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04/05/2014 n183

Elección de las plazas MIR en el Ministerio de Sanidad 
Los médicos que tomarán posesión de su plaza MIR durante este mes de mayo comenzarán su residencia ilusionados y dispuestos a afrontar jornadas interminables de trabajo con tal de formarse bien como especialistas. Entran en un sistema que constantemente es calificado como el mejor para la docencia médica; sin embargo, no existen parámetros ni agentes que evalúen su calidad, algo imprescindible cuando los servicios están más centrados en sacar adelante la asistencia con los escasos recursos de los que disponen, que en prestar toda la atención que merece la formación de sus residentes.
Hiedra García
Sandra Melgarejo
“El médico tiene que trabajar mucho, sobre todo por las guardias de 24 horas, pero hay que afrontar estos años de residencia y ver el esfuerzo como una oportunidad para aprender”, relata Guillermo González, exalumno de la Universidad Autónoma de Madrid que, tras haber conseguido el número uno en el examen MIR este año, se formará en la especialidad de Dermatología en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. Tendrá de compañera a la número dos del MIR, Rosa María Ceballos, que ha elegido la misma plaza.

Los dos han mostrado a ‘Revista Médica’ sus ganas de empezar la residencia, aunque saben que durante los cuatro años que dura la formación especializada en Dermatología perderán el tiempo que antes dedicaban a familia, amigos y aficiones. Guillermo cree que “al principio, el cambio será duro”, pero está seguro de que acabará acostumbrándose. “Hay que intentar ilusionarse con el trabajo y disfrutar con él”, subraya.

Los nuevos MIR aguardan ante las puertas del Ministerio de Sanidad a que llegue su turno para elegir plaza


“Como estudiantes de Medicina, estamos preparados para trabajar duro y, si además es algo que nos gusta, creo que lo podremos llevar bastante bien”, comenta por su parte Rosa María. La número dos del MIR acudió el día de la adjudicación de plaza a la sede del Ministerio de Sanidad con un cartel en defensa de la sanidad pública prendido a la camisa. Es alicantina, estudió en la Universidad Miguel Hernández, tiene 29 años y ya es especialista en Neurología, disciplina que cursó en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

“Estoy segura de que el MIR va a ocupar la mayor parte de mi tiempo y, desde luego, va a ser una de mis prioridades, pero no la única. Es probable que no pueda dedicarle a mis aficiones todo el tiempo que me gustaría, pero intentaré no dejarlas por completo de lado”, comenta Rosa María como declaración de intenciones. No va a ser fácil, pero está ilusionada por pasar de una especialidad médica a una médico-quirúrgica y por conocer “a mucha gente nueva” en La Paz.

El mayor miedo, la responsabilidad frente al paciente
Tanto Guillermo como Rosa María señalan la responsabilidad que contraerán con los pacientes como el paso más grande de la residencia. Es algo inevitable, “no hay otra manera de estar completamente preparado para el día a día del hospital que tener uno mismo la responsabilidad

El número uno del MIR, Guillermo González, hará Dermatología en el Hospital La Paz de Madrid

sobre tus pacientes y coger experiencia”, asegura Guillermo.

Esa responsabilidad la irán adquiriendo con el tiempo, ya que, al principio, estarán guiados y supervisados por residentes mayores y adjuntos. En el primer año, rotarán por distintas especialidades y harán guardias en Urgencias. “Será un año muy bonito porque es el salto de estudiante universitario a la vida profesional”, espera Toni Soriano, número tres del examen MIR de este año. Toni se formará como cardiólogo en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

Este exalumno de la Universidad Autónoma de Barcelona asegura que en su paso por la facultad ha podido trabajar con varios equipos de diferentes servicios durante las prácticas. Sin embargo, “eso no nos da la experiencia necesaria para enfrentarnos al día a día nosotros solos”, confiesa. Para solventar estas primeras inseguridades, los jóvenes médicos ponen sus esperanzas en la vocación docente y en la ayuda de sus tutores, a quienes piden que sean sus guías a lo largo del proceso de formación y que sean exigentes, pero comprensivos.

Para Toni, la prioridad del residente es “formarse como clínico”, pero cree que también es positivo formar parte de algún proyecto de investigación. Ninguno de los MIR preguntados descarta la investigación, aunque tengan que “dedicarle parte del tiempo libre, fuera de la jornada laboral”, como explica Guillermo, el número uno del MIR. Por su parte, Rosa María comenta que “aunque la mayoría del tiempo esté dedicado a la clínica, en gran parte de los servicios se permite investigar y muchos dan facilidades para ello, ya que se considera parte de una buena formación como especialistas”.

De mudanza
El cambio de casa como consecuencia de la elección de plaza es habitual. Más de la mitad de los residentes tiene que desplazarse de comunidad autónoma, según una encuesta publicada el año pasado por el Ministerio de Sanidad. Quedarse o no en su lugar de origen es uno de los factores más importantes que tienen en cuenta a la hora de elegir hospital; de hecho, los tres primeros MIR de este año, que podían optar a cualquier servicio de España, han decidido no mudarse o no irse muy lejos, “afortunadamente”, confiesa Guillermo, el número uno. En el caso de Rosa María (número dos), que es alicantina, ya vivía en Madrid desde hace unos años, donde tiene “muchos amigos” y a su hermana. “Además, estoy muy cerca de Alicante”, comenta. Toni Soriano (número tres) es de una localidad catalana, Sentmenat, que está “a 40 minutos en coche de Barcelona”, donde tiene la plaza. “Por suerte, tengo a la mayoría de amigos y a mi familia muy cerca, así que no se puede decir que el MIR me haya obligado a dejar atrás a la gente de mi alrededor”. “En lo personal, estoy muy ilusionado por lo que comporta independizarme e ir a vivir con mi pareja”, relata Toni.
Trabajar de 8 a 15 horas es ciencia ficción
Francisco Javier López Cánovas fue el primero del MIR hace dos años y eligió Psiquiatría en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. Afirma que sus expectativas de formación se están cumpliendo “por cada día de trabajo y por cada paciente tratado”, y, sobre todo, gracias a los “maestros” que ha encontrado entre sus compañeros adjuntos y residentes. Lo que más le ha sorprendido es “la cantidad de diagnósticos relacionados con la especialidad que exceden lo estudiado en la carrera de Medicina, es decir, de lo biológico. En Psiquiatría hay una frontera poco definida entre los síntomas psiquiátricos médicos y aquellos que se generan por sucesos vitales. No imaginaba que estos últimos fueran tan importantes y frecuentes en la práctica clínica diaria”.

“Estar en contacto con la excelencia” era lo que quería Ignacio Hernández Medrano cuando optó por hacer la residencia de Neurología en el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

Rosa María Ceballos, número dos, ha elegido lo mismo que el primer MIR: Dermatología en La Paz

Dos años después de terminar el MIR, asegura que sus expectativas incluso se superaron: “He encontrado a profesionales brillantes, punteros, muy trabajadores, muy responsables y excelentes”. Además, reconoce que, antes de empezar, pensaba que “el sistema público era un desastre y que se hacía todo mal, tarde y descuidado”. Nada más lejos de la realidad: “Todo se hace llamativamente bien y la gente es muy cuidadosa con su trabajo. Evidentemente, hay excepciones negativas, pero no es la tónica general”.

Las perspectivas formativas se cumplen. ¿Y las investigadoras? A Francisco Javier le da tiempo “a trabajar, a leer muchos libros y a vivir muchas experiencias como métodos de aprendizaje”, pero aún no ha podido incorporar la investigación a su rutina. En el día de un MIR faltan horas y la labor asistencial es la que manda. Ignacio sabe bien que “los residentes tienen que asumir carga asistencial más allá del horario laboral reglado de 8 a 15 horas, no librando guardias y trabajando por las tardes muchas veces”. No obstante, él hizo un esfuerzo y pudo formarse también en gestión y hacer algo de investigación. Eso sí, “con gran sacrificio y fuera del horario de trabajo. Cuando eres residente, el horario de 8 a 15 es totalmente ficticio y quedan muy pocos huecos libres para la vida personal, pero los vas encontrando”.

Ignacio señala que quienes hacen la residencia clínica en un hospital como el Ramón y Cajal están “bastante acostumbrados a ir siempre con agobio, estrés y poco tiempo”. En sus dos primeros años como residente, Francisco Javier asume que ya ha tenido que renunciar a algunos proyectos vitales, pero está “satisfecho” con el tiempo libre que la residencia deja a su disposición. “Aunque si pudiera pedir más, querría más”, reconoce.

Los tutores son “víctimas de una trampa”
Los tutores de residentes son quienes se ocupan de las necesidades de los MIR y trabajan por que queden cubiertas de la mejor forma posible. Además, su papel como orientadores profesionales resulta clave en el desarrollo de un especialista. Tanto Francisco Javier como Ignacio hablan de tener una relación “excelente” con ellos. Pero el neurólogo va más allá y señala que ha costado mucho que se entienda el Real Decreto 183/2008, de 8 de febrero, por el que se determinan y clasifican las especialidades en Ciencias de la Salud y se desarrollan determinados aspectos del sistema de formación sanitaria especializada. “Afortunadamente, la situación ha mejorado mucho en los últimos años y, en la actualidad, los tutores comprenden que tienen que tener un papel activo y real con los residentes para que su formación sea completa”.

Toni Soriano, el tres, se formará como cardiólogo en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona


Sin embargo, Ignacio no culpa a los tutores de la falta de implicación. Al contrario, los considera “víctimas de una trampa”. “Hacen una labor que está profesionalizada en todo menos en la incentivación. Ni siquiera piden una remuneración económica, sino un día libre al mes. Con honrosas excepciones, no se les concede y no disponen de tiempo porque también están absorbidos por la carga asistencial, que es a lo que se tienen que dedicar en primera instancia”, detalla el exresidente, quien opina que, si la Administración realmente quiere aportar por el MIR, tendría que “ser consecuente y reconocer este trabajo como tiempo efectivo”.

Con todo, a Ignacio le surge una duda: “Si el sistema todavía no ha sido capaz de implantar el Real Decreto 183/2008 y han pasado seis años, ¿va a ser posible implantar un Real Decreto de troncalidad, que distribuye a las especialidades MIR en cinco troncos con un periodo de formación común y que conlleva un cambio de mucha más envergadura? Es una pregunta que hay que hacerse antes de dar el paso porque supone una reforma del sistema, con todo lo que eso implica para los hospitales”.

Puntos a mejorar en el sistema MIR:
- Incentivar la labor de los tutores de residentes.
- Homogeneizar la formación entre los diferentes hospitales y dentro de cada centro.
- Establecer un sistema de evaluación común que permita comparar la formación especializada de los diferentes países.
- Que la calificación obtenida en el MIR tenga impacto real.
Homogeneidad, evaluación y calificación
Decretos aparte, en su segundo año de residencia Francisco Javier encuentra el sistema MIR “bastante satisfactorio”. Desde su punto de vista, lo que le falta para satisfacerle completamente es que garantice una formación homogénea, tanto entre los diferentes hospitales como entre las diferentes secciones dentro de un mismo centro.

Francisco Javier López, primero del MIR hace dos años, hace Psiquiatría en el Hospital La Paz

“Algunas rotaciones del programa MIR tienen exceso de carga en algunas prácticas asistenciales concretas. Se pierde así parte del sentido docente, porque se echan en falta otras prácticas, igualmente importantes, que el residente debería conocer y aprender”, comenta.

No obstante, el MIR sigue siendo uno de los mejores sistemas de formación médica especializada del mundo… ¿O no? Según Ignacio, “no hay nada que demuestre que eso es cierto; únicamente, la impresión generalizada de que cuando los médicos españoles salen al extranjero son bien valorados. Pero, en realidad, no hay pruebas de evaluación que permitan comparar la formación especializada de los diferentes países. Sería una reforma que habría que hacer”.

Para el neurólogo, otro aspecto a mejorar sería que la calificación que los residentes obtienen al final de la residencia tuviera impacto curricular real. “Da igual que sea suficiente, destacado o excelente; la calificación no va a ningún sitio. En Latinoamérica sí se solicita, pero en España nadie lo hace y no hay una norma que lo exija. Eso es claramente deficitario desde el punto de vista de la evaluación y de la motivación”.

Perspectivas de futuro
A Francisco Javier le queda la mitad del MIR, dos años más que imagina que serán muy similares a los anteriores en cuanto a rutina y sensaciones diarias, pero con dos matices:

El neurólogo Ignacio Hernández terminó el MIR en el Hospital Ramón y Cajal hace dos años

tendrá más autonomía y responsabilidad a la hora de trabajar con pacientes, y tendrá que elegir rotaciones optativas en función del campo de la Psiquiatría que más le interese. ¿Y después del MIR? Todavía no lo tiene claro: “Cada día se me ocurren nuevos proyectos que antes ni hubiera imaginado: diferentes ciudades donde trabajar, diferentes formas de ejercer la Psiquiatría, quizá alguna otra actividad incluso fuera de la Medicina... Espero que después de un par de años, y con algo más de camino andado, pueda ir viendo qué es lo que quiero”.

Cuando acabó la residencia, Ignacio pasó a ser el jefe de Residentes del Ramón y Cajal, una figura que solo está implantada en tres hospitales españoles (también en La Paz, de Madrid, y en el Virgen de la Arrixaca, de Murcia) y que él considera “muy recomendable”. “Se trata de una labor parecida a la del jefe de estudios, pero más enfocada hacia el residente: mediación en conflictos personales, guardias, evaluación, formación continuada… Hay trabajo de sobra. El contrato es un 80 por ciento docencia y un día a la semana de asistencia en el Servicio de Neurología”, explica. Dentro de un mes termina esta etapa y pasará a gestionar el Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria (Irycis), como adjunto a la dirección ejecutiva. Toda una suerte para “un apasionado de la gestión”.

Los nuevos MIR saben de antemano que la residencia exige un sobreesfuerzo, pero los más veteranos también saben que, al final, uno consigue sacar fuerzas de flaqueza y superar con éxito esta etapa de cambios, en la que los médicos recién licenciados se convierten en especialistas preparados para dar una atención de calidad a los pacientes... Y para seguir formándose y evolucionando profesional y personalmente, porque este sistema de aprendizaje es bueno, pero no perfecto.