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10/08/2014 n197
El principal objetivo del nuevo secretario general de la Organización Médica Colegial (OMC) es “ser la voz de todos aquellos que piensan en la gestión desde los colegios”. Aunque es del centro de Madrid, afirma que ser médico rural es “un privilegio” y está acostumbrado a que los pacientes del pueblo le comenten sus problemas y los de los familiares que han emigrado a la ciudad. Es aficionado al esquí, a la bicicleta y a pasar las tardes con sus amigos en su casa de Cantimpalos (Segovia).
Sandra Melgarejo
Imagen: Pablo Eguizábal
¿Qué le decidió a presentar su candidatura a la Secretaría General de la OMC?

Llevo 14 años en la vida colegial: fui dos años secretario de la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos de Segovia; cuatro años, vicepresidente; y ocho años, presidente. Pero, al margen de eso, he tenido una relación intensa con la OMC, desde la presidencia de Isacio Siguero y también con Juan José Rodríguez Sendín. He pertenecido a comisiones muy sensibles del consejo, como la de Economía o la que reformó los estatutos, y, después, se me encomendó la labor de asesor médico de Comunicación.

Venía pensando desde hace tiempo en la posibilidad de optar a uno de los cargos de la OMC, ya desde las elecciones de 2009 en las que Serafín Romero fue elegido secretario general, pero antes quería terminar mi etapa como presidente del Colegio de Segovia. Cuando salió la última convocatoria, me sentía identificado con la comisión permanente actual y les pregunté si ellos tendrían algún inconveniente en que me presentara, porque mi voluntad era presentarme siendo colaborador.


Ganó por tan solo un voto de diferencia a Rosa Mª Pérez. Un resultado emocionante, ¿no?

Desde luego, emoción le da (risas). Era una candidata potentísima. Su candidatura se presentó a última hora y le mandé un mensaje diciéndole que la votaría a ella si yo no me presentara. Para mí, era una excelente candidata y por eso los votos fueron tan ajustados.

¿Tiene previsto introducir algún cambio desde su recién estrenado cargo?

Hay una serie de necesidades en la OMC sobre las que hay que empezar a trabajar. Una de ellas es la puesta en valor de todos los miembros de las juntas directivas de los colegios de España. La misión de un secretario general, independientemente de la coordinación, es tener una relación intensa con los colegios de médicos de las distintas provincias. En España somos, aproximadamente, 550 dirigentes colegiales. Somos una fuente de saber a la que, muchas veces, no le damos la relevancia, la voz y el protagonismo suficiente. El anterior secretario general sí ha puesto en valor a los secretarios provinciales, pero es el momento de hacerlo también con los vocales para que dejen de ser relevantes únicamente en sus colegios y sean nuestro cuerpo asesor, nuestros ojos y nuestra voz en las distintas provincias.
Huevos y tomates con sabor
“Decían los antiguos que el médico tenía que huir de los naipes y la escopeta. Aquel médico que se reunía con el cabo de la Guardia Civil y el cura ya no existe. Bueno, en realidad, es que ahora ya no hay curas ni cabos de la Guardia Civil en los pueblos; los únicos que siguen allí son los médicos rurales, quienes están las 24 horas del día al lado del ciudadano, y la gente lo agradece muchísimo”. Dice Juan Manuel Garrote que en todos los pueblos en los que ha estado ha tenido “la suerte de comer huevos de gallina, tomates con sabor y chorizos de matanza. La gente de los pueblos es muy agradecida y reconoce la entrega del médico”.


Ha comentado en alguna ocasión que tuvo “la desgracia de vivir un Consejo General con luchas intestinas”…

Efectivamente, he vivido momentos en los que se discutía hasta la semántica del orden del día, lo que paralizaba totalmente las decisiones que pudiera tomar la asamblea. No sabría explicitar de forma concreta los motivos, pero sí que percibía que había unos intereses que no eran exactamente los intereses más legítimos que debería tener la asamblea.

El avanzar del tiempo y los consensos consiguieron que se empezara a hablar de lo que realmente nos interesaba: los colegiados y la profesión, y eso se ha ido manteniendo hasta ahora. Lógicamente, los consensos no son mayorías absolutas, sino acuerdos que se alcanzan tras una discusión, pero el objetivo siempre son los colegiados.

Juan Manuel Garrote, en la toma de posesión como secretario del Consejo de Médicos de Castilla y León

¿Ahora se trabaja a gusto en la OMC?

Estamos mucho mejor porque se ha cambiado la dinámica de trabajo. Ahora, cuando hay un problema, se hacen grupos de tormentas de ideas entre los 66 miembros de la asamblea y, de ahí, se extraen unas conclusiones. Este sistema de trabajo nos ha permitido ser más competentes. Podríamos decir que somos más profesionales dentro de nuestras labores de presentación y eso es, en realidad, lo que nos exigen nuestros representados.

¿Los conflictos internos de algunos colegios provinciales conducen a los colegiados al desencanto? ¿Qué se puede hacer desde la OMC para evitar estas situaciones?

Hay algunas cosas que nos gustaría hacer y que no podemos, pero hay otras que sí. Nuestro código deontológico dice que el médico debe tener una actitud profesional ejemplar. En España estamos viviendo una situación en la que los representantes públicos, a todos los niveles, pierden credibilidad porque algunos de ellos no hacen las cosas bien. La inmensa mayoría lo hace bien, pero suena más quien lo hace mal. Hay que insistir, tanto por la vía normativa como por la vía comunicativa, para que los representantes del mundo profesional médico, que, al menos aparentemente, no dan el mejor ejemplo, tengan en cuenta que las cuestiones que deben dirimirse son las institucionales, no las personales. Deben dejar la institución en un nivel igual o mejor que cuando llegaron, no peor.

Somos la profesión mejor valorada; eso sí, como profesionales, no como instituciones colegiales. Tenemos que conseguir ser valorados también como instituciones.


¿Y qué puede hacer el Consejo General para garantizar la equidad de la asistencia sanitaria en las diferentes comunidades autónomas?

Creo que en los últimos años se ha avanzado muchísimo. Recuerdo haber escrito algún artículo de opinión sobre que uno de los derechos básicos del paciente es que en cualquier lugar del Estado pueda ser atendido de la misma forma por un médico. Al final, aquello que parecía que a la Administración pública le molestaba oír ha calado, de tal forma que la historia estatal –es más, la historia europea– pueda ser compartida.

Pero esto nos trae otro problema: ¿cómo compartir una historia con los debidos cuidados de confidencialidad? Ahí también tendremos que trabajar nosotros.

Recientemente, se ha presentado la encuesta Situación laboral de los médicos en España, que revela que el empleo, la precariedad y la inestabilidad laboral son los principales problemas de la profesión… ¿Son preocupaciones nuevas para los médicos?

El empleo en la profesión médica es un movimiento pendular debido a una desorganización. Cuando comencé a trabajar, hace 30 años, sobrábamos médicos; a los diez años, faltaban; veinte años después, sobran; y dentro de unos años, posiblemente, vuelvan a faltar. Lo que ocurre es que no sabemos dónde estamos porque no tenemos un registro adecuado. Afortunadamente, y creo que gracias a que la OMC lleva años pidiendo que compartamos registros, el proyecto de registro estatal está muy avanzado; ojalá lo podamos ver este año. Esto nos va a permitir prever cuáles son las necesidades y las carencias que tenemos en cada especialidad. Es fundamental para que podamos cumplir nuestra misión: que la profesión se ejerza en la mejor situación para el ciudadano.
Historiador de la Medicina
Aunque nació en Madrid, Juan Manuel Garrote es el autor del libro Cien años de Medicina en Segovia, galardonado con el Premio ‘Domingo de Soto’ a la mejor obra del año escrita por un segoviano. “Me gusta mucho la historia y, sobre todo, la historia de la Medicina. Tuve muy buenos contactos con el historiador Agustín Albarracín y, en su momento, quise que Diego Gracia (catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense) me dirigiera una tesis doctoral. Al final, y gracias a su consejo, decidí que era mejor escribir un libro”. El secretario general de la OMC también tiene otro libro sobre semblanzas de médicos ilustres segovianos, entre ellos, el doctor Andrés Laguna, que fue médico de Felipe II.

¿Qué le parece que los profesionales sanitarios vayan a ser considerados autoridades públicas?

En Castilla y León ya lo somos, y me parece una muy buena noticia que lo seamos en el resto de España. Atendemos millones de consultas a lo largo del año en unas situaciones que, a veces, son difíciles. Los pacientes son personas preocupadas y angustiadas, que piensan que puede ocurrirles algo que interfiera mucho en su porvenir, y esta situación emocional hace que, en ocasiones, derive en agresiones. Si nosotros, que somos la puerta del sistema, no tenemos una cierta protección, estamos vendidos a que aquellas personas que se suelen saltar la ley paguen su insatisfacción con nosotros. El considerarnos una autoridad hace que, al menos, se lo piensen más.

Usted es médico rural en Coca (Segovia)…

Sí, y vengo justo de hacer una guardia. Mis pacientes no me perdonarían si no dijera que Coca es el pueblo donde nació el emperador romano Teodosio, el Grande. Es un pueblo precioso y aconsejo a todo el mundo que vaya. Llevo cinco años en este pueblo, pero 30 ejerciendo en Segovia.


¿Y por qué optó por la medicina rural?

Creo que, en algún momento, cuando tenía tres o cuatro años, pensé en ser cowboy y, también, bombero. Pero, desde entonces, siempre quise ser médico. Soy un médico vocacional y fueron las circunstancias las que me llevaron a ser médico rural: empecé haciendo suplencias y me enganchó. Ser médico rural es un privilegio, abarcas un abanico enorme de problemas. La sanidad rural permite hacer ese seguimiento y ese contacto emocional con el paciente. Desde la consulta somos, en gran parte, gestores de emociones y de preocupaciones, y es muy bonito porque continuamente ves refrendada la confianza que el paciente tiene en ti.

¿Cómo ha evolucionado la medicina rural desde que empezó?

Con sus compañeros de la Zona Básica de Salud de Nava de la Asunción (Segovia)

La Atención Primaria, en general, ha evolucionado, como no podía ser de otra manera, pero creo que solo el diez por ciento de lo que debería haberlo hecho. Antiguamente, el médico rural era un médico aislado, con poco contacto con los compañeros, las sociedades y la medicina, pero creo que, desde hace unos 35 años, está muy integrado dentro de la profesión. Su capacidad diagnóstica ha mejorado muchísimo, pero la Atención Primaria está absolutamente descapitalizada. Creo que la capacidad resolutiva de los médicos de familia debería ser mucho mayor y, para eso, habría que darles los medios adecuados. Se han dado paradojas en las que ha habido labores de médicos de hospital que son labores de médicos de Primaria, y esto ha sido debido a una miopía enorme por parte de las Administraciones públicas.

Se habló de que íbamos a ser la puerta del sistema y, en realidad, lo único que hacemos en muchas ocasiones es de ordenanzas del sistema o, al menos, esa la sensación que da. Es una pena porque la capacidad resolutiva que tiene el médico de Primaria ahorraría muchísimo dinero al sistema y se podría prever con mayor facilidad cuáles son todos los problemas sanitarios que el sistema podría abordar. No se hace porque se ha decidido que es mejor hablar bien de la Atención Primaria, pero no darla un duro.

Volviendo a la actualidad, ¿cómo afronta esta nueva etapa en la OMC?

Ser secretario general de la OMC es un reto importantísimo porque me han dejado el listón muy alto. Tengo la sensación de que la profesionalización de los representantes colegiales ha mejorado muchísimo. En concreto, los dos secretarios generales anteriores a mí han sido gente muy competente, con una clarividencia del futuro muy grande, y tengo que reconocer que esto me abruma un poco.