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16/11/2014 n211
Los ingenieros de hospital ya no son la rara avis de antaño. Por el contrario, han proliferado en las últimas décadas, y lo han hecho de forma acompasada al progreso de la tecnología. Se los reclama en su versión de industriales, Telecomunicaciones, Bioingeniería, Informática e incluso Minas; eso sin contar con su presencia en la alta dirección, aunque no en las gerencias. Su futuro en el sector sanitario no solo está garantizado, sino que, a poco que sigan con su ritmo de trabajo, tal vez se conviertan en actores principales del escenario asistencial.
Javier Barbado

Teresa Romero, la superviviente al virus del ébola ingresada y curada en las instalaciones del Carlos III, adscritas al Hospital La Paz de Madrid, anuncia su recuperación y abandono de la quinta planta del centro, la que atiende a enfermos sin medidas extremas de bioseguridad. El trabajo de los profesionales de la salud ha concluido y otro perfil profesional menos conocido, el del ingeniero, también da por finalizado un periodo en el que su reclamo por la gerencia no le ha dejado dormir del todo. En esta inusual historia, nadie se ha librado del trabajo extra ni de la tensión de afrontar una epidemia originada en el continente africano, pero, al fin y al cabo, desconocida hasta la fecha en los países desarrollados por mucho que se supiese del virus desde los años 70.

¿Y qué se le pide al estudioso del uso de la máquinas y de la energía en la cuna de la Medicina actual, el edificio hospitalario? En el caso referido, por ejemplo, los integrantes del gabinete de crisis constituido por el Gobierno central, y, aun antes, los mandos políticos y los directivos del centro, han otorgado especial importancia a la ubicación de los pacientes, a su condición de infectados o sospechosos de estarlo, y, ante todo, a la infraestructura de las habitaciones donde han debido permanecer ingresados, desde las características de las esclusas hasta la distribución de los objetos y utensilios. Aquí, en efecto, adquiere protagonismo el ingeniero.

Luis Mosquera, presidente de la AEIH

A él le compete conocer la solución del dispositivo físico en el que trabajan los auxiliares, enfermeros y médicos, y en el que reposa el enfermo, y, con el episodio con final feliz de Romero, su relevancia ha quedado de manifiesto. No en vano, ya se los reclama, otra vez, tras anunciarse que será el Hospital Central de la Defensa de la capital, más conocido como el Gómez Ulla, el dedicado en el futuro próximo a esta clase de pacientes con alto riesgo infeccioso. Su demanda en ese centro de carácter militar pero inmerso en la sanidad pública a buen seguro subirá como la espuma en los tiempos venideros.

En el caso de Romero, “ha existido un planteamiento estratégico ante la necesidad de aislamiento de los pacientes, el cual ha de hacerse en un tipo de infraestructuras especiales. Y ésa es la razón, básicamente, por la que han acudido a nosotros”, corrobora a ‘Revista Médica’ el presidente de la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH), Luis Mosquera, ingeniero industrial y subdirector de Gestión Técnica del 12 de Octubre de Madrid. Subraya que el cometido de los ingenieros, “en colaboración con los intensivistas y los servicios de Protección de Riesgos Laborales”, ha ido más allá en este caso puesto que, por ejemplo, se han aprovechado sus conocimientos sobre el uso de los equipos de protección individual (EPI), es decir, los famosos trajes para eludir el contagio del virus.
Qué perfil de ingeniero encaja en el hospital El ingeniero industrial cumple con el perfil que mejor se adapta al entorno hospitalario, pero otras ramas de la carrera también encuentran cabida en el sistema sanitario público. Carlos Jiménez, miembro de la Comisión Científica del Colegio y Asociación de Ingenieros Industriales (Coain), ratifica que “desde el Colegio entendemos que el ingeniero industrial responde a la figura adecuada para ese cometido dada su condición de generalista de esta clase de conocimiento, si bien otras ramas como la de Minas o la de Telecomunicaciones también aportan la capacitación necesaria para gestionar infraestructura, instalaciones y equipos tecnológicos en los hospitales”
Arropados por el progreso tecnológico
Por lo relatado hasta aquí se atisba que la función del ingeniero en un hospital no se limita a una sola faceta. Tampoco escapa a la deducción lógica a qué se debe su paulatina introducción en el mercado laboral de los centros sanitarios: “La sanidad está cada vez más tecnificada, y, además, se desarrolla en los hospitales, que son edificios muy singulares provistos de una tecnología compleja y sofisticada por lo que solo son comparables, quizá, a los aeropuertos”, asegura Carlos Jiménez, presidente de la Comisión del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid (Coiim) y director de Servicios en Dräger.

Declaraciones que comparte otro ingeniero industrial, Antonio Cobo, que desempeña su trabajo en el Hospital de Cabueñes (Gijón): “Hoy en día, el componente tecnológico del hospital –equipos médicos y tecnológicos, instalaciones, etc.– resulta muchísimo mayor que hace apenas unos años”. “Hoy cualquier actividad médica pasa por la tecnología, y eso implica disponer de técnicos muy formados para atenderla”, enfatiza.

Carlos Jiménez, presidente de la Comisión del Coiim

Ahora bien, éstos en ocasiones pertenecen a la plantilla del centro y, las más de las veces, a las compañías contratadas por el hospital de forma temporal para hacerse cargo de prestaciones no asistenciales (por lo general, por medio del concurso público). Y he aquí un riesgo que dejan caer otros entrevistados para este reportaje: si se está de paso, la implicación del ingeniero y de la empresa para la que trabaja “no es la misma que si se pertenece a la casa”, reflexiona el vicepresidente de la AEIH Pedro Manuel López.

Para este ingeniero y economista que, además, ejerce como director económico del Hospital La Fe de Valencia, es esta gente, “la de la casa”, la que ha de velar por organizar los recursos y responder a los problemas urgentes del oficio como, pongamos por caso, una grave avería del suministro eléctrico del edificio o de las máquinas que reciben y clasifican los pedidos de material sanitario de primera necesidad. En el caso del citado centro valenciano, “disponemos de alrededor de 20 ingenieros de plantilla a los que luego se suman muchos más de las empresas contratadas, que a menudo han de reclutarse” para tareas que no admiten la espera. “El papel del ingeniero que esté en los Servicios Generales, de Mantenimiento o incluso de Ingeniería del hospital en el caso de La Fe, resulta crucial, pero no solo el día en que se produce una avería, sino cualquier otro, ya que ha de mantener una actitud proactiva y ser capaz de anticiparse a los problemas graves que puedan surgir y proporcionar, para resolverlos, una respuesta protocolizada”.

De acuerdo con López, el perfil de ingeniero “se orienta más al rigor, la documentación y el registro por escrito de incidencias incluso echando mano para ello de los planos; su cabeza está estructurada para la creación de protocolos la mayoría de los cuales, por otra parte, se instauran en los hospitales cuando surge algún imprevisto relacionado con las instalaciones, su mantenimiento o la seguridad”, asuntos, todos ellos, de marcada proximidad al quehacer del profesional de la Ingeniería.

Antonio Cobo, ingeniero industrial del Hospital de Cabueñes

De hecho, la elaboración de protocolos de actuación específica tan cacareada con motivo de la alerta del virus del ébola, constituye un claro ejemplo de a qué se dedican estos profesionales. Asimismo, prosigue López, “el enfoque laboral del ingeniero le lleva a ser una especie de especialista en mediciones, aspecto que resulta esencial para la gestión y control del centro”. No en vano, su reclamo para estos fines comienza a superar al del mantenimiento de las instalaciones. En suma, “el ingeniero que combina el conocimiento tecnológico con la disciplina profesional para medir y evaluar con rigor adquiere el perfil idóneo” para trabajar en el hospital.

Tanto Cobo como López diferencian, grosso modo, tres vertientes en el ámbito de actuación del ingeniero en un centro hospitalario: el mantenimiento técnico de las instalaciones; la bioingeniería o rama de la carrera especializada en el equipamiento médico y la actividad asistencial; y, por último, la ingeniería ligada a la organización industrial y a la gestión por procesos y dirección de operaciones. La segunda varía en función del tamaño del hospital y de su vinculación con universidades, centros o institutos de investigación: “En La Fe, por ejemplo, tenemos acuerdos con la Universidad Politécnica de Valencia como parte fundamental de la línea de preparación biomédica”, apunta el vicepresidente de la AEIH.

¿Hacen guardias como los médicos y enfermeros? Un dato revelador de la creciente influencia del ingeniero en el hábitat del médico especialista es el hecho de que comience a reivindicar, como colectivo profesional integrado en un edificio público, su derecho al servicio de guardia para cubrir incidencias las 24 horas del día, tal como sucede con los facultativos asistenciales, sean médicos, enfermeros, auxiliares o celadores: “Todavía no las hacemos, por desgracia, al menos en la Comunidad Valenciana, pues su función no se ha estimado como una prioridad hasta ahora”, explica Pedro Manuel López, vicepresidente de la Asociación Española de Ingeniería Hospitalaria (AEIH).

Para la AEIH –que representa a un millar de asociados en toda España– debería haber, en cada centro, un stand específico donde localizar al ingeniero de guardia, o, al menos, asignar esa función en forma de servicio permanente no localizado a personal de la plantilla en contacto con el jefe de hospital.

A caballo entre el gerente y la Dirección Económica
El caso de López resulta paradigmático del paso de un ingeniero por la cúpula directiva del hospital, pues posee experiencia como gestor económico además de como ingeniero: “Al que se dedica a la gestión se la asigna el control de las prestaciones y del mantenimiento de los servicios generales más que la parte tecnológica pura, y, en ese sentido, ha de alinear sus objetivos con los de la organización, esto es, rendir el máximo al menor coste posible” o, dicho de otro modo, ser eficientes.

En este equilibrio entre reparar y sacar el máximo provecho de los equipos eléctricos y mecánicos, por una parte, y procurar gastar lo mínimo, sin olvidar el respeto por el medio ambiente, por otra, se mueve la ingeniería hospitalaria actual. Y eso bien lo saben los gerentes, cuyo perfil en España, dicho sea de paso, no incluye la Ingeniería como formación previa por razones no del todo aclaradas por las pesquisas de ‘Revista Médica’.

Pedro Manuel López, vicepresidente de la AEIH

Lo más aproximado a la respuesta a esa interrogante lo dio a conocer el máximo responsable del Clínico San Carlos de Madrid, José Soto, en el reciente Congreso Nacional de la AEIH celebrado en Pamplona. Allí contó que, cuando él accedió al mundo de la gestión hospitalaria desde su condición de economista, lo hizo por medio de un anuncio de prensa en el que se reclamaba, para labores de alta dirección hospitalaria, a licenciados en Ciencias Económicas, Derecho o Medicina, pero no Ingeniería. Y puso ese ejemplo porque, se sobreentiende, no existía ni aún hoy hay constancia de un perfil académico definido para el oficio del gerente hospitalario. Los ingenieros que, de todos modos, ostentaron gerencias de hospital en los años 80 (entre los conocidos del sector se puede citar el caso de Julio Villalobos, a la vez médico e ingeniero industrial) pronto las abandonaron, según Soto porque la remuneración no se situaba a la altura de sus expectativas.

Preguntado por su experiencia con el ingeniero hospitalario, el propio Soto considera clave su labor: “En el Clínico dispongo ahora mismo de cuatro en diferentes funciones relacionadas con la estructura del mantenimiento y la utilidad de la tecnología”. Con todo, continúa, “me gustaría disponer de más e incluso de otro tipo, por ejemplo bioingenieros, ingenieros de la informática y de la comunicación –ahora tengo a ingenieros electrónicos– o la mecánica”. “Pero creo que siempre han desempeñado un papel relevante en el sistema”, concluye.

No solo los ingenieros industriales, por lo tanto, encajan en labores hospitalarias que, por otra parte, no son de índole asistencial: “No debe olvidarse que conformamos un área de soporte en el Sistema Nacional de Salud; su cometido principal no es el nuestro, sino el cuidado de la salud; nosotros garantizamos, eso sí, que el facultativo cuente con la estructura operativa y tecnológica necesaria para prestar esos cuidados”, explica Jiménez.

José Soto, gerente del Clínico San Carlos

Con vistas al futuro, no pocas voces autorizadas del sector sanitario vaticinan la paradoja de que los hospitales acaben por alojar a enfermos crónicos que requieran cuidados poco sofisticados pero persistentes en el tiempo, en tanto que los centros de referencia y de especialidades, incluidos los ambulatorios, alberguen la atención más técnica y cualificada. De cumplirse la profecía, los ingenieros abandonarían, por fin, los hospitales para prestar su servicio en otros niveles asistenciales. Pero todo apunta a que su demanda sanitaria crezca e incluso desplace a la de los profesionales de la salud en su propio terreno.