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03/08/2014 n196
Rafael Matesanz “Si lográramos trasplantar cerebros, superaríamos
el mito de Frankenstein”
Cristina Alcalá
Después de 25 años liderando la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz ha conseguido que España sea un referente mundial en este ámbito, con una media de 15.000 donaciones al año. Todo ello, reconoce, gracias al Sistema Nacional de Salud y a la coordinación de los profesionales que trabajan en él. La organización ha conseguido batir sus propios récords, pero esta es una carrera de fondo y las ambiciones del nefrólogo madrileño aún no han acabado. Su objetivo, aumentar el número de donaciones y consolidar el modelo. “Si sientes que ya has cumplido con todo lo que has conseguido, lo mejor es que te vayas”.
Lleva 25 años al frente de la ONT, pero hubo un parón en el cargo desde 2001 a 2004. ¿A qué se dedicó durante esa temporada?
Volví a mi hospital, donde me reciclé durante unos cuantos meses, y luego viajé a la Toscana (Italia), para asesorar en materia de trasplantes. Tiempo después, me hicieron responsable de la red de Oncología de esa región.

¿Cómo fue el cambio de España a Italia?
Italia tiene un sistema sanitario parecido al español, con sus pros y sus contras, y la intención era trasladar allí nuestro modelo de trasplantes.

Además, personalmente quedé prendado del país nada más llegar. Aprendí italiano a marchas forzadas, pero, a los dos meses, ya di mi primera conferencia en este idioma, hasta el punto de que la gente se pensaba que era autóctono, por el acento.


Entrega del Premio Príncipe de Asturias a la ONT

¿Consiguió implantar el modelo español en la Toscana?
Sí, y alcanzó un gran éxito, ya que los toscanos se colocaron en 40 donantes por millón y siguen ahí, con una tasa de donación superior a España, a pesar de ser una comunidad de unos cuatro millones de habitantes.

Siendo el director de la ONT, ¿es usted donante de órganos?
Sí, por supuesto. Faltaría más.

¿Y es de los que se lleva el trabajo a casa o desconecta con alguna afición en particular?
No desconecto, no porque no quiera, sino porque no considero que seguir dándole vueltas a estos temas sea trabajar desde casa. Es una gran suerte poder trabajar en lo que me gusta y no me resulta pesado estar en casa dedicando tiempo al trabajo.

¿Cuál es la clave del éxito del liderazgo español en trasplantes?
La organización. El sistema nacional de trasplantes es exitoso por su organización y porque se asienta sobre algo fundamental: el Sistema Nacional de Salud (SNS), de una altísima calidad. Los médicos que hacen trasplantes son los mismos que operan de un cáncer de colon o hacen un baipás.

Por otra parte, no es que los españoles seamos más o menos generosos que otros países, pero lo que sí es cierto es que la gente responde muy bien cuando se le argumentan las cosas. En España ha sucedido así y han aumentado las donaciones en personas fallecidas, donaciones en vivo, de cordón, de médula… Todo eso hay que gestionarlo bien, hospital por hospital y comunidad por comunidad, para tener un sistema que funcione adecuadamente en todo el país.

El cuarto de siglo de la ONT
Veinticinco años en el cargo dan para mucho pero, sin lugar a dudas, los momentos decisivos que destaca Matesanz como director de la ONT son dos: cuando su organización recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, en el año 2010, y cuando el Parlamento de Estrasburgo aprobó la directiva europea que regula los trasplantes en todo el continente.

¿Y por qué este éxito no se ha conseguido en el resto de campos de la sanidad?
Eso lo tendrían que explicar los otros campos. Pero es cierto que en el tema de los trasplantes han sucedido cosas que han sido decisivas.

Cuando nació la organización, en 1989, solo estaban transferidas las competencias en sanidad en Cataluña, País Vasco, Valencia y Andalucía, y se estaban sumando Galicia y Navarra. Pero nosotros nos adelantamos en muchos años e hicimos un sistema totalmente descentralizado, con decisiones tomadas por acuerdos y no por imposición.

Y lo mismo pasó con los profesionales; hicimos de eslabón entre ellos y las Administraciones. La clave radica en que quisimos que tanto el ministerio como las comunidades se sintieran cómodos con la ONT, y lograr ese punto intermedio no es fácil.

Entonces, ¿no hubiese sido posible alcanzar estas cifras sin un Sistema Nacional de Salud?
Tajantemente, no. Se podría haber hecho otra cosa, que podría haber funcionado mal o regular, pero si el sistema español no fuera como es, es decir, fundamentalmente público, no se podría haber organizado esto. Deben ser las autoridades públicas las que se hagan cargo del sistema, sin dejarlo en manos privadas, con el respaldo del Ministerio de Sanidad y las comunidades.

Hay países con un predominio de la sanidad privada donde el sistema de trasplantes no funciona. Alemania es el ejemplo; allí hay un sistema muy basado en las mutuas y con un fuerte componente privado, que impide integrar la donación de trasplantes, tejidos y células. La donación va por un lado, la distribución por otro… Está tremendamente fragmentado y no funciona.

Por su parte, Italia, a pesar de sus peculiaridades, tiene un sistema parecido al español y el traslado allí se ha acometido sin mayor problema. Es decir, que los sistemas sanitarios del sur de Europa adoptan mejor una organización de este tipo que los que son completamente privados.

Según datos de su organización, en España cada año se realizan más de 15.000 trasplantes de tejidos y células. ¿Es posible superar esa cifra?
Sí, la dinámica es muy distinta entre la donación de órganos y la de tejidos y células. En el caso de los órganos hay una dependencia muy clara de la producción: si uno tiene 1.000 órganos trasplanta ese número, y si tiene 5.000 trasplanta 5.000. En cambio, en el caso de los tejidos y las células hay menos escasez, así que se hacen tantos trasplantes como se necesitan, porque no es tan difícil acceder a ellos.


Sus relaciones con el Gobierno
¿Puede el paso de distintos ministros de Sanidad de diferentes ideologías boicotear el liderazgo español de trasplantes? Matesanz se moja y asegura que no todas las relaciones con los ministros de Sanidad han ido como la seda. De cada partido, el nefrólogo cita a Trinidad Jiménez y a Ana Pastor como sus favoritas, y solo las critica por haber durado muy poco en sus cargos. Sin embargo, al otro lado de la balanza hay otros a quienes el director de la ONT prefiere no hacerles “más propaganda”.
¿El perfil del donante ha variado en los últimos 25 años? ¿Qué características tiene el de ahora?
No tiene nada que ver. El perfil ha variado y la ONT ha necesitado reinventarse continuamente. Si intentáramos hacer lo que hacíamos hace dos décadas, nos habríamos quedado a la cola. Renovarse o morir.

Cuando empezamos, el 50 por ciento de los donantes era por accidente de tráfico. Hoy en día, esa cifra se ha reducido a un cuatro por ciento, por lo que son numéricamente irrelevantes.

Además, teníamos una barrera de edad y no aceptábamos donantes de más de 60 años. En la actualidad, más del 50 por ciento de estos donantes superan esa edad, y el año pasado se trasplantaron tres hígados en personas de más de 90 años.

¿Cuál es el órgano que más se dona? ¿Y el que más se necesita?
El riñón es el que más se dona, porque tenemos dos y solo se trasplanta uno, y en el caso de personas fallecidas, se puede extraer los dos y ayudar a dos personas. Además, se puede donar en vivo, al contrario de lo que sucede con otros órganos, como el corazón, por ejemplo. Y por último, porque aguanta la edad razonablemente bien.

También es el órgano que más se necesita, ya que en España, al ser un país muy envejecido, los donantes y los receptores son mayores. Es decir, esta circunstancia hace que tengamos más órganos, pero también más gente que depende de ellos. España es el único país del mundo que, en el tratamiento de la insuficiencia renal, tiene a más personas con riñones trasplantados que en diálisis. Esto nos sitúa en una posición única.


Reconocimiento a la ONT como embajadora honoraria de la Marca España

¿Y qué se puede y qué no se puede donar?
Se puede donar casi todo, menos el cerebro, porque ahí es donde radica la vida y no sabemos conectar las principales vías al cuerpo del receptor. Si algún día eso se lograra, lo que haríamos sería trasplantar un cuerpo a un cerebro y no al revés, y superaríamos el mito de Frankenstein.

Cuando alguien fallece, ¿prevalece más la opinión de la familia, a pesar de que exista el carné de donante?
Sí, siempre, aunque desde el punto de vista legal, la ley nos protege. Sin embargo, en España hay una especie de sentimiento de pertenencia y por eso existe la tradición de preguntar a la familia antes de extraer. El mero hecho de trasplantar los órganos sin el consentimiento de la familia podría generar un escándalo y perjudicar nuestra imagen.

Por tanto, las instrucciones que damos a los profesionales son muy claras: respetar siempre lo que decida la familia, pero ante la evidencia del documento, es muy difícil que los familiares digan que no. En general, si el fallecido ha dado su consentimiento, la familia lo respeta.

¿Los recursos humanos sanitarios han sido claves en el auge de los trasplantes en España?
Lo han sido todo.

Entonces, ¿cómo ha repercutido el recorte de personal?
Ha afectado muchísimo. Hay que tener en cuenta que nosotros tenemos un sistema que gira sobre la calidad de su personal en las 17 autonomías. Esto significa que, a pesar de que los presupuestos de la ONT se han mantenido, la crisis se ha llevado a muchísimos sanitarios y se está haciendo más con menos. No obstante, se han conseguido aumentar las cifras de donaciones y trasplantes.

¿Hasta qué punto afecta el tráfico de órganos? ¿Qué porcentaje supone a nivel mundial?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), supone entre un cinco y un diez por ciento del total mundial, pero se trata de una estimación, ya que no está cuantificado. Este fenómeno se produce porque hay países donde hay personas con mucho dinero y otras que solo tienen sus órganos para donar, lo que supone una situación explosiva.

Estamos haciendo grandes esfuerzos en esta materia y hemos aprobado el Convenio Internacional contra el Tráfico de Órganos del Consejo Europeo, donde España ha jugado un papel fundamental, y al que se podrán adherir otros países extracomunitarios.

Un error de peso
La reciente anulación del decreto de células y tejidos por parte del Tribunal Supremo supuso una crisis para la ONT, ya que la regulación legislativa en esta materia quedaba en el limbo. No obstante, Matesanz agradece la unanimidad que mostraron Gobierno y oposición en tramitar con urgencia una nueva normativa pero critica que el Alto Tribunal tirara por tierra una ley que llevaba en vigor ocho años y que había sido modificada en dos ocasiones, en 1996 y 2002, sin ningún problema.

¿Qué retos le quedan por cumplir a un país que es líder en este campo?
Hay uno fundamental y básico: seguir mejorando el modelo y aumentar la actividad todo lo que sea posible. Si sientes que ya has cumplido con todo lo que has conseguido, lo mejor es que te vayas.

En estos años, la ONT ha incluido novedades como la donación en vivo, el trasplante renal cruzado, el trasplante en cadena, la donación en parada cardiaca… Y ahora estamos incorporando nuevos métodos de preservación de órganos, que nos permiten transportarlos a mayor distancia.

¿La crisis económica nos puede hacer perder el liderazgo?
Hasta ahora no ha afectado, hemos seguido creciendo. Los países que se han acercado a nosotros en índice de donantes eran generalmente pequeños. Pero los que han estado a punto de rebasarnos han sido solo dos: Portugal y Croacia, que copiaron nuestro modelo completamente, sumado a que tienen un mayor número de accidente de tráfico que nosotros. Sin embargo, lo que les falta a estos países es la solidez de un sistema que hemos conseguido después de un cuarto de siglo, basado en su rigidez y coordinación.

¿Y qué países están a la cola?
Existen dos tipos de países: los que no tienen ningún tipo de infraestructura sanitaria y es imposible que desarrollen ningún modelo de trasplante, como en África subsahariana o Asia; y otros que, pudiéndolo hacer, no lo hacen por temas organizativos y por su cultura, como Alemania, los países escandinavos… En América Latina, por otro lado, los hay que han hecho caso a nuestras recomendaciones y les va muy bien, como es el caso de Argentina, Uruguay, grandes zonas de Brasil o Ecuador. Y otros que están muy mal, como Bolivia, Paraguay o México.