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22/06/2014 n190
Hiedra García Sampedro
Imagen: Pablo Eguizábal

En 2007, las puertas de la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) se abrieron para su actual decano, Juan Antonio Vargas. Desde entonces, en tan solo cuatro años se acreditó como profesor, luego como catedrático y finalmente en 2011 ganó las elecciones en el decanato. Sus alumnos son como sus hijos, y dedica gran parte del día a conseguir lo mejor para ellos, aunque a veces no lo entiendan.
Empecemos por su último logro, la Medalla de Oro de la Real Academia Nacional de Medicina. Cuando comenzó la carrera, ¿se veía recibiendo premios como el de esta institución?
Realmente no. Aunque uno tiende a soñar, en ningún momento tuve la sensación de que pudiera llegar, lo veía muy lejano, igual que ser catedrático o decano. Esos puestos eran cosa de otros, pero al final me ha tocado a mí y lo he disfrutado. Estoy muy contento.

Vargas recibió en enero la Medalla de Oro de la RANM


¿Qué motivaciones tenía al inicio de la carrera?
Mi expectativa principal era formarme lo mejor posible y estar cerca de las personas que podían enseñarme. Entrar en Medicina era complicado, pero lo hice con muchas ganas. Fueron unos años en los que estudié mucho y le dediqué mucho tiempo. Mientras, tuve la oportunidad de encontrarme con personas que fueron un ejemplo, que me ayudaron a conformar mi forma de ser y de actuar. En mi familia no tenía a nadie del campo sanitario, excepto una bisabuela, que fue enfermera. Yo estudié entre el 78 y el 84 en la Complutense y luego mi decisión final me llevó a continuar la formación en Medicina Interna porque ya había rotado por ese servicio del Hospital Gregorio Marañón.

¿Qué recuerdo tiene de la Complutense?
En aquellos años, igual que ahora, había muchos alumnos. Me encanta volver a la Complutense y estar por las aulas. Recuerdo que cuando tuve que ir al hospital me dio pena abandonar la facultad. El sabor que tiene la Complutense es especial porque tiene una tradición enorme. Además, aquellos años fueron interesantes a nivel nacional, se estaba viviendo la transición, votamos la Constitución y hubo muchos cambios. Eso se reflejaba a nivel universitario. Cuando estaba en tercero de Medicina ocurrió el golpe de estado de Tejero.

¿Participó en las manifestaciones de la época?
Sí participé. No era un alumno rebelde, pero sí crítico con la situación. De todas formas, cuando se tiene esa edad, siempre se piensa que todo es más fácil de lo que luego resulta ser y que existen más posibilidades de cambiar las cosas. Luego te das cuenta de que todo tiene matices.

La sociedad ha cambiado, ¿la formación en Medicina, también?
Ha habido un cambio importante. Por ejemplo, cuando me presenté al examen MIR éramos 25.000 y había 1.000 plazas. Aprobarlo era un privilegio absoluto, con lo cual, al entrar en el hospital nos daban igual los horarios, no mirábamos nunca el reloj porque lo más importante era la formación. Esos cinco años de residente para mí fueron un cambio muy importante.

¿También fue un cambio a nivel personal?
Fue total. Yo me casé siendo residente de segundo año y tuve a mi hija María en el tercer año. Ahora es muy complicado formar una familia durante la residencia con entre 25 y 30 años, pero antes era muy habitual. Juan nació cuando yo era adjunto de primer año y Ana, mucho tiempo después, ahora tiene 14 años. Durante la residencia, tuve la oportunidad no solo de formarme como médico sino también de formar una familia. Mi mujer es médico nuclear en el 12 de Octubre. Los dos caminamos juntos durante la residencia.


Junto al rector de la UAM, José María Sanz, y el anterior decano, José Antonio Rodríguez Montes

A pesar de su trabajo como clínico y su faceta de padre, ha sacado tiempo para investigar…
El quinto año de residencia lo pasábamos en el laboratorio, y es cuando empecé mi tesis doctoral que terminé un año y medio después. Luego me fui a Buffalo (Estados Unidos) cuatro meses a investigar en un laboratorio de citometría de flujo y cuando vine me hice cargo del laboratorio de Inmunología que había puesto en marcha el jefe del Servicio de Medicina Interna del Puerta de Hierro, Alberto Durante.

¿Podría entonces entender que algún alumno quiera dedicarse solo a la investigación?
Lo puedo entender. Es más fácil que se dedique solo a la clínica, porque uno coge una especialidad médica o quirúrgica y ya está, es sencillo. Al acabar la residencia, lo habitual es que una persona trabaje en un centro de salud u hospital. Aunque existen dificultades para entrar en un laboratorio al terminar la especialidad, dedicarse solo a la investigación es factible, el camino es unirse durante la residencia a los laboratorios.Esto es un sobreesfuerzo, porque muchas veces estas tareas se desarrollan en el tiempo libre.

La investigación te clarifica la mente, permite que seas más abierto a las posibilidades que puede plantear un paciente. En la facultad intentamos que los estudiantes se acerquen a la investigación desde el principio de la carrera. En tercero empiezan a hacer sus presentaciones como si fuera un congreso, y eso se continúa en los siguientes años.
La petanca, un deporte familiar
Sieteiglesias, municipio madrileño de aproximadamente 1.200 habitantes, es testigo de las reuniones de la familia del decano de la UAM. Allí, en la casa familiar de los Vargas hay un pequeño campo de petanca donde juegan todos juntos. “Es un deporte minoritario, pero es ideal para que pueda participar tanto mi padre de 86 años como mi hija de 14”, comenta Vargas, a quien también le gusta el mus, pero tiene que renunciar a él porque “no pueden jugar todos”.

¿Cómo vivió su estancia en Estados Unidos?
En aquel momento no nos permitían ver pacientes porque, para poder hacerlo, tienes que estar realizando una especialidad allí, y yo solo estaba en el laboratorio. Salir del país es bueno para moverte en un medio ajeno y conocer otras culturas y formas de ver las cosas. 

¿Pero fue complicado marcharse de su ‘zona de confort’?
Lo viví mal, porque cuando me fui a Buffalo era ya adjunto, mi hija María tenía cinco años y Juan, uno. A nivel familiar fue muy duro, me acordaba de ellos a todas horas. Pero por otro lado, fue el momento en el que más pude estudiar, tenía las 24 horas para mí.

Después llegó a ser profesor, catedrático y finalmente decano de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid en 2011, ¿se ha arrepentido en algún momento de haberse presentado al cargo?
Mi ascenso en la universidad ha sido muy rápido. Me habilité como profesor titular en 2007 y conseguí la plaza de titular en 2008. En 2010 me acredité como catedrático y al año siguiente ya tenía la plaza. Es como si de repente se hubiera abierto un tapón para que pudiera pasar por todos los puestos. No tenía intención de ser decano, además acababa de conseguir la plaza de catedrático, quería centrarme más en mi hospital docente. Pero surgió esta oportunidad, mucha gente creía en mis posibles, y aquí estoy. No me arrepiento para nada, es un cargo que te enseña a ver la universidad en su conjunto.

¿Y qué cree que ha aportado usted a la universidad en este tiempo?
No deja de ser poco tiempo. Hemos intentado modificar cosas y mejorarlas, como el plan de estudios y llevar algunas asignaturas de corte clínico a los primeros años de la carrera. Vamos a lograr un nuevo concierto con la Consejería de Sanidad tras dos años de trabajo.

Cuando accedió como docente a la UAM, ser decano no entraba en sus planes


Ha intentado mejorar la facultad a pesar de los recortes en educación, ¿le han frenado algún plan?
Es el momento de tener buenas ideas a un coste reducido. El presupuesto de la Universidad Autónoma de Madrid ha caído en picado, así que hemos dejado a un lado una serie de planes que nos hubiese gustado desarrollar, sobre todo en infraestructuras. Hemos acogido el Grado de Enfermería, lo que supone 650 alumnos más, y el campus se ha quedado pequeño.

Nunca deberían haber tocado la educación, ni la sanidad, ni la ciencia. Se ve como un gasto, pero es la mayor apuesta que puede hacer España. El futuro de un país depende de que la gente esté sana, que esté educada y que tenga formación científica. Si esto funciona, el país también. Necesitamos un pacto global sobre estos temas para no depender de los vaivenes políticos.

Entonces, el modelo económico español no ha sido el adecuado…
Venimos de un modelo basado en la burbuja inmobiliaria, en el mundo del ladrillo. Mucha gente se dedicó a trabajar en la construcción y no a formarse. Creo que ese error tan enorme que tuvimos no debe volver a producirse.
La marca de Ramón y Cajal
Siempre que puede, Vargas acude a la lectura de biografías de grandes científicos. La que más le ha marcado, Recuerdos de mi vida de Santiago Ramón y Cajal. “Incluso un clínico como Gregorio Marañón decía que Ramón y Cajal, que nunca ejerció la medicina asistencial, fue la persona que más influyó en su vida”, subraya el decano. Según Vargas, “en aquellos primeros años del siglo XX, se pusieron todos los mimbres para que España pudiese hacer ciencia de primer nivel”.

Dejando a un lado la política, en la toma de posesión como decano mencionó a sus padres como un pilar fundamental, ¿cómo han influido en su desarrollo profesional y personal?
Tengo la fortuna de que mis padres están conmigo los dos, mi padre tiene 86 años y mi madre, 85. Han vivido con gran orgullo mi carrera profesional. Ellos son personas trabajadoras, mi padre se dedicó al comercio y mi madre a la casa, a cuidarnos, y me facilitaron la oportunidad de estudiar. Soy muy familiar, tendemos a estar juntos. Los fines de semana intento estar con mis hijos, mis padres, mi hermana y sus hijos.


Vargas ganó a Rodríguez Montes en las elecciones a decano de 2011

¿Cree que en la actualidad es más complicado que una persona de familia trabajadora y humilde pueda acceder a la universidad?
En ese sentido hemos retrocedido. Por el aumento de las tasas económicas, las personas humildes tienen más dificultades. Además, se necesitan notas extraordinarias para entrar en Medicina y no es fácil. En mi época, las becas eran más fáciles de conseguir. Yo estuve becado simplemente por las notas. No se puede quedar nadie en el camino por falta de dinero.

Al pasear por la facultad, se le puede ver hablando con los alumnos, ¿son muy críticos con la gestión?
Considero que estoy cerca de los alumnos, tengo a dos de sus delegados en mi equipo decanal.  Quiero conocer lo que opinan y los problemas que hay, no dejar que se diluyan en el tiempo. Comprendo que hemos tomado decisiones que no han gustado a los alumnos, como la modificación del plan de estudios, que no ha sido bien entendida. Yo quiero lo mejor para ellos, y por eso también hemos prohibido las ‘sangriadas’ que organizaban en la facultad. Si a alguno de mis estudiantes le sucede algo después de las fiestas, para mí sería imposible enfrentarme a sus padres.

¿Considera a sus alumnos como sus hijos?
Por edad lo pueden ser, mi hija mayor tiene 26, mi hijo, 22, y la pequeña, 14. He pasado por esa edad y aunque no lo parezca, me acuerdo mucho de mi etapa como estudiante y residente, recuerdo todas las sensaciones.

¿Ha sido complicado criar a tres hijos de edades tan distintas?
Ha sido muy sencillo porque han estado separados en años y en ese sentido, han sido como hijos únicos. Tanto mi mujer María José como yo hemos tenido la oportunidad de aportarles todo lo que teníamos en determinados momentos. Creo que los tres van a ser buenas personas, y eso es lo que más me importa.

¿Comparte aficiones con ellos?
Jugué al fútbol de pequeño y de no tan pequeño. Soy un acérrimo aficionado al Real Madrid y voy al estadio Santiago Bernabéu con mi padre y mi hijo porque los tres somos abonados, yo lo soy desde que tenía siete años. Este año tuve suerte de entrar en el sorteo y fui a Valencia para ver la final de la Copa del Rey contra el Barcelona.

¿Y para la Liga de Campeones en Lisboa?
No entré en el sorteo, pero disfruté mucho viendo el partido desde casa. Entiendo que fue cruel para el Atlético de Madrid, que es un equipo al que aprecio. Empatar en el minuto 93 no fue lo mejor, me hubiese gustado ganar de otra forma.
Decano, un cargo de ocho años
Para Juan Antonio Vargas, ocho años en el cargo como decano sería “el tiempo ideal”. Tiene muy claro que este puesto es “temporal” y por eso sigue pasando consulta en el hospital los martes y además, tiene que cubrir dos guardias al mes. Aunque con sus palabras se intuye una futura reelección como decano de la UAM, asegura estar centrado en los cuatro años del presente mandato, de los que ya ha cubierto dos.

Recapitulando, durante todos estos años, ¿el ejercicio de la Medicina le ha dado más disgustos o más cosas buenas que recordar?
Por supuesto, cosas buenas. He disfrutado, disfruto y espero seguir disfrutando de mi profesión. La Medicina te permite tener una vida muy feliz, aunque tiene momentos complicados en lo que uno quiere desaparecer. Lo mejor es la posibilidad de tratar con personas, conocerlas, ponerte en su lugar y ayudarlas. La Medicina permite mostrar esa generosidad. Ninguno de mis dos hijos mayores ha hecho Medicina, pero me gustaría que la pequeña o ya mis futuros nietos entraran en la carrera. Soy un convencido de la profesión, un militante como diría Julio Ancochea.

¿Alguna vez le ha tocado vivir la Medicina como paciente? ¿Cómo lo ha llevado?
Alguna vez me ha ocurrido y lo que intento es estar callado, contestar solo a lo que me preguntan e intentar facilitar las cosas. No quiero enredar con opiniones personales o interviniendo más de la cuenta. Si confías en un compañero, y tengo la fortuna de tener grandes compañeros a mi lado, creo que lo mejor es dejarles hacer, confiar y punto.