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12/10/2014 n206
El Celador
Bolas sobre el ébola
No pienso escribir ni una palabra sobre el ébola… ¡Que no! Cómo voy a pasar por alto este tema si parece que es lo único que ha acontecido en el mundo esta semana. Seguro que en otros sitios han pasado más cosas, pero es cierto que en el ámbito sanitario no se habla de nada más. A mi hospital, en principio, no tiene por qué venir ningún caso, pero hay un no sé qué en el ambiente… También los pacientes parece que entran con más temor al edificio.
Yo creo que la culpa de esta situación la tiene la desinformación, o el exceso de información, porque lo de la auxiliar de Enfermería Teresa Romero ha rayado el ‘reality show’. Aunque están teniendo sus más y sus menos, todos –sociedades científicas, administraciones sanitarias, colegios profesionales, etc.– han hecho un llamamiento a la calma y han apelado al rigor, pero a mí me da la impresión de que más de la mitad de las noticias que se han publicado sobre el caso de contagio no han sido todo lo rigurosas que deberían y que, incluso, han contribuido a generar intranquilidad.
El otro día leí, por ejemplo, un titular que decía que el ejército español cree que el virus se transmite por el aire. ¿De qué sirve publicar esto si, según la OMS, solo se contagia por contacto directo? Vale que en la noticia se explicara luego que el ejército está equivocado, pero es que hay personas que no leen más allá del titular y que, en seguida, corren la voz y, al final, esto se convierte en el teléfono escacharrado, el juego con el que nos entreteníamos en el patio del colegio.
Y luego están los iluminados de siempre, que aprovechan cualquier ocasión para intentar vender sus remedios
milagrosos. ¿El último? Una
terapia de ozono administrada
por vía rectal que mata el virus,
¡venga ya! Hoy estoy cabreado y preocupado, pero no por el riesgo a un contagio de ébola, sino por los bocazas y curanderos que confunden a la gente y echan más leña al fuego.