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19/10/2014 n207
¡Vivan las cosas gratis!
Cuando parecía que el nivel de indignación de la población española con respecto a las entidades bancarias había llegado a la cota más alta… ¡aparecen las tarjetas opacas de Caja Madrid! Lo de esta gente es tremendo, cómo se puede tan poca vergüenza: cerca de 16 millones de euros dilapidados en ¿gastos de representación? ¡Ja! Estos presuntos caraduras (que son capaces de denunciarme) se gastaron más de la mitad del dinero en fines de semana, vacaciones de verano y Navidad.

He estudiado al detalle los movimientos de las tarjetas (las guardias son muy duras, hay que entretenerse con algo) y, además de joyerías, tiendas de ropa, restaurantes, salas de fiesta, hoteles de lujo y un largo etcétera de despilfarro, hay compras efectuadas en… ¡farmacias! Y es que la salud es lo primero. Eso sí, de los dos cabecillas del derroche, Rodrigo Rato es el que más usó su ‘black card’ en la botica. A Miguel Blesa parece que no le hizo falta, debe de tener una salud de hierro, como muchos contertulios dicen que tiene la cara.
Quizá lo más sangrante para los que aún creían en la integridad humana (si es que queda alguno) es que no se salva nadie: están pringados miembros de todos los partidos políticos e, incluso, de sindicatos. Aunque para pringados los cuatro (sí, solo cuatro de los 86 consejeros de Caja Madrid que la tenían) que no llegaron a activar su tarjeta fantasma, ¡qué decencia! Ay, esta clase de gente le hace a uno reconciliarse con el ser humano. Aunque, un momento, no usaron sus tarjetas, pero ¿denunciaron su existencia?

Estos días hemos hablado mucho del tema en el hospital y siempre sale alguien que está convencido de que, si nos dieran una ‘black card’, todos la utilizaríamos. Porque, seamos realistas, a todos nos encantan las cosas gratis. Buen ejemplo de ello es que cuando hay un congreso o un curso en el hospital arramplamos con las sobras del 'catering' como si no hubiera mañana, aunque no tengamos hambre, porque las cosas gratis saben mejor.