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18/05/2014 n185
De joven, Julio Sánchez Fierro se debatía entre el Derecho y el mundo de la Medicina. Finalmente optó por las leyes –el sufrimiento humano le limitaba para la ciencia– y, después de licenciarse en la Universidad Complutense de Madrid, se doctoró en Alcalá de Henares. Le gustaría ser artista, pero confiesa que es “un desastre” y que lo que pinta se parece “a los dibujos de un preescolar”. Tras pasar por la patronal CEOE, su experiencia en el Insalud arrancó en 1979. Vivió de cerca la desaparición del instituto y el despliegue completo del Sistema Nacional de Salud, pero, aunque ha estado “en algunos momentos culminantes de la sanidad”, no recuerda ninguna etapa con nostalgia porque “cada momento tiene sus afanes”. Afirma que, mientras haya “salud y fuerza”, seguirá trabajando.
Sandra Melgarejo
Imagen: Pablo Eguizábal

Ana Pastor y Ana Mato acompañaron a Sánchez Fierro cuando recogió el Premio Amigo de la Discapacidad otorgado por Cermi

Su carrera es tan extensa que no sabe uno por dónde empezar… Comencemos por el principio: estudió Derecho, ¿por qué?

No fue una opción fácil porque me debatía entre el Derecho y el mundo de la Medicina. Mi padre era practicante y en el entorno familiar parecía que lo más normal era que yo siguiera esa línea. Pero, por mucho que me interesara la Medicina, era consciente de que el sufrimiento humano podría paralizar mis habilidades y mi capacidad de reacción ante situaciones difíciles. En definitiva, hay toreros y toreros, y a mí me gustaban los toros, pero no tenía vocación de torero. Así que, por mi interés hacia la persona en su conjunto, decidí que, ya que no podía estudiar Medicina, lo más integral y completo era el Derecho. 

Al final ha acabado combinando Derecho y Medicina…

Exacto, esas son las raíces. Al final conseguí compatibilizar, desde el punto de vista profesional, una vocación humanista con las limitaciones que todos los seres humanos tenemos.


Volviendo a la universidad, ¿ha seguido vinculado a esta institución?

He participado en numerosas actividades formativas, unas veces como profesor y otras como alumno. He sido profesor en la Universidad Pontificia Comillas (Icade) y en otras universidades, y ahora soy profesor del Máster de Derecho Sanitario de la Universidad CEU San Pablo. También he sido consejero delegado de la Universidad Alfonso X El Sabio, donde me correspondió ayudar a ponerla en funcionamiento. Después, las vicisitudes de la vida me llevaron a otras actividades profesionales.
Las runas no mienten
Que a Sánchez Fierro le interesa la formación es una realidad que detectan hasta las piedras. Hace unos años, en un viaje de trabajo a Chile, se topó con una mujer que leía runas a la entrada de una escuela en Vicuña, al pie de los Andes, “un lugar muy importante para la literatura porque allí nació Gabriela Mistral”. “Metes la mano, coges una piedrecita y los símbolos de la runa escogida indican algo sobre ti”, explica Sánchez Fierro, quien afirma que aquella señora no le conocía absolutamente de nada, pero que, curiosamente, al leer la runa le dijo: “Usted es profesor o enseña a la gente lo que debería hacer”. Él reconoce que se quedó “absolutamente sorprendido”.

También ayudó a poner en marcha la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE)…

Carlos Ferrer Salat –quien fundó, entre otras cosas, los laboratorios Ferrer, una de las primeras multinacionales españolas– fue quien me incorporó a la CEOE. Allí tuve la oportunidad de vivir los primeros acuerdos que hubo para ordenar la negociación colectiva en España; colaboré en la elaboración del estatuto de los trabajadores; y participé de modo directo en la puesta en funcionamiento de las nuevas instituciones en el campo de la seguridad social, del empleo y de la sanidad, tras la publicación del decreto ley, como consecuencia de los Pactos de La Moncloa, que dio lugar a la creación del Insalud, del Inserso y del INEM.

Siempre ha estado vinculado a la universidad. En la foto, en el Aula Magna de la Universidad de Navarra, en 1987

Por ejemplo, me siento muy orgulloso de haber tenido ocasión de poner en común, por parte de la CEOE, el reglamento de funcionamiento del Insalud, junto con García Díez, por parte de la Administración, y Pablo Recio, por parte de la UGT. A partir de ahí, me acerqué mucho más al mundo sanitario porque formé parte de la primera comisión ejecutiva del Insalud y, por lo tanto, vi la puesta en marcha del Sistema Nacional de Salud. También participé en la elaboración de los anteproyectos y borradores que dieron lugar a la Ley General de Sanidad de 1986; era la etapa de Ernest Lluch como ministro de Sanidad y hubo una buena interlocución.

Aquella fue una experiencia muy rica, que me permitió conocer a muchísimas personas que recuerdo con cariño. Hubo momentos de dificultad, pero tengo vivencias muy gratas. En aquel momento nada era blanco o negro, todo estaba por hacer, y las palabras ‘diálogo’ y ‘consenso’ no eran un objetivo teórico, sino herramientas de trabajo del día a día.

¿Echa de menos esos tiempos?

No recuerdo esta etapa con nostalgia porque cada momento tiene sus afanes, pero sí como algo que dejó marca en mi vida y en la manera de afrontar los temas: el diálogo y trabajar por el consenso es rentable, permite soluciones que duran más allá de las vicisitudes. Que nadie consiga su proyecto al cien por cien es bueno, porque así la otra parte no espera a que llegue el momento para poder dar la vuelta a la tortilla. Lo que conviene es dar estabilidad y confianza, y que la gente tenga perspectivas de futuro.


¿Y después de la CEOE?

Pasé al mundo universitario. En aquella tesitura, había tenido la oportunidad de conocer a José María Aznar cuando era presidente de la Junta de Castilla y León, y tuve ocasión de hacerle llegar propuestas y planteamientos para la comunidad autónoma o, después, cuando ya era líder de la oposición. Cuando el Partido Popular ganó las elecciones, me llegó el ofrecimiento –no sé si inevitable, pero sí bastante probable– de contribuir a hacer lo que yo había dicho que había que hacer.

Reunión en la UGT en 2004, con Mariano Rajoy y con el diputado del PP Eugenio Nasarre

Así surgió mi entrada en el puesto de secretario general técnico del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales para hacer dos reformas básicas: una en materia de pensiones y otra en el campo del empleo.

Concretamente, se pudo hacer una reforma laboral alcanzando el acuerdo con absolutamente todos los partidos políticos; eso deja un buen sabor de boca. Y en materia de pensiones, había que poner en marcha el Pacto de Toledo, en el que había tenido oportunidad de colaborar, y para ello hacía falta un acuerdo entre empresarios, sindicatos y Gobierno. Con los empresarios no fui capaz de alcanzar el acuerdo, pero sí con los sindicatos, y de ahí salió el plan de pensiones con el que hemos vivido desde 1997 hasta, prácticamente, hoy. También fue una experiencia muy grata, aunque no satisfactoria al cien por cien porque me hubiera gustado que el acuerdo fuera total.
Viajero por amor al arte
Sánchez Fierro siempre procura combinar sus dos grandes aficiones: viajar y la historia del arte. Así, ha visitado una exposición de Picasso en Canberra (Australia), ha visto el arte colonial español en Chile y, recientemente, ha estado en Toledo con motivo del IV centenario de la muerte de El Greco.

¿Sus artistas preferidos? “Me impactan Kandinski y Picasso, pero me gustan más Tiziano, El Greco y Velázquez. El hiperrealismo de Antonio López me gusta, pero me hace pensar en una fotografía muy técnica, mientras que el espíritu que reflejan el manejo de las luces de Velázquez o los colores de El Greco me llena mucho más”.

Y de ahí, al Ministerio de Sanidad…

Sí, pero antes tuve la oportunidad de ser elegido diputado en la Asamblea de Madrid y fui secretario de la Mesa de la Asamblea. Tras esto, pasé al Ministerio de Sanidad y allí tuve una experiencia muy intensa, muy rica en contenidos y en novedades. Y posteriormente, cuando la fase en el ministerio terminó, pasé al Congreso de los Diputados, donde estuve en la Comisión de Sanidad y en la Comisión del Defensor del Pueblo. La experiencia en la Comisión de Sanidad también fue muy positiva.

¿Qué tal la relación con las ministras de Sanidad?

Fue Celia Villalobos quien me llamó para colaborar con ella como subsecretario del ministerio. Luego, en la etapa en el Congreso de los Diputados, trabajé codo a codo con Ana Pastor durante ocho años, una experiencia que recuerdo con gran cariño y afecto, y siempre le estaré agradecido por la oportunidad que me dio. Posteriormente, consideré que mi fase de ejecutivo y legislativo había pasado, y que tenía que cerrar este paréntesis dedicado a la actividad política y retomar mi carrera de abogado. Esta es la razón fundamental por la que no quise continuar en esta línea ejecutiva. La actual ministra Ana Mato, por la que siento una admiración y un afecto muy grande, me ofreció la posibilidad de colaborar activamente con ella en el Consejo Asesor de Sanidad y me hizo muchísima ilusión, porque consideré que en esta etapa de mi vida profesional podía ser más útil dando consejos, fruto de mi experiencia y de mi ejercicio profesional.


Pero Ana Mato también le ofreció en 2011 la posibilidad de ser de nuevo alto cargo ministerial, ¿no es así?

Sí, pero yo consideraba que mi etapa a estos efectos estaba concluida y que podía ser perfectamente útil de otra manera, permaneciendo en su entorno y compartiendo la experiencia que había acumulado a lo largo de los años en este terreno.

¿Mato le ha reiterado el ofrecimiento?

Creo que esas cosas están más en el ambiente que en la realidad. Somos amigos, la tengo un profundo respeto y afecto, pero ella ha tenido en cuenta siempre cuál es la voluntad de cada uno en cada momento.

Junto a José María Pino, presidente de Sanitaria 2000, durante la reunión del jurado de los I Premios Reflexiones, que ya van por la XII edición

Nunca se puede decir “de esta agua no beberé”, pero yo no tengo sed de poder, sino de agua de Lozoya. De ahí no paso.

¿No se arrepiente entonces de haberle dado calabazas?

No. Procuré ser coherente conmigo mismo y ser agradecido, y le expresé mi voluntad de colaborar con ella. He vivido etapas distintas, cada una con sus gozos y sus sombras, y ahí está esa experiencia para lo que pueda valer. Y, aunque tengo algo de experiencia, todavía estoy hambriento de saber más cosas. En este momento me interesan otras materias del mundo sanitario en las que he procurado especializarme, porque me gustan y por vocación, como la dependencia y los medicamentos biológicos. Además, en la actualidad colaboro con el bufete De Lorenzo Abogados y soy miembro de la Asociación Nacional de Derecho Sanitario.

Sánchez Fierro con el entrenador del Real Madrid

Jugador polivalente
“A Sergio Ramos unas veces le toca defender y otras, marcar un par de goles”. Este es el símil que utiliza Sánchez Fierro para explicar que, durante una etapa de su vida, representó a las empresas privadas y, después, al Gobierno. ¿Futbolero? “Sí”. ¿Del Real Madrid? “Por supuesto”. Considera que Carlo Ancelotti es “una persona equilibrada y un magnífico entrenador”, y que ha estado “muy cerca” de conseguir el triplete.

De hecho, usted participó en la elaboración de la Ley de Dependencia, ¿qué opina ahora de su desarrollo? ¿Era lo que se pretendía?

No es lo que se pensó exactamente y, por otra parte, el discurrir de los años –la ley es de diciembre de 2006– debería servir de piedra de toque para ver qué cosas habría que corregir, ajustar o mejorar. Lo que la Ley de Dependencia tenía que facilitar eran servicios a las personas dependientes y apoyo institucional a los cuidadores familiares. La ley señala como excepción las ayudas económicas porque lo fundamental son las prestaciones en especie, es decir, los servicios. Sin embargo, la entrada en circulación de la ley coincidió con diversas convocatorias electorales y, evidentemente, la puesta en marcha de los nuevos servicios requería un tiempo, pero las ganas de decir que la Ley de Dependencia ya estaba funcionando llevó a que algunos interpretaran “ahí va el dinero y,

Sánchez Fierro es miembro de la Asociación Española de Derecho Sanitario

luego, ustedes buscan los servicios”. Fue una solución mala que tergiversó el sentido de la ley porque, una vez recibido el dinero, ¿dónde estaban esos servicios? Esto originó una cierta decepción.

Habría que salvar la parte positiva de la ley, pero contextualizándola: el dinero es importante para todo el mundo, pero para las personas dependientes lo primero son los servicios. En este sentido, es ciertamente importante combinar sanidad y servicios sociales, y en este momento la Ley de Dependencia se nos queda corta.

Recapitulando, ¿en qué faceta profesional se siente más cómodo?

Si hago un balance general, diría que me siento contento de lo que he hecho en cada momento. Me considero una persona afortunada porque he tenido oportunidad de participar en algunas decisiones que han sido importantes y que tienen consecuencias positivas para el conjunto de la sociedad. Casi siempre me habría gustado haber tenido más tiempo para terminar lo empezado en cada fase, pero sin afán de perfeccionismo, sino, simplemente, porque las realidades sociales son realidades dinámicas. A priori, no me gusta renunciar a nada; el tiempo es el que va mandando lo que puedes hacer y, mientras haya salud y fuerza, seguiré trabajando.