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23/11/2014 n212
El momento del desayuno en el hospital es para mí el de poner el particular termómetro a la actualidad, a lo que preocupa en la calle. Y claro, uno coge el periódico y enfrenta a la tonadillera Isabel Pantoja y su ingreso en prisión con un posible nuevo caso de ébola en España y me planteo qué nos interesa a los españoles.

Mis compañeros de cafetería lo tienen claro: “Tú fíjate la Pantoja, con todo el dinero que habrá ganado”. Y otro sale en su defensa: “Pues yo me quedo con la artista, que ha sido la más grande con permiso de Rocío Jurado”. Con este debate resonándome en la cabeza voy por los pasillos del hospital poniendo en mi particular balanza uno y otro tema. Qué me importa a mí lo que le pase a una cantante folclórica, más allá de que haya podido meter la mano en dineros públicos.

Y pienso en esos periodistas que deciden qué va en primera página de un periódico, y qué se queda para páginas más escondidas. Y viendo esas grandes fotos de la Pantoja abriendo los diarios y las acaloradas discusiones de mis compañeros de trabajo, y los titulares más modestos para las informaciones sobre el ébola, llego a la conclusión que los medios de comunicación no son más que un reflejo de aquello que interesa de verdad a la gente.
Nos interesa más qué pasa en la vida de la Pantoja que lo que le pueda estar sucediendo a una médica que hipoteca una vida cómoda en España para ir a curar a enfermos críticos e infecciosos en África. Estamos más pendientes de lo que pueda decir en Twitter el hijo de la tonadillera sobre que su madre haya sido ‘enchironada’ que de una historia humana de solidaridad en la que se pone en riesgo la propia vida para ayudar a quien más lo necesita.

Lo de la Pantoja en la cárcel amenaza con ser como Gran Hermano. Qué ha comido, quién ha ido a verla, si está triste, si da paseos… Mientras, en África cientos de profesionales sanitarios siguen su desinteresada tarea sin que nos preocupen mucho. Solo un poco cuando uno puede estar contagiado y lo traen a España.