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29/06/2014 n191
Redacción
En plena operación salida, ‘Revista Médica’ analiza las opciones a disposición de los viajeros para tener su salud bajo control en vacaciones, vayan donde vayan. Desde las unidades de Medicina Tropical –donde los especialistas siempre encontrarán un hueco para atenderles a pesar del overbooking–, hasta la casi recién estrenada tarjeta sanitaria interoperable en España –que debería garantizar el mismo acceso a la sanidad en todas las comunidades autónomas–, pasando por los seguros médicos de viaje y la atención sanitaria gratuita dentro de la Unión Europea.

Desde España se realizan 13 millones de viajes al extranjero cada año. El 17,5 por ciento (casi 2,2 millones de desplazamientos anuales) los hacen residentes de la Comunidad de Madrid. De ellos, el 77 por ciento viaja a países europeos; el 12 por ciento, a América; el nueve por ciento, a Africa; y el tres por ciento, a Asia. En algunos destinos hay enfermedades que no existen en nuestro país o las condiciones higiénico-sanitarias son un caldo de cultivo para problemas de salud causados por el agua o las picaduras de mosquitos. No obstante, y esta situación va en aumento, quienes viajan utilizan las unidades en Medicina Tropical y del Viajero más para prevenir que para curar.

Coincidiendo con las vacaciones de verano, por la consulta especializada del Hospital Carlos III de Madrid pasan entre 60 y 80 personas al día, según afirma Mar Lago,

Una profilaxis adecuada reduce la morbilidad en los viajes

facultativo especialista de la Unidad de Medicina Tropical y del Viajero: “En verano tenemos overbooking, vienen muchos pacientes sin cita, pero intentamos por todos los medios verles antes del viaje. Siempre hay un hueco de última hora para quienes se van al día siguiente”. Esto lo consiguen los profesionales de la unidad haciendo un esfuerzo personal ya que, aunque Lago asegura que las autoridades sanitarias están avisadas desde marzo de que puede haber una sobredemanda asistencial en esta época del año, no se cubren las bajas ni se refuerza el personal de la unidad. “A ver si las autoridades se conciencian de que con una profilaxis adecuada se reduce la morbilidad en los viajes y se ahorra muchísimo dinero a la sanidad pública”, reclama.

En la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Ramón y Cajal de Madrid no hay consulta previaje porque allí se dedican a atender a los viajeros que vuelven enfermos. Sin embargo, José Antonio Pérez, médico especialista de esta unidad, reconoce que en verano sí hacen atención previaje “de forma oficiosa” a pacientes del hospital, sobre todo a aquellos que tienen otros problemas de salud: VIH, trasplantes, enfermedades crónicas…

Enfermedades importadas
Pérez detalla que la mayor parte de los viajeros no tiene ningún problema de salud cuando regresa, pero recuerda que sin el asesoramiento adecuado se puede contraer una enfermedad grave en un área de riesgo. Solamente el 20 por ciento presenta algún cuadro clínico al volver y la mayoría suele ser banal. Las más comunes son las enfermedades gastrointestinales –la diarrea del viajero es la principal enfermedad importada, según Mar Lago–, seguidas por enfermedades de la piel (picaduras de insectos, infecciones causadas por la humedad…), infecciones respiratorias, y fiebres como el dengue, la malaria o paludismo y el chikungunya.

La malaria, sin ser la enfermedad más habitual, sí que es la que más frecuentemente puede producir un problema grave e, incluso, la muerte. Pero, recalca Pérez, es fácil prevenirla: “No hay que transmitir alarma, pero sí prudencia, y la prudencia pasa por utilizar repelentes antimosquitos, mosquiteras por la noche y, cuando esté indicado, profilaxis antimalárica, porque no merece la pena correr riesgos”.

El especialista comenta que los inmigrantes viajeros son la población de máximo riesgo de adquisición de enfermedades importadas, es decir, “aquellas personas que emigraron de una zona tropical (África Subsahariana, Latinoamérica o Asia), que ya están establecidas en nuestro país y que no toman ninguna precaución cuando visitan sus países de origen porque no son conscientes del riesgo y consideran comunes algunas de estas enfermedades”. No obstante, matiza Mar Lago, “las enfermedades tropicales que llegan a España no son un problema de salud pública porque casi siempre son producidas por vectores (seres vivos que pueden transmitir o propagar una enfermedad) y la cadena de transmisión se cierra en el momento en el que el viajero sale del país donde está el mosquito”.

El mosquito polizón
Este verano, en la República Dominicana y otros lugares del Caribe, un destino muy común para los viajeros españoles, hay un brote del virus chikungunya. Según José Antonio Pérez, de la Unidad de Medicina Tropical del Ramón y Cajal, este virus es “el paradigma de la globalización”. Descrito en los años 50, tiene su origen en África del Este y se ha ido propagando, poco a poco, por todo el mundo. No se transmite de persona a persona sino a través del aedes albopictus, el famoso mosquito tigre, que, aunque es originario del Sureste Asiático, también se ha expandido en todo el mundo debido a la globalización y al comercio de neumáticos reciclados. Este mosquito necesita muy poca agua –eso sí, limpia– para criar a sus larvas, y el agua de lluvia que queda en las cubiertas de los grandes barcos que trasladan los neumáticos desde Estados Unidos o Europa hacia Asia para ser reciclados es un excelente criadero.

Evaluación de riesgos concretos
La tendencia actual en Medicina del Viajero es la de evaluar los riesgos en base a viajes concretos y en detrimento de la epidemiología local. “Se deben conocer los datos epidemiológicos globales, pero hay que ir a lo concreto porque, dentro de un mismo país, los vectores que hay en unas zonas y otras son completamente diferentes”, explica José Antonio Pérez. Evidentemente, hay consejos generales para el viajero, pero la medicina especializada en este campo está muy individualizada porque cada persona tiene unos riesgos particulares.

Por ello, el especialista aconseja plantear cinco preguntas clave al viajero para poder hacerle unas recomendaciones a medida: “¿Quién viaja? Porque no es lo mismo una mujer embarazada que un hombre, un niño que un anciano o un enfermo crónico que una persona sana. ¿Dónde? Porque no es lo mismo viajar por Europa que por África, aunque, si vas a los Alpes, quizá te tengas que vacunar de la encefalitis transmitida por garrapata. ¿Cuándo? Las épocas de lluvia aumentan el número de vectores. ¿Cuánto tiempo? Porque no es lo mismo un viaje de negocios de 48 horas a una zona de riesgo que uno de una semana. ¿Cómo? Porque no es lo mismo viajar a la India a hoteles de cinco estrellas que recorrer el país de mochilero”.

Seguros médicos en el extranjero Independientemente del exotismo del destino, viajar fuera de la Unión Europea conlleva riesgos, porque más allá de las fronteras del club de los veintiocho la cobertura sanitaria no está garantizada. Y en algunos casos, esto puede conllevar problemas muy serios. De ahí que el Ministerio de Asuntos Exteriores ofrezca, a través de su página web, unas recomendaciones específicas para prácticamente todos los países del mundo a los que se quiera ir, que se van actualizando periódicamente a tenor de los acontecimientos de impacto (revueltas sociales o alertas decretadas por brotes de enfermedades). En estas fichas se indican advertencias esenciales, tanto en materia de seguridad, divisas o, y aquí está el quid de la cuestión, sanidad. Porque en el extranjero, las embajadas o consulados pueden dar información sobre los servicios médicos, aunque no pueden garantizar (ni pagar), en caso de hospitalización, un tratamiento “mejor que el otorgado a los nacionales del país” y, en la mayoría de los casos, los propios pacientes tienen que acarrear con los gastos, que pueden ser muy cuantiosos.

Exteriores pone un ejemplo con datos reales, a modo de aviso a navegantes: un paciente que tenga que volver a España en avión medicalizado desde Estados Unidos puede llegar a tener que pagar 50.000 euros. Y si fuese en camilla, acompañado por un médico en un vuelo regular, el recibo puede ser de hasta 20.000 euros. Por todo ello, un ‘consejo’ prácticamente obligatorio es la contratación de un seguro médico con plena cobertura en el viaje al extranjero, tanto por enfermedad como por accidente.

Seguros especiales para actividades de riesgo
No es lo mismo hacer turismo cultural que viajar para practicar deportes de aventura. Estos últimos entrañan muchos más riesgos físicos y, por lo tanto, de salud que disfrutar de una actuación de ballet en la Ópera de Sídney. Así que hay seguros de viaje más especiales con pólizas que se ajustan a las actividades que se realicen. Las compañías de seguros, por su parte, diferencian si el viajero es deportista profesional o aficionado. El submarinismo, el esquí, el snowboard, el surf o, incluso, el golf son algunas de las prácticas que pueden ser cubiertas por las aseguradoras en una póliza específica, de carácter individual o grupal, que cubre las consecuencias de los posibles accidentes. Normalmente, estos contratos pueden hacerse con una duración desde un solo día (de 17 euros en adelante), varias jornadas, una semana y hasta un año (a partir de 120 euros).
Muchas compañías aseguradoras ofrecen diversos tipos de pólizas en función de cuál sea el destino o la duración del viaje. Hay seguros a partir de 25 euros y cubren desde la repatriación o traslado sanitario hasta el envío de un médico especialista o medicamentos al extranjero, así como los gastos de la prolongación de estancias hoteleras para el afectado y sus acompañantes y las intervenciones quirúrgicas de urgencia.

Ante la contratación de un seguro de estas características, el viajero debe estar muy pendiente de la letra pequeña porque, aunque siempre es importante, lejos de casa y de España, los detalles cobran especial relevancia. ¿Qué pasa si un adulto enferma y tiene menores a su cargo? ¿Y si hay que anticipar fianzas y no se dispone de efectivo? ¿La asistencia farmacéutica también se incluye? ¿Hay indemnización por muerte o invalidez absoluta o parcial? Una buena póliza debe tener en cuenta estas cuestiones. Sobre todo si se viaja a zonas muy alejadas de los países occidentales.

Por ejemplo, hay informes que recogen que en torno al 80 por ciento de los turistas que se desplazan hasta el sur asiático requieren algún tipo de asistencia médica, la mayoría por diarreas. Por tanto, antes de lamentar problemas y costes difíciles de asimilar por muchos turistas, tan importante es planificar un buen seguro como las características de los medios de transporte o alojamiento.

La tarjeta sanitaria europea Dentro de la Unión Europea existe una tarjeta sanitaria gratuita que acredita el derecho del ciudadano europeo a recibir un tratamiento médico en los Estados miembros y también en Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, durante una estancia temporal en el país de acogida con las mismas condiciones y al mismo coste que a los residentes en ese país.

El 83 por ciento de españoles asegurados
tiene ya la tarjeta sanitaria europea

En la actualidad, cerca de 200 millones europeos cuentan con ella, lo que supone algo más de la mitad de la población asegurada de Europa. España es uno de los países con más porcentaje de titulares de la Tarjeta Sanitaria Europea (TSE), con el 83 por ciento de los españoles asegurados con esta acreditación. Por encima de nuestro país, solo se encuentran Italia y Suiza con el 100 por cien, y la República Checa, Países Bajos y Austria con más del 90 por ciento. El resto muestra grandes diferencias que oscilan entre el 70 por ciento de titulares con tarjeta de Luxemburgo al 1,2 de Grecia o el 0,7 de Rumanía.

La Comisión Europea ha aconsejado a todos los viajeros de la Unión solicitar esta acreditación para tener garantizada la asistencia en cualquier Estado miembro. De esta forma, el paciente evita tener que asumir el coste del tratamiento en el país de acogida o trámites burocráticos para que su Estado reembolse este dinero con posterioridad.

De baja y de vacaciones
¿Puede una persona en situación de baja laboral irse de vacaciones? Desde el Ministerio de Empleo y Seguridad Social responden que “todo dependerá de la decisión del médico de Atención Primaria, que podrá valorar la conveniencia de la realización del viaje en relación con el proceso patológico que pueda padecer el trabajador”. Esta valoración ha de contar con el respaldo de la correspondiente inspección médica y la empresa debe tener conocimiento de la autorización del médico para que el trabajador pueda realizar el viaje.
El médico de cabecera expedirá los últimos partes generados antes de la realización del viaje y, durante el periodo de duración del mismo, seguirá emitiéndolos aunque la fecha de recepción por parte de la empresa se modifique con su consentimiento. El trabajador no pierde el derecho a las vacaciones por estar de baja médica. De hecho, podrá disfrutar de las vacaciones que le resten, de acuerdo con su empresa, en el momento que cause alta médica por curación, aunque haya terminado el año natural al que correspondan los días libres.
Primer año de la tarjeta sanitaria interoperable Y dentro de España, este año viajar de una comunidad autónoma a otra no debería suponer, en teoría, un problema para ser atendido durante las vacaciones en cualquier centro sanitario, debido a la implantación de la tarjeta sanitaria interoperable en todo el territorio nacional.

Esta medida, que el Gobierno dio por finalizada el pasado mes de abril, garantiza que, a pesar de la falta de coordinación entre comunidades autónomas en esta cuestión, el paciente tenga el mismo acceso a la sanidad en todas las regiones. Sin embargo, en la práctica todavía no se ha podido comprobar que estas barreras hayan desaparecido del todo.

El presidente de la Alianza General de Pacientes (AGP), Alejandro Toledo, ha asegurado a ‘Revista Médica’ que, en la actualidad, no todas las autonomías “atienden por igual”, aunque ha reconocido que estos datos son difícilmente “cuantificables y medibles”.

El Gobierno da por finalizada la implantación de la tarjeta sanitaria interoperable en todo el territorio nacional

Los pacientes más perjudicados por la inequidad en el Sistema Nacional de Salud (SNS), según Toledo, son los sometidos a diálisis: “Tienen dificultades porque es necesario solicitar con tiempo una plaza en el hospital de la zona y esta tarea es complicada, sobre todo, en las zonas más turísticas, como el Levante español”.

Los sanitarios aconsejan a los pacientes crónicos acudir a su médico y adquirir sus medicamentos, si es posible, antes de viajar para evitar problemas de última hora. Estos enfermos pueden encontrar dificultades también por las diferencias en el acceso a ciertos tratamientos como los anticoagulantes o algunos fármacos oncológicos que no están disponibles en todas las comunidades autónomas.

El presidente de la APG urge al Ministerio de Sanidad a poner en marcha la tarjeta única individual interoperable, es decir, una acreditación única para todos los españoles que todavía se encuentra en pruebas y que culminaría el proceso de unificación de historias clínicas, tarjetas sanitarias y la implantación de la receta electrónica.

En definitiva, sea cual sea el destino, el viajero tiene a su disposición diferentes opciones que, a priori, garantizan una correcta atención sanitaria dentro de España, de la Unión Europea y más allá de los confines de nuestro continente. Las limitaciones en materia de salud de algunas regiones pueden compensarse con una buena prevención hecha en casa antes del viaje, y es tan importante llevar en la maleta la tarjeta sanitaria o la póliza del seguro como el documento nacional de identidad o el pasaporte.