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15/06/2014 n189
Pasión es una de las palabras preferidas del jefe de Farmacia del Hospital La Fe de Valencia y presidente de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria. Este sentimiento le movió a pedir matrimonio a la que hoy es su mujer a los quince días de conocerla, y también le ha hecho llevar a los farmacéuticos de hospital desde hace siete años hasta el lugar donde se merecen dentro del Sistema Nacional de Salud.
Marcos Domínguez

Con Agustín Rivero, director general de Cartera Básica de Servicios del SNS y Farmacia

Con el director gerente del Hospital Clínico San Carlos, José Soto, y la subdirectora de Compras de Farmacia y Productos Sanitarios de la Comunidad de Madrid, Encarnación Cruz Martos

El presidente de la SEFH atendió a ‘Revista Médica’ en el Ateneo de Madrid

Con Belén Crespo, directora de la Aemps; Jesús Vidart, director de Compras de Medicamentos y Productos Sanitarios de la Comunidad de Madrid, y Alicia Herrero, jefa del Servicio de Farmacia de La Paz

Apasionado del deporte, aunque se considere “malo en todos”

La pasión es uno de los motores de su vida y lo demuestra recreando, con su mujer, la famosa fotografía del marine estadounidense besando a su novia en Times Square, tras la II Guerra Mundial

Cuéntenos cómo era el entorno en el que creció: la Valencia de los 60. He pasado toda mi infancia y adolescencia entre dos ciudades: Valencia, donde nací, y Cofrentes, el pueblo de mi madre, al que acudía en Navidades, verano, etc. Mi padre era del pueblo de al lado, también en el valle de Cofrentes. Mi familia, como tantas otras familias humildes en los años 60, emigró a las ciudades desde los núcleos rurales.

Quiero recordar que mi padre –ahora tiene alzheimer y no quiero perder yo también la memoria que él está perdiendo– me contaba que con 10 años tuvo que dejar la escuela y se puso a cuidar un pequeño rebaño de ovejas y cabras en el monte. Hay que imaginarse ahora si un niño de 10 años sería capaz de estar solo en el monte…

Tengo que agradecer los valores de sacrificio, esfuerzo, espíritu de superación y de compromiso familiar que me transmitieron mis padres. Soy el primero de toda la familia que obtuvo un título universitario, por eso mi origen es especialmente motivador. El esfuerzo de mis padres consiguió que mis dos hermanos y yo pudiéramos estudiar: uno es economista y el otro es ingeniero técnico.

No tiene antecedentes de farmacéuticos en su familia. ¿Qué le decidió a estudiar esta carrera? Siempre me resultó curioso ver cómo algo que la gente sacaba de las oficinas de farmacia, el medicamento, era capaz de curar, de aliviar el sufrimiento. Me parecía una cosa mágica: algo que la gente se toma y les transforma. Estudié Farmacia para intentar averiguar por qué ocurría eso.

Tenía el espíritu, no de hacer farmacia hospitalaria, sino de ser investigador. Me presenté para una beca en Estados Unidos, en Georgetown, y me dieron la oportunidad de hacer la tesis doctoral allí. Un mes antes de irme, cuando ya tenía todos los papeles hechos, conocí a la que es ahora mi mujer –llevamos 26 años juntos– y, a las dos semanas de conocernos, le pregunté si quería casarse conmigo. No se decidió, así que me fui, estuve dos meses en Georgetown e intuí que mi proyecto de vida pasaba por estar a su lado. Tuve la fortuna de encontrar algo fundamental en la vida: pasión, en este caso pasión por una persona. Al volver a España, me presenté al FIR, lo saqué y en esos tres meses tuve la oportunidad de descubrir la otra pasión de mi vida: la farmacia hospitalaria.
Sin morriña del mar… hasta cierto punto Aquellos que han crecido con el rumor de las olas de fondo suelen sentirse ‘huérfanos’ cuando se encuentran lejos del mar; les falta algo. Pero esto no le quita el sueño a Poveda: “Toda mi vida he intentado disfrutar del entorno en el que estaba, no soy de los que está pensando siempre en aquello que no tiene”. Sin embargo, reconoce que cuando ha pasado un tiempo “más largo de lo habitual” alejado de la costa ha tenido “la necesidad de volver a verlo, de pasear por su orilla, una de las cosas más simples, baratas y bonitas que existen.

Una decisión acertada.
Me gusta poner mucha pasión en todo lo que hago y creo que también habría acertado si hubiera elegido otra cosa. Pero, en este caso, ha habido una gran recompensa por parte de la sociedad y es una de las cosas que más he disfrutado de la vida.

¿Qué diferencias vio entre España y Estados Unidos en aquella época?
Entonces no había tantos investigadores fuera y en el entorno de la Facultad de Química solo había un español más. Había mexicanos, japoneses, chinos… Era un entorno tremendamente bueno para investigar, desde el punto de vista creativo y de recursos. Georgetown es un sitio bueno para trabajar pero, para vivir, es mejor Valencia: tiene un buen clima y una cultura de disfrutar de la vida que no tiene Estados Unidos.



A pesar de haber desarrollado casi toda su carrera en el hospital, también estuvo un tiempo en Atención Primaria. ¿Qué lecciones aprendió allí? He estado en cinco hospitales diferentes, con menos de cien camas o con más de mil, y también en Atención Primaria, en dos comunidades autónomas. He aprendido de todo esto que es muy bueno moverse. En Atención Primaria me di cuenta de que hay un entorno fuera del hospital, que la continuidad asistencial era tremendamente importante y que, además, necesitábamos trabajar conjuntamente, porque el paciente no entiende de sistemas asistenciales, no entiende qué es la Atención Especializada y la Primaria, simplemente lo que quiere es que se le dé una prestación farmacéutica adecuada independientemente de donde se encuentre. Además, convivo con una farmacéutica comunitaria, mi mujer. Al final, de lo que uno se da cuenta es de cómo podemos ayudar, dentro de un equipo multidisciplinar, a que el paciente obtenga los mejores resultados en salud.

¿Cómo se encontró la SEFH cuando llegó a la presidencia?
En el año 1968 se crearon las primeras plazas de farmacéuticos, 45. Hoy somos más de 3.700 farmacéuticos trabajando en los hospitales. Todos los presidentes que ha tenido la SEFH han contribuido de una forma clara al crecimiento de esta profesión. Es una profesión muy joven, pero ha vivido un crecimiento espectacular.

Cuando empecé la presidencia, la junta directiva quiso establecer una mecánica diferente: un plan estratégico que marcara hacia dónde teníamos que ir, con una hoja de ruta que nos dijera cómo. La SEFH no es una sociedad de la junta directiva o de los presidentes, sino de todos los socios, y por lo tanto era fundamental que colaboraran con ella. Cuando empezamos había cuatro grupos de trabajo, hoy hay 23, y son más de 800 las personas que trabajan en estos grupos, desarrollando actividades asistenciales, docentes y de investigación. La clave es que un grupo muy numeroso de farmacéuticos ha encontrado en esta sociedad un área de desarrollo profesional. Tenemos necesidad de conocer y compartir conocimientos con otros profesionales, y hemos puesto algunos mimbres para que los farmacéuticos de hospital puedan poner el resto de forma mucho más rápida.
Magia y farmacia: el poder
de la transformación
Una de las grandes aficiones del presidente de la SEFH es la magia, que aprovecha para meterse a la audiencia en el bolsillo cuando participa como conferenciante. Para José Luis Poveda, su interés por la magia tiene la misma raíz que el de la farmacia: la sorpresa de conseguir un efecto con algo aparentemente sin relación. Solo que, en su vida profesional, la varita mágica es el medicamento y el conejo de la chistera es la salud del paciente.
“La farmacia tiene mucho de alquimia, de transformación, y la magia es transformación. Lo que aparece y desaparece, lo que te imaginas y no es… Ver cómo alguien sanaba tras tomar una pastilla para mí era magia”. Y el farmacéutico, como el mago, conoce el por qué de ese efecto “inexplicable para mucha gente que lo está viendo”. Pero hay un componente más: la ilusión. “La magia, para mí, sirve para ilusionar al conjunto de compañeros que trabajan conmigo, a los socios de la SEFH en el entorno donde me encuentre y, sobre todo, para transmitir mensajes de una forma diferente”.

Cuando el paciente piensa en un farmacéutico, automáticamente piensa en la oficina de farmacia. ¿El paciente desconoce al farmacéutico de hospital, no le ubica?
Esto ha ido cambiando en los últimos años, primero con la incorporación del farmacéutico a la unidad de pacientes externos para dispensación, un elemento fundamental. En La Fe atendemos a más de 10.000 pacientes, por lo tanto el conocimiento es cada vez mayor. Además, con la incorporación del cuarto año de residencia y del farmacéutico en los equipos clínicos, el paciente cada vez conoce más la actividad del farmacéutico en las unidades de hospitalización. Hoy ya hay farmacéuticos que informan al paciente cuando llega al hospital y en el momento del alta, para mejorar el uso de los fármacos. El ratio de farmacéuticos por facultativos en el hospital es de 1 a 300, nuestra incorporación ha sido muy lenta, pero ahora ha avanzado de forma notable.

También hay algunos elementos que nos han dado a conocer, como, por ejemplo las redes sociales, que estamos impulsando, o la posibilidad de trabajar con asociaciones de pacientes, con el llamado paciente activo. Aunque somos un número muy pequeño en comparación con las oficinas de farmacia, las redes sociales nos han permitido llegar a gente a la que, de otra forma, no hubiéramos podido llegar.

En unas recientes jornadas de farmacia hospitalaria, los asistentes coincidieron en que los farmacéuticos de hospital tienen que estar muy motivados, ¿por qué?
Tenemos vocación sanitaria, de proporcionar salud a los pacientes, y esto ya es motivador. Pero, en nuestro caso, el hecho de que hayamos sido tan pocos y que el crecimiento haya sido exponencial obedece a una necesidad de automotivación y de abordar nuevos retos. Ponernos nuevas metas ha hecho que haya un conjunto de profesionales que está muy motivado y que es capaz de contagiar a todos sus equipos.

En su cuenta personal de Twitter escribe muchos mensajes sobre motivación y liderazgo. ¿Le hace falta al profesional sanitario, en general, y al farmacéutico, en particular, formación sobre estas habilidades?
En las facultades nos forman sobre conocimientos teóricos y cuando salimos al entorno profesional empezamos a hablar de competencias, desarrollo de habilidades y herramientas que permitan desarrollar esos conocimientos. Pero para conseguir la excelencia hace falta motivación y algo fundamental: jugar con el corazón. No es suficiente con tener conocimientos, hay que ponerle pasión a la vida. La motivación forma parte de la responsabilidad de los que tenemos equipos. Trabajamos mucho la mente y poco el alma, y hay que nutrirla.
El secreto de una buena paella Como buen levantino, no falta a su cita con la paella los domingos. Cada persona tiene su propia forma de hacerla pero, “como cualquier valenciano, me he comprometido a no revelar el secreto nunca”. Fiel a su filosofía de vida, no obstante, sí que desvela que uno de los ingredientes para hacer una buena paella es “con quién la compartes”.

Entrando en el terreno personal, su mujer es farmacéutica comunitaria y uno de sus dos hijos está estudiando Farmacia. ¿Es un tema que no falta en la sobremesa?
Procuramos que lo que se hable en la farmacia, se quede en la farmacia. Hay muchos temas que uno tiene que comentar con su mujer y sus hijos como para circunscribirse al ámbito profesional. Si digo que no sale el tema de la farmacia estaría mintiendo, pero procuramos que no sea el núcleo.

Algo que agradecerá su otro hijo, que está estudiando Económicas.
Sí, aunque el ámbito de la sanidad y el de la economía están cada vez más juntos. Difícilmente se pueden dar servicios sanitarios si el sistema no es sostenible y, por otro lado, los economistas tienen que entender que la salud no tiene precio, pero sí un coste.



Sus hijos son muy aficionados a la música. ¿Esto les viene del padre?
Me gusta la música pero no tengo conocimientos. Tanto mi mujer como yo intentamos plantar la semilla y les metimos de pequeños en unos grupos de canto en los que estuvieron hasta que les cambió la voz. Después, les apuntamos a piano, no siempre con su beneplácito. Pero, al cabo del tiempo, a ambos les gusta mucho la música y uno de ellos toca la guitarra. De aquellas simientes han venido estas cosechas: están siempre escuchando música, van a muchos conciertos…

¿Les deja poner la música al volumen que quiere o les tiene que decir que la bajen?
Con la guitarra es un poco complicado: ahora ya toca mejor, pero antes sí que había sufrimiento (risas). Aunque a ninguno le gustaba el piano, el otro día el que toca la guitarra me reconocía que el piano le había ayudado a escoger otro instrumento que le gusta más. Es curioso, cuando sientes pasión por algo, cómo puedes estar horas y horas sin tener la sensación de estar trabajando.

¿Con qué se evade de las tensiones del día?
Me obligo a hacer actividades de ocio. Lo que te puede pasar cuando te dedicas mucho a la vida profesional es que empiezas a perder enriquecimiento cultural, artístico, de sensibilidad… Siempre intento programar la posibilidad de ir a una obra de teatro, a conciertos –más a la ópera que a otra cosa–, al cine, oír música, hacer deporte… Intento combinar algo que tenga un componente de crecimiento personal con alguna actividad que me relaje y, probablemente, el deporte sea lo más completo en este sentido.
Atlético de Madrid y Valencia,
una de cal y otra de arena
Aficionado al deporte rey, confiesa tener su corazón dividido entre el Valencia C.F., el club de su ciudad, y el Atlético de Madrid. Este año ha vibrado con los logros rojiblancos (eso sí, con la deportividad de felicitar al Real Madrid por su décima Copa de Europa), flamante campeón de la Liga de Fútbol, lo que ha aliviado la discreta posición del equipo ‘che’, octavo en la clasificación 2013-2014. Ojo, cuando se enfrentan ambos, no lo duda: la tierra manda.

¿Qué deportes practica?
Soy malo en todo, pero he jugado al fútbol, he hecho bicicleta, he corrido una maratón… Ahora hago pilates. La maratón la corrí en 1992; luego me pasó como a Forrest Gump, me pregunté por qué corría y paré.

Es muy aficionado a la lectura y, sobre todo, a la relacionada con la historia.
Sí, leo un poco de todo, pero ahora mismo lo que más leo son revistas de historia. Me apasiona ver cómo somos capaces de repetir una y otra vez los mismos errores. Cuando analizas la historia, ves que, a pesar de que el entorno, la ropa y la tecnología son diferentes, cometemos las mismas equivocaciones. La historia la hacen las personas, así que seguramente seguiremos repitiéndolo.

Todo aficionado a la historia tiene una época que le gusta más. ¿Cuál es la suya?
La Grecia clásica fue una etapa que, en todas las artes, vivió un cambio que ha sustentado los pilares de la civilización.

Usted tiene una fuerte presencia en Twitter, incluso su cuenta tiene más seguidores que la de la SEFH.
Fue un lío en el que me metió Ramón Morillo, presidente del comité científico del congreso de la SEFH el año pasado. Tenía que hablar en el congreso del 2.0, así que aprendí a manejarlo y tengo que reconocer que, lo mismo que Facebook no me enganchó, Twitter sí porque es un elemento muy ágil y nos permite concretar: uno tiene que aprender a sintetizar en 140 caracteres. En su cuenta siempre incluye frases célebres de personajes históricos o leyendas deportivas. ¿Hay algún personaje que le inspire especialmente?
Si tuviera que elegir alguien de la época contemporánea, hay dos personajes que me parecen claves: Winston Churchill y John F. Kennedy. Fueron capaces de liderar una situación de mucho sufrimiento para ir hacia una victoria, en el caso de Churchill, y de aglutinar a toda una generación que pensaba que se podía cambiar, en el de Kennedy.