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11/05/2014 n184
Cuando me toca hacer guardias de noche, mato el tiempo leyendo los periódicos digitales y, de vez en cuando, me encuentro con noticias que me alegran la existencia, como la que he visto esta semana: Berlusconi cumple condena atendiendo a ancianos en un geriátrico. Es que fue leerlo y salir corriendo en busca de compañeros para comentar la jugada y partirnos de risa imaginando las consecuencias que puede tener semejante decisión judicial. Parecerá una tontería, pero, dándole vueltas, se nos pasó la guardia en un pispás.

Resulta que Silvio fue condenado a cuatro años de cárcel por un delito de estafa fiscal de 7,5 millones de euros en la compraventa de derechos televisivos. La pena se le rebajó a un año gracias a un indulto, pero el tribunal tenía que resolver si la cumplía en casa o haciendo servicios sociales. Para regocijo del público, la decisión final ha sido que dedique a los ancianos por lo menos un día a la semana y por un tiempo no inferior a las cuatro horas consecutivas.
A mí me parece maravilloso, aunque no sé si los inquilinos del centro estarán tan encantados con la idea como yo… Es que solo de pensar en los fiestones que ha montado el político, los famosos ‘bunga-bunga’, se me vienen a la cabeza un montón de imágenes hilarantes. Sería tan bonito que se emitiera su condena, a modo de ‘reality show’, a través de Telecinco…

No obstante, y ahora me pongo serio, en el centro residen pacientes de alzheimer. Muchos no reconocerán a Berlusconi, puede que hasta piensen que es un nuevo vecino (tanta fiesta despista, pero en septiembre cumplirá 78 años). Lo que espero es que esté bien vigilado y asesorado por los verdaderos profesionales que trabajan en el geriátrico, y que no tengamos que pasar de las risas al lamento, porque yo de este personaje no me fío ni un pelo.