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06/07/2014 n192
He estado mirando billetes de avión para irme de vacaciones en agosto y he llegado a la conclusión de que los vuelos ‘low cost’ se han extinguido. Que sí, que la culpa será mía por planear mi verano tan tarde, pero, independientemente de mi pachorra y de mi falta de organización, creo que el ‘low cost’ se ha convertido en ‘normal cost’ y este, a su vez, se ha transformado en ‘deja el riñón sobre la bandeja cost’.

Sueño con que llegue un día en que los millonarios dueños de jets privados pongan a disposición de la plebe los asientos que les sobren, en plan BlaBlaCar, y podamos compartir el viaje con ellos. Eso sí, una vez en el destino, el magnate se irá al hotel de cinco estrellas y yo, al camping.
Es que últimamente me he interesado por esto del consumo colaborativo, a raíz del tema de Uber y las huelgas de taxistas. El otro día me dio por pensar en qué pasaría si los pacientes compartieran ambulancia para ahorrar costes o si un particular preparara su furgoneta para trasladar a enfermos. La conclusión a la que llegué es que compartir es vivir, pero hasta cierto punto.

Donde se ha puesto de moda el ‘low cost’ es en los seguros de salud. Ya hay pólizas desde 12 euros al mes (con ese precio, a lo mejor solo incluyen un vistazo rápido y desde lejos de un médico de cabecera) y otras fórmulas que cobran por visita: 21 euros por un análisis, 38 euros por una consulta con el dermatólogo… No obstante, y sacando el profesional sanitario que llevo dentro, lo más ‘low cost’ siempre será prevenir, así que ¡a cuidarse se ha dicho!