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07/09/2014 n201
Siempre se ha movido por retos profesionales y ha tenido la suerte de que le han ido llamando para ofrecerle trabajos que le entusiasmaban. Albino Navarro afirma que nunca ha tenido ningún problema en coger la maleta y cambiarse de sitio. "Soy intensivista y no me da miedo nada". Cada vez que alguien pide un médico en la sala él se ofrece voluntario y para continuamente en carretera en los accidentes de tráfico: "Me mancho las manos con lo que haga falta… Va en mi ADN".
Sandra Melgarejo
Imagen: Pablo Eguizábal
y Miguel Fernández de Vega

Albino Navarro tuvo ocasión de saludar al rey Felipe VI durante una visita al Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares

Junto a José Antonio Monago y Luis Alfonso Hernández Carrón

¿Su relación con la Medicina le viene de familia?
No, en la familia no había habido ningún médico. El más relacionado con la sanidad era mi padre, que era protésico dental. Cuando acabé 'Preu' (el curso preuniversitario) dudaba entre estudiar Exactas o Medicina, y me decanté por Medicina. Probablemente por eso he acabado en la gestión, porque los números y la parte de más ciencia y menos letras de la sanidad me han 'tirado' mucho.

¿Dónde ejerció como médico?
Estudié en la Universidad Complutense de Madrid e, incluso durante la época de estudiante, estuve en la Fundación Jiménez Díaz, donde hice el MIR. Primero hice Medicina Interna y, después, Intensiva.

En la Jiménez Díaz fui vocal y secretario del Patronato Rector durante la época dura en la que se hablaba de la posibilidad del cierre y traslado a Alcalá de Henares.

¿Cuándo decidió dar el paso hacia la gestión?
Justo en ese momento en que había dificultades importantes en la Jiménez Díaz. A un grupo de, por aquel entonces, jóvenes se nos pidió que diésemos un paso adelante para gestionar la Fundación y ahí pasé de lo asistencial a la parte gestora. Fue una época muy curiosa y muy bonita, y en la que me enviaron el cese por motorista, como sucedía con Franco. Me cesó Julián García Vargas cuando era ministro de Sanidad; todavía guardo el sobre y nos reímos por ello de vez en cuando. El ministerio decidió hacerse cargo de la Fundación y cesó a todo el patronato.

¿Entonces ya estaba en la Organización Nacional de Trasplantes (ONT)?
Sí. Rafael Matesanz me llamó nada más ser nombrado coordinador para formar parte del equipo de la ONT. Matesanz entendía que los intensivistas éramos parte esencial en el proceso de donación y trasplante porque estábamos presentes en dos partes muy importantes: en la obtención de órganos y en el seguimiento del trasplante. Entré como coordinador de trasplantes de la Comunidad de Madrid y fueron seis años espectaculares. Es muy gratificante haber participado en la aventura de la ONT desde el principio y haber contribuido a colocar a España a la cabeza del mundo en trasplantes.
Decisiones rápidas y acertadasAlbino Navarro eligió la Medicina Intensiva porque es una especialidad en la que hay que tomar "decisiones rápidas, pero acertadas, lo que exige una formación sólida y una gran capacidad de decisión". También porque el intensivista maneja mucho los números y los objetivos. "Históricamente, había dos especialidades de las que se decía que eran el vivero de gestores de la sanidad: los nefrólogos y los intensivos. Tenemos en común que siempre hemos estado trabajando con números y que somos gestores del último recurso; el nefrólogo gestiona qué pacientes entran o no en diálisis y el intensivista es el gestor de la última cama". Según Navarro, "Intensiva es una especialidad muy reconfortante y que, frente a lo que opina la gente, tiene una mortalidad solo del 14 por ciento, lo que quiere decir que el 86 por ciento de las personas que entran en una UVI salen con vida".

Y de ahí a la dirección territorial del Insalud en Madrid… Cuando el Partido Popular ganó las elecciones en 1996, el ministro José Manuel Romay Beccaria y Alberto Núñez Feijóo me llamaron para ofrecerme la posibilidad de ser el director del Insalud en Madrid. Dado que había sido coordinador de trasplantes en la comunidad y ya tenía una trayectoria en la gestión, no cabía otra posibilidad que aceptar. Después de 14 años de Gobierno socialista, era una situación novedosa y Madrid era el 40 por ciento del volumen del Insalud antes de las últimas transferencias.

Fue una época muy dura porque lo primero que hizo el Gobierno nada más llegar fue un recorte de presupuestos, así que, tras incorporarme, a mitad de año ya tenía presupuesto cero, pero la verdad es que el Insalud funcionaba como un reloj y recuerdo esa etapa con mucho cariño. Estuve seis años, hasta el día de las transferencias.

¿Qué opinaría de devolver las competencias sanitarias al Estado?
Este es un tema esencialmente político, no es un tema técnico, y creo que se debe debatir en los foros políticos. Sí puedo decir que el Insalud era un 'patrón oro' y lo que sí es cierto es que, se recentralice o no, hay que hacer un esfuerzo muy importante en coordinar y articular el sistema, no se puede desmembrar. La ONT no tiene competencias gestoras, pero sí coordinadoras y funciona espectacularmente bien. Por lo tanto, si una parte de la sanidad coordinada y articulada que tiene las competencias gestoras descentralizadas es capaz de funcionar bien, ¿por qué no el resto del sistema sanitario?



Volviendo a su trayectoria, ¿dónde fue una vez transferida la sanidad?
Me llamó Farmaindustria y estuve allí año y medio de director de Relaciones Institucionales. Justo en el momento transferencial, la patronal fue consciente de que su número de interlocutores variaba y quería abrir una vía de relaciones institucionales y articular mecanismos de contacto con todas las comunidades autónomas.

¿Qué tal esa etapa con la industria farmacéutica?
Diferente. De la gestión directa pasé a organizar un sistema de organizaciones institucionales con las comunidades. Salí de Farmaindustria porque prefería cambiar de aires y me llamó Ignacio Martínez para gestionar la Fundación Investigación Biomédica Hospital Gregorio Marañón, donde estuve también unos seis años. También fue una experiencia muy gratificante; el Gregorio Marañón pasó a liderar la investigación en Madrid, tanto en captación de fondos como en publicaciones científicas.

Después, seguí gestionando investigación en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberOBN). Era lo mismo, pero, en lugar de una estructura física de ladrillos como el hospital, se trataba de una red de veintitantos equipos de toda España.

¿Y cómo llegó a ser director gerente del Servicio Extremeño de Salud (SES)?
Estaba muy tranquilo en el Ciber –porque gestionar investigación, desde el punto de vista de un gestor sanitario, da un cierto margen de tranquilidad: no hay listas de espera, no hay camas en los pasillos, ni episodios de legionela…– y José Antonio Monago me llamó cuando ganó las elecciones preguntándome si quería hacerme cargo del SES. Me pareció un reto profesional excelente y fueron dos años que viví con mucha alegría… en lo laboral. En lo personal, la distancia con la familia pesaba mucho.

Tuvo que trasladarse de Madrid a Extremadura…
Alquilé un pisito amueblado al lado de la consejería; caminando tardaba cinco minutos al trabajo…

Eso es calidad de vida.
Es cierto, pero los fines de semana tenía que ir a Madrid a ver a la familia porque ellos seguían viviendo allí. Me planteé volver el tercer fin de semana que mi nieta, en lugar de sonreírme, se puso a llorar. En ese momento pensé que había algo que fallaba en esta aventura profesional: la pérdida de unión con la familia.



De hecho, dijo que dimitía por "motivos personales"…
Sí, absolutamente personales, porque profesionalmente estaba muy a gusto.

No obstante, Guillermo Fernández Vara criticó que dijera que también dimitía por problemas de salud y que, poco tiempo después, se fuera a trabajar a una empresa privada…
Sí, en paralelo tuve un problema de salud. Oí alguna crítica infumable, en la que irónicamente decían que se alegraban de que mantuviese una buena salud… Yo también me alegro de mantenerla y agradezco mucho a todas estas personas que se hayan 'preocupado', entre comillas, por mi salud.

Concretamente, tuvo un ictus. Como médico, ¿fue capaz de reconocer los síntomas?
Estaba en una reunión con el director general de Asistencia Sanitaria, que es urólogo, y con el director del Banco de Sangre de Extremadura, que es hematólogo, y, de pronto, empecé con una diplopía severa y les dije: “me está pasando algo”. Así que fui al hospital y tuve un ictus transitorio que no me ha dejado ninguna secuela, afortunadamente. Me manejaron como a cualquier otro paciente y he de decir, como directivo y como paciente, que la sanidad extremeña funciona estupendamente. Me aplicaron el protocolo estándar y todo fue francamente bien.
Coleccionista y anticuario"Me gustan las antigüedades y colecciono cerrojos de forja, tengo unos 200 cerrojos artesanales". ¿Y cómo empieza alguien a hacer una colección tan peculiar? Según Albino Navarro, "de una forma absolutamente tonta: durante un viaje, paré en un anticuario de Teruel y vi seis cerrojos tirados en el suelo y medio herrumbrados. Pensé que colocados en la pared de casa, en un rincón, no quedarían mal". Así que los limpió, los restauró y, a partir de ahí, fue recorriendo anticuarios y baratillos para comprar más, de todos los tamaños. Ahora dice que le falta casa para ponerlos.

Ahora es director del Área de Salud del Grupo Eulen…
Cuando volví a Madrid para incorporarme a mi plaza de médico recibí una llamada de la compañía con el ánimo de reforzar el ala sanitaria de la empresa. Llegamos rápido a un acuerdo y me incorporé inmediatamente.

Entonces, ¿su idea inicial tras su paso por el SES era retomar el ejercicio de la Medicina?
Sí. A la vuelta de Extremadura estaba preparando los papeles para reincorporarme a mi plaza en la Fundación Jiménez Díaz y, en esos días, me llamaron, no sé si porque sabían que había vuelto de Extremadura o por mera casualidad.



Después de tantos años vinculado a la gestión, ¿no le daba reparo volver a la asistencia sanitaria?
No, la Medicina se lleva dentro. He ejercido durante casi 20 años y eso es como montar en bici, no se olvida nunca –es una frase muy manida, pero real–. Por otra parte, todas las personas que hemos estado en cargos públicos o de libre designación tenemos un periodo de aterrizaje suave y de reciclaje cuando nos reincorporamos a la parte asistencial. Normalmente son tres meses en los que vuelves a reaprender, es una especie de MIR acelerado.

¿Se quedará en Eulen o espera otra llamada?
En este momento estoy muy a gusto donde estoy, y ya tengo una edad… Creo que hasta que no me digan aquí "adiós, Albino" no pienso moverme, y espero que tarden mucho en decírmelo.