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06/04/2014 n179
                 Aunque las nieves del tiempo ya
              platearon mi sien, y despejaron de pelo mi coronilla, sigo considerándome un rockero. Pero de los auténticos. Por eso esta semana me pedí uno de los moscosos que tenía por ahí para ir a comprar una entrada para el concierto de los Rolling Stones. En esa dicotomía terrenal que algunos hacen de la vida (¿Cola Cao o Nesquik? ¿Burger King o McDonald's? ¿Beatles o Rolling?) yo elijo a sus satánicas majestades. Es decir (para los neófitos), a Mick Jagger y compañía.

Y visto lo visto hice bien en madrugar y ser previsor cogiéndome el día libre, porque dediqué eso, casi un día entero, a esperar en una interminable cola para conseguir mi entrada. Como estuve muchas horas allí de pie, me dio tiempo a observar a quienes eran mis compañeros de fatigas. Había variedad: desde fans de toda la vida como yo, hasta jóvenes que seguramente estén aún descubriendo la música de los Rolling, a otros que se les veía que estaban allí simplemente por contarlo luego en Facebook o Twitter (lo que ahora los jóvenes llaman postureo),. Incluso los comerciantes, los que esperaban solo para vender el turno o la entrada al mejor postor.
Mi deformación profesional me llevó inmediatamente a ver aquella fila tan variopinta como la que se genera en los hospitales para ser operado, la famosa lista de espera quirúrgica. En ambas hay gente que tiene una necesidad imperiosa; otros que tienen que estar aunque no les va la vida en ello; y los que se ponen a la fila, pero no les importa dejar pasar su turno si es a cambio de algo que consideran más interesante. Y es que no olvidemos que hay pacientes a los que se les llama para una operación menor y que dicen que no, alegando que tienen un viaje u otro compromiso.

Las listas de espera quirúrgicas son habitualmente un arma arrojadiza, sobre todo por parte de la oposición política de turno, y polémicas, porque hay quien dice que con una mejor organización del sistema sanitario se reducirían. También la interminable fila que se formó para comprar la entrada de los Rolling Stones generó protestas contra los organizadores. En cualquier caso, admitiendo que todo es mejorable, creo que ambas son consecuencia de algo común: las ganas de seguir estando vivo. Eso es al menos lo que yo siento cuando oigo el rif de ‘Satisfaction’ en la guitarra de Keith Richard.s Imagino que a los pacientes les pasa igual.