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14/09/2014 n202
Aunque ha cambiado la escalada por el senderismo, sobre la mesa de su despacho descansa La conquista del Everest, un libro que le regalaron en su último cumpleaños y que todavía no se ha llevado a casa porque, de vez en cuando, lo abre para ver las fotos y motivarse. El actual director general de Atención al Paciente del Servicio Madrileño de Salud, que hasta hace dos años corría maratones, se mueve por retos; el penúltimo, publicar su primera novela.
Sandra Melgarejo
Imagen: Miguel Fernández de Vega
¿Por qué es usted médico de familia?
Estudié Medicina porque procedo de una familia de médicos y enfermeros, y genéticamente ya tenía una impronta importante. He vivido en un ambiente totalmente médico: todos los que visitaban mi casa eran médicos, cuando salía del colegio iba a merendar al hospital… Desde que era chiquitito, mi vida ha sido el sector sanitario. Lo que me condicionó para dirigirme hacia la Medicina de Familia fue que me gusta mucho el contacto con las personas. Estuve dudando entre Psiquiatría, Medicina Interna o Medicina de Familia, y opté por la última porque hacía muy poco que había nacido la especialidad (1980).

Como director general de Atención al Paciente, Zarco visita centros de salud y hospitales


También ha sido profesor de Historia de la Ciencia en la Complutense y en la Universidad de Alcalá de Henares.
Me formé con Pedro Laín Entralgo y me interesa la Antropología Médica, que tiene mucho que ver con el día a día de la práctica clínica. Así pude aunar mi pasión por la docencia y la investigación en el área de las Humanidades con mi actividad clínica en un centro de salud en Madrid.

De las tres sociedades científicas de médicos de familia, ¿por qué eligió formar parte de Semergen y acabar siendo su presidente?
Como soy historiador, decidí que fuera Semergen porque es la sociedad más antigua y, además, procede de los albores de 1850, de la España liberal. Me llamó la atención que recogía la trayectoria de todos los médicos generales de los últimos dos siglos.

Al principio no tuve una gran actividad, era un afiliado de base. Pero, debido a mi faceta como profesor, en la sociedad me empezaron a ofrecer docencia y, al final, fui el responsable de Formación de Semergen durante cuatro años. Después, fue la propia sociedad la que me planteó si quería ser presidente y, como me gustan los retos, decidí probar. Fue una etapa muy intensa, fue como hacer un máster intenso sobre la vida sanitaria. Disfruté muchísimo, aprendí muchísimo y me hizo ver muchas partes de la sanidad que antes no había visto: la política sanitaria estatal y autonómica, los sindicatos, las asociaciones de pacientes…

Se le recuerda como un presidente muy político…
Es que los presidentes tenemos que ser políticos para que otros hagan la ciencia. La gente piensa que la ciencia sale por generación espontánea, pero necesita un terreno abonado. Entiendo que cuando uno decide dejar su faceta docente, científica y clínica para dedicarse a ser el representante de una corporación profesional, tiene que hacer la política necesaria para que sus compañeros puedan hacer ciencia.

¿Qué le parece la fusión de las tres sociedades de Atención Primaria (Semfyc, Semergen y SEMG)?
Creo que hay una convergencia que es necesaria y que siempre deberían haber estado juntas. El problema es que ha habido determinadas ‘sensibilidades’ en las tres sociedades que han impedido que pudiéramos ir juntos, lo que yo llamaba los hooligans de la Medicina de Familia. Pero sabíamos que era cuestión de tiempo que, aunque no se hiciera nada, existiera una tendencia natural hacia la convergencia. Me parece muy bien porque la unión hace la fuerza.
El médico de la tele
En agosto de 2013, Julio Zarco estaba tranquilamente en la playa leyendo un libro cuando le llamó un directivo de TVE para proponerle ser “el médico de la tele”. Él se echó a reír y dijo que no, pero acabó aceptando. “Debo de ser facilón porque, al final, siempre digo que sí”. Así empezó su aventura en La Mañana de TVE, el programa de Mariló Montero, a quien incluso sustituyó en seis o siete ocasiones como presentador de todo el espacio. ¿Y qué tal con Mariló? “Ella y yo compartimos una cosa muy importante: hemos nacido el mismo día, el 28 de julio. Me identifico mucho con algunos rasgos de su carácter; es impulsiva, muy vitalista… Quizá su impulsividad le hace meterse en jardines complicados, pero también yo me he metido en jardines y, a veces, he salido trasquilado”.

Julio Zarco en el plató de
'La mañana de TVE'


También fue director técnico de la Real Academia Nacional de Medicina (RANM), una institución que intentó modernizar sin mucho éxito…
He hecho muchas cosas en mi vida, y las que me quedan, porque tengo pensado hacer muchas más. En cada una de esas facetas he tratado de dar lo máximo de mí y de aprender lo máximo, pero es cierto que hay que respetar los ritmos de las estructuras donde uno está. Quizá pequé de que salía de Semergen con mucho brío y llegué a un sitio donde los tiempos son otros. Soy una persona impaciente e inquieta y si veo que los tiempos me acompañan, fantástico; pero, si no, no pasa nada. Fue una experiencia interesante y para mí fue un honor.

Y de ahí, a la Dirección General de Atención al Paciente del Servicio Madrileño de Salud (Sermas).
Javier Fernández-Lasquetty me preguntó si me interesaba ir a los Servicios Centrales del Sermas. Le dije que, en principio, no mucho, porque cuando estaba en Semergen había sido muy cañero con la Administración. Pero insistió mucho y me dijo que qué me parecía el Servicio de Atención al Paciente, que entonces dirigía Elena Juárez. Pensé que como experiencia podría estar bien y empecé a trabajar como técnico de la Consejería de Sanidad en dos frentes: en tratar de vertebrar las asociaciones de pacientes y en el mapa de las enfermedades raras. Cuando concluyó mi primer año allí, Fernández-Lasquetty me propuso la dirección general. También le dije que no, pero volvió a insistir mucho y llegó un momento en que su insistencia rompió mi resistencia, y entendí que era una oportunidad interesante.

Julio Zarco asegura que echa mucho de menos la docencia y la asistencia


Dice que había sido crítico con la Administración, ¿cómo acogieron sus compañeros que cambiara de bando?
Lo han recibido muy bien, aunque con cierto toque sarcástico. Me recuerdan cosas que dije entonces para que no se me olviden ahora, pero, por muchos defectos que tenga –y tengo muchos–, trato de ser coherente y me creo todas las cosas que digo públicamente. Lo que sí es cierto es que ver la Administración por dentro te hace comprender sus tiempos, y he entendido que todo lo que yo quería hacer cuando estaba fuera de aquí se puede hacer, pero hay que buscar los recursos y las fórmulas.

Y después de la Dirección General de Atención al Paciente, ¿qué?
Este es un cargo de libre designación que, obviamente, tendrá su final. Cuando esto termine, volveré a mi docencia y a mi clínica, y a los retos que puedan surgir. Hasta que eso llegue –y es importante tener la vista puesta en que eso llegará porque uno no puede ser eterno en los sitios donde está–, en esta casa hay que hacer muchas cosas que dependen de mi competencia, como la coordinación sociosanitaria del Sermas o la Estrategia de Crónicos de la Comunidad de Madrid.

¿Echa de menos la asistencia?
Muchísimo, también la docencia. Son mis dos pasiones. La docencia la trato de paliar escribiendo mucho. De hecho, ahora estoy terminando un libro que es posible que se publique en Navidad y hace ocho meses publiqué otro que se llama El arte de ser médico, que va dirigido fundamentalmente a residentes y estudiantes de Medicina. Lo echo muchísimo de menos, pero lo canalizo por ahí.
‘Pelis’ y libros de médicos
El cine y la literatura son dos de las pasiones de Julio Zarco y, por acotar, ‘Revista Médica’ le ha preguntado por sus novelas y películas favoritas que estén relacionadas con la ciencia. El libro lo tiene “perfectamente claro”, es El juego de los abalorios de Hermann Hesse, su autor preferido. “Habla de un lugar hipotético y de una comunidad científica hipotética, de cómo se genera el conocimiento en esa comunidad y de la fusión de la ciencia con el arte y con la imaginación. Refleja muy bien cómo interpreto yo, con mis modestas claves, la existencia y la fusión entre el conocimiento, la ciencia y el arte”.

La película le cuesta más: “Hay tantas que me gustan… Hay una que se les pone mucho a los estudiantes de Medicina, Sinuhé el Egipcio. Es una película de los años 50 basada en una novela que refleja la vida de un médico del faraón. Representa la historia de la Medicina, cómo se conseguía el saber y la ciencia hace 2.000 años antes de Cristo”.

Hermann Hesse


¿De qué va el nuevo libro?
Es mi primera novela. Hasta ahora he escrito ensayos y relatos de ficción. He tenido buenos padrinos, como José Luis Sampedro, Antonio Gala y Luis Mateo Díez, que han sido buenos amigos y me han enseñado mucho. Concretamente, Luis Mateo Díez siempre me decía que tenía que saltar del ensayo y del relato corto a la novela, así que me decidí y ahí andamos, empleando horas de sueño a veces.

No quiero ser pretencioso, pero es lo que antes se llamaba en la literatura ‘libros de iniciación’. El protagonista está en una situación vital y quiere llegar a un objetivo, y en ese recorrido hay un aprendizaje y una transformación.

¿Se quita horas de sueño para escribir?
Siempre he dormido muy poco. Estoy en la Dirección General de Atención al Paciente de sol a sol y me llevo cosas para casa. Suelo terminar la jornada escribiendo algo porque, además, me ayuda a colocar cosas en mi cabeza.