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15/06/2014 n189
Aunque los expertos mantienen que es necesario apartar al trabajador del origen de su enfermedad respiratoria, la crisis económica obliga todavía más a los profesionales afectados a continuar en su empleo a pesar de las recomendaciones en contra de seguir inhalando los productos dañinos. Entre las patologías respiratorias más conocidas está la silicosis. El perfil del afectado ha cambiado en los últimos años: de empleados de la minería prejubilados, a personas más jóvenes que han trabajado en la construcción de viviendas.
Hiedra García Sampedro
Más de la mitad de las personas con silicosis diagnosticadas en nuestro país en 2012 está en activo. En concreto, el 57,23 por ciento, 95 trabajadores en total, la mayoría de ellos en Galicia (55). Esta enfermedad se incluye dentro de las neumoconiosis o patologías respiratorias producidas por la inhalación de polvo. Mientras que siempre ha estado asociada a los mineros pensionistas con más de 20 años de experiencia, los últimos datos apuntan a un nuevo brote en profesionales de la construcción más jóvenes debido a la fabricación e instalación de las encimeras en cocinas o baños.

En 2008, al principio de la crisis, los nuevos casos registrados ascendieron a 134 trabajadores. De ellos, 40 estaban en activo, el 29,85 por ciento. Desde ese año, el número de empleados en activo a los que se les ha diagnosticado silicosis ha aumentado un 137 por ciento y la mayoría tiene una neumoconiosis simple, según los datos del Instituto Nacional de Silicosis (INS).

Cristina Martínez, neumóloga del INS y miembro de Separ

La incapacidad se otorga al trabajador con silicosis en segundo grado, es decir, en los casos en los que la enfermedad le inhabilite para desempeñar las tareas fundamentales de su profesión; sin embargo, cuando presenta un primer grado, esta situación no se considera constitutiva de incapacidad.

“Es obligatorio hacer reconocimientos periódicos a los trabajadores para detectar los estadios más precoces de la enfermedad”, subraya Cristina Martínez, neumóloga del INS y coordinadora del Área de Enfermedades Respiratorias de Origen Medioambiental de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). La especialista cree que habría que retirar de su lugar de trabajo a los profesionales que muestren síntomas. No es así en todos los casos, porque “la gente ha minusvalorado el riesgo y no le ha dado importancia”, asegura. Como consecuencia, “han ido apareciendo casos de silicosis en personas jóvenes y con situaciones graves”, según Martínez.
Conglomerados de cuarzo, el nuevo peligro
En las fases tempranas de la silicosis no se aprecian síntomas. De hecho, los primeros diagnósticos se suelen realizar cuando el trabajador lleva una media de 20 años en su empleo aspirando polvo de sílice. La probabilidad de tener la enfermedad es proporcional a la dosis inhalada, pero en empresas donde no se controla, los empleados pueden adquirir la patología en cinco o diez años.

Nuevos casos de silicosis registrados en el INS en 2012


Según Cristina Martínez, la industria sigue unos protocolos de vigilancia que son obligatorios, además de utilizar medidas de prevención técnica como ventilación, aspiración, el control del polvo y la utilización de agua. Sin embargo, las pequeñas empresas familiares no disponen de estas medidas y han ocasionado que ahora mismo exista un brote de silicosis causado por los conglomerados de cuarzo.

Estos conglomerados se utilizan en las encimeras de cocinas, baños u oficinas. Cuando las pequeñas empresas fabrican los tableros y son instalados, cortados y pulidos en las casas, los trabajadores están más expuestos al polvo. Por ser

La inhalación continua del polvo de sílice causa la formación de tejido cicatricial en los pulmones

más asequibles económicamente, se han utilizado en la construcción de viviendas en los años del boom inmobiliario. A mediados de la década pasada, se llegaron a construir dos millones de casas aproximadamente. Como muestra, un total de 80 trabajadores de la provincia de Cádiz han sido diagnosticados desde 2009 con silicosis por aspirar el polvo de estos conglomerados.

El perfil del trabajador con silicosis ha cambiado, aunque “en la minería del carbón aún no está erradicada la enfermedad. Lo que ocurre es que, debido a las prejubilaciones, se detectan cuando ya no están en activo”, asegura Javier Madera, responsable del departamento técnico del INS.
El cáncer, siempre a juicio
“Existen sustancias que claramente se admiten como cancerígenas”, subraya Cristina Martínez; sin embargo, es complicado demostrar que la enfermedad se ha adquirido durante el desarrollo profesional. Con respecto al cáncer de pulmón relacionado con la inhalación de amianto, es necesario analizar el tejido pulmonar para ver si hay fibras de asbesto y atribuirlo a esa causa. Además, el cáncer puede estar en estado latente durante años, tiempo en el que el trabajador ha podido cambiar de empleo o haberse jubilado. Desde UGT, la secretaria de Salud Laboral en Madrid, Susana Huertas, señala que “se puede denunciar a la empresa por esta situación”. De hecho, en estos casos “siempre se acaba yendo a juicio”.
Más enfermos en activo
En los últimos años se ha detectado un aumento de trabajadores diagnosticados que continúan en su puesto de trabajo, según confirma Javier Madera a ‘Revista Médica’, quien subraya que “existe un grave incumplimiento de la vigilancia de la salud”. Además, muchos trabajadores acuden al INS cuando se quedan desempleados.

El hecho de seguir trabajando a pesar de la enfermedad ya era anterior a la crisis, pero en los últimos años se ha agudizado por la situación económica. “Desde el INS, insistimos en que falla la obligatoria vigilancia de la salud, con las consecuencias que ello puede implicar para el médico que no haya hecho un diagnóstico adecuado y a tiempo”, recalca Madera.

Desde los sindicatos han puesto su atención en sensibilizar y formar a los delegados en prevención de las empresas para detectar los riesgos e informar a los trabajadores.

Javier Madera, responsable del departamento técnico del INS

La secretaria de Salud Laboral de UGT Madrid, Susana Huertas, ha criticado además que existe poca formación sobre riesgos laborales entre los médicos de Familia que tienen que detectar los casos.

“La crisis está ocasionando una disminución de recursos en prevención, es lo último en lo que se piensa, un gasto superfluo”, comenta Susana Huertas a ‘Revista Médica’, quien asegura que los accidentes en el trabajo están aumentando, aunque en el caso de las enfermedades profesionales, “no están saliendo a la luz, están disueltas”, critica.
Enfermedades respiratorias de origen ocupacional
“En muchas profesiones se inhala polvo de sílice: en las canteras de granito y pizarra, en la fabricación de prótesis dentales, en las fundiciones o en trabajos de limpieza mediante chorreado de arena”, enumera la especialista Cristina Martínez.

En el trabajo del campo existen otro tipo de enfermedades relacionadas con el aparato respiratorio. En la agricultura y la ganadería se adquiere con mayor frecuencia el asma ocupacional porque los trabajadores se sensibilizan a determinadas sustancias como productos químicos o biológicos.

Por ejemplo, existe el llamado pulmón de cuidador de aves, una neumonitis adquirida por la sensibilización a antígenos de estos animales, que es la más común de las más de 120 descritas, aunque está considerada como enfermedad minoritaria (menos de 30 casos por 100.000 habitantes).

Otras neumonitis están causadas por la inhalación de esporas de hongos, como la conocida como pulmón del granjero o las que afectan a los trabajadores del corcho y del esparto.

Susana Huertas, secretaria de Salud Laboral de UGT Madrid

También existe el pulmón de chacinero, descrito por el neumólogo Ferran Morell, del Hospital Universitario Vall d’Hebron, que sufren los profesionales de la industria del embutido.

Los expertos señalan la importancia de tener registrados los casos de enfermedades respiratorias ocupacionales; sin embargo, en España no es posible conocer las cifras de prevalencia porque no existe un sistema de vigilancia epidemiológica, tan necesario para conocer esta realidad de salud pública.