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01/06/2014 n187

De la mano de varios facultativos, ‘Revista Médica’ recorre algunos centros de salud de la provincia de Valladolid para comprobar las diferencias entre la atención en el ámbito urbano y el rural. Desde las modestas instalaciones de un pueblo, a la tecnología que conecta directamente con el especialista hospitalario. Un mismo nivel asistencial, dos mundos.
Elsa García

La puerta de entrada al Sistema Nacional de Salud (SNS). Así es como definen habitualmente los expertos a la Atención Primaria, ese ámbito en el que el paciente conecta de una forma más personal con su médico, que a menudo se convierte en el profesional que le asiste durante toda una vida. Por la confianza que se genera entre ambos, la consulta llega a ser en muchos casos una prolongación de su propia casa. Pero esas casas pueden ser rurales o urbanas, una distinción que por lo visto sigue marcando notablemente a la Primaria.

La provincia de Valladolid cuenta con 36 centros de salud, distribuidos entre las Áreas de Salud Este y Oeste. El de Arturo Eyries es uno de los más antiguos de la capital. Con una población de referencia de 19.000 usuarios, cuenta con una plantilla de 27 profesionales sanitarios, de los que 10 son médicos de familia, dos pediatras, 11 enfermeras, una matrona, una trabajadora social, un fisioterapeuta y un auxiliar de enfermería. El personal trabaja de forma conjunta, organizados en unidades básicas que tienen asignado un cupo aproximado de 1.700 pacientes.

Elpidio García, coordinador del Centro
de Salud Arturo Eyries

Elpidio García, coordinador del centro, destaca dentro de la actividad los tratamientos de fisioterapia, las actividades de educación sanitaria, la terapia de mantenimiento para pacientes afectados por patologías crónicas y los tratamientos quirúrgicos de cirugía menor que se realizan allí. “Nuestra especialidad abarca la atención al paciente de forma integral, en todos sus aspectos, físicos, psíquicos y sociales, tanto en el núcleo familiar como en el comunitario”, apunta. También hace hincapié en la importancia de la docencia de pregrado y posgrado. Desde 2010 incluyen a médicos en formación y a especialistas de Enfermería de Familia. “El trabajo de enfermería es tal vez uno de los más desconocidos, pese a que se ocupa de aspectos tan importantes como curas e inyectables o el seguimiento de pacientes crónicos”, apunta el coordinador.
Más tecnología
La gran baza de los centros urbanos parece la tecnología. El Centro de Salud Huerta del Rey, inaugurado a finales de los años 80 del pasado siglo, pero trasladado a un nuevo edificio en 2003, presta asistencia sanitaria a más de 24.500 personas con 13 Unidades Básicas Asistenciales que cuentan cada una con un médico de familia y una enfermera, tres pediatras y una enfermera de esta especialidad (para atender a cerca de 3.000 niños), dos matronas, un auxiliar de enfermería, una trabajadora social y un servicio de fisioterapia.

Desde 2010 prestan, complementando los servicios ofrecidos desde el propio centro, atención sanitaria a las personas indomiciliadas, que son atendidas en el comedor social de Cruz Roja.

Para el desarrollo de la asistencia diaria cuentan con medios diagnósticos como electrocardiografía convencional y, desde hace unos años, han instaurado el Servicio de Telelectrocardiografía, que transmite un electrocardiograma directamente al cardiólogo de su hospital de referencia para que lo valore en pocos minutos.

Centro de Salud Huerta del Rey

“Nuestro centro se va modernizando”, asegura Pilar del Río, su coordinadora, quien además añade orgullosa que el Huerta del Rey “es un fiel reflejo de la progresiva feminización que las profesiones relacionadas con la salud han tenido en los últimos años, ya que, de todo el personal que trabaja en él, tan sólo el 10 por ciento son varones”.
Una Medicina más cercana
El Centro de Salud de Mayorga, a 80 kilómetros de Valladolid capital, nos adentra en el ámbito rural. Acoge a 1.600 mayorganos entre sus usuarios, pero la asistencia que presta a otras 14 localidades próximas incrementa su número de pacientes hasta llegar al doble. “Desde luego, la edad media de la población es mayor a medida que pasan los años. Ahora mismo nos encontramos muy lejos la situación de hace 40 años, cuando las aulas de las escuelas estaban repletas de niños. Actualmente, la mayoría de ellas están cerradas por falta de estudiantes”, explica Juan Francisco Cornejo Palacio, coordinador de este centro.

Ahora, seis médicos, cuatro enfermeras, un administrativo, un pediatra, una matrona, un ginecólogo, una trabajadora social, un fisioterapeuta, un médico y dos enfermeras de área y una ambulancia de soporte vital básico atienden a una tercera parte de pacientes menos que en los años 70. Aunque este descenso en el número de pacientes también ha acercado cada vez más a médicos y habitantes.

Centro de Salud de Mayorga

“Nuestra relación no se ciñe puramente a su patología, sino que se amplía a temas más personales”, reflexiona Juan Francisco Cornejo. “Te cuentan lo bien o mal que va la cosecha, la boda de su hija, las buenas notas de su sobrino, o que se han comprado una lavadora nueva”, sonríe el médico del pueblo. Y no es de extrañar, porque los profesionales que ejercen en las zonas rurales más pequeñas aún poseen esa imagen de figura de referencia y persona admirada por sus vecinos.
Algo similar le ocurre a José Ángel Villalón Blanco, coordinador del Centro de Salud de Villalón, un pueblo ubicado a 65 kilómetros de Valladolid. Este centro se construyó a principios de los años 70, ideado para ser la casa del médico y el consultorio de una de las villas más grandes de la provincia. Da asistencia sanitaria a cuatro demarcaciones, lo que supone un total de 17 pueblos más, todo ello con seis médicos titulares y uno de área, una pediatra que va una vez a la semana, un ginecólogo que asiste al centro dos veces al mes, cinco enfermeros titulares y dos de área, una matrona compartida con otros centros, una fisioterapeuta compartida también, y una trabajadora social.

José Ángel Villalón, coordinador del Centro
de Salud de Villalón

Miguel Ángel Díez, coordinador del
Centro de Salud Casa del Barco

Lo rural dentro de lo rural
Si nos alejamos 53 kilómetros más de Valladolid, llegamos a Mota del Marqués, un pueblecito que hace un siglo contaba con más de 1.500 empadronados y que actualmente tan sólo suma 400. Su centro de salud es “tan antiguo como la zonificación de la Atención Primaria”, explica Francisco Javier Yepes, su coordinador. Asentado en las viejas escuelas del pueblo, tiene aprovechado hasta el último centímetro de su superficie. “Para que nos demos una idea de las apreturas, el despacho del veterinario tiene que ubicarse en el dormitorio que ocupa enfermería porque no hay más sitio”, denuncia el médico.
Es el único centro de Castilla y León que jamás fue sometido a reforma alguna tras su inauguración. “Existe un piso superior donde se juntan la sala de reuniones, el área administrativa para la recepción de pacientes, la biblioteca y sala de estar, así como la zona de cocina, dormitorios y aseo.

Francisco Javier Yepes coordina el centro
de Mota del Marqués

Y ya, en el piso inferior del centro de salud, se ubica el área de urgencias y las consultas que comparten médicos y enfermeros, así como la sala de extracciones que por multiusos también se utiliza para la fisioterapia y la matrona”, explica el coordinador.

Sin embargo, es su casa y el punto de referencia al que acuden todos los usuarios de las 16 zonas rurales que corresponden a este centro, algo que sigue llevando alegría a estos médicos, que saben dónde están y los recursos que tienen, pero se sienten satisfechos de poder seguir tratando a sus vecinos y amigos.
¿Mejoras para todos?
Y es que todos los centros de salud de la provincia querrían poder contar con mejoras tecnológicas que facilitasen la asistencia a sus usuarios. Los hay con ‘suerte’ y con un sitio en los ajustados presupuestos. El de Peñafiel presta atención sanitaria a sus más de 10.300 pacientes, que llegan desde 28 municipios diferentes, con novedosos servicios y material puntero en tecnología.

Retinógrafo del Centro de Salud de Peñafiel

Este centro, inaugurado en 1986, ha sido pionero en la incorporación de tecnologías como la radiología digital, la telecardiología o la puesta en marcha, hace unos meses, de un retinógrafo, que permite hacer un diagnóstico precoz y un seguimiento de la patología retiniana asociada a enfermedades muy prevalentes, “como la diabetes o la hipertensión”, nos apunta José Luis Almudí, coordinador, que también indica que en el mismo disponen de servicios que facilitan el acercamiento a las pruebas complementarias a los pacientes, como son la extracción periférica de muestras, el control de la anticoagulación sin necesidad de extracciones de sangre (“simplemente con un pinchazo”), la espirometría o la electrocardiografía.
Más que un ejemplo de que la medicina rural se ha modernizado, se puede considerar que sus avances responden más bien a que este municipio, en buena medida por el auge alrededor del sector vinícola, no se puede considerar como lo que se entiende normalmente por un pueblo.

José Luis Almudí coordina el centro de Peñafiel

Por lo visto en este recorrido por los centros de salud de la provincia de Valladolid, enmarcada dentro de la comunidad autónoma con más dispersión geográfica y una de las que tiene la población más envejecida, la Atención Primaria sigue dividida en dos realidades: la urbana y la rural. La primera disfruta de más tecnología pero menos tiempo para el trato directo con el paciente. La segunda establece una relación más cercana, aunque anda más corta de recursos.