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06/04/2014 n179
Ismael Sánchez
Ni como presidente de la OMC, que no llegó a ser, ni como presidente del Colegio de La Coruña, que sí fue, durante más de veinte años. Miguel Carrero se ha hecho con un sitio en la pequeña historia de la sanidad por presidir Previsión Sanitaria Nacional (PSN), y por mucho más que eso: por posibilitar la transformación y modernización de la entidad que gestiona los ahorros de los profesionales sanitarios de España en el trance más dramático de su legendaria trayectoria, cuando estuvo a punto de desaparecer tras la intervención de la Dirección General de Seguros. Médico de los de antes, tan políticamente incorrecto en sus declaraciones como encantador y cercano en el trato, Carrero hace balance para 'Revista Médica' de su vida profesional y personal y no tiene duda alguna: su misión está cumplida y bien cumplida.

Usted es un niño de la posguerra, pero sin embargo su infancia fue feliz.
Inmensamente feliz. Evidentemente, la posguerra fue difícil para todos. Recuerdo cuando salíamos escondidos en el coche de mi padre, que era médico, porque estaba prohibido circular, salvo para casos de emergencia. Recuerdo también a mi madre, yendo casi clandestinamente a por el pan blanco que cocían por la noche… Pero por encima de estas anécdotas, tengo el recuerdo de una vivencia familiar muy estrecha, con mis abuelos, tanto maternos como paternos, mis tíos abuelos… Mi casa fue desde siempre un punto de encuentro familiar que después yo he procurado mantener.

¿Su familia también es gallega?
Todos gallegos. De muchísimas generaciones atrás.

Carrero posa ante el emblema de PSN


¿Tiene memoria selectiva?
Indudablemente, como todos.

¿Dónde comenzó a estudiar?
En Peleteiro, un colegio seglar de Santiago. Tenía profesores de universidad que nos trataban como pequeños hombrecitos. La vocación de aquellos docentes, y especialmente del director, era admirable. Luego estuve interno en Vigo, en los Jesuitas. Aquello fue un choque muy fuerte y al principio generó en mí una gran resistencia. Afortunadamente, aquí también he aplicado la memoria selectiva y solo me acuerdo de lo bueno, que también lo hubo.

Su apellido tiene amplias resonancias históricas. ¿Le ha beneficiado? ¿Le ha perjudicado?
Mi apellido solo me ha dado motivos de orgullo. Mi padre fue un gran cirujano, un ejemplo extraordinario de humanidad. Mi abuelo fue catedrático de Medicina, que falleció por la gripe de 1918, por atender a los enfermos. En una ciudad pequeña como Santiago, pero con un marcado componente universitario y médico, mi apellido me abrió muchas puertas y me generó satisfacción y, a la vez, obligación.

¿Y el almirante Carrero Blanco?
Era primo segundo de mi padre y, francamente, tuvimos muy poca relación con él. No puedo decir nada en su contra aunque es verdad que el pensamiento político de mi familia era más liberal que el de Luis.

Vamos, que no eran franquistas como el almirante.
De hecho yo fui profundamente antifranquista, especialmente en mi juventud, pero las cosas fueron evolucionando y hoy ya no soy tan antifranquista (risas). Es verdad que la anhelada democracia me ha defraudado muchísimo. Es así, no puedo decir otra cosa.

Padre médico y abuelo médico. Estaba escrito.
Así es, nunca pensé que pudiera hacer otra cosa. Me salieron los dientes en el quirófano. Estudiar Medicina fue para mí una necesidad vital, no tuve duda ninguna.

La relación con su tío, el almirante Luis Carrero Blanco

¿Y la especialidad? ¿Por qué Traumatología?
Mi padre era cirujano. Antes un cirujano hacía de todo y mi formación se dirigió hacia la cirugía general porque era una especialidad que te facilitaba el desarrollo de cualquier otra disciplina médica. Yo siempre fui quirúrgico, muy de cortar por lo sano. La cirugía era la especialidad resolutiva. Y desde esa base fui orientándome hacia la traumatología.

Por su habilidad con las manos.
Bueno, las manos son solo un instrumento, que se rige por lo que dicta la mente.

A punto de los 73 abriles
Miguel José Carrero López cumple 73 años el próximo día 22. Nacido en Santiago, está casado y tiene tres hijos. Licenciado en Medicina y Cirugía, especialista en Traumatología y diplomado en Medicina Escolar y en Medicina de Empresa. Ha ejercido en el Gran Hospital Real de Santiago y en el Juan Canalejo, de La Coruña. Accedió al Colegio de Médicos de La Coruña como vocal de Médicos Jóvenes y en Formación. Alcanzó la presidencia en 1986 y fue reelegido cinco veces, hasta que la abandonó en 2007. Es uno de los miembros fundadores de Unión Profesional de Galicia, que presidió hasta 2008. Preside Previsión Sanitaria Nacional desde julio de 1998. Ha sido presidente del patronato de la Fundación Ad Qualitatem hasta 2011.

¿Qué le satisface más, la pública o la privada?
La privada, mucho más. Aquí la relación médico-paciente es mucho más libre, más pura, más cierta, al no estar mediatizada como sí ocurre en la pública. Al principio no era así, el médico público tenía total margen de maniobra, pero la cosa cambió. Un hospital en 2014 no tiene nada que ver con uno de 1973.

La asistencia era diferente.
Ahora está absolutamente despersonalizada. Los pacientes no saben el nombre de su médico porque no tienen un médico, tienen muchos. Así se ha desvirtuado la profesión.

¿Quién tiene que mandar en los hospitales?
Los médicos. Yo no digo que no tenga que haber gestión ni economía ni técnicos. Tiene que haberlos. Ahora bien, la asistencia sanitaria es muy difícil de encasillar. Sólo se puede desarrollar bien en libertad. El médico tiene que ser libre en sus decisiones, no debe estar mediatizado. En cuanto está mediatizado, se escaquea de su responsabilidad. Y se escaquea porque no puede ejercer con la debida responsabilidad.

Con el Consejo de Administración de la mutua

Surgen entonces los problemas, como las listas de espera.
Sí, claro, ocurre con la medicina de masa, deshumanizada. No hay nada más ingrato para un médico que ver esperar a su paciente, el no poder tomar decisiones para intentar curar.

Quizá sea este el precio que está pagando la profesión médica por la universalización del sistema sanitario.
No, lo que se le ha hecho al médico es embargar su profesión, en aras de un estado de bienestar social, que hoy está dirigido por políticos, funcionarios y gentes con escasa o nula incentivación.

Bueno, hay gerentes de hospital que son médicos.
No, son gerentes con estudios de Medicina, no con formación médica. Y algunos son muy buenos, ¿eh? Pero otros son catastróficos y, desde luego, no saben lo que es un enfermo.

Total, que el panorama es hoy muy diferente al de sus inicios.
Tanto es así que cada vez hay menos médicos y más trabajadores de la salud. Lo que no puede ser es el café para todos. Hoy en un hospital hay gente que se esfuerza y trabaja duramente y hay gente que no la rasca. Y no hay diferencia entre unos y otros. Es más, el que trabaja se enfrenta a numerosos obstáculos mientras que el que no se esfuerza vive plácidamente.

¿Hay visos de que esto pueda cambiar?
Creo que sí. Hoy, por lo general, la gente joven ya no aspira a aprobar una oposición para al día siguiente sentirse jubilados. Hoy la gente se busca las habas, pelea, lucha, tiene imaginación, se esfuerza. Y este cambio de cultura será importantísimo para este país.

Un momento de la entrevista con Ismael Sánchez


Volviendo al debate entre el ejercicio público y el privado, el primero mejor ni verlo.
Yo en el hospital disfruté mucho, aunque reconozco que los últimos años fueron un poco duros. Pero yo mantuve siempre mi criterio asistencial y peleé contra determinadas opiniones o normas. Incluso me llegaron a expedientar.

¿No lamenta haber sido más jefe?
No, en absoluto. La docencia y la universidad nunca me atrajeron. Y respecto a una jefatura de servicio o similar, ¿para qué quieres tenerla si luego no te permiten llevar a cabo lo que eso implica? Nunca perseguí el puesto por el puesto. Y creo que como jefe de sección pude hacer lo que quise, y en los últimos años luché para seguir lográndolo. Yo nunca despersonalicé la asistencia, nunca lo consentí.

¿Y cómo fue eso?
La primera vez que me dijeron de operar a un enfermo al que yo no había visto previamente, respondí que hasta que no le viera no le iba a operar. Y me abrieron un expediente. Era una mujer que, además de tener una fractura de tobillo, era diabética, hipertensa y estaba en muy malas condiciones, así que hubiera sido un error operarla sin más. Eso de la cadena de producción no iba conmigo.

Que no le tocaran a sus pacientes, vaya.
Yo peleé por ellos lo indecible, también los que atendí en el hospital público, a los que traté igual que si los hubiera visto en mi consulta. Sabía el nombre de todos ellos y ellos me lo reconocían y me lo agradecían.

El Juan Canalejo, un crisol de escuelas médicas
- Comienza a trabajar en el Gran Hospital Real de Santiago, pero pronto da el salto al Juan Canalejo, de La Coruña.

- Sí, se inauguró en 1973. Estaba muy dotado porque coincidió con el 'boom' de los grandes hospitales de la Seguridad Social, que no había existido hasta ese momento en España. Tuve la oportunidad de ir allí como jefe de sección y comencé a compatibilizar el ejercicio privado, en la clínica de mi padre, que acababa de fallecer. Los médicos eran los que gobernaban el hospital. Hasta allí llegamos profesionales de muchas escuelas diferentes y fue un inicio fantástico, se produjo una confluencia de saberes que llevaron al hospital a convertirse en centro puntero y referencia nacional de inmediato.

Entonces buscó el liderazgo efectivo en otros ámbitos. Por ejemplo, en el colegial.
Yo me formé, en efecto, en un ambiente de liderazgo. Y creo que las personas nacen y se hacen. Además, soy una persona que me gusta hacer diez cosas en vez de cinco. Bien hechas, claro. Así, con esta costumbre de hacer muchas cosas, he vivido lo que otros hubieran necesitados 200 o 300 años para vivir.

Ha vivido con intensidad.
Eso es. Siempre.

Una oportunidad de entrar en política

Y entró en la organización colegial
Le dediqué, en efecto, mucho de mi tiempo libre. Y nunca me acomodé. Tuve una idea de la organización y traté de llevarla hasta el final. Desgraciadamente, los colegios están hoy capitidisminuidos, la Administración los ha vaciado de contenido.

Estuvo quizá demasiado tiempo presidiendo el Colegio de La Coruña
Fue mucho tiempo, en efecto. Buena experiencia personal, porque hice lo que creía que tenía que hacer. Ahora, como cosecha, muy mala. Perdí muchísimo el tiempo. La organización colegial está muy débil, ha perdido el rumbo. Necesitaría un liderazgo fuerte y el respaldo de los profesionales, que hoy no creen en la institución.

Y ahora la Ley de Servicios Profesionales.
Eso es la puntilla. Intervencionismo. Dictadura pura y dura.

Sus años en la OMC, corporación que estuvo a punto de presidir

Usted intentó presidir la Organización Médica Colegial
Hubo un grupo de presidentes que pensábamos que la institución debía ir por otro camino. Y se decidió que me presentara yo. Pero perdí contra José Fornes, que fue reelegido. Fue en 1994.

¿Fue una frustración?
No por mí, sino por no poder llevar a cabo el cambio que ese grupo de presidentes y yo teníamos en mente. De aquella corriente de pensamiento es verdad que hoy ya no queda casi nada.

¿Qué hubiera hecho al frente de la OMC?
La hubiera adaptado al escenario competencial del Estado, potenciando los consejos autonómicos de colegios y dejando el Consejo General como punto de encuentro. Los primeros son los que tienen que tener el protagonismo. La verdad es que me temo que hubiera sido un presidente muy impopular… (risas).

¿Y cómo hubiera detenido la creciente desafección del colegiado? Esto parece imparable…
Es que creo que no se ha intentado. Un Colegio es demasiado pequeño para conseguir nada. Se necesita un liderazgo nacional para concienciar y convencer. Para ilusionar.

¿Tuvo oportunidad de entrar en política?
Una vez me tantearon. Formé parte del Partido Liberal, en los inicios de la democracia. También me ofrecieron algún cargo en la Administración. Yo pregunté si podría llevar a cabo algo así como mi programa, la idea que yo tenía de esa responsabilidad. Y no me volvieron a llamar.

No parece que sea un ámbito muy de su agrado, el político y el administrativo.
La dimensión del Estado es hoy demasiada, está hipertrofiada. Y eso es a costa de la sociedad y del individuo. Yo creo que hoy hay mucha menos libertad que hace años. Estamos mucho más mediatizados en todo.

Ni enemigo ni amigo de Rodríguez Sendín
- La OMC le deparó grandes enemigos.

- ¿Enemigos? Ninguno. ¿Grandes amigos? Muchos, que aún mantengo, por cierto. Sí es verdad que hubo choques de trenes. Y hoy hubiera hecho lo mismo.

- Con el presidente Rodríguez Sendín tuvo desencuentros públicos.

- Tenemos una relación institucional, sin más. Yo he pasado página en la OMC. ¿Que la dirige Rodríguez Sendín? Yo no tengo nada que decir. Es totalmente legítimo. Lo que ocurrió en su momento es que hubo una confrontación entre dos maneras distintas de entender la Organización. Pero eso no me hace considerarle enemigo. Tampoco tenemos una relación de amistad, aunque le respeto completamente.

¿No cree que ha habido errores en sectores que deberían haber estado mejor regulados?
¿Pero quién ha hecho mal las cosas? ¿Y la Administración del Estado? ¿Y la deuda pública? ¿Y el despilfarro? ¿Y los tres millones y pico de funcionarios? ¿Y las sociedades públicas estatales? ¿Y el Plan E? ¿Se puede malgastar de esta manera? ¿Se puede extraer hasta la última gota del sudor del ciudadano? La regulación, cuanto menos, mejor.

Comenzó a presidir PSN en 1998. ¿Era su propósito?
Nunca. Nunca lo imaginé tal y como ha ocurrido. Entré de una manera casual, tras la intervención de la Dirección General de Seguros y la preocupación al respecto que mostró entonces la OMC, de la que formaba parte.

Fueron inicios muy complicados.
Angustiosos. Pensé que todo se iba al garete. Nos tocó un Consejo de Administración muy difícil, cada uno era de su padre y de su madre. Pero conseguimos enderezar el rumbo y los resultados nos acompañan, incluso en los momentos difíciles que venimos viviendo.

Decisiones autoritarias para enderezar el rumbo en PSN

Tuvo que emplearse a fondo también para mantener el poder. ¿Cree que fue excesivamente autoritario en algunos momentos?
Las decisiones que debí tomar fueron necesarias y a la postre acertadas. Yo esto lo comparo con la navegación. En el momento de tempestad, cuando el mar arrecia, el capitán no puede vacilar. Tiene que ser capitán y tomar las decisiones que hagan falta. Entonces PSN necesitaba que alguien ejerciera la autoridad. Hoy PSN puede apoyarse más en el consenso, hasta en el parlamentarismo. Porque hoy todo el mundo rema a favor.

¿Considera que en PSN ha cumplido su misión?
Sí, está cumplida. Y con creces. Pero las posibilidades son inmensas, impresionantes, y se las vas descubriendo poco a poco. Y a un reto sucede otro y otro más.

¿Habrá similitudes en cómo dejó el Colegio y cómo dejará PSN?
En absoluto. El Colegio es solo la persona. PSN es una realidad, que seguirá igual o mejor cuando yo marche.

Con Diego Murillo, presidente de AMA


Hábleme de Juan Blázquez, su antecesor en PSN.
Me merece todos los respetos, aunque creo que al frente de PSN no hizo las cosas bien. Se equivocó en muchas cosas. Yo nunca hubiera convertido la antigua mutualidad en mutua de seguros. PSN necesitaba una gestión profesional, que no tuvo entonces. Pero sí es verdad que con Blázquez PSN comenzó a cambiar. Quién sabe dónde podría haber llegado.

¿Y Diego Murillo? ¿Hay competencia entre PSN y AMA por ver cuál es la mejor mutua sanitaria del país?
AMA es nuestra hija. Nunca hay competencia entre padres e hijos. Nosotros estamos muy orgullosos de que a AMA le vaya muy bien. Yo le tengo mucho cariño a Diego Murillo, y me llevo muy bien con él. Él dirige y administra de una manera. Y yo dirijo y administro de otra manera. Pero no somos competencia. Es mi mutua, tengo mis seguros en AMA, y me alegro de que le vaya bien.

Llegamos al final, presidente. Háblenos de su familia, que es seguramente lo más importante de su vida.
Soy un privilegiado, he tenido mucha suerte con mi familia.

¿Van a tener sus hijos su misma proyección pública?
No lo creo. Mi hija es farmacéutica, aunque lo más importante para ella es su familia. Tengo un hijo traumatólogo, que está conmigo en mi consulta privada y en Quirón La Coruña. Es un médico como a mí me gustan: un médico humano. Y el último es economista y es más emprendedor. Vivimos muy cerca unos de otros y nos vemos habitualmente.

¿Y su mujer?
Es un magnífico apoyo, muy familiar y de grandes valores. Hemos tenido mucha suerte. Nos han salido muy bien las cosas. La mayor realización de mi vida es la familia, y es cosa de los dos.

¿Qué le pide a lo que quede de vida?
Pues ya no le pido nada. Ya me lo ha dado todo.