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13/04/2014 n180
A pesar del paso de los días, la polémica sigue resonando en torno al presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín, después de plantear la posibilidad de aplicar algún tipo de penalización a aquellos pacientes que realicen un mal uso de los servicios sanitarios públicos. Más allá del debate sobre la conveniencia de medidas sancionadoras, lo que el máximo representante de la profesión médica sí ha conseguido es situar en primera línea de actualidad una realidad conocida, pero a la que aún se han dado pocas respuestas.
M. de las Heras / J. Vicioso / V. Torres / I. Echegaray

El “mal uso de la sanidad” al que se refería Rodríguez Sendín está centrado en dos aspectos principales. Por un lado están aquellos pacientes que, teniendo cita concertada, no se presentan a la misma y no avisan previamente de su incomparecencia. Por otro se encuentran quienes acuden directamente a Urgencias cuando su problema podría solucionarse en la consulta de Atención Primaria. “Es un tema controvertido, pero el problema está ahí y todos los sabemos”, ha señalado el presidente de la Sociedad Española de Medicina Generales (SEMG),
Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC)
 Benjamín Abarca, que quita hierro a todo el ruido mediático causado por las declaraciones del presidente de la OMC asegurando que “se han sacado de contexto” y que su verdadero objetivo era hacer ver la necesidad de optimizar, también en este aspecto y especialmente en la actual situación económica, los recursos de que dispone el sistema sanitario.

El desaprovechamiento de citas médicas es una práctica extendida en España. Buena cuenta de ello dan los datos, que sitúan el porcentaje de incomparecencia injustificada de los pacientes entre el 5 y el 10 por ciento dependiendo de la comunidad autónoma. Por encima de ese baremo se encuentra Castilla-La Mancha, con un 15 por ciento de las consultas a especialistas terminando en ‘espantada’ del paciente. El dato se incrementa más aún en el caso de la Atención Primaria, donde la tasa se mueve entre el 20 y el 24 por ciento. Los castellano-manchegos no son una excepción, porque la práctica está extendida en otros territorios como Castilla y León, que a lo largo de 2013 acumuló 428.000 casos de este tipo, el diez por ciento del total de consultas. En términos parecidos se mueven las Islas Baleares, donde la tasa se situó en el ocho por ciento. En la Comunidad Valenciana se reduce al 4,6 por ciento, superando las 200.000 incomparecencias, mientras que en Madrid se queda en un tres.

Antonio Sáez Aguado, consejero de Sanidad de Castilla y León, ha sido una de las personalidades que ha abogado por la reflexión y la toma de decisiones para hacer frente a una situación que, al igual que otros aspectos, contribuye a alejar al sistema sanitario del anhelado objetivo de la sostenibilidad.

Benjamín Abarca, presidente de la Sociedad Española de Médicos Generales (SEMG)
“No es de recibo que un usuario que tiene una cita con su especialista no se presente y ni siquiera lo comunique”, ha declarado, añadiendo que, si bien no está de acuerdo con una posible multa a los pacientes, “la sostenibilidad no solo depende de medidas que impacten en los profesionales o la Administración, los usuarios también tienen que ser partícipes de ella”. “La sanidad es de todos, y entre todos tenemos que cuidarla”, ha insistido.

Que la cancelación de citas médicas sin aviso daña al sistema, en tanto resta minutos de actividad de profesionales altamente cualificados, es evidente. No lo es tanto, sin embargo, el porqué de que se haya llegado a la situación actual. Para el tesorero de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), Pascual Solanas, no todo el peso recae en un paciente que, en caso de querer anular una cita, se encuentra con demasiados obstáculos: “En algunos lugares no está claro dónde se debe llamar para una anulación, y en muchos casos hay problemas reales para hacerlo desde un punto de vista de contacto administrativo”. En ese sentido, destaca la necesidad de acometer una mejora de la burocracia consistente en depurar bases de datos, utilizar las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (TIC) para enviar recordatorios o mejorar la comunicación entre centros antes de “culpar” al paciente.

Iniciativas contra el absentismo Concertar una cita con el especialista y que luego no se aproveche por la ‘deserción’ del propio paciente es un verdadero problema económico, pero también organizativo. Por ambas razones, varios gobiernos autonómicos han puesto en marcha diversas iniciativas para luchar contra este absentismo o, como en Castilla y León, están en vías de hacerlo.

En ocasiones, hasta se pide “por favor” y con amabilidad. Es el caso de la Consejería de Salud de las Islas Baleares, que hace unos meses impulsó una campaña de sensibilización bajo un lema largo, pero sincero: ‘Si tienes cita con el médico y no puedes asistir, por favor, avísanos...
Juan Armengol, presidente de la Sociedad de Urgencias y Emergencias (Semes)
Te daremos las gracias 100.000 veces’. Hay también casos de especialidades que han impulsado sus propias iniciativas. A mediados del año pasado, el departamento de Ginecología del Hospital General de Ciudad Real, tras detectar un 20 por ciento de incomparecencias sin avisar. El método para intentar ‘rebajar’ la cifra fue grapar una hoja informativa en la propia citación sobre cómo cambiar el día o anular la consulta.

En otros casos, el ‘recordatorio’ llega al dispositivo del que todo el mundo está pendiente todo el día: el móvil. Algunos hospitales de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, tienen disponible el servicio recordatorio de consulta, que simplemente consiste en el envío de un mensaje SMS al móvil del paciente o de su cuidador 24 horas antes de su entrada a consulta. Y en algunas zonas se ha comprobado que el móvil refresca muy bien, ya sea la memoria o el interés. El Instituto Catalán de la Salud envía miles de mensajes de texto a los enfermos. En el primer trimestre de 2012, cuando se instauró el sistema, los pacientes se ‘saltaron’ un 20 por ciento menos las visitas concertadas.

¿Abusamos de las urgencias? Además de las consultas que finalmente no se llevan a cabo, Rodríguez Sendín señaló a la mala selección del nivel asistencial que en ocasiones hacen los ciudadanos, utilizando servicios de urgencias de hospital cuando ese mismo problema se podría solucionar en Atención Primaria.
Pascual Solanas, de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc)
Este supuesto resulta difícilmente cuantificable y ha sido duramente criticado por la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), cuya postura se resume en que “nadie va a urgencias de madrugada si no le pasa algo”. El presidente de la asociación, Juan Armengol, ha calificado como un “atajo disuasorio” la propuesta del presidente de la OMC, alegando que “la percepción personal de angustia o miedo por sentirse mal es algo muy personal y tan diverso como la naturaleza humana”.

El último barómetro elaborado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, correspondiente al año 2012, revela que los principales motivos por los que los españoles acuden a un servicio de urgencias son que a esa misma hora los centros de salud estén cerrados y la creencia de que las urgencias de hospital cuentan con más medios y pueden dar una respuesta más rápida y mejor. A estos dos elementos el presidente de la SEMG, Benjamín Abarca, le añade dos más. El primero de ellos es el desconocimiento que los pacientes tienen respecto al nivel asistencial que requieren en cada caso. El segundo, y que a pesar de hacerlo de forma indirecta también contribuye a la saturación de las urgencias, son las largas listas de espera a las que tienen que hacer frente prácticamente todas las autonomías.
Antonio Sáez Aguado, consejero de Sanidad de Castilla y León
“En vez de esperar meses para someterse a una prueba, algunos pacientes optan por acudir a urgencias en busca de un servicio más rápido”, añade.

Ante esta situación, la educación sanitaria de la sociedad y su concienciación en torno a la importancia que tiene hacer un uso racional de los recursos sanitarios se plantean como las grandes asignaturas pendientes a resolver. “La solución, compleja y sencilla a la vez, es la formación”, asegura Abarca recalcando el papel protagonista que la Atención Primaria, como contacto más cercano del paciente con el sistema sanitario, debe asumir. Esta postura es compartida por los profesionales de urgencias, para quienes se antoja como necesario “generar la conciencia continua de que los recursos son limitados, de poner freno a la inducción de uso que se hace del sistema con información, divulgación y educación constantes en todos los entornos”.

Invertir en conocimiento, ahorrar en prestaciones El miedo, el desconocimiento del funcionamiento del sistema, o la idiosincrasia paternalista de éste son denominadores comunes a la hora de terminar en urgencias. Pero los tiempos en que la única aportación del ciudadano a su propia salud era trasladarse hasta el hospital o centro de salud a recibir instrucciones sobre su salud deberían pertener al pasado. Ahora las administraciones se han percatado de que hay que actuar sobre la prevención y una mayor implicación del ciudadano en su propia salud, hacerle más responsable de sí mismo.

El fenómeno del autocuidado no ha pasado inadvertido, y varias comunidades ya han puesto en marcha iniciativas y herramientas que lo favorezcan. Una de las más importante es ‘Paciente activo’, impulsada por Osakidetza y que promueve que pacientes crónicos o sus cuidadores conozcan la enfermedad, así como que desarrollen hábitos o conductas que sirven para conseguir un estado más saludable.

La Universidad de los Pacientes de Cataluña es una iniciativa de la Fundación Josep Laporte y la Universidad Autónoma de Barcelona, en colaboración con la Generalitat, que pone en marcha dos tipos de aulas: las verticales (centradas en condiciones clínicas concretas) y las transversales (si se ocupan de temas de interés común para todos los pacientes). En este caso, estas clases centran tanto en enfermedades crónicas como agudas, haciendo hincapié a tratamientos, atención sociosanitaria y los estilos de vida saludables, entre otros temas. En otras comunidades hay iniciativas parecidas o que persiguen el mismo objetivo. Está claro que la educación, o reeducación, de los pacientes es esencial para que sean conscientes de qué ocurre cuando se hace un ‘mal uso’. La buena concienciación de los usuarios serviría para abaratar costes y evitar perjudicar a los enfermos que necesitan asistencia. Y en ello están la mayoría de los organismos responsables de la atención sanitaria.