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19/10/2014 n207
Santiago Ramón y Cajal murió el 17 de octubre de 1934, no sin antes dejar un legado de inmenso valor científico que perdura hasta nuestros días. Sus sucesores en el campo de la Histología califican su aportación como la más importante realizada a la ciencia española hasta el momento. Un trabajo tan vigente que todavía, en pleno siglo XXI, le mantiene como uno de los autores más citados por investigadores actuales. Esta semana se cumplen 80 años de su muerte y la Real Academia Nacional de Medicina, de la que el propio premio Nobel es presidente de honor, le rinde homenaje con el objetivo de acercar su obra a la sociedad española.
María de las Heras
El 17 de octubre de 1934 Santiago Ramón y Cajal dejó huérfano el campo de la Histología (ciencia que estudia la estructura microscópica del cuerpo humano) en España. Tan importante fue su ausencia que sus sucesores no encontraron una figura que pudiera remplazarle en el sillón 38 de la Real Academia Nacional de Medicina, un puesto que quedó vacío hasta el nombramiento de Emilio Fernández Galiano en 1942. La presión de ocupar este asiento en la actualidad intimidaría a cualquiera, pero el catedrático de la Universidad de Medicina de Granada y principal impulsor de la ingeniería de tejidos en España, Antonio Campos, asume esta responsabilidad con honor y humildad: “No llego ni a la parte baja de la pata del sillón. Para mí, es un orgullo”.

Pocas personas en España han estudiado con tanto ahínco la obra del premio Nobel, por eso Campos defiende con argumentos la importancia de recordar

Antonio Campos

su figura en el 80 aniversario de su muerte, una fecha especialmente significativa porque, a partir de este momento, los derechos de la obra pasarán a ser dominio público, algo que, seguro, beneficiará su divulgación científica: “Es importante que los jóvenes tengan patrones de referencia y no hay mejor modelo que el de Cajal. Todo lo que sea difundir lo positivo siempre será bueno y, en este caso, estamos difundiendo una obra de primera magnitud en el mundo de la historia de la ciencia”.

Un hito en la historia de la ciencia
La aportación de Santiago Ramón y Cajal a la Medicina es todavía considerada por sus sucesores como un hito en la historia de la ciencia española. Demostró que la unidad fundamental, estructural y funcional del sistema nervioso es la neurona, algo que ahora puede resultar elemental, pero que en su momento rompió moldes.

Pero el premio Nobel no se conformó con esto; además, estableció los circuitos neuronales en los distintos centros del sistema nervioso y los plasmó en su libro Textura del sistema nervioso del hombre y los vertebrados, una obra que podría igualar, según los histólogos, a las leyes de Newton o El origen de las especies, de Darwin. A Cajal también se le atribuye el mérito de ser pionero en el estudio de la regeneración de los nervios periféricos, sentando las bases de lo que se conoce hoy como medicina regenerativa en el sistema nervioso.

El catedrático de la Universidad de Medicina de Granada asegura que el padre de la Teoría Neuronal logró abrir la puerta del conocimiento del sistema nervioso: “Sin sus aportaciones y las de los investigadores que le sucedieron en la Escuela Española de Histología, no se hubiera podido entender su funcionamiento, sus lesiones y sus posibles tratamientos”.

Para el actual ocupante del sillón 38 en la RANM, Ramón y Cajal era perfecto para la investigación por su voluntad de hierro, algo que demostraba al repetir los experimentos una y mil veces y por su enorme sentido de responsabilidad civil, decía: “Veo a través de cada moneda recibida, la faz curtida del campesino que sufraga nuestros lujos académicos”.

Si bien la sociedad española no ha podido devolver lo que recibió de Cajal, lo cierto es que es de los científicos más reconocidos. Casi todos los españoles conservan en la memoria la imagen en blanco y negro de Cajal pegado a su microscopio que pudieron ver en sus libros de texto al estudiar al premio Nobel. Algunos no sabrían explicar el gran descubrimiento que le hizo valedor de este título, pero la mayoría lo enmarcaría dentro del campo de la neurociencia.

Células piramidales de la corteza cerebral

Una figura desaprovechada
Javier de Felipe, neurobiólogo del Instituto Ramón y Cajal (CSIC), entidad que participa en la Semana Cajal organizada en homenaje al premio Nobel, defiende la importancia de poner en valor el significado de la escuela creada por el científico español: “Es una pena que en España no hayamos aprovechado lo que significaba esta figura en el origen de la Neurociencia moderna porque, sin duda, éramos la primera potencia mundial”.

En esta misma línea, Antonio Campos apoya la necesidad de acercar a la sociedad española la obra del que sigue siendo, en pleno siglo XXI, el autor más citado en publicaciones médico-científicas con exposiciones como la que abrirá sus puertas el 20 de octubre con documentos, objetos personales, óleos originales y obras de Ramón y Cajal: “Todo lo que sea difundir lo positivo siempre será bueno y en este caso estamos difundiendo una obra de primera magnitud en el mundo de la historia de la ciencia”.
La Histología sigue su camino
La Histología ha evolucionado mucho gracias a la mejora de los instrumentos denominados amplificadores. Los microscopios de los que disponía Cajal no tenían la calidad y resolución de los de ahora, y muchos hallazgos han sido posibles debido al desarrollo que se ha producido en el siglo XX. Los histólogos de ahora cuentan con microscopios electrónicos, confocales y de fluorescencia, que facilitan el conocimiento de la estructura.

Pero, en los últimos 25 años, el avance más relevante en este campo de la Histología ha tenido más que ver con una visión conceptual del propio ámbito científico,

Cajal en Valencia, en 1885

tal y como explica Campos: “Antes los histólogos se centraban en el conocimiento de las estructuras del cuerpo para explicar su función y las lesiones. Ahora también construimos tejidos en el laboratorio que son análogos a los naturales, lo que se conoce como biomiméticos, para que puedan ser utilizados para curar”.

Ramón y Cajal se sentiría satisfecho de todo lo que ha evolucionado su campo de investigación en los últimos 80 años. Los histólogos han pasado de conocer para diagnosticar mejor a construir tejidos para curar, lo que se denomina en la actualidad ingeniería tisular, una rama científica que acaba de despegar y que muestra un enorme potencial para solucionar patologías para las que ahora no existe curación a través de la creación de tejidos artificiales.
El descubrimiento que le valió el Premio Nobel
Santiago Ramón y Cajal se aventuró a asegurar que las neuronas eran unidades independientes que se encontraban estrechamente interconectadas, un atrevimiento que, finalmente, le convirtió en Premio Nobel en 1906. Pero, curiosamente, este premio lo compartió con Camillo Golgi, científico que defendía la hipótesis contraria y errónea de que el sistema nervioso era una estructura reticular en la que las neuronas estaban totalmente conectadas a través de sus prolongaciones.

Las diferencias entre Cajal y Golgi eran manifiestas y públicas por parte del científico español: “¡Cruel ironía de la suerte emparejar, a modo de hermanos siameses unidos por la espalda, a adversarios científicos de tan antitético carácter!”. Lo cierto es que el padre de la Teoría Neuronal logró llegar a esta conclusión de la mano del científico italiano, ya que fue Golgi quien desarrolló la técnica de impregnación argéntica que le permitió a Cajal teñir y observar las neuronas. Un hallazgo que motivó que el distinguido premio acabara siendo compartido por el enorme peso que tuvieron ambos avances en el conocimiento del sistema nervioso.

Camillo Golgi