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18/05/2014 n185
Las últimas semanas se han caracterizado por los frenéticos movimientos financieros protagonizados por los laboratorios farmacéuticos. El intercambio de cromos entre Novartis, GSK y Lilly, Valeant está en plena acometida para hacerse con Allergan, Pfizer ha presentado una ‘megaoferta’ por AstraZeneca, con ofensiva diplomática incluida… Operaciones que recuerdan al contexto de la industria farmacéutica de los 90, pero con una diferencia: el sector está mucho más concentrado, y las consecuencias de que se concentre todavía más son temidas hasta por los directivos de las compañías.
Eduardo Ortega

Si bien las compañías farmacéuticas se encuentran entre las empresas que más facturan a escala internacional, su presencia no es habitual en los medios de comunicación generalistas. Pero en lo que va de 2014 ha sido inevitable que los laboratorios multinacionales se hayan convertido en los protagonistas de la información económica y bursátil, dado que están desempeñando movimientos corporativos que recuerdan a los de los acontecidos en la década de los 90, periodo recordado, además de por el grunge y los filmes protagonizados por Macauly Culkin, por aglutinar algunas de principales fusiones y operaciones del mercado farmacéutico.

En algunos casos, los protagonistas de esta película son los mismos ahora que por entonces: Pfizer ‘amenaza’ con romper la baraja adquiriendo AstraZeneca, mientras que Novartis, GSK y Lilly se dedican a cambiar cromos entre ellas. Y como todo buen remake, tiene que haber nuevos actores en el reparto, un rol que recae en este caso en Valeant, una multinacional canadiense que no para de ganar peso en el mercado farmacéutico, gracias a su diversificación en nuevos productos (como los tratamientos oculares), líneas de negocio (mediante la adquisición de compañías de genéricos en países europeos para dotarse de presencia en el viejo continente) y mercados emergentes. Lo último, que ha presentado una mareante oferta de más de 36.000 millones de euros por Allergan, propietaria de Botox.

“Durante las últimas semanas han sido varias las operaciones corporativas que se han anunciado o que están siendo objeto de rumor”, confirma Luis Zaragoza, senior manager de Corporate Finance de KPMG en España. “Los motivos estratégicos que hay detrás de cada una de ellas varía en cada caso, si bien de forma general se persigue reforzar las divisiones estratégicas que prometen crecimientos y rentabilidades superiores a medio plazo o desinvirtiendo de sus actividades no core, aflorando plusvalías para ser destinadas a proyectos de mayor crecimiento y retorno durante los próximos años”.
Mike Pearson, presidente de Valeant


Según Zaragoza, de esta manera “se busca consolidar las carteras de productos focalizándose en áreas nicho estratégicas para los laboratorios a medio plazo. También se ha optado en alguna de las transacciones anunciadas por alcanzar acuerdos de colaboración para potenciar áreas de negocio concretas. Por último, hay operaciones internacionales en las que ha existido un catalizador significativo de naturaleza fiscal para su consecución”.

En cambio, Pablo Moreno, director de Customer Operations de IMS Health, considera que “no se puede achacar este repunte de operaciones a ninguna causa concreta. Es más bien producto de una tendencia a medio-largo plazo del sector farmacéutico que, en su maduración, requiere de este tipo de operaciones para encontrar nuevas eficiencias y seguir avanzando”. En todo caso, habla de “condicionantes” como la “existencia de sinergias en la investigación, complementariedad de capacidades comerciales en las distintas geografías, complementariedad de porfolios tanto desde el punto de vista de área terapéutica como desde la adecuación de los tiempos a los ciclos de vida de los productos… Y aunque estos condicionantes no han variado mucho en los últimos tiempos, sí que observamos algo más de estabilidad en la situación económico-financiera a nivel global, lo que también es necesario para que sigan produciéndose operaciones y para que haya voluntad política dentro de las entidades afectadas, de forma que las operaciones puedan llegar a buen puerto. También en otros sectores se puede observar una mayor actividad corporativa por este motivo”.

Cambio de cromos El fuego lo abrió la operación entre Novartis, GlaxoSmithKline y Lilly. Y es que la industria farmacéutica está acostumbrada a las alianzas y las colaboraciones, pero no a los cambios de cromos del calado anunciado: la multinacional suiza compra a la británica su negocio de productos oncológicos por un máximo 11.595 millones de euros y le vende por 5.145 millones de euros su división de vacunas, con excepción de la parte relacionada con la gripe, mientras que transfiere a la estadounidense Eli Lilly su negocio de salud animal por 3.913 millones de euros.
Ian Read, consejero delegado de Pfizer


Esto viene a confirmar que la apuesta de las grandes multinacionales pasa por la especialización, cuando hace unos cinco años la diversificación en nuevos mercados como los genéricos y los OTC era una de las tónicas dominantes. “Con la maduración del sector, hemos podido observar cómo disminuía la cantidad de lanzamientos orientados al público masivo, mientras que crecía el número de productos con una orientación más específica. La especialización en un sector terapéutico proporciona a las compañías ventajas de eficiencia tanto en investigación como a nivel comercial”, explica Moreno.

De hecho, Novartis habría optado por esta vía. La multinacional suiza, que según los analistas liderará los rankings mundiales de ventas y facturación en pocos años (aunque dependiendo de las fuentes y la consultora que aporte los datos, ya podría estar haciéndolo en ingresos), ha ‘puesto en venta’ su área de vacunas de la gripe y en noviembre del año pasado le colocó su unidad de diagnóstico de sangre a la catalana Grifols.

La gran apuesta Además de esta operación, a lo largo de los meses de 2014 que han pasado también se han culminado varias compras y se han conocido varias ofertas, además de la de Valeant por Allergan: MSD ha llegado a un acuerdo con Bayer para venderle su negocio de medicamentos no sujetos a prescripción por unos 10.190 millones de euros; la biofarmacéutica Shire se ha hecho con la especialista en enfermedades raras Lumena; Lundbeck ha anunciado la adquisición de Chelsea Therateupics (atraída por el potencial comercial del medicamento neurológico Northera)… Pero la que supondría el equivalente a un éxito de taquilla en el cine y que podría romper todos los récords del sector sigue en el aire: la compra de AstraZeneca por Pfizer.
Andrew Witty (GSK), John C. Lechleiter (Lilly) y Joseph Jimenez (Novartis)


Los primeros rumores sobre esta operación surgieron a mediados de abril, filtraciones que la propia multinacional americana se encargó de confirmar finalmente mediante dos ofertas públicas que no han convencido a las cabezas visibles de AstraZeneca, que defienden la capacidad de la compañía anglosueca de seguir la senda de los beneficios económicos desde la independencia.

Sin embargo, es cierto que no es el mejor momento para que los directivos del laboratorio puedan esgrimir esta defensa. Durante los últimos años, AstraZeneca ha abordado una serie de reestructuraciones que han supuesto el recorte de casi 5.600 puestos de trabajo, y fuentes de la industria indican que el futuro de la compañía bajo esta estrategia, que sigue sin reflejar beneficios en el ámbito económico, no está nada claro.

Es posible que por esta razón, Pfizer considere que esta oportunidad no se le puede escapar. De ahí que a sus ofertas económicas (la última supera los 77.369 millones de euros), que no se descarta que en el futuro sean hostiles, esté sumando una operación diplomática de alto alcance: la multinacional americana se ha puesto en contacto con David Cameron, primer ministro del Reino Unido, y está asegurándole tanto a él como a sus asesores que la operación no va a tener consecuencias negativas ni a nivel laboral ni de inversión para el país.

Es más, el laboratorio se ha comprometido a acabar en cinco años un centro de investigación que AstraZeneca está construyendo en Cambridge, mantener en funcionamiento una fábrica que la compañía tiene en el noroeste de Inglaterra y destinar al menos a una quinta parte del personal dedicado a investigación a tierras anglosajonas.

De hecho, para no dejar puntada sin hilo, el propio Ian Read, consejero delegado de Pfizer, se ha desplazado a Londres para llevar estas propuestas ante dos comisiones del Parlamento británico. Y, a partir de este lunes, se espera una nueva oferta de la compañía estadounidense, cuyo interés está disparando el valor de las acciones de AstraZeneca en bolsa.

Pero, ¿cuáles son las razones que mueven a Pfizer a llevar a cabo esta ofensiva? Lo cierto es que la compañía, otrora todopoderosa en el sector farmacéutico, ahora ya no lo es tanto: las patentes de sus dos principales blockbusters, Lipitor y Viagra, han caducado y la compañía se halla en plena reestructuración y especialización de su pipeline, acosada por los genéricos. Por tanto, la fusión o adquisición de AstraZeneca aumentaría su número de moléculas en desarrollo con viabilidad comercial, sobre todo en el ámbito de los medicamentos biológicos.

En cualquier caso, también podría haber razones fiscales de fondo. Cyrus Sanati, analista de Fortune y CNN, advierte de que toda la operación podría ser una “triquiñuela fiscal” y “una de las fusiones más grandes y descaradamente motivadas por propósitos fiscales”. Y es que Pfizer pagaría una tasa impositiva efectiva inferior si se domicilia en el Reino Unido. Más concretamente, Sanati indica que la multinacional estadounidense podría ahorrarse anualmente en impuestos unos 1.200 millones de dólares (casi 876 millones de euros).


Excepciones que confirman la regla
A pesar de que la concentración y las operaciones de compra son relativamente habituales en el sector farmacéutico, siempre hay excepciones que confirman la regla. Por ejemplo, Abbott, que en 2012 decidió dividirse y que los productos farmacéuticos innovadores se independizaran del resto de la compañía bajo el nombre de Abbvie.

Más reciente es la apuesta por esta estrategia de Baxter, que en marzo decidió que su rama biotecnológica siguiera su propio camino como una empresa independiente, cuyo nombre todavía no se ha decidido.
Aquellos ¿maravillosos? años De cumplirse la unión de Pfizer y AstraZeneca, se culminaría una operación muy similar a las que se rubricaron a lo largo de los años 90 y que dieron forma a la industria farmacéutica tal y como se conoce hoy. De hecho, ambas compañías son ‘hijas’ de aquellos años.

David Cameron, primer ministro del Reino Unido
Y es que la citada década fue especialmente prolífica en lo que a fusiones y compras de compañías dentro del sector farmacéutico se refiere. Por entonces, el fenómeno más destacado era el del crecimiento del mercado de Estados Unidos, que acabó igualando y superando al de los países de Europa occidental, un liderazgo que ya no volvería a abandonar.

Esta situación de cambio de paradigma provocó en las compañías procesos de descentralización, así como de fusión entre entidades, con el fin de aliviar la carga financiera de las actividades de investigación y desarrollo, así como para incrementar la penetración de los laboratorios del viejo continente en el mercado estadounidense. De estos procesos nacieron multinacionales como Novartis en 1996 y GlaxoSmithKline y AstraZeneca en 1998. También, a principios de 2000, Pfizer y Warner-Lambert anunciaron su fusión.

Nueve años más tarde, la competencia de los genéricos y la búsqueda de nuevas áreas de rentabilidad provocó la compra de Wyeth por la multinacional estadounidense (por 51.800 millones de euros) y la adquisición de Schering-Plough por Merck, dando luz a la compañía conocida en Europa como MSD (no confundir con la germana Merck Serono), por unos 32.586 millones de euros.

Cualquier tiempo pasado… Lo cierto es que, aunque se atisben semejanzas entre las operaciones, los analistas se apresuran en asegurar que “en nada se parecen las operaciones de las últimas semanas a las de los años 90. Entonces se constató de forma clara la necesidad de un mayor tamaño y una mayor internacionalización. Las compañías que había en aquel momento eran relativamente pequeñas y locales, también comparadas con las compañías más eficientes de otros sectores. Y al mismo tiempo, el crecimiento orgánico era muy agresivo. Ahora el crecimiento orgánico se ha moderado, y las corporaciones internacionales tienen un tamaño comparable al de otras grandes corporaciones en otros sectores”, indica Moreno, de IMS.

Por otro lado, considera que estos movimientos no son indicios de “crisis interna del sector. Aunque ha madurado mucho en los últimos años, el nivel de madurez varía mucho en función de la geografía, se sigue investigando a un ritmo excelente y existen interesantes oportunidades de crecimiento en varias áreas”. Además, opina que “no debemos esperar una avalancha de operaciones corporativas en los próximos tiempos”.
Pascal Soriot, presidente de AstraZeneca


En cambio, no se opina igual desde la dirección de las compañías. El futuro ya se está cociendo y auguran lo contrario, más movimientos de compañías de alto tonelaje. Según el director general de una importante compañía biofarmacéutica española, hace semanas que se rumorea en el seno de la Unión Europea que varias fusiones y adquisiciones están a punto de caramelo. “No se podía esperar otra cosa”, asegura. “Las medidas de recorte, la caída del gasto sanitario, la reducción de los precios de los fármacos, impagos… No es una situación exclusivamente española. Y las compañías tienen que actuar en consecuencia para sobrevivir”.

Si estas son las causas, el problema, indica esta fuente, son las consecuencias de estos movimientos. “El sector va a estar todavía más concentrado, esto ya no son los 90 y hay que ver el punto desde el que se parte y en el que nos vamos a quedar”. Y avisa: “Todo esto va a tener efectos en la competencia entre laboratorios”, con pocas compañías para batirse en la arena de los mercados.

Estos planteamientos podrían llevar, en un futuro, hacia un contexto temido tanto por la Administración como por la propia industria del medicamento: un oligopolio de imprevisibles efectos, dado el alcance global del comercio farmacéutico, aunque ninguna fuente quiere asomarse esta conjetura y los analistas explican que existen “leyes y organismos para evitar la excesiva concentración empresarial” y que hay que confiar en ellos.

Queda claro que un nuevo horizonte se abre para la industria farmacéutica si continúan produciéndose operaciones del calado de las de las últimas semanas. Se acabó la apuesta por la diversificación y la especialización por áreas terapéuticas se alza como la principal estrategia de futuro para las big pharma, en un mercado que se va a concentrar cada vez más en base a fusiones y adquisiciones. ¿Cómo casará esto con las restricciones del gasto sanitario y las bajadas de precios financiados de los medicamentos en los mercados estadounidense y europeo que, además, la inversión en mercados emergentes no está logrando compensar, al menos por lo pronto? Como viene siendo habitual para el sector desde que comenzó la crisis financiera hace unos años, la respuesta a esta pregunta queda en el ámbito de la incertidumbre.