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22/06/2014 n190
El Celador
‘Spain is different’
Con lo ilusionado que estaba yo la semana pasada con el Mundial de Fútbol… Qué desastre, qué pena más grande… Y lo que más lástima me da de todo son las lágrimas de mis hijos porque, claro, ellos no vivieron esos años en los que la selección no pasaba de octavos, sino que ya pertenecen a la generación que siempre ha visto a la Roja ganarlo todo y no están acostumbrados al fracaso; los mayores ya tenemos callo. En fin, chavales, se acabaron aquellos maravillosos años, bienvenidos a la normalidad.

Y esta semana hemos vivido otro fin de ciclo: el de Juan Carlos I como rey de España. Estuvo bien que la coronación de Felipe VI fuera al día siguiente de la derrota contra Chile porque así los españoles pudimos ondear nuestras banderas una última vez antes de doblarlas y guardarlas en un cajón por tiempo indefinido. La verdad es que me lo pasé pipa viendo el besamanos posterior a la proclamación. Por allí pasó lo más granado de nuestra sociedad: deportistas, políticos, toreros, embajadores, actores, cantantes, periodistas… Me faltó más gente del ámbito sanitario o científico (uno barre para casa, claro); solo reconocí a Ana Mato y a María Blasco, la directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas.

Total, que la España de hoy es completamente diferente a la de hace un año, por ejemplo, cuando éramos los flamantes campeones del mundo y nuestro monarca era un tipo campechano y un habitual de los centros sanitarios…

Hablando de hospitales, hace unos días me ha tocado estar en uno no como trabajador, sino como familiar de un paciente ingresado, y cuando ves cómo funciona la atención sanitaria desde el otro lado de la barrera, te das cuenta de algunas cosas. Por ejemplo, para mí ha sido imposible pegar ojo las dos noches que me he quedado haciendo compañía a mi pariente. El sillón es incomodísimo, los fluorescentes del techo zumban encendidos y apagados…

Vale, no hay presupuesto para cambiar cosas que funcionan por otras mejores, pero lo que sí está en nuestra mano (y hablo
de los profesionales sanitarios,
entre los que me incluyo)
es respetar el descanso
de los pacientes y sus
acompañantes. Que no digo que tengamos
que ir levitando y en absoluto silencio por los
pasillos, pero hay portazos, voces y otros ruidos perfectamente prescindibles. Yo prometo
aplicarme el cuento.