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21/09/2014 n203
Al director general de la Asociación Española de Genéricos (Aeseg) no le importa que le digan que hace lobby: es una palabra de la que se siente orgulloso. Sobre todo porque cree en lo que hace. Tenía muy clara desde el principio la vocación empresarial y no echa de menos su época en la industria innovadora. Se considera gestor y, en esa visión, el genérico encaja como un guante: es una herramienta fundamental para la tan cacareada sostenibilidad del sistema.
Marcos Domínguez
Imagen: Miguel Fernández de Vega
¿Qué le motivó a estudiar Farmacia?
Cuando terminé COU, tenía más inclinación por las carreras de ciencias de la salud. Pensé en Medicina, en Biológicas, en Farmacia… Me decanté por esta última porque podía conjugar las ciencias de la salud con una salida empresarial, y así he desarrollado toda mi trayectoria en la industria farmacéutica. Terminé la carrera en 1982 y tenía muchas posibilidades: investigación, clínica, empresarial… Mi primera compañía fue Janssen, que acababa de llegar a España, y luego he trabajado en compañías nacionales, multinacionales, etc. Siempre en empresas innovadoras, hasta hace unos doce años, cuando entré en el mundo de los genéricos. Estuve trabajando en Sandoz, en Laboratorios Bexal y, desde hace unos seis años, como responsable de Aeseg.

Llevando más de una década en el sector del genérico, habrá visto gran parte de su evolución. ¿Cómo se lo encontró y en qué ha cambiado más?
El mercado de genéricos lleva ya 15 años en este país, pero su desarrollo más importante lo ha vivido en los últimos años.

Aeseg y Farmaindustria,
sin rivalidades

El sector ha tenido muchas barreras de entrada, por lo que ha sido difícil conseguir cierta penetración. A pesar del esfuerzo, todavía somos solo el 38 por ciento del mercado en cuanto a unidades, cuando la media de los países europeos está en alrededor del 55 por ciento. Mirándolo en valores, hemos alcanzado un 18 por ciento de cuota, lejos del 25 por ciento de la media europea. Aquí hay una noticia mala y una buena: estamos lejos de las cifras medias, pero tenemos mucho camino por recorrer.

La percepción del genérico sí que ha cambiado: antes, estaba mal visto.
Es verdad. Cuando hacemos los estudios de percepción, observamos que ocho de cada diez pacientes confían plenamente en el genérico y, además, son los pacientes crónicos los que más lo hacen. Estamos muy satisfechos con eso. No obstante, como sector industrial, pensamos que tiene bastante camino por recorrer.

El genérico es muy importante para la Administración, como regulador del precio de los medicamentos y una herramienta de ahorro. Pero también es importante para el ciudadano, que ha tenido un mejor acceso a los medicamentos. Y, además, es importante como sector empresarial: hemos tenido un crecimiento del 45 por ciento en el empleo directo, crecido en I+D un 40 por ciento en los últimos cuatro años y además estamos comprometidos con la producción, pues siete de cada diez medicamentos genéricos consumidos en España se fabrican en nuestro país.

Madrileño de pura cepa
Rodríguez de la Cuerda se confiesa “madrileño de pura cepa”. Cuatro generaciones son las que se han criado bajo la castiza mirada de la Cibeles: “Tanto mis abuelos como bisabuelos son de esta ciudad, pocas familias tienen raíces tan madrileñas”. No solo es fiel a una ciudad, sino también a un barrio: Retiro. “Me crié allí y sigo viviendo en Menéndez Pelayo”.
Gran parte de esa confianza del paciente se debe a que es un sector muy cercano.
De las cinco primeras compañías en España por unidades vendidas a finales de 2013, cuatro eran de genéricos: tres nacionales y una internacional, pero todas con planta de producción en España.



¿Y cómo espera acabar este año el sector del genérico, ahora que han entrado en vigor los nuevos precios de referencia?
Parece ser que el efecto del copago y la desfinanciación se ha ido diluyendo, pero el esfuerzo que ha hecho la industria farmacéutica, en general, y la del genérico, en particular, en los últimos cuatro años ha sido muy importante. Hace cuatro años, el peso del medicamento en el presupuesto sanitario era del 25 por ciento; hoy en día, es del 15. Hemos llegado a una línea roja que es difícil cruzar sin que afecte a los umbrales mínimos de rentabilidad. Pero la nueva orden de precios de referencia nos llevará a otro recorte más, a una situación más delicada de la actual.

En un reportaje de ‘Revista Médica’ sobre los lobbies sanitarios, usted era el único que no rehuía de esa palabra. ¿Qué hay de mito y qué hay de cierto en los lobbies?
Por lobby entendemos una serie de actividades necesarias para tener una interlocución en un marco de transparencia, de confianza, con las administraciones sanitarias y otras instituciones. Nuestro principal objetivo es defender los intereses de los asociados y, para ello, es muy importante que lo hagamos a través de las normativas. Cuando el legislador tiene que hacerlo, es necesario que tenga que hablar con los distintos sectores, que le puedan ir aportando ciertas pistas o conocimientos puntuales de estas cosas. El lobby, simplemente, es la capacidad que tiene una asociación de poder hablar con las administraciones sanitarias, informar de una manera transparente, con confianza y credibilidad para que el legislador pueda tener mejor conocimiento de los aspectos que va a legislar. 

Pasión por los viajes

De la Cuerda, en una visita a Marruecos

El director general de Aeseg es un apasionado de viajar, “es algo fundamental en la vida”. De entre todos los destinos que ha visitado, se confiesa enamorado de los países árabes. “Tengo muy buen recuerdo de un viaje que hice a Jordania, las ruinas romanas de Jerash, bucear en Aqaba, Petra…”. Reconoce que una de las experiencias mágicas que ha vivido ha sido dormir en el desierto, “a lo Lawrence de Arabia”, en el Wadi Rum (sur de Jordania). Siria y Egipto también figuran entre sus visitas predilectas, así como el más cercano Marruecos. Allí, concretamente en Ouarzarzate, “las puertas del desierto”, tuvo una conversación con unos tuaregs: “No entendían el ritmo de vida occidental, para su filosofía y su cultura es impensable que tengamos que ir a todos los sitios corriendo, que no nos paremos a pensar”.


¿Le gusta la palabra lobby?
La gente es muy dada a los eufemismos, pero nosotros somos muy prácticos: el origen de la palabra lobby viene de Estados Unidos, de las personas que defendían los intereses de los colectivos o asociaciones, que hablaban con los diputados o senadores en el lobby, es decir, el vestíbulo del Parlamento, en lugar de hacerlo en despachos. Eso no tiene ninguna connotación negativa.

Ahora bien, hay muchas regulaciones de las acciones de lobby, a nivel internacional pero también se está avanzando en el español. En cuanto a la denominación, si somos capaces de desarrollarla en el sentido de la transparencia, credibilidad y confianza, se entenderá que es una gestión normal y corriente. Los aspectos más negativos, el obtener prebendas a través de influencias, no se pueden negar, pero eso no es lobby. Es la obligación de las personas que estamos en este sector el hacer ver que es una actividad normal e interesante en beneficio de todos.



¿Cómo es el día a día de un lobista?
Hay una primera parte muy importante, la información: tanto de tu sector como de otros, y tanto nacional como internacional. Hay que controlar, sobre todo, normativas internacionales, nacionales, regionales… que puedan afectar a tu sector. Una vez que tienes la información, viene un trabajo de encaje:

De la Cuerda y Raúl Díaz-Varela, presidente de Aeseg, con la ministra Mato y Pilar Farjas, secretaria general de Sanidad

cómo pueden cuadrar esas normativas con los intereses de tu área. A partir de ahí, se pasa a la fase de interlocución: tener reuniones con las administraciones a distintos niveles, donde puedas transmitir a los responsables de las normas cuáles son los datos del sector y su visión. Por último, es importante el seguimiento, ver cómo va evolucionando toda esta actividad. No solo hay que trabajar cuando se va a producir la norma sino también cuando esta ya está en marcha y valorar su eficacia.

¿Usted se considera más político o más empresario?
Yo me considero una persona fundamentalmente de gestión. Otra cosa es que, en algún momento, tus interlocutores son los que están en la esfera política. Eso no quiere decir que te muevas en ella, para nada. Nos movemos fundamentalmente en el área de la gestión.



¿Cuánto tiempo tiene que pasar en Bruselas?
Tenemos una relación muy estrecha con Bruselas a través de la EGA (Asociación Europea de Genéricos). También son importantes los desplazamientos para aprovechar y hablar con grupos interesantes que están en la ciudad, tanto en el Parlamento como en el Consejo o en la Comisión. Desde el punto de vista normativo, cada vez hay más legislación europea que afecta a nuestro país, por eso hay que estar cerca, ir a la fuente. Ir a Bruselas forma parte de nuestro trabajo y nuestro territorio de gestión habitual; vamos cada uno o dos meses.

Un ‘galáctico’ de la farmacia
Aunque es aficionado al Real Madrid, no se siente tentado, ya en lo profesional, a formar parte de los ‘galácticos’ de la industria farmacéutica. “Empecé en compañías de marca, pero, para mí, todo es industria farmacéutica, porque todos invertimos, desarrollamos y ponemos a disposición del paciente los medicamentos”. La única diferencia entre marca y genérico “es administrativa”, el límite fijado por la patente de un fármaco, que da exclusividad para su venta. Eliminada la barrera administrativa, “solo tienes medicamentos”.


¿Qué es lo que le ayuda a desconectar del trajín diario?
Sin duda, el deporte. Juego al tenis, al paddel, me gusta el senderismo, perderme por la sierra… Hace poco he hecho el Camino Schmidt, que va del Puerto de Navacerrada a Cercedilla. También subí recientemente a la Bola del Mundo, en la Sierra de Guadarrama. Me estoy iniciando en un deporte al que he llegado tarde, pero que tiene su atractivo: el golf. Siempre intento tener un momento para el deporte en mi vida, es una de las actividades que más me permite desconectar mentalmente.