estuvo ligada al ámbito sanitario: “Me siento médico rural por encima de todo”.

‘Cinema Paradiso’ en Chinchilla Otro que no se atrevió a estudiar cine, aunque le “apasionaba”, fue Francisco Javier García Pérez, neumólogo del Hospital de La Princesa, de Madrid. “Estuve pensando si estudiar Medicina o cine, pero fui un poco cobarde porque no veía muy clara la salida, a no ser que tuviera mucho talento y suerte, y me convirtiera en alguien reputado”.

Cuenta que su historia tiene cierto paralelismo con la de la película Cinema Paradiso: “Mi familia tenía un cine de pueblo en Chinchilla (Albacete), en el que se proyectaban películas de reestreno –entonces, en los años 50 y 60 no existía el pirateo–. Crecí en el cine, viendo películas, y como me encantaba, me interesaba mucho y controlaba bastante, a los 12 años ya negociaba con las distribuidoras los contratos de las películas y sabía cómo funcionaba la cabina de proyección”. Además, escribía críticas de cine en la revista del instituto y, durante un año, fue corresponsal en Chinchilla de La Verdad, un periódico de Albacete, Alicante y Murcia, donde también le publicaban alguna crítica de vez en cuando.
La familia de Francisco Javier García Pérez tenía un cine rural

Pero, como pasa en las películas, la trama dio un vuelco: él se tuvo que ir fuera a estudiar Medicina y los cines de pueblo cerraron. Sin embargo, la cinematografía le seguía interesando muchísimo y comenzó a estudiar la relación entre cine y Medicina, y ahora da conferencias sobre ello allá donde le invitan. “Por ejemplo, tengo recogidas más de cien películas que han tratado el tema de la tuberculosis, incluido un mediometraje de 1912”.

Guionistas, productores, asesores, críticos... cinéfilos, en general. Los doctores que han hablado con ‘Revista Médica’ optaron por ejercer la Medicina por encima de todo, en lugar de dejarse llevar completamente por el séptimo arte, empujados, quizá, por la vocación médica y por una destreza inherente a su dedicación. Pero, afortunadamente, no tuvieron que renunciar a su pasión: el cine sigue formando parte de su día a día porque, al fin y al cabo –y como cantaba Aute–, “todo en la vida es cine y los sueños, cine son”.