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19/10/2014 n207
Carlos Alberto Arenas

Conocido por sus ganas de trabajar allá donde lo reclamen, este directivo aparenta mucha menos edad y experiencia de las que atesora. Tras el verano ha comenzado su aventura como máximo responsable del Hospital de la Vega Lorenzo Guirao y de sus dependencias en Murcia, adonde ha llegado tras concluir su etapa como gerente del Hospital de Toledo. No se lleva mal recuerdo de la sanidad manchega y atribuye a la familia su decisión de retornar a Levante.


Javier Barbado
Imagen: Miguel Fernández de Vega
Su labor como directivo de hospitales viene de largo. ¿Por qué, al terminar la carrera de Medicina, optó por esta faceta profesional?
Hice en Granada la especialidad de Medicina y Salud Pública, dentro de la cual hay muchos campos, entre ellos la planificación sanitaria, que a mí me gustaba especialmente. Además, en esta ciudad está la Escuela Andaluza de Salud Pública, que ofrecía un curso de un año de duración. Lo hice y, en ese momento, me decanté vocacionalmente por la gestión. En aquella época (alrededor de 1992), nada más terminar el curso ya disponía de un par de ofertas de puestos cercanos a la dirección de centros. Fui por fin a Caravaca de la Cruz (Murcia), a un hospital pequeño, donde llevé las tareas de documentación, admisión, calidad y seguridad dentro del hospital. Allí estuve unos pocos meses, pues enseguida se fijaron en mí desde el Hospital General de Murcia, actual Reina Sofía, donde hice funciones similares durante casi un año.

Posteriormente, me surgió la oportunidad de estar en los servicios centrales por medio de una Jefatura de Unidad Técnica en la que nos dedicábamos a planes de inspección de centros sanitarios y a establecer las características básicas mínimas que debían cumplir los centros, tanto públicos como privados.

En 1996 cambia el escenario político nacional y eso le afecta…
En efecto, tras el cambio político de 1996 vino un nuevo director territorial del Insalud que había sido mi jefe, precisamente, en la Consejería de Sanidad de Murcia. Él sabía cómo trabajaba y me ofreció irme como gerente al Hospital de Lorca, donde estuve tres años. Fue una etapa muy enriquecedora al ser mi primera gerencia y tratarse, además, de una zona muy interesante y bonita de la región.

Salida motera del personal sanitario del Hospital San Juan de Alicante por el XX aniversario del centro


Tras ello, estuve una breve temporada como subdirector del Virgen de la Arrixaca de Murcia con Mariano Guerrero. Me fui de Lorca a La Arrixaca para solucionar algunos aspectos muy concretos: establecí la Unidad de Corta Estancia y fijé el protocolo para el tratamiento del infarto mediante angioplastia –en 1999 aún se utilizaba la fibrinolisis–. El 1 de enero de 2000 empecé a trabajar de gerente en Elche. Fue un periodo interesante de intenso trabajo en el que diseñamos la ampliación del centro, pusimos en marcha la cirugía mayor ambulatoria en el Hospital de Elda. Luego me llamaron para dirigir el Morales Moseguer, otra vez en Murcia, donde ya se había transferido la sanidad desde el Estado central. Y, por fin, como jefe de Servicio de Programación de Recursos, de nuevo en la Consejería de Sanidad de esta comunidad autónoma. Mis funciones aquí se ceñían al desarrollo de un Plan General de Infraestructuras: dónde debían ubicarse los centros, qué tamaño debían tener, etc.

Más tarde estuve en San Juan, donde me llamó la atención la actividad como gerente de Área de Primaria y Especializada, ya que siempre me atrajo la idea de integrar ambos niveles.

Descríbanos su nueva zona de trabajo.
Se encuentra en el norte de Murcia lindando con Castilla-La Mancha, con Albacete. La zona de la Vega Alta del Segura es la más fértil de la región, donde el río pasa por unos cañones muy bonitos que incluyen zonas de rafting. El área se divide en cuatro zonas básicas de salud con 60.000 habitantes y un hospital comarcal con un máximo de 198 camas y que tiene integrada el área de la asistencia Primaria y Especializada, e incluso tenemos una planta sociosanitaria, así que damos cobertura a las necesidades básicas de la población de la zona. Su población, además, quiere mucho a la tierra, donde se cultivan la mayoría de los frutales como melocotones, nectarinas, albaricoques… Está muy orgullosa y apegada a ella.


¿Qué retos como gerente se ha propuesto?
Aunque la zona ya funciona bastante bien, hay que mantenerla y hacer un plan estratégico y de gestión para optimizar los recursos primando la coordinación entre Primaria y Especializada y buscando siempre la prevención y promoción de la salud. Nuestra función esencial es la asistencial, pero pienso que no se pueden obviar acciones preventivas que, en definitiva, aporten como valor añadido eludir la propagación de determinadas enfermedades. Afrontamos desde agosto estos frentes y tratamos de definir cuáles van a ser nuestras líneas de trabajo en estos años.

¿Tiene plaza como médico de Atención Primaria?
Sí, mi plaza base de médico de Atención Primaria la tengo en Almoradí, donde también se ubica mi casa.

El pasado agosto dio por concluida su labor en el Hospital de Toledo. ¿Le llamaron ipso facto desde Murcia o pensó, en última instancia, en volver a su plaza de Primaria?
No. Recibí la oferta de una empresa privada, pero había tenido conversaciones previas con Murcia y era bastante probable que saliera alguna opción. Tuve una oferta muy firme en todo caso, como digo, pero al final elegí la pública.
Goethe, Calvino y Hesse, sus literatos favoritos

Entre sus aficiones, destaca tres bazas: las motos, el mar y la escritura. De sus afanes literarios asegura que guarda bajo el cajón, inéditos, varios textos en forma de poesía, novela y relatos cortos. Preguntado por su estilo narrativo, apela al realismo mágico pero se inclina, antes que por García Márquez pese a ser su más popular propulsor, por otros grandes cultivadores de tendencias creativas como Hesse, Calvino o incluso Goethe.

¿De qué empresa hablamos?
Lo mantendremos en secreto (risas).

La colaboración público-privada se ha utilizado por los políticos para ganar adeptos, ¿no cree?
Sí. Yo creo que el hecho de que, ahora, se polarice entre lo público y lo privado en la sanidad tiene que ver con la crisis social y de valores y no solo con la económica. A menudo los ciudadanos desconfían de los políticos, y también se ha vendido la idea de que privatizar puede estar favoreciendo intereses de personas concretas en detrimento de lo público.

Es verdad que, en un país como España, en el que se descubren casos de corrupción todos los días, la gente desconfíe. Y también es normal que determinados partidos que sintonizan con lo público desde el punto de vista ideológico, utilicen a veces ese argumento, el de que sólo lo público es lo válido y cualquier iniciativa privada está corrompida o tiene sus intereses.

Pero eso hay que matizarlo. Existen países con un grado de limpieza institucional mayor como puede ser, por ejemplo, Suecia, donde es muy frecuente la colaboración público-privada. Creo que debe hacerse siempre con total transparencia, de modo que los ciudadanos sepan cuánto les cuesta el modelo de una u otra manera así como los resultados en salud. Pero aquí, en España, tenemos el problema histórico y cultural de esa falta de transparencia con los ciudadanos y con la oposición por parte de los gobiernos.



¿No debería haber un consenso al respecto?
Sería lo ideal y, de hecho, existía: el fijado en la Ley de Nuevas Fórmulas de Gestión de 1997, en el cual se establecía la colaboración público-privada y se determinaba hasta dónde se podía llegar. En España nunca se ha discutido que el Sistema Nacional de Salud es público, que su financiación será siempre pública, universal y lo más gratuita y equitativa posible. De hecho, cuando se establecen fórmulas de colaboración público-privada, siempre se hace a partir de la base de que el paciente no pague nada extra con respecto a lo que le supondría acudir a un centro de gestión directa pública. Al menos en la Comunidad Valenciana, que es lo que conozco bien, es así: el paciente no puede notar nada; si acaso, percibe mejoras en hostelería, habitaciones individuales, etc., o tal vez un mejor funcionamiento en cuanto a demoras, listas de espera… por la sencilla razón de que les viene en su contrato a los responsables y, si no lo cumplen, son penalizados.

¿Es mejor la prestación pública que la privada?
No se puede demonizar ni la sanidad pública ni la privada. Siempre he pensado que la virtud, y también la realidad, están siempre en el término medio. En mi opinión, el sistema sanitario público español ha logrado unos términos razonables de macroeficiencia si tenemos en cuenta el gasto en relación con el PIB y en comparación con los países de nuestro entorno. También es evidente que esos términos son mejorables y que existen bolsas de ineficiencia conocidas por los gestores muy bien desde hace años. Por eso en Andalucía, por ejemplo, se ha apostado por modelos de gestión pública pero no regidos conforme al Derecho administrativo, sino al privado.
Sedisa y la Fundación Economía y Salud también son “su casa”

Considera la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa), al igual que la Fundación Economía y Salud (en cuya sede atiende a ‘Revista Médica’), un lugar en el que se siente “como en casa”. En su opinión, lo bueno de Sedisa es que agrupa a las más variopintas sensibilidades aunque, en último término, “todos poseemos una visión bastante común”. Y destaca el valor de los informes de posicionamiento que la agrupación publica con regularidad.


¿Y a su vida personal, le dedica suficiente tiempo?
La vida hay que vivirla a tope si se puede. Como me gusta ser equitativo en mis decisiones, busco el equilibrio entre la vida personal y la profesional. Me gusta trabajar duro y bien, pero tampoco toda mi vida es el trabajo. Eso sería muy poco enriquecedor.

¿Qué aficiones cultiva?
La más conocida por mi entorno es la de las motos. Pero al final me tendré que comprar una moto custom para ir cada vez más despacio, ya que la seguridad es algo que me incumbe desde el punto de vista sanitario y los accidentes de moto son muy peligrosos. En Levante, por ejemplo, es frecuente ver a gente con pantalón corto pilotando una moto, y eso daña a la vista. Aparte del uso del casco, por supuesto, siempre que salgo con moto me enfundo mi mono aunque haga 40 grados de temperatura: protegido ante todo, lo tengo clarísimo.

Otra afición es el mar. Como no tengo capacidad económica para disponer de mi propio barco, lo que hago es ser un poco gorrón y aprovechar las invitaciones que me hacen amigos que sí lo tienen.

Y, en tercer lugar, la escritura, sobre todo poesía y relato corto, aunque no he publicado nada porque no he dedicado suficiente tiempo a buscar esa salida.

¿Está casado?
Estoy divorciado, pero ahora tengo pareja de hecho.



¿Hijos?
Sí, y además tengo un elenco de todas las edades pues son cuatro, dos niños y dos niñas. La mayor de ellos, de 23 años, vivió varios años conmigo; se quedó sola en Murcia cuando me fui a Toledo. Y los demás viven también en Murcia, lo cual ha sido una razón muy importante para que regresara, ya que están en edades –10, 13 y 14 años– en las que necesitan tener cerca la figura paterna para afrontar al periodo de la adolescencia.
Admira la gestión eficiente de la sanidad sueca

Uno de los conceptos en los que más ha trabajado como gestor es el del coste-oportunidad, es decir, cómo ser lo más eficientes posible en salud con el menor coste posible. Y aquí cita a menudo a los países nórdicos como Suecia, del que apunta que, en este momento, está a la cabeza en calidad de vida en mayores, cosa que, en su opinión, ha conseguido porque la población se conciencia más de la Medicina preventiva (por ejemplo, reducir el consumo de grasas nocivas) que los latinos.


Volvamos, por último, al mundo de la sanidad: ¿tendremos un sistema como el actual en el futuro?
El Sistema Nacional de Salud es una gran obra, un gran logro que hemos conseguido entre todos a lo largo de muchos años, esfuerzo y buen hacer. Los españoles somos en exceso autocríticos, pero ese buen hacer se refleja en la planificación del sistema, en la labor diaria de los profesionales y también de los gestores, ya que, como he dicho antes, conseguimos unas altas cotas de salud a un precio módico. Sí que es verdad que, en la contribución de la prestación sanitaria a la salud real, hay polémica aunque, según estudios de los años 80, esa influencia se fija en al menos el 30 por ciento.

Por otra parte, tenemos una de las esperanzas de vida media más elevadas del mundo. Creo que el sistema se va a mantener, nadie lo va dejar caer. Es verdad que ahora está muy tensionado, pero estamos en niveles de gasto real del año 2007, es decir, se ha reducido el gasto al que se hacía entonces, lo cual se ha logrado, en parte, gracias a medidas de eficiencia buenas, pero, otras veces, se ha caído en la tentación de hacerlo a base de recortes lineales que no son buenos. Por lo tanto, se debe ver qué se puede quitar que no aporta valor en salud para poder financiar lo que sí lo proporciona. Podemos poner el ejemplo de la nueva medicación para la hepatitis C: como ahora hay un techo de gasto, cuesta introducir tratamientos caros; pero si vamos eliminando lo que no aporta valor, quedará dinero para lo que sí se necesita.