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20/04/2014 n181

Segundo de una familia de siete hermanos, César
Antón aprendió en su pueblo palentino a valorar
lo que cuesta conseguir las cosas. Licenciado
en Económicas, llegó a la sanidad y los
servicios sociales en los primeros años
de la década de los 80, con Castilla y
León recién nacida. Apasionado de la
música y la montaña, se perdería
en la sierra palentina para
disfrutar del silencio y el paisaje
Enrique Pita
Imagen: Pablo Eguizábal
Hace patria siempre de su tierra palentina. ¿Tuvo una infancia feliz en su pueblo?
Sí, feliz y numerosa, porque éramos una familia de siete hermanos, todos muy seguidos, y en casa siempre había actividad, no te daba tiempo a aburrirte, a costa muchas veces del trabajo de mi madre y del de mi padre, pero sobre todo de mi madre, porque hay que pensar que en aquella época las labores del hogar y las ayudas y los apoyos no eran los mismos que hay ahora, y menos en un pueblo.

Fue una infancia en la que además aprendí junto a mis hermanos lo que es el reparto de tareas en casa para ayudar, porque de pequeño puedes ayudar más a tu madre en determinadas tareas. Ese reparto hoy día es necesario, y entonces lo aprendimos de nuestra madre. Más adelante, a medida que creces, fui ayudando también en las tareas de mi padre. Soy de una familia agrícola, y ayudar también era necesario. Esto tiene un valor, que es aprender lo que cuestan las cosas.

Familia numerosa, pero ¿era usted el pequeño, el mayor…?
El segundo. El pequeño siempre se lleva los mimos, el mayor tiene otras cosas, pero el segundo es un número… bien, está en una situación a veces detrás de los privilegios del mayor. Hay que buscarse las castañas de otra manera, pero por otro lado siempre tienes por encima a tu hermano mayor, que en muchas cosas también te protege, lo mismo que luego me tocó hacer a mí con los que vinieron detrás.

Su pueblo es frontera entre Palencia y Valladolid… ¿más palentino que vallisoletano, o al revés?
(Risas) Aun siendo una pregunta comprometida, es una pregunta normal. Son etapas distintas. Soy de un pueblo pequeño de Palencia y estudié el Bachiller en Palencia, en lo que fue una etapa de cambio importante. Recuerdo el instituto, ya que al ser de fuera estábamos en un colegio en el que casi todos éramos de la provincia.

En la sede del Imserso,
en Madrid

Teníamos nuestra casa de estudiantes, que era un colegio de los Jesuitas, y luego íbamos al instituto. En un sitio y en otro hice amigos muy buenos, que luego se van disgregando pero que algunos todavía conservas. Fue una época muy bonita.

Al terminar el instituto, la universidad cercana era la de Valladolid. Nunca se veía en eso otra cosa que un destino, porque si pensabas ser universitario, el destino era Valladolid. Esta fue una etapa completamente distinta. Con lo cual, mi última etapa de estudios y comienzos en el mundo laboral fue Valladolid, pero sin salirme de las raíces de Palencia. Además, esto tiene una ventaja, porque Palencia y Valladolid creo que son las capitales de provincia más cercanas, con lo cual…De mi pueblo a Palencia hay 30 kilómetros, y de Valladolid a mi pueblo, 40… Se puede compartir.

¿Qué recuerdos guarda de su etapa universitaria?
Sentí un cambio muy importante. En aquella época las distancias eran distintas, y Valladolid y Palencia, aun estando cerca, suponía un salto muy importante entre el instituto y la universidad. Además, era la Universidad de Valladolid, que es una de las más antiguas de España, muy potente y de mucha calidad. Era un salto muy cualitativo. Rompes también un poco con esos amigos del instituto, porque cada uno elige un destino, y llegas a una ciudad nueva, a un ambiente distinto, donde tienes que hacerte más responsable de tu propio tiempo. En todo caso, la recuerdo como una época muy enriquecedora en muchos aspectos.

La etapa universitaria quizá haya sido la más enriquecedora, más productiva y en la que más aprovechamiento psicológico, de amistad y relaciones, he tenido. De hecho, los mejores amigos que conservo son, sobre todo, de la época de la universidad, aunque también algunos del instituto.

¿Cómo era la vuelta a casa en esos veranos universitarios?
Esto no es algo exclusivo mío, sino que es algo que ha vivido esa generación en la que muchos éramos estudiantes del medio rural. Yo tenía la idea, compartida con mucha gente, de que tu trabajo durante el curso era estudiar y sacar el curso adelante, entre otras cosas porque sabías que el esfuerzo que estaba haciendo tu familia por darte un mejor futuro era grande. Además, tenías la mentalidad de que para contribuir a eso, el ejercicio físico de colaborar en el campo era compatible con el ejercicio intelectual, con lo que las vacaciones en el pueblo, que era lo habitual en esa época, suponía compaginar un ejercicio físico, un desarrollo intelectual y creo que el esfuerzo de ayudar en casa porque las matrículas y la residencia fuera le costaban mucho a la familia.

Además, el ambiente de las vacaciones de verano en los pueblos era de más libertad. Creo que era una mezcla que para mí fue muy divertida y que recuerdo con mucho cariño.

“Recuerdo la etapa universitaria como una época muy enriquecedora”


La universidad en los años 70 atravesó un periodo convulso. ¿Cómo vivió usted esa época?
El año que yo estaba en COU en Palencia fue el año que se cerró la Universidad de Valladolid. Lo vivías de cerca, y sabías que no era una situación habitual. El primer año que fui a Valladolid a estudiar fue el año de la muerte de Franco, con lo que también se cerró la Universidad al declararse luto.

Recuerdo las primeras elecciones democráticas del 77, con Valladolid inundada de papeletas, plagada de carteles... Fue un cambio, con la universidad abriéndose a esos movimientos de transición en España, con las figuras de los delegados de curso, la participación más directa de los alumnos en el desarrollo de la carrera… Me tocó una época universitaria en la que existió la primera posibilidad de votar en unas elecciones democráticas, con lo que fue, además de lo que decía antes, una época todavía más para recordar.

En esa época en la que la política estaba en todas partes, ¿tuvo usted militancia activa?
No, sinceramente no. En esa época, junto con otro amigo de la universidad, fuimos conscientes de que queríamos ser partícipes de ese movimiento de la transición democrática, pero también veíamos cómo diferentes asociaciones, partidos o grupos querían hacer cada uno su parcela, totalmente democrática. No es una crítica, pero pensamos que podríamos participar desde nuestra autonomía personal. Éramos personas muy participativas, pero nunca militamos en ninguna formación política. Creo que es posible, aunque obviamente tienes que manifestarte en algunas votaciones. A medida que va transcurriendo el tiempo y voy asumiendo responsabilidades públicas comienzo a militar en el Partido Popular, partido en el que milito actualmente.

Licenciado en Económicas… ¿cómo acaba un economista enfrascado en la gestión sanitaria y de los servicios sociales?
La vida te marca. Estudié Económicas en Valladolid, e hice la mili en Madrid, y un día, en el verano del 83, el presidente del Colegio de Economistas de Valladolid me dijo que le habían pedido economistas para la Junta de Castilla y León. Hay que situarse en aquella época, con las autonomías recién nacidas.

Con la ministra Ana Mato, el consejero de Castilla y León Antonio Sáez Aguado y Javier Castrodeza, director general de Ordenación Profesional del Ministerio de Sanidad

Pero cuando estudiabas Económicas te preparabas para trabajar en una empresa o en un banco, para presentarte a unas oposiciones a la administración pública o dedicarte a la asesoría fiscal y contable. En esa época tenías que empezar a trabajar, no podías desperdiciar nada, y me llamaron de la Junta porque necesitaban un economista en la Consejería de Bienestar Social.

En aquel momento, las transferencias eran muy pocas, y empecé en el mundo del presupuesto de las autonomías y lo poco que había de sanidad pública, médicos de Atención Primaria o servicios sociales, estaba en esa consejería, y como me desarrollé ahí acabé conociendo, a través del presupuesto y de las materias de contratación y gestión, qué se puede hacer con ello, a quién afecta, etc., y te vas enganchando. Todo servicio público en sanidad y servicios sociales son personas, familias y situaciones, pero hay mucha gestión, ordenar, contratar, saber bien cuándo vas a imputar gastos y costes, etc. Por ahí entré en este mundo…

Y en medio ambiente, ¿le tocó lidiar con el cambio climático?
Se empezaba a hablar. Fue una época corta,
Castilla y León, cuna de presidentes
De los seis presidentes de la democracia en España, dos son naturales de Castilla y León y un tercero, nacido en Madrid, fue presidente de la Junta de Castilla y León. Preguntado Antón sobre si esta comunidad es ‘el guardián de las esencias’, el director general del Imserso sostiene que en esta tierra existen unos valores propios, como el esfuerzo que cuesta conseguir las cosas. “A veces se nos dice también que somos modestos o que preparamos mucho las cosas antes de presentarlas… Sí es cierto que reflejamos valores del respeto a la palabra, a las costumbres, a las personas. Creo que son valores que los españoles han sabido ver en los responsables políticos. Tendremos otros defectos, por supuesto, pero no voy a hablar de ellos (risas)”.
pero también es bueno poder cambiar a lo largo de la vida, porque creo que es un revulsivo, te permite aprender y enriquecerte y aportar si es posible. Como digo, fue un tiempo corto, pero muy interesante, que me gustó, porque es muy distinto a lo que a veces se conoce del medio ambiente.

Estando allí empecé a entender lo que es la depuración de las aguas, el abastecimiento de aguas, pero también la protección de las especies, de los bosques, etc., y cómo hacerlo compatible con un desarrollo sostenible. En aquella época se hablaba además de la Red Natura Europea, y había que mantener un equilibrio entre la posibilidad de disfrutar del medio ambiente y compaginarlo con la protección.

En esa época me di cuenta de dos cosas. Por un lado, la Administración es y debe ser la principal protectora del medio ambiente, pero, por otro, la mayoría de las personas que viven en el medio rural, los cazadores, los pescadores, etc., saben proteger y establecer una ordenación de los recursos naturales. Fue una etapa bonita, distinta.

En 2003 se convierte en consejero de Sanidad de Castilla y León. Las transferencias de las competencias en salud eran muy recientes e imagino que fue un trabajo arduo…
Cuando el presidente me pidió que me encargase de la sanidad recuerdo que una de las cosas que me dijo fue que para afrontar los traspasos de la Seguridad Social ya tenía la experiencia del traspaso de las competencias del Imserso,

Una imagen de su toma de posesión como director general del Imserso

cuando hubo que establecer la Gerencia de Servicios Sociales como organismo autónomo que aglutinó todos los servicios sociales.

La Consejería y el Gobierno regional ya habían trabajado, no obstante, porque siempre se pensó que se transferiría antes el Insalud que el Imserso. Yo había participado también en esos trabajos, y fue un reto muy importante por lo que yo llamo el ‘efecto cercanía’, que tiene un aspecto positivo muy bueno, que es que el representante no está en Madrid, sino que el ciudadano tiene un presidente y un consejero que conocen más de cerca las necesidades específicas de un centro de salud, un hospital, las familias o los profesionales; pero también tiene la presión de esa cercanía.

El reto fue ordenar y adaptar la transferencia del Sistema Nacional de Salud en la parte que le corresponde a Castilla y León, y recuerdo cosas que se hicieron, como ser la primera comunidad autónoma que adaptó la Ley de Profesiones Sanitarias, con momentos de tensión y de mucha negociación. Además, se organizó el transporte de emergencias sanitarias, y siendo la comunidad más extensa y más dispersa estuvo en los primeros puestos nacionales en rapidez en la gestión, con cuatro helicópteros y las unidades móviles; se hicieron reformas integrales en 13 complejos hospitalarios de los 16 que existían; los ratios de centros de salud y de profesionales sanitarios en la región se mantuvieron entre los mejores, etc. Por tanto, se adaptó y se sentaron las bases para que todo esto fuese prosperando.

Para mí, además, fue un reto importantísimo y muy enriquecedor. Conocí de cerca los problemas de salud de familias y ciudadanos, pero también hubo momentos difíciles y tensos en la relación con los profesionales sanitarias, con los que llegamos a acuerdos importantes con los que, como decía, se sentaron unas bases en la sanidad de Castilla y León. Fue un reto que requirió muchísima dedicación.

Recuerdo una anécdota de un centro de salud que fuimos a inaugurar y un médico que llevaba veinte años trabajando en la misma zona rural nos dijo que más allá de la infraestructura, del edificio, lo importante era el equipamiento con el que se había dotado al centro (un carro de paradas, una unidad medicalizada en la puerta) porque ayudaría a los médicos a salvar vidas. Una anécdota que viene a decir que los responsables de la Administración a veces acertamos.

“Siempre me ha gustado venir a Madrid a disfrutar de la ciudad”


De esa etapa, ¿qué es lo que más le enorgullece?
El que la sanidad de Castilla y León, tras el traspaso y la ordenación que he descrito, y aunque las comparaciones son odiosas, fuera un ejemplo en aspectos como el transporte de emergencias o la mejora de infraestructuras o la ordenación de la Atención Primaria. Creo que esa sensación de integrar todos los hospitales provinciales en el sistema sanitario regional y las relaciones con los profesionales fue lo que más me enorgullece. Pero también me siento muy orgulloso de que el presidente de la Junta me diese la oportunidad de asumir una responsabilidad tan importante que no podría haber llevado adelante si no hubiese tenido un equipo magnífico de colaboradores ni sin la ayuda de las profesiones sanitarias, con las que creo que mantuve buena relación.


De la Consejería de Sanidad pasa a Familia e Igualdad de Oportunidades, y si en Sanidad llega con las transferencias recién asumidas, en Familia le toca lidiar con una Ley de Dependencia recién aprobada. ¿Fueron complicados los comienzos de esta ley?
Sí, fueron complicados porque, como he dicho siempre, nadie pone en duda que en los servicios sociales la Ley de Dependencia fue una conquista más que, además, supuso un revulsivo. Los servicios sociales de Castilla y León estaban bien preparados para dar respuesta, pero a esta ley, que nace el 1 de enero de 2007 con alguna premura por cuestiones quizá político-electorales, le faltaba haber sido contrastada durante un año. Esto es algo que decían los propios profesionales.

En mi caso, conocía los servicios sociales porque había estado trabajando en ellos,

Con la ministra Elena Salgado, en un Interterritorial de Sanidad, cuando él era consejero del ramo de Castilla y León

pero la ventaja fue encauzar la Ley de Dependencia por la estructura que estaba consolidada de servicios sociales a nivel regional y en colaboración con las administraciones locales, tanto diputaciones como ayuntamientos.

Este fue el éxito, pero también hubo presiones porque la gente, y hay que entenderlo, supo que se había aprobado una ley que generaba un derecho y que había que ir a la comunidad autónoma para ejercerlo. Creo que ahí aguantamos, templamos, hubo acuerdos importantes dentro del diálogo social para ponerla en marcha, y una vez se encauzó se fueron viendo los resultados, pero en principio, como bien has dicho en terminología taurina, fue lidiar con un miura que hubo que templar primero y luego encauzar. Era un reto importante, porque en aquellos momentos, a nivel de la sociedad, la sanidad, la educación, los servicios sociales, habían tenido su tiempo pero quedaban la dependencia y otros retos como la igualdad de oportunidades, la conciliación de la vida familiar, etc. Fue una época muy enriquecedora en la que también aprendí cosas nuevas.

Siguiendo con esa terminología taurina, ha visto los toros desde dos tendidos, el de las autonomías y el de la Administración General del Estado. ¿Ha cambiado su perspectiva de la prestación de los servicios al verlo ahora desde Madrid?
Lo que ha hecho ha sido enriquecer mi perspectiva global del Sistema de Dependencia (SAAD).
Un encuentro en la calle
con un sindicalista

Ahora que se habla de mareas blancas, Antón repasa su relación con los sindicatos. Al principio, por el ‘efecto cercanía’, estas instituciones exigían inmediatez para unas demandas que tenían planteadas desde hacía tiempo. “Hubo momentos en la negociación en los que ellos demandaban un ritmo y nosotros queríamos otro”, recuerda, pero tanto con los colegios profesionales como con los sindicatos profesionales y otras organizaciones sindicales se alcanzaron grandes acuerdos como la Ley de Profesionales Sanitarios o la ordenación de las guardias. “A nivel personal, creo que hoy podría encontrarme por la calle con cualquiera de los representantes de los profesionales y poder seguir hablando, como de hecho ha ocurrido, y creo que este es un dato a tener en cuenta”.
No negaré nunca que cuando estás en tu comunidad autónoma son unos ciudadanos y unas competencias en las que te vuelcas, y cuando lo ves desde el otro lado, de lo que te das cuenta, y lo digo con toda sinceridad, es que hay cosas que no conocías. Esto no quiere decir que sean ni buenas ni malas ni unas ni otras, pero sí quiero insistir en que tengo un conocimiento global del SAAD al haberlo visto desde los dos ámbitos y en un momento en el que también ha habido que hacer sostenible la ley que a veces me ha dado problemas, porque en ocasiones me han recordado que cuando estaba en Castilla y León decía una cosa, y yo no puedo sino decir que sí, pero que me faltaban datos e información que sí tengo ahora. Además, la situación del país no tiene nada que ver ahora con la de entonces.

Con lo cual, la perspectiva global de la Ley de Dependencia, al haber estado en los dos lados, me ha enriquecido mucho. Entiendo cosas ahora que no podría haber visto desde el otro lado, y entiendo también que los que lo han visto solo desde el lado de las autonomías no comprendan algunos de los aspectos que ahora yo digo, pero también es cierto que en el fondo las entiendo, pero creo que el enfoque global que le estamos dando desde el Imserso es en beneficio del conjunto del sistema, si bien puedo compartir que alguna autonomía crea que me he vuelto del otro lado. No… pero creo que la globalidad siempre es mejor que la parcialidad.

¿Cómo ha sido el cambio de Valladolid a Madrid?
A Madrid antes venía por cuestiones de trabajo, y es una ciudad que siempre me ha gustado mucho venir a disfrutar de ella. Es una ciudad que tiene de todo, es muy agradable de ver, de pasear, siempre hay cosas que hacer a nivel cultural, artístico, musical, etc., y la conocía en ese sentido. Ahora tengo que compartir, porque no todos los días puedo volver a casa por razones de trabajo, aunque el AVE ha acercado las dos ciudades.

Un instante de la entrevista mantenida con Enrique Pita

Creo que para un puesto como el que desempeño no debes mover a la familia, e intento compatibilizar un poco ambas ciudades.

Antes veía Madrid como una ciudad enorme, y lo sigue siendo, pero reconozco que después de dos años y medio aquí tiene dos cosas: en mi tierra medíamos las distancias de una manera, y aquí hay que medirlo en tiempo, porque puedes ir a algún sitio cercano y tardar mucho tiempo. Además, hay otra cosa que tengo que reconocerle a Madrid y es que ofrece más oportunidades. Madrid tiene más tejido empresarial, industrial, institucional, te puedes abrir a relaciones e incluso, desde la posición de representante de la Administración General del Estado, a veces sales a Europa o Iberioamérica, por lo que solo puedo ver que esta etapa en Madrid no ha hecho sino enriquecerme personal y profesionalmente.

A la ciudad en sí me voy acostumbrando, aunque también es cierto que el recorrido que hago en el tiempo que tengo no es muy amplio: Ministerio de Sanidad-Imserso-otros ministerios. Pero cuando tengo un rato me sigue gustando mucho pasear por el centro de la ciudad.

¿Se puede conciliar?
Es muy difícil, soy muy sincero. He llevado la responsabilidad de conciliación de la vida personal y laboral y no es fácil, y menos en un puesto en el que no dispones de tu propio tiempo, pero también es cierto que es más fácil cuando hay instrumentos para conciliar, y sí creo que esto es algo en lo que se ha avanzado con centros infantiles, con flexibilidad temporal o con políticas sociales y fiscales. En mi caso personal, que es de lo que estamos hablando, lo que intento es aprovechar los fines de semana o las vacaciones y luego, los demás días, aprovechar intensamente los ratos, disfrutar mucho los pequeños ratos. Pero es complicado.

¿Le queda tiempo para el ocio?
Reconozco que el primer año, en 2012, e incluso en 2013, tuve muy poco tiempo, casi se podría reducir a las cortas vacaciones y los fines de semana, pero estoy empezando a notar que después de dos años difíciles y complicados ahora hay alguna tarde que puedo dar un paseo o quedar con personas con las que no he quedado en los dos años que llevo en Madrid. Creo que ahora tengo un poco más de tiempo para el ocio, y también es necesario. Además, y aunque siempre hay que trabajar, en estos dos años, en un tiempo que nos estaba soplando por detrás Europa, fundamentalmente lo básico y lo esencial, el marco global de medidas de mejora ya se ha hecho, ahora hay que seguirlas, evaluarlas y seguir trabajando en ellas. Creo que ahora tendré un poco más de tiempo para el ocio, porque es sano y hay que equilibrarlo. Estos dos años han sido complicados, no solo para mí, sino para el conjunto de las administraciones, las familias, las empresas, etc., y creo que ahora España empieza a tener un poco más de alegría y también nos tocará a los responsables públicos.

“Es bueno cambiar en la vida, es un revulsivo y permite aprender”


¿Con qué disfruta más dentro de ese ocio?
He sido siempre muy amigo del ejercicio físico y del deporte, aunque aquí en Madrid durante la semana es prácticamente imposible, pero los fines de semana lo intento. El deporte nos ha gustado a todos en la época del instituto y después, pero me ha gustado siempre mucho la montaña y caminar mucho, y los fines de semana, y ahora que empieza a hacer mejor tiempo, me gusta mucho perderme por el monte, desconectar, pasear, etc. También me gusta el cine, y aunque voy poco, me gustaría ir más; y luego me gusta mucho la música, podría estar horas enteras escuchando música.

¿Alguna recomendación musical?
Desde mi punto de vista hay grupos y músicos que no pasan nunca. Si me preguntas por una canción, me fascina ‘Imagine’, de John Lennon, me parece una canción y una poesía. Escuchar a Eric Clapton me sigue encantando, y qué decir de Bruce Springsteen, The Boss, que todavía está en activo.

También hay grupos españoles que me siguen gustando mucho. Revolver me gusta, y Fito & Fitipaldis también. Y de cuando en cuando un poco de música clásica no viene mal.

Nos hablaba de su pasión por la montaña. ¿Algún lugar donde perderse?
Como palentino recomendaría cualquier lugar de la montaña palentina. Hay una zona de Palencia que está en uno de los parques más bonitos que hay en España como es el de los Picos de Europa y ahí recomiendo rincones desde los que puedes subir o andar que son muy bonitos para disfrutar del tiempo, del silencio, del paisaje o de los animales.