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12/10/2014 n206
El mundo ha recibido con fascinación la noticia del nacimiento del primer bebé de un útero trasplantado, un hito científico que ha sido posible gracias, en parte, a la vitrificación de ovocitos, una técnica basada en la ultracongelación que empieza a consolidarse en España como la mejor alternativa para las mujeres que quieren retrasar su maternidad. Este hallazgo permite mantener intactas las propiedades de las células reproductivas para su utilización posterior, un avance revolucionario si se tiene en cuenta que a partir de los 35, según los expertos, comienzan a perder su funcionalidad.
María de las Heras

La reproducción asistida ha evolucionado a pasos agigantados en los últimos años. Desde la congelación de espermatozoides y embriones hasta la fecundación in vitro, todas estas técnicas han contribuido al nacimiento de centenares de niños en el mundo. El reto se centraba ahora en lograr que mujeres que habían nacido sin útero, o lo habían perdido, pudieran dar a luz a sus hijos. Un desafío que se consiguió el pasado mes de septiembre en Suecia, donde nacía el primer bebé de un útero trasplantado. Esto ha sido posible gracias a los avances producidos en los trasplantes de órganos, pero también a una técnica, conocida como vitrificación de ovocitos, que ha permitido conservar intactos los óvulos de la mujer que había recibido el útero hasta que los expertos aconsejaran su reproducción.

José Manuel Bajo Arenas, presidente de honor de la SEGO

La posibilidad de conservar los ovocitos para su utilización posterior comienza a consolidarse no solo entre las mujeres con problemas en su sistema reproductor, también como la alternativa perfecta para aquellas que deciden retrasar su maternidad y se acercan a los 35 años, cuando comienza, según los ginecólogos, el deterioro de los óvulos. En España, la edad media para ser madre por primera vez se sitúa en los 31,6 años. En poco más de dos décadas, esta cifra ha aumentado en más de tres años y se espera que siga esta evolución, unos datos que plantean un serio problema: la genética no avanza al mismo ritmo que la integración de la mujer en el mercado laboral y otros cambios sociales. Afortunadamente, parece que la ciencia sí.

El ginecólogo y presidente de honor de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), José Manuel Bajo Arenas, explica a ‘Revista Médica’ la novedad de esta técnica de conservación de ovocitos: “El óvulo es la célula más grande del organismo. Es un citoplasma lleno de agua que, cuando se congelaba con los procesos anteriores, se llenaba de cristales que dañaban el interior”. Esto impedía su utilización, tal y como asegura el presidente de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), Agustín Ballesteros, que destaca la capacidad de la vitrificación: “Permite que se conserven intactas el 90 por ciento de las células congeladas”.

Ambos especialistas resaltan la ausencia de efectos secundarios para la mujer y la rapidez del proceso: “La interesada solo tiene que someterse a un proceso de estimulación ovárica para realizar la extracción del mayor número de óvulos posible, después se realiza la solidificación celular a bajas temperaturas y se almacenan en tanques de nitrógeno, donde permanecen hasta que son requeridos”, explica Bajo Arenas. En España todavía no existen datos del número de mujeres que se han decantado por esta técnica para conservar sus óvulos, pero Ballesteros asegura que esta cifra cada vez es mayor: “Se está extendiendo entre las mujeres que quieren ser madres, pero que no se encuentran en el mejor momento para ello”.

Agustín Ballesteros, presidente de la SEF

Precisamente, tener esta posibilidad está empujando cada vez más a las mujeres a conservar sus óvulos con esta técnica antes de los 35 años, con la idea de ser madres más tarde. “A partir de esta edad baja la calidad de los ovocitos y crece la probabilidad de que aparezcan crosomopatías”, señala Bajo Arenas. Esta es la razón por la que el presidente de honor de la SEGO aconseja a las mujeres ser previsoras: “La que no lo tenga claro es mejor que vitrifique sus ovocitos y que evite las clínicas low-cost porque no ofrecen garantías”.

Aún así los ginecólogos advierten de que esta técnica tiene sus límites y no soluciona el problema del retraso de la maternidad: “La franja roja está en los 50 años y recomendamos que nunca se llegue a esta edad por motivos físicos y éticos”, señala Ballesteros, quien defiende la apuesta por un cambio social que permita adelantar la maternidad para aprovechar la fertilidad de la mujer en su tiempo justo.

La única alternativa para las pacientes oncológicas

Las pacientes oncológicas fueron el motivo principal para desarrollar la vitrificación

En julio de 2012 nacía en España el primer bebé de ovocitos vitrificados. La madre había sufrido cáncer de ovario y había congelado sus óvulos para poder tener hijos al pasar la enfermedad. Las pacientes oncológicas fueron el motivo principal para que se avanzara en la investigación de este tipo de congelación. “La quimioterapia afecta a la función ovárica y esto impedía que muchas pacientes pudieran gestar tras su curación”, explica Ballesteros.

Anabel García (la afectada ha preferido preservar su intimidad con un nombre ficticio) fue diagnosticada con un cáncer de mama a los 34 años. Todavía no había tenido hijos y el ginecólogo le habló de esta técnica: “Me dijeron que el tratamiento podía afectar a mi fertilidad y que así podría conservar mis óvulos y tener más opciones de ser madre tras mi curación”. Todavía tiene que esperar unos años, según le aconsejan los médicos, para poder acudir a la fecundación in vitro con los óvulos vitrificados, pero agradece tener esta oportunidad.

Para García, la información del ginecólogo fue vital: “A veces el médico se centra en curar la enfermedad, pero no piensa en las secuelas que puede producir, por eso es tan importante que en ese momento sea el ginecólogo el quien te ofrezca esta opción”. Desgraciadamente, según esta paciente, no todas han tenido la misma suerte: “Yo no había tenido hijos todavía y el especialista me preguntó si estaba interesada en serlo, pero conozco casos a los que no se les informó de que podían quedar infértiles tras la quimioterapia porque ya habían sido madres y ahora no pueden tener más hijos”.

Aumenta la demanda de donantes de óvulos

Pedro Barri, director de Salud de la Mujer Dexeus

El retraso de la maternidad ha provocado también un aumento de la demanda de óvulos de donantes. El departamento Salud de la Mujer Dexeus estima que el 35 por ciento de los procesos de fecundación in vitro se realiza con ovocitos de donante. Pedro Barri, director de este departamento, explica el motivo: “En calidad de vida, podemos dar como cierta la afirmación de que los 40 son los nuevos 30, pero nuestra reserva ovárica no varía por cuidarnos más o llegar más sanas a los 40”.

Por este motivo, cada vez son más las mujeres que acuden a la donación tras haberlo intentado de forma natural o mediante la fecundación in vitro: “Suelen ser mujeres de edad avanzada en las que la fecundación in vitro no suele funcionar con óvulos propios, pero sí con los donados que tienen mejor calidad”, afirma Barri.

Por el momento, la ciencia no ha encontrado la fórmula perfecta para detener por completo el reloj biológico. Todavía las mujeres no tienen en su poder la capacidad de elegir cuándo y cómo ser madres sin límites de tiempo, pero la vitrificación de ovocitos permite alargar, al menos durante unos años, su edad fértil con las mismas garantías que la naturaleza ofrece hasta los 35, un avance que los ginecólogos aplauden con más fuerza en los casos en los que un diagnóstico de cáncer destruía las esperanzas de la paciente.


Paul Devroey

El padre de la fertilidad masculina aconseja también congelar el semen Paul Devroey, considerado el padre de la fertilidad masculina, defiende la congelación del semen como método para conservar la fertilidad del hombre: “Con el paso del tiempo, la producción de esperma se resiente en casos extremos”. Devroey fue el principal impulsor de la técnica de la microinyección ICSI, que permitió extraer los espermatozoides directamente de los testículos para utilizarlos después en la fecundación de un óvulo. Para este investigador, el problema más grave es que muchos países no tengan disponibles estos métodos de reproducción asistida: “Para mucha gente esto no es una prioridad, por eso hay que seguir trabajando para mejorar los resultados y facilitar su aceptación en el mundo”. Uno de los grandes logros en este sentido ha sido, según Devroey, la vitrificación de óvulos. El científico la califica como “fascinante” y asegura que permite “igualar los derechos entre hombres y mujeres”.