¿Quiere recibir Revista Médica en su correo de forma gratuita?
04/05/2014 n183
La ‘número dos’ de Ana Mato en el Ministerio de Sanidad está cosechando enemistades en tiempo récord en el sector sanitario. Desde las sociedades científicas, pasando por la industria farmacéutica, los colegios profesionales, e incluso dentro de su propio partido, nadie entiende la actitud prepotente y autoritaria de Pilar Farjas, que está repercutiendo muy negativamente en la imagen de la ministra.
Revista Médica
Si hoy se hiciera una clasificación con las personas que más animadversión despiertan en el sector sociosanitario español el nombre de Pilar Farjas, secretaria general ministerial de Sanidad y Consumo, estaría posiblemente liderándola. Quienes se relacionan con ella por el día a día de sus responsabilidades hablan de una persona de dos caras, rencorosa, con muchas ganas de acaparar protagonismo y ponerse medallas.

Esta percepción choca cuando se ha visto a Farjas desenvolverse en público. Va repartiendo sonrisas, y parece empatizar con sus interlocutores. Pero estos mismos comprueban poco después que entra en una suerte de proceso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. “Reunirse con ella es inútil”, relata un alto cargo de la industria farmacéutica. “Te pone buena cara, sonríe y dice a todo que sí, y luego hace lo contrario. Es incomprensible, y sobre todo una pérdida de tiempo”. Esta sensación está calando en numerosos protagonistas del sector que están desistiendo de buscar su interlocución, no ya porque vayan a obtener negativas a sus propuestas, algo hasta cierto punto lógico en una acción de gobierno, sino simplemente por la inconsistencia de la palabra dada por Farjas. Un parlamentario lo confirma: “La ministra te remite a ella, pero ya sabemos que como interlocutora no es válida, porque es como chocarse contra un muro”.

Pilar Farjas junto a José Manuel Romay Beccaría, presidente del Consejo de Estado y su mentor político, y Sagrario Pérez Castellanos, exdirectora general de la Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud
También dibuja muy bien su forma de ser la anécdota que le costó a un directivo colegial que Farjas le incorporara a su listado de enemigos prioritarios. En un acto público, con la ministra Ana Mato presente, y algún consejero también en la sala, a este responsable profesional se le olvidó mencionar en su introducción a la secretaria general, con la que mantenía muy buena relación desde su época de consejera de Sanidad en Galicia. A los ojos de Farjas el olvido se convirtió en un ninguneo a su figura y no se lo ha perdonado. “Posiblemente tenga un problema de inseguridad y necesita reafirmarse”, afirma un técnico del propio ministerio que ha vivido de cerca sus reacciones en los dos años largos que lleva en la sede del Paseo del Prado.
Quiere hacer de ministra
En la sede ministerial son bastantes los que tienen la teoría de que Farjas ha querido ejercer de ministra en la sombra. Se comenta que llegó de Galicia en 2011 segura de que Mato no tenía ni idea del sector sanitario y que iba a poder hacer y deshacer a su antojo. Tal vez colaboró con esa idea la experiencia de su antecesor en el cargo, el socialista José Martínez Olmos, que dirigió el Ministerio de Sanidad de forma diligente cuando tuvo de ‘jefas’ a Trinidad Jiménez y Leire Pajín. La comparación sin embargo empalidece más la gestión de Farjas, pues donde Martínez Olmos actuó como eficiente ‘fontanero’ para lucimiento de las dos últimas ministras de Sanidad de José Luis Rodríguez Zapatero, la exconsejera gallega lo que está haciendo es echar encima de Mato a la opinión pública y al sector en varios temas muy sensibles. Solo basta repasar los famosos copagos farmacéutico, ortoprotésico, de dietoterápicos, de transporte no urgente, y hospitalario, sin ir más lejos. Este último tiene un planteamiento tan disparatado que ni las comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular lo han querido implantar. Ante la trampa-chapuza hecha por Farjas, Mato se ha visto obligada a dar marcha atrás en todos estos copagos anunciados, salvo en el de medicamentos.

Claro está que la ministra ha notado en su valoración pública el peso de tanto despropósito, siendo junto a José Ignacio Wert (Educación, Cultura y Deporte) la integrante del Gobierno de Mariano Rajoy peor valorada por los ciudadanos. 


Ana Mato con Julio Sánchez Fierro, a quien en 2011 ya ofreció la posibilidad de ser de nuevo alto cargo ministerial
A pesar de esta retahíla de meteduras de pata tan sonadas, la secretaria general sigue empeñada en intentar apuntarse tantos políticos: en definitiva, quien paga luego las consecuencias es la ministra. Dicen que ha sido de ella la ocurrencia de retirar la vacuna de la varicela de las oficinas de farmacia, alejándola así de los pediatras y padres que crean conveniente inmunizar a los niños, y creando una notable alarma social.

Apuntarse el tanto del calendario único
En España hay 19 calendarios de vacunación diferentes, una situación “extravagante y única en el mundo”, según el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Unificar esta disparidad de contenidos y cronologías es una exigencia histórica de las sociedades científicas, y hay quien afirma que a la secretaria general de Sanidad y Consumo le encantaría colgarse la medalla política de haber conseguido un calendario vacunal común. El presidente del Grupo de Vacunas de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), Francisco Salmerón García, sería el brazo ejecutor de Farjas para conseguir su propósito.

La primera intentona en este sentido fue la publicación, en marzo de 2013, del calendario del ministerio y del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (Cisns), que debía empezar a aplicarse en todo el territorio nacional en enero de 2014. “Básico, retrógrado y decepcionante” son algunos de los adjetivos que utiliza la AEP para calificarlo. El calendario “de mínimos” recogía que la vacuna contra la varicela debía administrarse y, por lo tanto, financiarse en niños de 12 años que todavía no hubieran pasado la enfermedad.

Sociedades científicas como la AEP, que preside Serafín Málaga, no comprenden las decisiones de Farjas
Así, pediatras y preventivistas no dan crédito al bloqueo por parte de la Aemps de la libre comercialización de la vacuna contra la varicela Varivax, de Sanofi Pasteur MSD, en las oficinas de farmacia, que ha provocado un desabastecimiento fuera de la farmacia hospitalaria. La Aemps no ha explicado oficialmente las razones y en la AEP no entienden la medida, dado que no se ha producido ningún cambio en la ficha técnica del producto ni ninguna alerta sanitaria con relación a la vacuna. La farmacéutica, que ha presentado un recurso contencioso-administrativo contra el Ministerio de Sanidad, también dice que no se han dado explicaciones.


Mientras que el ego de Farjas lanza estos órdagos, incluso en contra de las recomendaciones científicas, Mato y los consejeros de Sanidad deben aguantar el chaparrón que ha saltado a la opinión pública por la desgraciada muerte de una niña en el condado de Treviño, en Burgos, por varicela, y por el 'tráfico' que se está viviendo con Varivax, que se encarga desde toda España en farmacias de Navarra, Ceuta y Melilla, donde sí se comercializa aún. Los expertos alertan incluso de la posible aparición de un comercio paralelo que implique a otros países o a la compra por internet, siempre más difícil de controlar, pero Mato niega en el pleno del Congreso que escasee la vacuna y tacha la polémica de “debate artificial en época electoral”.

Lo que sí es una realidad son las más de 35.000 firmas que, al cierre de esta edición, ya ha recogido una iniciativa popular que solicita al Ministerio de Sanidad que vuelva a autorizar la venta libre de la vacuna de la varicela en las farmacias de toda España. La petición ha sido puesta en marcha, a través de la plataforma ‘Change.org’, por Beatriz Mato, quien ha tenido que interrumpir la vacunación de su hija al no poder conseguir la dosis en la farmacia. “Nos están coartando y están impidiendo que decidamos sobre la salud de nuestros hijos. Si se puede comprar en Francia, Portugal o Andorra, ¿por qué no en España?”, se pregunta.
Lío también con otras vacunas
Pero Farjas no solo ha cerrado el grifo a la vacuna de la varicela. La Aemps también reserva para la farmacia hospitalaria la vacuna meningocócica del grupo B, Bexsero, de Novartis, y todavía restringe su uso, debido a que el proceso de negociación de precio y reembolso sigue abierto. Los pediatras insisten en la necesidad de que sea comercializada libremente en las oficinas de farmacia. Fernando Moraga, presidente de la Sociedad Catalana de la especialidad, es muy claro a este respecto: “Se debería vender en farmacia. Está autorizada por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y ya está en los calendarios vacunales de algunos países”.


El consejero Luis Alfonso Hernández Carrón gusta en el entorno ‘popular’ por el buen trabajo que está haciendo en Extremadura
A esta reivindicación se suman los especialistas en Medicina Preventiva, que no comprenden que solo se autorice para uso hospitalario. José Ramón de Juanes Pardo, jefe de Servicio y profesor titular de Medicina Preventiva del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, asegura que debería estar ya “en oficinas de farmacia. Llevamos años esperando este producto en esta enfermedad y debería estar ya a nuestro alcance, pero inexplicablemente no lo está”.


Otra de las críticas vertidas sobre el calendario de vacunación común es la exclusión de la vacuna neumocócica. Según Esther Redondo, especialista del Centro de Vacunación y Salud Internacional de Madrid y coordinadora nacional del Grupo de Trabajo de Actividades Preventivas de Semergen, “España es el único país de la Unión Europea que no tiene incluida la vacuna neumocócica con cobertura universal y gratuita para sus niños”. Solo en Galicia, y gracias a un programa piloto, existe esta posibilidad.

Por todo lo anterior, el Comité Asesor de Vacunas de la AEP considera que se ha perdido “una oportunidad histórica para conseguir un calendario óptimo y actualizado para la realidad social, sanitaria y epidemiológica del país”, ya que, al tratarse de recomendaciones a la mínima, será difícil que todas las comunidades autónomas lo adapten. Parece que Farjas tendrá que replantear algunos párrafos del programa unificado de inmunización para conseguir condecorarse.

Mato, liberada para decidir
Ana Mato ha tenido hasta el momento las manos atadas respecto a Farjas. Durante un par de años ha estado aguantando una ‘número dos’ que le vino impuesta por Génova, pero ahora que la ministra ya no tiene la sensación de interina que le pudo dar durante algún tiempo la presión mediática por el caso ‘Gürtel’, se siente más fuerte y puede buscar un secretario general que reme en su misma dirección, que no frene su ritmo en lo que queda de legislatura, y sobre todo que no le suponga más quebraderos de cabeza que soluciones, como le está sucediendo con Farjas.

A Mato le consta el buen hacer de Javier Castrodeza, director general de Ordenación Profesional, y de César Antón, director del Imserso
Nombres sobre la mesa ya tiene. Sobre todo el de Julio Sánchez Fierro, vicepresidente del Consejo Asesor de Sanidad, que sabe a la perfección los vericuetos del Sistema Nacional de Salud (SNS), y que cuenta con el plus de que es una de las personas que mejor conocen el entorno sociosanitario de nuestro país. También está Rubén Moreno, portavoz de Sanidad del PP en el Congreso de los Diputados, que como Sánchez Fierro atesora ya incluso experiencia en puestos ministeriales de responsabilidad. Otro nombre que gusta en el entorno ‘popular’ por el buen trabajo que está haciendo en Extremadura es el del consejero Luis Alfonso Hernández Carrón, un político que ha demostrado sentido común y una rápida adaptación al sector sanitario.


A Mato le consta asimismo el buen hacer de otros tres integrantes de su actual equipo que serían secretarios generales inmejorables: Javier Castrodeza, director general de Ordenación Profesional; Agustín Rivero, director general de Cartera Básica del SNS y de Farmacia; y César Antón, director del Imserso. A los tres les avala su trabajo en el ministerio, y su experiencia en las consejerías donde han sido desde consejero, como Antón por dos veces en Castilla y León, hasta responsable de Salud Pública de Madrid, cargo que desempeñó Rivero.

Como se puede comprobar, a Mato no le faltan justificaciones para quitarse de en medio el que ha sido su mayor problema hasta la fecha en el ministerio: una ‘número dos’ que pone constantes palos en las ruedas con las que debe avanzar la acción de gobierno de la ministra. Recambios capacitados para hacerlo mejor no le faltan. Además, el cese de Farjas sería una muestra pública de que Mato está dispuesta a enfocar este final de legislatura de una forma más positiva. Su imagen ante la ciudadanía y la de su partido se lo agradecería. Y las elecciones generales están a la vuelta de la esquina.