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08/06/2014 n188
Es muy difícil que una organización relacionada con el sistema sanitario español reconozca que es un lobby. La mala fama que arrastran estos grupos de presión en nuestro país es evidente en el sector, pero ya hay algunos que se atreven a emplear el término para definirse, quitándose de encima prejuicios que parecen anticuados. El Congreso de los Diputados prevé impulsar la regulación de los lobbies  a través de una modificación en su reglamento que contribuirá a la normalización del cabildeo.

Sandra Melgarejo

Si se entiende por lobby estrategia, desarrollo de negocio y representación legítima de los intereses, según la definición que esgriman sus defensores, no resulta difícil identificar estas actividades con las que llevan a cabo diversas organizaciones del sistema sanitario español. Sin embargo, a pesar de que muchos agentes actúan como tal, rechazan la etiqueta de lobby o de grupo de cabildeo, si huimos del término anglosajón. Quizá porque se entiende como un concepto peyorativo que se asocia a la corrupción y al compadreo –aunque los lobistas españoles dicen que lo anterior no es lobby, sino otra cosa– y, seguramente, porque en nuestro país no está regulado, aunque parece que el Congreso de los Diputados por fin se ha puesto a ello.

Durante su primer debate sobre el estado de la nación como presidente del Gobierno, celebrado el 20 de febrero de 2013, Mariano Rajoy habló de la necesidad de una regulación parlamentaria de las organizaciones de intereses, es decir, de los lobbies, para clarificar “cuáles pueden ser sus actividades y cuáles deben ser sus límites”.

Mariano Rajoy, tras intervenir en su primer debate sobre el estado de la nación como presidente

Ha transcurrido más de un año y desde la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI), que agrupa y representa a los lobistas españoles, comentan que dicha regulación se tenía que incluir en la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno.

Pero no fue así, dado que se decidió impulsar la regulación del cabildeo a través de una modificación en la normativa del Congreso de los Diputados. Después del último debate sobre el estado de la nación (25 y 26 de febrero de 2014), PP y CiU pactaron una resolución que prevé la regulación de los lobbies en el marco de la reforma del reglamento del Congreso. En APRI consideran que este acuerdo es un paso más hacia la efectiva ordenación del lobby, que llevan reclamando desde 2007, año en que se creó la asociación.

¿Por qué no se ha regulado antes? “Porque antes no había conocimiento específico sobre lo que era y lo que no era lobby. Además, la forma de hacer lobby en España ha sufrido, y quizá sigue sufriendo, una falta de profesionalización de la actividad, que no la encuadra de forma apropiada. Como consecuencia, por un lado se ha generado desconfianza hacia esta práctica y, por otro lado, se ha generado una percepción negativa de la actividad del lobby”, explica Andrea Vota, adjunto a la Junta Directiva de APRI.

Regulación a favor de la transparencia

Según se concluye en el El lobby en el nuevo marco regulatorio, un informe de 2013 que forma parte de un estudio realizado en 20 países de la Unión Europea y en el que han participado más de 600 políticos europeos, la mitad de los encuestados españoles opina que la falta de transparencia es lo más negativo del lobby, pero seis de cada diez afirman que el cabildeo asegura la participación en el proceso democrático de los actores económicos y sociales, y de los ciudadanos. “La creación de un registro es fundamental. Hay que ponerles cara a los representantes de la sociedad civil. Es un gesto de transparencia”, reivindican en APRI.

A la luz de este documento, presentado por Burson-Marsteller y Cariotipo MH5, los políticos españoles consideran que los principales lobistas son las organizaciones profesionales y las sectoriales, seguidas de las compañías, ONG, sindicatos y think tanks. Asimismo, las organizaciones profesionales son consideradas los grupos de cabildeo más eficaces, seguidas de las sectoriales, los sindicatos, los periodistas y las ONG. Por sectores, en el ámbito privado  destacan como más eficaces energía, salud, servicios financieros y telecomunicaciones.

Sí, en el ámbito sanitario hay lobbies, aunque son pocos los grupos de presión identificados por ‘Revista Médica’ que emplean este término y se refieren a ello con normalidad. “El que habla de lobby asociándolo a corrupción y compadreo no está hablando de lobby, sino de corrupción y compadreo. Los que ejercen esta profesión de forma transparente y profesional nunca se reconocerán en esa visión del lobby porque eso no es lobby, sino otra cosa. Lobby no es mover contactos, corromper a alguien o influir negativamente sobre las decisiones públicas. Lobby es estrategia, desarrollo de negocio y representación legítima de los intereses. Es una actividad que puede hacer que toda la sociedad en su conjunto crezca”, defiende Andrea Vota.

Cabildeo en la industria sanitaria

El director general de la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (Aeseg), Ángel Luis Rodríguez de la Cuerda, es el único que se anima a decir abiertamente que considera a su organización un lobby. “Como la patronal del genérico, uno de nuestros objetivos fundamentales es actuar de interlocutores tanto con las Administraciones públicas sanitarias, de economía y de industria, como con otras instituciones y asociaciones. Con tres fines: informar sobre las actualizaciones de nuestro sector; explicar cuáles serían las condiciones normativas más ventajosas para nosotros y para el paciente; y darnos a conocer a los ciudadanos,

Ángel Luis Rodríguez de la Cuerda, director general
de Aeseg

a la Administración y a los stakeholders”, detalla.

Para conseguir este último objetivo, Aeseg emplea medios de comunicación convencionales y lleva dos años desarrollando su presencia en redes sociales, orientadas tanto al ciudadano como a los agentes profesionales. Precisamente, tal y como se recoge en el informe mencionado anteriormente, las redes sociales se van haciendo un hueco en el día a día de los decisores españoles: una cuarta parte afirma consultar a diario Twitter (y un 15 por ciento al menos una vez a la semana) y un 22 por ciento, Facebook.

“Una regulación de los lobbies en nuestro país sería positiva porque el lobby es necesario y ya funciona de manera natural cada día. Sería muy naíf pensar que todos los miembros de la Administración, Congreso y Senado conocen perfectamente cada uno de los aspectos que se tratan desde el punto de vista normativo y legislativo. Por eso es muy importante la función de informar que tiene el lobby, y la interlocución fluida, de confianza y transparente equilibra el trabajo conjunto en la misma dirección”, señala Rodríguez de la Cuerda. Desde APRI se manifiestan en la misma línea: “El lobista es como un intérprete: traduce las necesidades de la entidad que representa al poder público.

Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, y Daniel Carreño, presidente
de Fenin

No porque el político no lo entienda, sino porque vivimos en una realidad tan compleja que es muy difícil poder tener conocimiento y competencia sobre toda materia”.

Sin embargo, en Farmaindustria, la patronal de los medicamentos innovadores, eluden hablar de lobby y reiteran que su misión es representar a la industria farmacéutica innovadora establecida en España ante las Administraciones públicas y ante el resto de agentes económicos y sociales; colaborar con las Administraciones públicas para configurar un marco regulador y económico estable y predecible que propicie el crecimiento equilibrado del mercado, el aumento de las actividades de I+D y el desarrollo de la industria farmacéutica; y potenciar la mejora de la percepción y un mayor conocimiento del sector, transmitiendo a ciudadanos, líderes de opinión y responsables públicos el valor que aportan los medicamentos y el sector farmacéutico al progreso social y económico y a la calidad de vida.

Resumiendo: representación legítima de los intereses, desarrollo de negocio y estrategia; la actividad a la que hacía referencia el portavoz de APRI. En la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) tampoco se pronuncian acerca de los lobbies, dicen no tener “ninguna opinión al respecto”. Según aparece reflejado en su página web, Fenin nació con la misión de agrupar a las empresas españolas de este sector, coordinar y defender sus intereses generales y ostentar su representación ante las autoridades autonómicas, nacionales y europeas… Está visto que la mala fama del término lobby en España provoca que algunas de las organizaciones consultadas por esta revista no quieran oír hablar de ello ni, mucho menos, reconocerse como tal.

Otros lobbies de la sanidad

Donde tampoco gusta la etiqueta de lobby es en la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (Facme). “Facme engloba asociaciones médicas y que da su opinión cuando la Administración se lo pide, pero no es un lobby, si se entiende por lobby un grupo de influencia.

La junta directiva de Facme

Facme propugna que el profesional recupere cierta presencia en la toma de decisiones, pero no es un lobby”, insiste Antonio Zapatero, tesorero de la federación.

Por otro lado, Juan Abarca Cidón, secretario general del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS), afirma que “actuamos como un grupo de interés, obviamente, porque nuestro objetivo es intentar poner en valor la aportación de la sanidad privada en nuestro país”. No obstante, matiza que “un lobby, como tal, pelea por sus intereses propios, pero el IDIS no solo busca defender al sistema privado, sino aportar fórmulas que mejoren, en general, el sistema sanitario de nuestro país”. Aun así, reconoce que el IDIS sería lo más parecido a un lobby de la sanidad privada en España, “porque no hay otro”. Respecto a una futura normativa de los grupos de cabildeo, Abarca Cidón da la bienvenida a “toda regulación que permita un marco de actuación normal”.

¿Y los pacientes? “Los pacientes son un lobby en Estados Unidos, pero aquí somos el oscuro objeto del deseo, como la película de Luis Buñuel, y la cosa no pasa de ahí.

Juan Abarca Cidón, secretario general del IDIS, y Alejandro Toledo, presidente de la AGP

El paciente ha sido un ignorado en nuestro país durante muchos años y ahora parece ser que desde las Administraciones, sociedades científicas, grupos de comunicación e industria hay un deseo de hacer cosas con nosotros, lo cual me parece muy bien. No sabemos lo que puede dar de sí esto”, comenta Alejandro Toledo, presidente de la Alianza General de Pacientes (AGP). La alianza está intentando que se lleve a cabo una modificación en la legislación para que se reconozca a los pacientes como agentes sociales y puedan estar presentes en la toma de decisiones que tengan que ver con su salud. Su presidente denuncia que el espacio de los pacientes “ha sido ocupado por las asociaciones de consumidores y usuarios, y por los sindicatos, que han participado en los consejos de salud y en muchos sitios donde deberían haber estado los pacientes organizados”.

Volviendo al informe El lobby en el nuevo marco regulatorio, cabe destacar que el 86 por ciento de los encuestados considera que el lobby ético y transparente contribuye al desarrollo político, pero para más del 90 por ciento el cabildeo no está suficientemente regulado en España. En la Unión Europea, donde sí lo está, hay 5.952 grupos de intereses y particulares inscritos en el Registro de Transparencia, según los datos recogidos hasta el pasado 31 de octubre de 2013. Está por ver si la esperada regulación de los lobbies en nuestro país –que, según sus defensores, define la calidad de las democracias contemporáneas– desmitifica y positiva la actividad de estos grupos para que el lobby deje de ser tabú.