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12/10/2014 n206

Hace casi 30 años, esta médico de Familia
pasó de su consulta a menos de 100 metros
de su casa al Ayuntamiento de Benidorm.
Desde entonces, sus responsabilidades en la
política sanitaria del país han ido in crescendo:
de la Delegación del Gobierno de Alicante y
las Cortes Valencianas, hasta el escaño 143
de la Cámara Alta, desde donde defiende
con “dureza y contundencia” la universalidad
del sistema sanitario español.
Cristina Alcalá
Imagen: Miguel Fernández de Vega

¿Qué llevó a una médico de Familia a meterse de lleno en la política?
Aunque parezca mentira, la sanidad tiene mucho que ver con la política. Para garantizar la salud de los ciudadanos, como derecho fundamental y como servicio público básico, hace falta hacer política.
¿Por qué eligió esa especialidad y no otra?
Porque el médico de Familia es muy importante y tiene que hacérselo ver a la ciudadanía. La Atención Primaria es la entrada al sistema, una especialidad que permite al profesional ejercer completamente su vocación al conocer mejor al paciente, su entorno familiar, sus condicionantes…
¿Piensa volver a ejercer algún día o se centrará en su carrera política?
En política nunca se sabe lo que puede pasar porque los acontecimientos van muy deprisa y en cualquier momento pueden cambiar las circunstancias. Siempre estaré para lo que mi partido decida y si considera que debo de continuar siendo un cargo público, lo haré y, si no, volveré a mi profesión.
¿Se considera más sanitaria o más política?
Me considero más sanitaria que política, por eso siempre me ha gustado trabajar vinculada a estos temas. Es verdad que los dirigentes no vemos a enfermos, pero casi, porque en nuestras responsabilidades está también la de reunirnos con las asociaciones de pacientes, ONGs, organizaciones colegiales, etc.
¿Es muy exigente este nuevo cargo? ¿Con qué desconecta del bullicio diario?
El gran problema que tengo es que no consigo desconectar completamente del trabajo. Pero cuando lo logro, soy como cualquier otra persona: me gusta disfrutar de mis hijos –ahora que puedo, ya que cuando eran pequeños el trabajo no me lo permitía–, pasear por las magníficas playas que tenemos en Benidorm, leer y estar con los amigos, con los que continúo debatiendo sobre sanidad, aunque de forma distendida.
Y tras casi 20 años ejerciendo la política sanitaria, ¿se han solucionado los graves problemas que tiene el sistema o sigue estancado en muchos de ellos?
Encarnación Llinares, junto a su taquilla del Senado
No solamente no se han solucionado sino que, desgraciadamente, ha habido una involución con el partido del Gobierno. Para los socialistas, la salud es y será siempre una prioridad, porque entendemos que es un derecho fundamental, innato a las personas. Y si uno tiene un problema de salud, qué menos que se le solucione con equidad, independientemente de donde viva y del nivel de renta.

Pero, desgraciadamente, en esta legislatura, bajo el paraguas de la crisis económica, se han recortado muchísimas prestaciones. El Partido Popular (PP) puso en marcha el Real Decreto 16/2012 sin el consenso con el resto de grupos políticos y por la puerta de atrás. Y esto se debe a que el Ejecutivo no ha entendido que la salud es una inversión y no un gasto, y los recortes que ha puesto en marcha no han servido para que el sistema sea más eficiente.
¿Cuáles han sido las leyes sanitarias más importantes de los últimos años?
Por ejemplo, la Ley General de Sanidad de 1986, una normativa de la que el Partido Socialista (PSOE) está inmensamente orgulloso, ya que puso en evidencia un antes y un después en el sistema de salud público, universal, gratuito y de calidad.

Posteriormente hubo otra ley del PP que fue muy importante: la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema de Salud de 2003. Y después, en 2011, la Ley de Salud Pública. Todas ellas son leyes que pretendían avanzar en esa calidad, cohesión y equidad del Sistema Nacional de Salud (SNS).
Pluriempleada en sus inicios En 1995, trabajaba por la mañana como responsable de Sanidad del PSOE en el consistorio municipal de Benidorm y por la tarde, como médico de Atención Primaria y de Familia. Una época que logró compatibilizar con su vida familiar gracias a la labor de su marido, aunque reconoce que se arrepiente de no haber dedicado el tiempo suficiente a sus hijos.
¿Tiene algún político sanitario de referencia?
Sí, Ernest Lluch.
¿Qué perfil debería tener un buen ministro de Sanidad?
Creo que para ser ministro o ministra de Sanidad es importante tener muy claro qué quieres hacer y cómo lo quieres hacer. Y para conseguirlo, necesitas buenos asesores y personal técnico: secretarios generales, secretarios de Estado, directores y subdirectores. Creo que el titular de Sanidad debe tener una sensibilidad especial que solo se consigue si te has formado en alguna de las carreras de Ciencias de la Salud, aunque no tiene por qué ser médico.
¿Quién sería, actualmente, un buen ministro de esta materia en el PSOE?
Prefiero no señalar a nadie como claro favorito, porque igual hay muchas personas que ahora no están en la primera línea política pero que son grandes profesionales. Esa decisión la tiene que tener la persona que organice el Gobierno y no me quiero pronunciar sobre algo en lo que no tendré la capacidad de decidir.
¿Qué es lo primero que haría el PSOE en materia sanitaria si llegara al Gobierno?
Como ya dijo nuestro secretario general, Pedro Sánchez, haríamos una reforma constitucional para blindar los servicios públicos básicos (sanidad, educación y servicios sociales) como derechos fundamentales de los españoles y que no dependan de los diferentes vaivenes ideológicos de los gobiernos que desfilan cada legislatura.
¿Cómo se lleva con su homólogo en el Congreso de los Diputados, José Martínez Olmos?
Con Pepe Olmos tengo muy buena relación. Nos conocimos allá por el año 2000, cuando yo era responsable de sanidad en el partido y él estaba también trabajando en el PSOE en estos temas. Lleva la sanidad en las venas.
¿Y con la recién elegida secretaria de Sanidad de su partido, María José Sánchez Rubio?
Muy bien también, porque considero que es una persona que representa lo que el PSOE quiere para garantizar la sanidad española y, además, es una magnífica consejera de Salud de Andalucía, un cargo que parece molestar mucho al PP, que se empeña en criticar la subasta de medicamentos, una medida que supone ahorrar para destinarlo a otras políticas.
¿Se lleva bien con compañeros de otros partidos?
Claro, considero que tengo muy buena relación con la presidenta de la Comisión de Sanidad del Senado, la popular Carmen de Aragón.
¿Queda a tomar algo fuera del Senado con ‘adversarios políticos’?
Sí, claro. Tener ideologías diferentes no impide que nos llevemos bien fuera de la Cámara Alta.
¿Cómo están actualmente las relaciones de su partido con el Ministerio de Sanidad?
Mal. Consideramos que Ana Mato es la peor ministra de Sanidad de la democracia, porque no es capaz de llegar a consensos, ni de comparecer en las comisiones de sanidad de ambas cámaras. Unas acciones que la desacreditan.
Dos hijos que siguen sus pasos Tiene dos hijos que han seguido, en cierto modo, sus dos principales vocaciones: su hijo también eligió estudiar por la rama de Ciencias de Salud y es fisioterapeuta, y su hija, aunque cursó Gestión y Administración Pública, actualmente es militante de “un partido” y está interesada en el mundo político. En ambos caminos, la senadora alicantina afirma que “les dejó elegir”.
¿Se avanzará este año en el Pacto político por la Sanidad que quedó estancando el curso pasado?
Avanzaremos si el PP y el Gobierno están en condiciones en dar marcha atrás en algunas líneas rojas que nosotros consideramos que han sobrepasado, como el decreto 16/2012, ya que no podemos excluir a personas que lo necesitan por su origen de procedencia.
¿Qué puede suponer la incursión de otros grupos como Podemos en las Cortes Generales? ¿Pactaría con ellos si consiguiesen escaños en el Senado?
Estamos hablando de supuestos. Primero tienen que presentarse a las elecciones y sacar representación. Luego, si consideramos que sus propuestas sanitarias son acordes a las nuestras, no tendremos ningún problema en aprobar sus iniciativas como hacemos actualmente con otros grupos políticos.
No obstante, lo que propone Podemos en sanidad es muy similar a lo que sugiere el PSOE en su programa: una sanidad de calidad, universal y gratuita.
Nosotros tenemos unas propuestas serias y rigurosas, donde decimos lo que vale para financiarlo y de qué partidas vamos a sacarlo.
¿Y las de Podemos no lo son?
Algunas, como la de no pagar la deuda, son inviables. Hay que ser razonables, sensatos, rigurosos y serios. No digo que sus propuestas no sean serias y rigurosas, sino que cuando uno presenta un programa electoral, las iniciativas valen dinero y tienes que saber de dónde sacar ese dinero. Somos un partido de Gobierno, ahora estamos en la oposición, pero volveremos a gobernar, por lo que nuestras propuestas se pueden realizar.