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04/05/2014 n183
Sonia López Arribas
“Espero que el fantasma del Colegio
expulse a los espíritus malignos”

La presidenta del Colegio de Médicos de Madrid siempre tuvo claro que se dedicaría a la Psiquiatría. Sonia López Arribas, la segunda de cuatro hermanos en una familia tradicional, reconoce en una entrevista con ‘Revista Médica’ que su padre, médico especialista en análisis clínicos, se sorprendió cuando le dijo que ingresaba en la carrera militar. De su paso por la academia recuerda sus carreras con el barbuquejo, el cetme y la bronca que le echó la oficial cuando se quedó dormida en la llamada ‘generala’. Con respecto al conflicto surgido en la Junta Directiva de la organización colegial, que la mantiene enfrentada al resto de miembros, reconoce que su marido (también militar) y su homólogo (y gran amigo) en Cantabria, Tomás Cobo, son su gran apoyo en estos momentos difíciles.


Cristina Mouriño / Imagen: Pablo Eguizábal
Nació en Madrid el 5 de marzo de 1968.

Es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Psiquiatría en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid.

Asumió la presidencia del Colegio de Médicos
de Madrid el 16 de junio de 2012.

Anteriormente, ejerció como médico de vuelo (1996) en el Centro de Investigación de Medicina Aeroespacial de Madrid y en el Centro de Buceo de la Armada
en Cartagena (1997).
¿Cómo recuerda su infancia?
La primera infancia, desde los siete hasta los doce años, la recuerdo con bastante cariño. Soy la segunda de cuatro hermanos en una familia tradicional. Siendo la hija ‘sándwich’, es decir, la segunda por arriba, recuerdo mi infancia con bastante cariño y familiaridad.

Javier Fernández-Lasquetty, exconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, acompañó a Sonia López Arribas el día que esta tomó posesión del cargo de presidenta del colegio

En la adolescencia empecé a estudiar seriamente, y fue dura, en cuanto a los altibajos emocionales hasta que defines la personalidad. A partir de ahí, me he pasado toda la vida estudiando hasta la actualidad, en la que sigo estudiando el tiempo que puedo.

¿Siempre tuvo claro que quería estudiar Psiquiatría o pensó en alguna otra opción?
Curiosamente, Psiquiatría fue mi primera opción desde que aprobé el MIR, al año siguiente de acabar la carrera. Aprobé con buen número y elegí la especialidad en el Hospital La Paz, que era un hospital de primer orden y que, además, era el más cercano a mi domicilio. Siendo R2 de Psiquiatría me presenté a las Fuerzas Armadas y aprobé, así que dejé la plaza de Psiquiatría de La Paz para irme al ejército.



¿Cómo fueron los años como estudiante? ¿Alguna anécdota de este periodo o de la oposición de militar?
Los años de estudiante fueron duros. Medicina es una carrera que requiere dedicación exclusiva. La anécdota que más recuerdo es que mi vecino de abajo decidió comprarse un piano de cola justo cuando empecé Medicina.

La ministra Mato le ha mostrado su apoyo en varias ocasiones

Se pasaba los días enteros haciendo escalas y yo sólo las oía en el momento en el que me sentaba a estudiar. Acabé teniendo que dejar mi cuarto para pasarme las horas muertas en la biblioteca hasta la hora de cierre. El piano de cola de mi vecino y sus escalas me desterraron a la biblioteca. Los fines de semana tenía que buscarme la vida para encontrar dónde estudiar, porque quien piense que en Medicina es suficiente con estudiar un poco, no conoce esta profesión.

¿Tuvo algún referente profesional o familiar que le animara a hacer Psiquiatría?
Mi padre era médico y se dedicaba a la rama de análisis clínicos. Trabajaba en el Hospital Santa Cristina, así que tenía un referente médico, pero no en la Psiquiatría. Por aquel entonces, la psiquiatra Inés López-Ibor era ya una buena amiga mía, así que le tenía cierto cariño a la especialidad gracias a ella.

¿Y por qué optó por la Psiquiatría militar?
Estando de R2 en el Hospital La Paz me ofrecieron la posibilidad de presentarme a la oposición oficial de las Fuerzas Armadas. Era una oposición durísima, con cinco exámenes autoexcluyentes  que era complicado pasar.
ORGULLO Y SORPRESA
López Arribas reconoce que su padre, también médico, se llevó una “gran sorpresa” cuando se decidió por la carrera militar, en la que no hay antecedentes familiares, pero asegura que también estuvo orgulloso de esa elección. “Por otro lado, me he criado en una familia de farmacéuticos desde mi bisabuelo, farmacéutico de Griñón”, añade.
Me presenté para afianzar mi situación laboral. Era una forma de tener un puesto en propiedad, y así fue. Aprobé y en cuanto pude hice de nuevo la oposición en el ejército para hacer Psiquiatría Militar, pues entonces no se entraba directamente como ahora. Tienes que pasar por las academias, en mi caso fue Zaragoza, San Javier y Marín, y ya sales de teniente. Posteriormente te destinan dos años a algún sitio, y después ya puedes presentarte a la oposición de Psiquiatría. Era troncal y fueron 40 temas de Psiquiatría. Volví a aprobar.

¿Qué anécdota destacaría de los años en la academia militar?
Tengo miles de anécdotas pero recuerdo con especial cariño cuando llevaba dos meses en el campamento de San Gregorio; corriendo como una loca con el barbuquejo y el cetme, pensaba: “Estoy peor que mis pacientes. ¿Cómo he podido dejar la comodidad de ser un residente de La Paz y venir aquí a malvivir, a correr, a reptar, a mal dormir y no poderme lavar?”.

Otra anécdota que nos pasó a las mujeres que, por entonces, hacíamos a la carrera militar fue que desconocíamos qué eran las generalas. Es una llamada a toda la compañía y tienes que ponerte en activo. Como las mujeres llevamos poco tiempo en el ejército y no hemos hecho la mili, todas estábamos dormidas en la generala y tuvimos una bronca tremenda. Aunque hubo momentos duros, la verdad es que tengo muy buen recuerdo.

Con Carlos Amaya, quien ocupó el cargo de asesor de Presidencia, una de las figuras que creó al ser elegida presidenta

Durante su residencia, ¿recuerda algún caso clínico que le impactara?
La residencia en La Paz era un tanto curiosa porque a partir de las tres de la tarde el residente se quedaba solo y el adjunto se quedaba localizado. Te salían dientes sí o sí porque tenías que brear con todo y en La Paz hay mucho volumen de pacientes. Me llamó la atención un ancianito, que fue mi primera guardia. Tenía noventa y tantos años, tuvo un cuadro de agitación y había 14 personas reduciéndole. El personal de seguridad llamó al psiquiatra de guardia, que era yo, y cuando llegué vi a 14 personas reduciendo a un ancianito que medía un metro y medio. Entonces dijeron: “Ha llegado el psiquiatra de guardia, ¡soltadle!”. Y yo respondí: “¿Cómo que soltadle? ¡Todos con él!”. Esta fue la más impactante. Gracias a la fuerza de la palabra y la autoridad conseguí reducirle con relativa facilidad.

Su marido también es militar, ¿cómo se conocieron?
Antes de hacer la especialidad de Psiquiatría, he sido médico de vuelo, médico especialista en accidentes de buceo y, aún antes de eso, fui enviada como jefe de Sanidad al portaaviones ‘Príncipe de Asturias’. Mi marido estaba destinado en una escuadrilla de helicópteros en aquel entonces, y coincidimos en una navegación en septiembre de 1996. Fue un flechazo; al finalizar la navegación comenzamos a salir juntos y, desde entonces, no nos hemos separado.

Su marido es natural de Santander y, tanto usted como él, guardan una excelente relación de amistad con el presidente del Colegio de Médicos de Cantabria, Tomás Cobo. ¿Se ha sentido arropada por él u otros presidentes en el conflicto que vive el Colegio de Médicos de Madrid?
Ha habido presidentes muy cercanos y he de agradecerlo, pero en Tomás he encontrado un absoluto aliado. Es una persona que valora lo humano y lo profesional de las circunstancias. Es un señor.



El nombre de su marido saltó a los medios durante el conflicto en la Junta Directiva del colegio, ¿cómo le ha afectado? ¿Ha sido su apoyo en estos momentos de tensión?
Mi marido ha sido mi máximo apoyo desde que comencé con esta aventura, tanto por su inteligencia para aconsejarme en muchos planos diferentes, como por otras cualidades que sí derivan de su profesión y experiencia, como la valentía, tenacidad, capacidad de estrategia y, sobre todo, dignidad por encima de todo. ¿Cómo le ha afectado? Pues es muy probable que gravemente para su carrera, porque los que quieren apartarme del colegio sabían lo importante que era su apoyo para mí, y le han intentado amedrentar denunciándole ante el Ministerio de Defensa, primero, y ahora en el juzgado junto a mí.

Asistencia y defensa del colegiado, ¿cómo compagina estas dos facetas? ¿Le dejan tiempo para aficiones?
El colegio es una institución entrañable y te absorbe las 24 horas del día, así que prácticamente no existe el tiempo de descanso.
DE VUELTA A MADRID
Tras aprobar la oposición de Psiquiatría Militar, Sonia López Arribas obtuvo plaza en el Hospital del Aire. Una vez que salió de allí como especialista, su primer destino fue el Hospital Militar de Valencia, hasta que consiguió regresar a Madrid, al Hospital Militar Gómez Ulla.
Aun así, intento mantener el mayor equilibrio posible entre mi vida personal, profesional y la representación institucional que tanto orgullo me produce.

En el último año, inevitablemente un poco a costa de la asistencia a mis pacientes y mucho a costa de mi familia, no he tenido más remedio que dedicar al colegio la mayor parte de mi esfuerzo diario. En una situación normal, no tendría que ser así, por supuesto, y espero que podamos librar pronto al colegio de la injerencia de intereses externos y alcanzar una situación de normalidad.

¿A qué le gusta dedicar el tiempo libre?
Me encanta viajar. Hasta hace un año, mi familia y yo nos íbamos, cada dos por tres, unos días por ahí. Pero últimamente, dada la situación que tengo, no puedo ausentarme del colegio por mucho tiempo. Pero espero recuperar ese hobby que es tan preciado por mí y por mi familia.

López Arribas en la biblioteca de la sede colegial

El conflicto surgido en la institución que preside le ha dado mayor protagonismo en los medios, ¿la han reconocido por la calle?
Aunque mantengo lo máximo que puedo el anonimato, sí es cierto que en misa, en algún acto institucional o en algún sitio comprando, se me quedan mirando o se me ha acercado alguien a preguntarme si soy la presidenta del Colegio de Médicos.

Siempre que alguien me ha reconocido me ha saludado con simpatía. Pero lo que más me anima a continuar, es que, cuando acudo a actos institucionales en hospitales, clínicas, centros sanitarios, es cada vez más frecuente que se me acerque alguien vestido de bata que no conozco y me diga, con cariño y tratándome de tú como si me conociera, “no se te ocurra dimitir ahora, ¿eh?”, “por favor, no te vayas del Colegio” o “sabemos lo que estás haciendo, sigue así”.

¿Ve alguna solución a este enfrentamiento? ¿Ha pensado en tirar la toalla en algún momento?
Cuando los conflictos son personales, como psiquiatra que soy, intento resolverlos; porque creo que si es un conflicto entre personas es fácil de resolver, simplemente tienen que ceder las partes y acercar posturas. Pero me gustaría aclarar que la imagen de un enfrentamiento personal es una distorsión que no se ajusta a lo que está ocurriendo. Puede que alguien se lo tome como algo personal, pero todo el mundo tiene que saber que el origen de todo, absolutamente todo lo que está ocurriendo en el Colegio de Médicos de Madrid, obedece exclusivamente a una serie de intereses económicos ajenos a la inmensa mayoría de los colegiados, e incompatibles con sus intereses generales.

El acuerdo entre personas sería seguramente posible, lo que lo hace imposible son los intereses externos. La única solución que tiene este conflicto es convocar elecciones. En ningún momento me he planteado tirar la toalla. Convocaré elecciones y me iré.



Se ha criticado su falta de autoridad ante la Junta Directiva. ¿Su condición de militar no le ha servido para imponerse?
La Junta Directiva es un órgano colegiado. Ningún miembro de la Junta puede imponerse a los demás, por lo que mi condición de militar no me sirve para ello. Sí me sirve para valorar la falta de lealtad,
AMOR A DISTANCIA
Su marido, principal apoyo en el conflicto surgido en la Junta Directiva del Colegio, también es militar. López Arribas señala que desde que se conocieron siempre han estado muy unidos, pero que también han pasado “años destinados cada uno en una esquina de la Península”, turnándose para que los niños vivieran con el que estuviera “en un destino más estable”.
y para mantener la calma y defender mi posición ante las situaciones en las que me encuentro a diario. Yo no ejerzo mando sobre los demás, pero sí tengo todas y cada una de las funciones y atribuciones que le dan los estatutos al presidente del Colegio de Médicos de Madrid, que ejerzo plenamente, y exigiré el respeto a cada una de ellas, en cualquier foro en el que sea necesario.

El Colegio se sitúa en el antiguo edificio del Hospital Clínico San Carlos, ¿conoce alguna anécdota curiosa en sus más de 100 años de historia?
El edificio del Colegio tiene el primer aljibe que tuvo Madrid. Dentro, su biblioteca destaca no sólo por su belleza, sino también por su riqueza de sabiduría médica. Como anécdota, los viejos del lugar dicen que hay un fantasma, porque por la noche, dicen, se oyen ruidos. Espero que este ‘ilustre’ personaje nos acompañe de forma simpática y, si no, por lo menos, que expulse a algún espíritu maligno que pulule por aquí.