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25/05/2014 n186
Eduardo Ortega
Imagen: Miguel A. Escobar
Cántabro de pura cepa, Jaime del Barrio no tuvo duda en dedicarse a la Medicina más cercana al paciente, que en su versión más humanística desarrolló en el Hospital Marqués de Valdecilla. Después, le picó el gusanillo de la gestión política, que desarrolló en el Ayuntamiento de Santander y en la Consejería de Sanidad de Cantabria, y, como él dice, comenzó a dejar de arreglar el mundo en la cafetería y se puso a trabajar en ello. Tuitero confeso, desde hace 10 años promueve la Genómica y la Medicina personalizada como director del Instituto Roche, pero ello no le impide lanzar un aviso para navegantes: “El buen diagnóstico es aquel que se obtiene por una buena historia clínica”.
Usted nació en el seno de una familia humilde y es el mayor de siete hermanos. Parecen estructuras familiares que no se van a volver a repetir…
Yo creo que no. Ni la fisiología de las parejas está en esa línea y el modelo de relación ha cambiado. Las parejas se establecen y se plantean tener descendencia con más edad, los dos miembros de la pareja con trabajo… Hay más razones aparte de la puramente económica. Por entonces las cosas tampoco eran fáciles desde el punto de vista económico, pero ha cambiado mucho el modelo de familia.


¿Cree que ser el mayor de siete hermanos es en sí mismo una enseñanza?
Estoy totalmente convencido. No por mi propia experiencia, sino porque lo hemos comprobado todos a lo largo de la vida. Cuando hablas con alguien que ha vivido como el hermano mayor de una familia numerosa, tiene una personalidad, una forma de funcionar… Normalmente eres responsable de tus hermanos pequeños, de muchas cosas que pasan y que no pasan en el seno familiar… Yo creo que el lugar que ocupas en tu línea de hermanos condiciona mucho.


¿Cómo fue crecer en el Santander de aquellos años?
Realmente fue otra época. Cuando la recuerdo, me acuerdo de los juegos en la calle y las vías sin asfaltar. Pensar en esto es como hacerlo en otro mundo, pero que has vivido. Había muchas pandas, muchos grupos… Justo entonces empezaba la televisión en blanco y negro, lo cual indica que ya tengo unos años. Las formas de relación eran diferentes: los amigos no estaban en las casas ni en ningún otro centro de reunión, sino en la calle. Ello dio pie a una convivencia muy interesante, muy positiva, muy diferente.

Todo esto no lo añoro con tristeza, sino como etapas que van pasando y de las que vas aprendiendo. Desde que naces hasta que mueres vas aprendiendo continuamente.


¿Cuándo le picó el gusanillo de la Medicina?
Siempre estuve, desde muy pequeño, colaborando en la parroquia, en movimientos juveniles, etcétera. La faceta social, sanitaria, de servicio a los demás me fue inculcada por la familia y era lo que veía alrededor.

Además, a la hora de tomar una decisión de qué estudiar, había un condicionante importante: que pudiera hacerlo en mi ciudad. Precisamente, ese mismo año, se ponía en marcha en Santander la Facultad de Medicina de la Universidad de Cantabria. Por entonces, Santander era distrito universitario de Valladolid y entonces no era como ahora: cada distrito universitario englobaba a varias autonomías.

A pesar de promocionar la Genómica, Del Barrio sigue considerando que la base está en la Medicina más humanista


¿Cómo fue el proceso de estudiar esta carrera procediendo del seno de una familia humilde?
En aquella época, por proceder de familia numerosa, tenías acceso gratuito a casi todo.


Se refiere a becas.
Sí. Becas, inscripciones y prácticamente todo. Los costes derivados de la universidad eran prácticamente gratuitos. Y en el colegio igual: el transporte era gratis, por ejemplo.


Desde esta perspectiva, ¿qué opina de los retrasos en el pago y los recortes en becas en el ámbito universitario?
No tengo una información exacta de lo que está pasando, pero da la sensación de que las cantidades que se están destinando a estas ayudas son mucho más grandes que en otras épocas. Sin embargo, sí se conocen voces discordantes que individualmente están perdiendo poder adquisitivo y acceso a la universidad. La sensación que da es que probablemente no se está haciendo una buena distribución de las ayudas. Habrá que ser mucho más exigente con a quién se le da este tipo de ayudas, cómo se conceden, cómo se evalúan…

También te das cuenta, viendo a los estudiantes universitarios que tienes alrededor, de que el paso por la universidad ha dejado de ser una etapa de formación y de adquisición de experiencias para ser una de diversión y etcétera, etcétera. Insisto, sin conocer muy en detalle la situación, da la sensación de que el dinero público cada vez es mayor, pero que a nivel individual hay quejas. Ahí sí que me gustaría saber qué papel están jugando las familias. Creo que están haciendo una dejación importante hacia el colegio y la universidad, como si fueran estas instituciones las que tienen que formar y educar a sus hijos. Creo que ahí la familia tiene que seguir siendo responsable.
En pocas palabras…

Familia: Fundamental.
Madre: Lo más importante.
Santander: Mi tierra.
Revilla: Prefiero recordarle como compañero del Consejo de Gobierno.
Política: Experiencia impagable.
Drogas: Campo que me enseñó mucho… como profesional. Viví la época en la que empezamos a tratar a los heroinómanos en mi servicio.
Valdecilla: Marca importante.
Medicina personalizada: Presente, más que futuro.
Anchoa: Seña de identidad de mi tierra.


Sus primeros años como médico fueron en el Hospital Marqués de Valdecilla.
Empecé a ir por Valdecilla mucho antes de terminar la carrera, desde tercero, cuando tuve la oportunidad de ser asistente voluntario en el departamento de Medicina Interna. Entonces dedicaba periodos estivales y vacacionales a formarme, cuando todavía no era obligatorio ir al hospital. Me acogieron buenos profesionales y buenos expertos.

Tuve la oportunidad de vivir una Medicina humanística en la que lo importante era el paciente. No como ahora, que se dice que el paciente es el centro del sistema pero muchas veces quienes lo dicen no se lo creen y, desde luego, no lo tienen interiorizado.

En aquella época, sí se sentía de verdad. Incluso te rompían literalmente las historias si no recogían la información de forma desarrollada. Ahora todo esto se ha suplido con la realización de muchas pruebas. Antes lo fundamental era realizar una buena historia clínica, y las pruebas complementarias eran para confirmar lo que se había derivado de dicha historia clínica o de una buena exploración. Ahora, como médicos y como pacientes, cada vez oímos más que se diagnostica sin ni siquiera desnudar o tocar al paciente. Esto, como médico, me sienta mal y me duele. No porque se hagan pruebas innecesarias, que también, sino porque muchas veces no se llega a un buen diagnóstico, aquel que se obtiene de historiar a un paciente e, incluso, a su familia.

Pude vivir una época de Valdecilla muy humanística, con un nivel científico muy alto, viendo al paciente como un todo y, luego, como residente, adjunto y médico de plantilla, viví la eclosión de las nuevas tecnologías y pruebas, el amanecer de la informática… Ahí se empezó a cambiar todo un poco.

Del Barrio se ha relacionado con las principales figuras del ámbito sanitario, como Javier Fernández-Lasquetty, exconsejero de Sanidad de Madrid


¿Cómo se puede luchar contra esta pérdida del contacto humano de la que ha hablado?
Los gestores sanitarios y los políticos, que marcan las reglas del juego, tienen que repartirse la responsabilidad. También es importante que las reglas del juego sean claras para todos. En los últimos años han primado criterios economicistas por encima de otros, muchas veces sin tener en cuenta los resultados en salud. Lo siguiente es valorar más a un paciente cada vez más activo que no solo quiere información, sino también opinión.

Por tanto, creo que responsables en la gestión, profesionales sanitarios y ciudadanos son los tres ejes fundamentales para fomentar un retorno al contacto humano. Tenemos que dejar que los cambios se introduzcan de una manera más rápida y profunda a través de los pacientes. Ellos están propiciando una evolución a la que los profesionales, y entre ellos me incluyo, nos resistimos más. Estamos ávidos de conocimiento y de nuevas cosas, pero luego, a la hora del cambio y de la innovación, somos un poquito más resistentes.


Otro gusanillo que le picó: el de la política.
Ocurrió cuando estaba de vuelta en el Valdecilla, después de haber trabajado en un centro rural y en un hospital pequeño. Una persona con responsabilidades políticas me pidió que colaborara con él en un proyecto.


¿Quién fue?
Manolo Huerta, traumatólogo que, después, fue alcalde de Santander. Aunque yo no estaba afiliado a ningún partido ni pensaba en política, él me ofreció esta posibilidad y respetó la única condición que puse: no abandonar mi actividad como médico. Por eso hubo unos años en los que compatibilicé mi trabajo como médico y mi labor como concejal del Ayuntamiento de Santander.

Aquellos años fueron apasionantes desde el punto de vista profesional y político, dado que el ayuntamiento es la institución más cercana al ciudadano, pero también fue una época muy complicada a nivel personal y familiar: el coste en tiempo y en dedicación es muy alto en política, y, además, mantenía las labores de médico, con consultas, guardias… Era complicado.

De hecho, tras aquellos cuatro años decidí que no quería saber nada más de la política. Me volví al hospital y estuve cuatro años más sin hacer nada relacionado con la política. Pero hubo otro cambio político y quien iba a ser presidente me pidió que me incorporara a su equipo como consejero de Sanidad, lo que significaba dejar por incompatibilidad mi puesto en el hospital.

Como médico, arreglaba el mundo en la cafetería. Pero llegó alguien que me dijo: “venga, deja de hablar, asume la responsabilidad y ponte a trabajar”. Eso es lo que estuve haciendo durante ocho años, en los que, además, tuve que aprender a gestionar equipos y presupuestos. Eso sí, yo seguía diciendo que era médico, porque me seguía sintiendo médico.

Jaime del Barrio es un fiel creyente y seguidor de las redes sociales. En la foto, en un encuentro de internautas en Santander


El mejor y el peor momento de su etapa política.
Probablemente, el mejor fue la gestión de la epidemia de meningitis B, que en nuestra comunidad se hizo de forma ejemplar. Lógicamente no es fruto de mi gestión, sino de todo el equipo que tenía por entonces, y de la sociedad en la que estás. Y todo ello a pesar de que había noticias alarmantes y presión en otras latitudes no muy lejanas. Profesionales, organizaciones y ciudadanía supieron entender los mensajes que se les estaban dando diariamente, su papel y su responsabilidad. Y los resultados ahí están. En la literatura científica todavía se sigue contemplando cómo se abordó aquella epidemia. Mi mérito fue poder tener un equipo que coordinara todo esto.

Con todo, es difícil de evaluar. ¿Qué hubiera supuesto en términos de salud que las cosas no se hubieran hecho como se hicieron, o en términos de costes? Todo se hizo además dentro del sistema público, que en solo una semana supo flexibilizarse y adaptarse. Fue una situación que, cuanto más pasa el tiempo, más recuerdo de forma gratificante.

En mi vida siempre han primado los recuerdos positivos a los negativos, y siempre me dicen que me lo haga mirar, porque los negativos siempre se me borran. Pero hay una situación que ha sido la más dolorosa y la más difícil, y no porque en ese momento tuviera la responsabilidad, porque todavía no había sido transferido el Insalud. Fue la gestión del accidente del Hospital Valdecilla. Tu hospital, el hospital en el que has crecido, en un momento dado, se cae. Se cae el símbolo de una ciudad, y se lleva por delante a compañeros. Fue duro y hoy sigue siendo duro. Muchas veces, cuando recuerdo esto, rememoro la emoción de aquel momento.

Pero de todos los momentos negativos hay que leer también cosas positivas. Fue muy positivo y ejemplarizante la reacción de todos los profesionales y los ciudadanos. Cómo todos los pacientes reaccionaron pidiendo altas y gestionando todo. Es decir, cómo de una situación de caos se pasó a una situación en la que todo se gestionó favorablemente.


¿Por qué un médico internista acaba en el Instituto Roche?

Bueno, todos damos el 120 por ciento hasta un punto, y por ello es bueno y necesario a cambiar de aires. Cuando volví a dejar la política, retorné a mi plaza de médico internista, y transcurridos unos meses recibí la propuesta de poner en marcha un proyecto que partía de cero, el Instituto Roche.

En aquel momento, en 2003, estábamos viendo los inicios de la era y la Medicina Genómica. Se empezaba a hablar de cómo iba a cambiar la manera de diagnosticar y tratar a los pacientes. Y lo que en aquel momento parecía una utopía, con el tiempo se ha demostrado que era una realidad. Sin embargo, cuando me preguntan dónde empieza el buen diagnóstico en la era de la Genómica, digo que no es en una megasecuenciación, sino en una buena historia clínica. Me sigue pareciendo triste que se sigan haciendo protocolos, incluido el de la secuenciación genómica, si antes no se ha hecho una buena historia clínica.

El director del Instituto Roche advierte de la resistencia de algunos profesionales a las nuevas tecnologías


¿Esto se hace?
Me temo que no. Es difícil generalizar, pero seguro que no se hace al nivel que se debería hacer. Una máquina no va a sustituir el ojo clínico y la experiencia. Puede ayudar, puede complementar… Cuando hablamos de incluir el genoma o el exoma de un paciente en la historia clínica, hablamos de añadirlo como una prueba complementaria más. Indudablemente tiene diferencias, cualitativas y cuantitativas, pero como una prueba más. Va a eliminar algunas de las que ya hay, pero no todas.

Al final cada paciente es un caso. Y quien está validado para tomar decisiones es un buen profesional, nunca una máquina. Aunque en el centro siempre vaya a estar el paciente, a su alrededor debe encontrarse un buen profesional completo, que va a tener que saber integrar todo esto.


Después de 10 años defendiendo el mensaje de la Medicina personalizada y la Genómica… ¿Cree que el Sistema Nacional de Salud y el profesional español están preparados y formados?
La respuesta es no. Eso no significa que nos hayamos equivocado en el mensaje y que no tengamos que seguir trabajando en él. Tendremos que insistir más y que cale donde tiene que calar. En primer lugar en las universidades. En las facultades se siguen estudiando muchas de las cosas que yo estudié hace 30 o 40 años, y esto ocurre porque tenemos unos sistemas universitarios lentos y perezosos.

Respecto al sistema asistencial, ocurre exactamente igual. Ya hay estudios que demuestran el coste-eficiencia de las nuevas tecnologías. ¿Por qué no se están incluyendo en la financiación? Ahora mismo la disculpa es la crisis, pero la crisis tendría que ser una razón con mayúsculas para ser innovador y llegar de otra forma a pacientes y profesionales. En cambio, estamos siendo cicateros.

Sin embargo, habiendo sido político responsable sanitario lo entiendo, porque este mensaje lo hemos oído muchas veces y luego no ha sido verdad. Presuntamente, cada nueva tecnología nos iba a permitir ahorrar costes, pero ocurría lo contrario, que se duplicaban. Esto ha ocurrido muchas veces porque no se ha tomado la decisión gestora necesaria, y no porque la prueba en sí misma no sea válida.

En este sentido, hay que tener en cuenta el impacto económico junto con los resultados en salud de algunas medidas. De hecho, todavía está por ver que determinadas decisiones ligadas a los recortes no tengan consecuencia en los resultados en salud.

La institución que dirige Del Barrio es una las principales promotoras de excelencia empresarial en España. En la imagen, junto a la cúpula de Madrid Excelente


Entonces, ¿está en desacuerdo con los recortes sanitarios decididos a nivel estatal?
Es muy difícil generalizar. La palabra recorte no me gusta, recortar no me gusta. Recortar en salud no tiene por qué significar recortar presupuestos. Puedo estar de acuerdo en optimizar presupuestos, y hacerlo implica gastarlos en lo mejor pero manteniendo o incluso mejorando los resultados en salud. Esto es posible. Todas estas medidas, muchas veces cortoplacistas, del recorte por el recorte, se volverán contra nosotros. Aumentará el gasto y los indicadores de salud empeorarán.


¿Cómo valora la gestión del Partido Popular durante estos años de crisis?
Es complicado…
Gattaca, una película visionaria

En la mesa del despacho de Del Barrio, al lado de su ordenador, se puede encontrar una gastada edición del popular filme dirigido por Andrew Niccol Gattaca. “La tengo ahí porque la recomiendo. Me parece una buena película, y visionaria, porque cuando se hizo todavía no se había secuenciado el primer genoma humano. Y ya se trataba el argumento de una sociedad de válidos y no válidos. ¿Creo que eso es posible? Desde luego a muy largo plazo, pero nos introduce en el mundo de una Medicina a la que muchos ciudadanos no tendrían acceso si se aplicaran los criterios economicistas”. Y advierte: “Gattaca era ciencia-ficción en su momento, pero esta realidad está más cerca de lo que pensamos”.

Para ser más directos… ¿Votará al Partido Popular en las próximas elecciones generales, basándose en su política sanitaria?
(Risas) Sí, sí votaré al Partido Popular en la próximas generales a tenor de lo que ha hecho no solo en el sector sanitario sino también en otros. Y también por el respeto que tengo a la función política. Desde fuera, muchas veces no conocemos las razones que llevan a un responsable político a tomar determinadas decisiones. Probablemente la situación económica a niveles macro y micro ha hecho que la mayoría de las decisiones que se han tomado –que se han llamado recortes pero que no lo son, es utilizar los fondos de otra manera– haya habido que tomarlas.

Dicho eso, también digo que, o bien se han explicado muy mal, o habría que haber ligado estas decisiones a medidas a medio o largo plazo. Porque la sensación que tenemos es que han sido demasiado cortoplacistas, y que la salud no se ha tenido en cuenta.

No me gusta que las decisiones sanitarias se marquen desde los departamentos de economía. En mis años de responsable político, tenía muy claro que mi principal aliado en el Gobierno era el consejero de Economía, y mi presidente, claro. Y los tres decidíamos las políticas sanitarias de nuestra comunidad. Esto es lo que vengo echando en falta.

Los gastos en Sanidad no son un gasto, son una inversión. En salud, en calidad de vida, en tecnología, en creación de empleo, en creación de riqueza… Es una inversión en personas, tanto en pacientes y ciudadanos, como en profesionales. Además, no somos conscientes de lo que el sector sanitario aporta al PIB de un país. Hay que apretarse el cinturón en todo, pero nunca bajando el PIB de este país dedicado a la sanidad menos de lo que pueda ser la media europea.

El Instituto Roche promociona la Medicina personalizada en los eventos que organiza, como este de septiembre de 2013

¿Cuál fue su primer tuit?
No lo recuerdo (risas).


¿Por qué mantiene esta intensa relación con Twitter?
Todo esto no es fruto de una calentura ni de que me considere más ‘friki’ que nadie. Al sector sanitario y social ha llegado algo sin darnos cuenta: la comunicación bidireccional. Ahora ya no solo informamos y contamos cosas, sino que al otro lado hay alguien que nos responde y comparte con nosotros. Y juntos, además, podemos cambiar actitudes y decisiones. Eso son las redes sociales.

Hace año y medio concretamente, vi que las redes valoran mucho que quien esté al otro lado sea una persona con nombre y apellidos, incluso una pequeña biografía. Todo esto se puede medir y cuantificar, y la conversación es permanente. Con el mundo sanitario, el farmacéutico, el de los pacientes… Y una de las sorpresas ha sido que aparecen otros mundos que también están a tu alrededor y de los que no eras consciente.

¿Por qué? Porque los temas de salud tocan a todos. Y la teoría de los seis grados, en la que todos nos relacionamos con cualquier persona del mundo, con Facebook ha disminuido a 4,3 y con Twitter a 4,2. Es decir, que es sorprendente la capacidad de comunicación, para bien o para mal, con cualquier persona en cualquier lugar del mundo en tiempo real.

Selfie en las Brañas de Bejes, en Cantabria

Un enamorado de la montaña

Si algo destaca en la bulliciosa cuenta de Twitter de Del Barrio son fotos e imágenes de sus excursiones por las cumbres de España. “Todos tenemos diferentes aficiones. Una que a mí siempre me gustó, supongo que es porque es de las pocas cosas que he podido hacer con familia y amigos, es el senderismo. Tenía la suerte de vivir en una región como Cantabria, con alta montaña a unos 60 minutos en coche. Era raro el domingo, cuando no tenía responsabilidades políticas, que no me escapaba a hacer una ruta”.

¿Corona las cumbres que conquista con la bandera del Instituto Roche? “Alguna vez la puse. Llevo el Instituto Roche en mi ADN. Y cuando estás en montañas altas valoras el esfuerzo, el objetivo… Al final, la montaña es un ejemplo para la consecución de un proyecto o un objetivo, pero llevado de otra manera”. Su próximo reto: los Alpes.


Entonces el Instituto Roche no es un vehículo para usted, sino que usted lo es para el Instituto…
Pasa en muchas empresas. Ahora mismo los perfiles de las compañías y de los directivos, de manera recíproca, se nutren, se alimentan… No necesariamente se mimetizan o se copian, sino que cada uno de ellos aporta sus propias redes y, de esta manera, se genera una red más potente.

Me sorprende mucho la rapidez de Twitter y el posicionamiento que proporciona en las búsquedas de internet. También me sorprende la cercanía que proporciona Facebook, una red social muy empleada por las asociaciones de pacientes, y el uso que se está haciendo de Linkedin desde el punto de vista profesional: el cien por cien de la reclutación que se está haciendo en el sector sanitario se está haciendo a través de esta red.

Ya hay estadísticas que indican que el 53 por ciento de los pacientes comparten información del sector sanitario. Pero de este porcentaje, un 30 por ciento modifica su actitud en base a lo que conversa en la red. Ahora mismo, el 90 por ciento de los internautas busca temas de salud en los buscadores. Incluso el 75 por ciento de los médicos lo hace.

Llama la atención que el mundo vaya así de rápido y que, en cambio, el sector sanitario en España vaya mucho más lento. Creo que está siendo un poquito sordo y ciego a cómo se está moviendo todo esto. Si los profesionales no usan estos canales para estar en relación con los pacientes podemos perdernos cosas, los unos y los otros.

Del Barrio lleva más de una década cocinando el futuro de la Medicina personalizada desde el Instituto Roche


¿Todo es gestión?
Sí, todo es gestión. La vida es gestión, desde que naces hasta que mueres. La gestión no es aburrida, sino divertida… Es emoción, por eso cada vez que hablamos de liderazgo y de ‘coaching’ incluimos la emoción en todo esto.


¿Dónde se puede comer la mejor anchoa cántabra?
Está en Santoña. Lo digo yo y lo dice todo el mundo. Lo que pasa es que la anchoa es un mundo, como el jamón. Creemos que solo hay una, cuando hay cientos, por no decir más, de tipos, clases, calidades… Y solo hace falta ver la diferencia de precios.

Es un proceso laborioso y manual. Hay que tener en cuenta su origen: no es la misma la del Cantábrico que la de otras zonas del mundo. Invito a la gente a que vaya a Santoña a la Feria de la Anchoa, en la que se van a degustar cientos de tipos de anchoa. Ahí sí que diría que miren mucho las etiquetas… Bajo la denominación de ‘Santoña’ se venden anchoas que no están elaboradas en esta localidad, y lo pone en la letra pequeña del envase.


¿La estafa de Santoña?
Sí. Si algo tiene denominación de origen, no es normal que valga poquito. Tenemos que ser buenos consumidores y comprobar el origen de los productos que compramos.