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16/11/2014 n211

En solo 25 años, la hepatitis C ha pasado de ser una desconocida a que se llegue a plantear su erradicación. Su historia es la del triunfo de la investigación farmacéutica, en la que los conocimientos adquiridos en otras enfermedades víricas, los avances tecnológicos, el compromiso institucional y la oportunidad comercial son factores que han jugado un papel destacado en el éxito de los nuevos tratamientos.


Marcos Domínguez
De un tiempo a esta parte, no es infrecuente encontrar, entre las nuevas autorizaciones de medicamentos de las agencias europea (EMA) o española (Aemps), fármacos indicados para el tratamiento de la hepatitis C. Sin ir más lejos, en lo que va de 2014 han aparecido daclatasvir, simeprevir, sofosbuvir y la combinación de este último con ledipasvir. Medicamentos todos que ofrecen unas tasas de curación altísimas y que, junto a otros aprobados hace relativamente poco, como boceprevir o telaprevir, completan un arsenal de gran eficiencia, combinados o no con los ‘clásicos’ interferones y ribavirina.

Juan Antonio Pineda, presidente del Grupo Español de Hepatitis
de la Seimc
“Un boom como este no ha ocurrido nunca antes”, explica Juan Antonio Pineda, especialista de la Unidad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología del Hospital Universitario de Valme, y presidente del Grupo Español de Hepatitis de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc). Tal explosión –en cantidad y calidad– de medicamentos para una patología no se ha visto anteriormente “en enfermedades infecciosas, con seguridad absoluta, y en otros ámbitos, casi con total certeza”. Que aparezcan una serie de tratamientos que cambien radicalmente el panorama de una enfermedad en tan poco tiempo es algo inusitado.

La historia de la hepatitis C es reciente: se descubre en 1989, cuando se comprueba que la mayor parte de casos de hepatitis no A y no B estaba causada por el mismo virus. “A partir de ahí se conoce rápidamente su mecanismo de funcionamiento, los distintos genotipos (hasta siete) y se van elaborando medicamentos contra cada uno de sus puntos clave”. Pineda marca el inicio del boom “hace tres años, cuando cambiaron radicalmente las posibilidades de curar la enfermedad”, pasando de medicamentos que conseguían tasas de curación del 40 por ciento a otros que superaban el 80 por ciento, y ahora “nos vienen ya algunos con tasas cercanas al cien por cien, con muy pocos efectos secundarios y tratamientos cortos”.

En el mundo hay alrededor de 150 millones de personas infectadas con el virus de la hepatitis C, aunque, seguramente, serían más si en los países en vías de desarrollo hubiera métodos para detectarlo mejor, como apunta Pineda.
José Antonio Hernández, responsable de Life Sciences & Health de KPMG
En Europa, son unos nueve millones los habitantes que lo padecen, explica por su parte José Antonio Hernández, responsable de Life Sciences & Health en Advisory de KPMG en España. “En el año 2010 tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea (UE) instaron a los organismos públicos y privados a impulsar acciones de mejora en su abordaje, lo que ha derivado en una conciencia sobre la importancia de la enfermedad”.

Esto ha llevado al desarrollo de planes específicos en países como Francia o Escocia, “y al impulso del desarrollo de nuevos fármacos por parte de laboratorios, que se están concretando en estos momentos”, señala Hernández. El consultor no duda en señalar que esta tendencia “tendrá continuidad en el futuro”. Y lo que está por venir, sin duda, no se queda atrás.


Hepatitis C y VIH, vidas paralelas

Un importante número de infectados por VIH lo están también por el virus de la hepatitis C, en lo que Francisco Zaragozá, catedrático de Farmacología en la Universidad de Alcalá de Henares, califica como “vidas paralelas, al estilo de las que escribió Plutarco”. Los hallazgos de enzimas necesarias para la replicación de ambos virus “se han ido descubriendo simultáneamente”.

Parece que el momento de la hepatitis C ha llegado cuando los tratamientos del VIH han conseguido cronificar la enfermedad. Juan Antonio Pineda, presidente del Grupo Español de la Hepatitis de la Seimc, ve este hecho “más en función de razones empresariales que de otras”. El rápido avance de los fármacos para el VIH ha hecho que las compañías cuyos productos eran menos efectivos dejaran de apostar por ellos “y han invertido más en hepatitis C, donde había más posibilidades de desarrollo”.

No obstante, afirma que lo aprendido con otras enfermedades víricas, “fundamentalmente el VIH”, ha permitido el rápido desarrollo de medicamentos para el virus de la hepatitis C. De hecho, varios fármacos para hepatitis B, como tenofovir y lamivudina, también se utilizan en VIH y hepatitis C, “aunque estas coincidencias no son especialmente frecuentes”. Sin embargo, Pineda opina que la subpoblación de pacientes coinfectados de VIH y hepatitis C es minoritaria: “En España hay muchos pacientes de este tipo, pero en el mundo supondrán, como mucho, un 20 por ciento”.

Fármacos ‘fáciles’ de diseñar
“Las modas existen incluso en Farmacología”, advierte Francisco Zaragozá, catedrático de la materia en la Universidad de Alcalá de Henares, al hablar de este boom de tratamientos para la hepatitis C. “Pero, en este caso, es una moda más que justificada”. Una de las razones de este éxito es que estos medicamentos no son productos biológicos sino moléculas pequeñas, inhibidores enzimáticos “de diseño”, apunta Zaragozá,
Francisco Zaragozá, catedrático de Farmacología en la Universidad de Alcalá de Henares
y más fáciles de desarrollar que un anticuerpo monoclonal. Por eso, muchos laboratorios se han sumado al carro: “El denominador común de muchas líneas de investigación actuales es: si tengo un inhibidor enzimático, busco una diana sobre la que actuar”, explica el catedrático.

Y una de las más atrayentes es la de la hepatitis C, por haber un gran número de afectados en países desarrollados y no tener, hasta ahora, un arsenal terapéutico completo. “Entra en juego un factor no tan sublime como los anteriores: el económico”, destaca Zaragozá. Sin duda, la aparición de tantos tratamientos para el virus no es casual: un gran público potencial aguarda estas soluciones que, a pesar de los grandes precios, suponen una clara ventaja económica en comparación con el coste de un trasplante hepático, por ejemplo.


Informática, la gran aliada

Una de las principales razones de este boom de tratamientos para la hepatitis C se encuentra, sin duda, en el desarrollo de la informática, que ha permitido predecir, con alta probabilidad, el éxito de la diana terapéutica. “Permite diseñar una molécula con una estructura espacial que se acople con el centro activo de la enzima”, explica Francisco Zaragozá. “Se pueden añadir, además, las distintas fuerzas físico-químicas de la molécula y su volumen. Hay que jugar con muchos factores, y esto no es fácil”.

A pesar de la complejidad, el desarrollo de herramientas informáticas ha llegado a tal nivel que permite un acercamiento racional a la molécula, además de poder ‘experimentar’ con sus diferentes variantes ‘in silico’. “Antes, podías tener una serie homóloga de 120 moléculas parecidas y nos parecían muchas, pero ahora tienes miles en el ordenador”. Sin embargo, el catedrático de Farmacología reconoce que hay productos de tal complejidad que todavía no se pueden reproducir con medios informáticos.

Otra posibilidad en la que avanzan los ordenadores hoy en día es en el manejo del big data –o datos masivos, que se diría en español– para hacer avanzar la medicina personalizada, “el futuro”, según José Antonio Hernández, de KPMG España. “Tecnologías como el big data van a jugar un papel fundamental” ya que atenderán a la genética, los biomarcadores, como a las características del estilo de vida de los pacientes, así como de la composición y evolución de su patología “para conseguir los mejores resultados terapéuticos”.

Gracias a las herramientas informáticas, se puede afinar el tiro y se acelera el desarrollo de las moléculas que más posibilidades tienen, por lo que casos como el de la hepatitis C van a ser más habituales que antes. Sin ir más lejos, la carrera de los anti-PD-1, en cáncer, y los inhibidores de la PCSK9, en el control del colesterol, parecen ser ejemplos por venir del estilo de lo que ha ocurrido en el virus de la hepatitis C: numerosos tratamientos, muy eficaces y en un corto espacio de tiempo. Se avecinan tiempos de revoluciones.

Una enfermedad erradicable
Ante el enorme éxito de la terapia para la hepatitis C, ¿se puede pensar en erradicar la enfermedad? Pineda opina que sí, “siempre que el precio fuera tan barato que todos los infectados del mundo pudieran acceder al fármaco”. Este es, para el experto de Valme, uno de los factores de mejora en un futuro. Una duración más corta del tratamiento, menos efectos secundarios –“aunque en esto es difícil superar ya a los tratamientos actuales”, afirma– y una única toma al día son las otras posibilidades para los medicamentos futuros. “Algunos de ellos ya estarán disponibles a principios de 2015, otros tendrán que esperar algo más”, matiza.

Sin cantar victoria todavía, pues aún queda mucho por hacer, la investigación en hepatitis C ha dado un paso de gigante en los últimos años, convirtiéndose en un símbolo del éxito de la Medicina, en general, y del tratamiento de las enfermedades víricas, en particular. Así lo ve Pineda: “Intuyo que en poco tiempo habrá medicamentos que controlen patologías como el ébola, sin ir más lejos, y también ocurrirá con otras enfermedades víricas”. El tiempo dirá qué caminos sigue el éxito de la hepatitis.
Un arsenal de fármacos por llegar / Fuente: Juan Antonio Pineda