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30/03/2014 n178
El legado sanitario de Adolfo Suárez
“Como los tentetiesos que se levantan tras cada golpe y no caen jamás al suelo”. Así define el primer ministro de Sanidad de la Democracia, Enrique Sánchez de León, la vida política y aun personal de Adolfo Suárez, el presidente de la Transición llorado por su reciente fallecimiento. 'Revista Médica' ha entrevistado a quien encabezó el primer ministerio del ramo en la Historia de España (con permiso del intento de Federica Montseny, en plena Guerra Civil) y ha desvelado cómo era la sanidad con que hubo de lidiar el difunto político abulense. Un paseo de la mano de quien confió Suárez para acometer una reforma sanitaria que se vio frustrada, pero que depositó sobre el papel oficial las bases jurídicas e institucionales que posibilitaban su ejecución a quienes tomaron el relevo.
Javier Barbado.
Imagen: Pablo Eguizábal

La reforma sanitaria de la Unión de Centro Democrático (UCD) alcanzó su máximo exponente en un borrador de propuestas que prosperó en las cámaras pero se quedó, por fin, en agua de borrajas. Su autor, el ilustre profesor José María Segovia de Arana –hoy activo a sus 95 años– esgrimió los cambios que Enrique Sánchez de León tuvo en mente desde antes incluso de ejercer como ministro de Sanidad y Seguridad Social tras las elecciones de junio de 1977. El paradigma de su proyecto –que coincide con lo que Suárez respaldó a partir de una posición ideológica de centro– residía en la creación de un Servicio Nacional de Salud con personalidad jurídica propia que prestase asistencia a los trabajadores y se financiase con sus cotizaciones.

Esa fue la apuesta del difunto presidente. Pero, como tantas otras, se perdió ocluida por la urgencia de que primara el consenso entre las diversas fuerzas políticas del momento, por un lado, y la crisis económica derivada del petróleo –que, en España, se hizo notar en su apogeo a finales de la década de los 70–, por otro. De ahí que Suárez concentrase su energía en los conocidos como Pactos de la Moncloa, que se celebraron en octubre del mismo año en que se proclama presidente del Gobierno por las urnas.
Enrique Sánchez de León explica cómo llegó a ser ministro con Suárez

Pero los famosos acuerdos firmados en el recinto presidencial no repercutieron apenas en el ámbito de la sanidad, sino que se centraron en la aprobación urgente de medidas de reforma y saneamiento de la economía. Por eso Suárez aceptó la decisión del propio Sánchez de León de mantenerse en la cartera de Sanidad durante la primera legislatura, pero abandonarla en cuanto se formó nuevo Gobierno tras las segundas elecciones democráticas en 1979. Quedó plasmado en el boletín estatal el nacimiento del ministerio en 1977 y el del Instituto Nacional de la Salud (Insalud) en 1978, tan solo un mes antes de aprobarse la Constitución. Después, los sucesores en el puesto de Sánchez de León hubieron de sobrellevar una labor gestora y poco arriesgada en consonancia con el dinero disponible. Exploremos, con todo, cómo llega el entrevistado a conocer a Suárez y por qué ambos se sumergen en la apasionante encrucijada para la reforma política.

Los comienzos de la relación política entre Suárez y Sánchez de León se remontan a 1972: una “terrible elección a cara de perro” entre el capitán general de Cataluña, Alfonso Pérez-Viñeta, y el entonces inspector de Trabajo y Seguridad Social Enrique Sánchez de León, decantada a favor de éste, preparó el escenario de la Transición en España. Su nombramiento como consejero del Movimiento y Procurador en Cortes por Badajoz en lugar de quien comandaba la IV Región Militar con el General Francisco Franco,
El punto de partida Uno de los secretos mejor guardados por el primer ministro de Sanidad de la Democracia fue el Libro Blanco de Victorino Anguera, quien fue subsecretario de la Seguridad Social. En él se traza un esquema general de la reforma sanitaria que España necesitaba y sirvió de guía intelectual a Sánchez de León, quien comenzó por lo más básico: ubicarse en un despacho del Ministerio de Trabajo, ‘robándoselo’ a uno de los subsecretarios.
sorprendió a extraños, no tanto a propios, porque ése fue el caldo de cultivo de la reforma más exitosa de la Historia democrática: el “choque de trenes” entre dos generaciones de políticos subdivididas.

Como ahora, la sanidad no era plato de buen gusto para los ministros de Economía de entonces, que al fin y a la postre controlaron buena parte de las decisiones del Ejecutivo. Tampoco lo fue para el presidente, cuya capacidad de relación se reflejó en el sector sanitario a partir de su estrecho vínculo con Sánchez de León. Como ya hemos advertido, ambos sentaron las bases institucionales de la sanidad que hoy conocemos.

La inflación sube tres puntos a cuenta de Sanidad

Sánchez de León fue ministro de Sanidad y Seguridad Social en el primer Ejecutivo de la Transición que formó Adolfo Suárez

“Nada nuevo bajo el Sol”, se aproxima a concluir el propio Sánchez de León cuando 'Revista Médica' le pregunta por su intento de reforma sanitaria en su bufete de abogados, muy cerca de la calle Génova, en pleno centro de Madrid. “Imagine que va usted ahora y le dice al ministro De Guindos o a Montoro que va a revalorizar las pensiones, se ejecuta y ellos le dicen al presidente que el precio de la medida ha sido tres puntos más de inflación”, relata. Pues eso mismo –indica– hizo él durante el primer Gobierno de Suárez, “la mayor revalorización de pensiones de la Historia de España”, y le costó la renuncia al Ministerio que él mismo estrenó en las segundas elecciones democráticas de 1979.

Según el entrevistado, de todos era conocida su posición encontrada con el vicepresidente económico en aquellos años, Fernando Abril Martorell –el mismo que, en 1991, presidió la Comisión Nacional de Evaluación del Sistema Nacional de Salud conocida como el Informe Abril–, quien había reemplazado en tal cargo a Enrique Fuentes Quintana en la que fue la primera crisis de un Gobierno democrático español. “Abril Martorell se empeña en la cuestión económica, pero yo soy un Ministerio que gasta la mitad del presupuesto del Ejecutivo, ya que incluía las pensiones y la asistencia sanitaria. Y yo voy con proyectos nuevos, por lo que mi posición con la Vicepresidencia económica no era cómoda”, relata.

Aun así, él entendía la situación –confiesa–, solo que,
Elegido con Franco Enrique Sánchez de León (Badajoz, 1934) se presentó a las elecciones democráticas de junio de 1977 como diputado por esta provincia y Procurador en Cortes. Cinco años antes, esta última condición, y la de consejero del Movimiento, le llevaron a conocer a Adolfo Suárez (1932, Ávila; 2014, Madrid), siendo compañeros tanto en las Cortes como en el Consejo Nacional. Su irrupción en la política del Régimen fue muy notoria, ya que ganó en las urnas al capitán general de Cataluña, Alfonso Pérez-Viñeta, que, aun derrotado, fue escogido directamente por Franco como miembro del Consejo Nacional. Sin embargo, el propio jefe del Estado designó, después, un Consejo para la Reforma Política formado por seis ministros y seis consejeros, entre ellos “sorprendentemente” Sánchez de León.
tras los Pactos de la Moncloa y las directrices que le encomendaron derivadas de éstos ya cumplidas (Sánchez de León también redujo gastos de la administración sanitaria y congeló plantillas en los hospitales, entre otras medidas), la feroz oposición de Abril Martorell a su proyecto de configurar un Servicio Nacional de Salud dotado de personalidad jurídica propia se antojaba imposible.

Por eso se plantó ante Suárez y el propio vicepresidente económico en una reunión a tres bandas, que él propuso, en la que cada uno dispuso de una hora para exponer sus opiniones y rebatir las del adversario, con el presidente de moderador imparcial pero decisorio: toda una metáfora de la personalidad y obra del hombre tan aclamado estos días tras su muerte, once años después de que trascendiera su enfermedad.

“Estábamos muy por debajo de la media de la Comunidad Europea en gasto sanitario respecto al PIB. Y no solamente se me obliga a no gastar muchísimo más, sino que todo es el recorte, todo se ciñe a la cuestión económica, todo es, en fin, ‘no, no y no’ desde la Vicepresidencia económica, así que yo me siento muy a disgusto, y, un buen día, le digo a Suárez: ‘Mira, Adolfo, yo estoy incómodo y no creo que te sirva en estos momentos; creo que debes elegir a alguien que no le tenga tanto afecto a la Sanidad y a la Seguridad Social y esté comprometido con ellas y sea, al mismo tiempo, mejor gestor que yo mismo, porque en mi caso, para estar ahí y gestionar una imposibilidad económica y no poder hacer nada, pues no quiero”.

La cólera de Abril Martorell contra Sanidad Esta versión de los hechos –que 'Revista Médica' no ha podido contrastar con los otros dos protagonistas por razones obvias– fue en su momento contradicha, sin embargo, por el propio Abril Martorell, según revela Sánchez de León, quien señala cómo “subimos las pensiones el 30 por ciento, aquello repercutió, como es lógico, en el IPC, cuya bajada de aquel año me cargué, y entonces Abril Martorell montó en cólera contra el Ministerio y contra mí, imputándome insolidaridad y una serie de cosas que hicieron todo aquello muy difícil”.

Por eso el ministro de Sanidad de UCD se dirigió a Suárez en privado y le dijo: “Mira, presidente, yo no tengo ningún inconveniente en cesar. Me cuesta enormemente porque ésta es mi tarea, mi creación, mi ilusión… pero qué le vamos a hacer. Sólo te pido una cosa: que si crees que tienes que hacerlo, antes, me concedas dos horas en las cuales solo tendrías que escucharme. Tú le dices al vicepresidente económico que atenderás a lo que él tiene que decir del Ministerio de Sanidad y Seguridad Social, y después, me escuchas a mí. Y nada más. No quiero tu juicio, que te lo reservas para ti mismo”. “Y quiero decirte otra cosa, presidente –recalca– en estos momentos te es más necesario él que yo y va a ser más fácil sustituirme a mí que a él”.
La confianza de Suárez en que llegaría a presidir
el Gobierno

Como colofón a sus recuerdos de aquel momento, Sánchez de León añade que “Suárez, quien me oyó lo que le dije con una atención que, creo, no la he visto en nadie nunca jamás, al término de la entrevista me dio un abrazo soberano. Y le dejé sobre la mesa dos proyectos: uno era el de los centros de salud, y el otro, el de la liberalización de la Asistencia Primaria”. “Mira, presidente –prosigue– mantengo mucha ilusión en los dos proyectos y te los dejo para herencia de mis sucesores”, que fueron, por este orden, Juan Rovira Tarazona, en los gobiernos formados el 5 de abril de 1979 y el 2 de mayo de 1980; Alberto Oliart Saussol (a la sazón, hace unos años, presidente de la Corporación Radiotelevisión Española), en el constituido el 8 de septiembre de 1980; Jesús Sancho Rof, en el conformado el 26 de febrero de 1981, poco después del Golpe de Estado; y Manuel Núñez Encabo, en el configurado el 1 de diciembre de ese mismo año.

Todos ellos, sin embargo, llevaron a cabo una labor más gestora que ejecutora al frente de la cartera de Sanidad por la sencilla razón de que la crisis económica impidió cualquier iniciativa reformista como la que siempre tuvo en mente el entrevistado:
Persecución por Badajoz Cuando Sánchez de León y Suárez se encaminaron a la provincia de Badajoz para exhibir en las calles su candidatura por la UCD, “la izquierda más radical, y, ante todo, el PSOE” se enteró y organizó una redada que hizo salir “corriendo” a los dos hasta la puerta del coche oficial, donde se cobijaron y libraron de una buena abatida. Es una de las múltiples anécdotas que vivieron en su carrera política los dos amigos.
la separación funcional de la asistencia sanitaria y de la salud pública (de ahí que denominara al Ministerio “de Sanidad” y no “de Salud”), y su vínculo con la Seguridad Social, esto es, la caja común por repartir entre quienes cotizaban con sus trabajos, como ha quedado dicho. Los socialistas –de acuerdo con la interpretación del exministro– coincidieron en casi todo con él en su planteamiento inicial en materia sanitaria (salvo en la idea de desechar la sanidad privada de los planes directos del Gobierno, no compartida por el entonces ministro), y luego, más tarde, se desmarcaron con el propósito de que la asistencia no fuera para el trabajador, sino para todo ciudadano por medio del Sistema Nacional de Salud (SNS) que, por cierto, no cuajó hasta 1986, es decir, cuatro años después de que se hicieran con el poder.

Y en este punto Sánchez de León aprovecha para criticar que, aun hoy, el SNS es un ente sin autonomía jurídica que se ha “troceado” al transferir las competencias a las comunidades autónomas, nada que ver con los planes de la UCD, que contemplaban un organismo integrador de las prestaciones con suficiencia jurídica y financiera y que se apoyara en el Insalud como institución gestora y ejecutora: “Hoy casi todos los catedráticos y teóricos dicen no entender qué es el Sistema Nacional de Salud, creado con la Ley General de Sanidad de 1986 y carente de personalidad jurídica y de financiación para las prestaciones sanitarias que procede, en su mayor parte, de los impuestos”.

El telón de fondo de la sanidad de Suárez Pero si el escaso presupuesto del Gobierno paralizó los ideales de Sánchez de León, el mérito de crear el ministerio y el Insalud no se lo quita nadie. Y eso fue posible por el apoyo permanente del presidente Suárez, con quien se reunió con periodicidad entre mensual y diaria durante aquella década, bien por razones de partido (Sánchez de León fue uno de los siete fundadores de UCD; en concreto lideró AREX –Acción Regional Extremeña– y formó parte del Comité Nacional de aquélla desde el principio),

Adolfo Suárez y Enrique Sánchez de León, durante la campaña electoral de 1977. Foto: HOY

 bien por asuntos de gobierno una vez en el poder (aparte de verse en el Consejo de Ministros cada semana, despachaban “una vez al menos cada mes o dos meses”).

Lo llamativo en Suárez –destaca– se entrevé en la conocida anécdota de que, desde pequeño, presumió de que iba ser presidente del Gobierno: “No sé si lo decía creyéndoselo o no, pero lo cierto es que a mí me hablaba con el tono de ‘cuando gobernemos, Enrique, haremos esto o lo otro’, es decir, como dando por hecho su Presidencia” incluso antes de conseguirla por elección directa del Rey, primero, y por las urnas democráticas, después.

Nada más resultar elegido por los españoles, concitó a los ministrables en La Moncloa –todos ellos miembros del Comité Nacional del partido– y, en el caso de Sánchez de León, no tuvo más que decírselo: “Vas a ser el ministro de Sanidad’, a lo que yo le contesté que muchas gracias; en realidad, ya me lo esperaba, porque había tenido en mente la creación del ministerio desde hacía tiempo, algo que se tramitó, por cierto, por medio de José Manuel Otero Novas, a quien yo explico que España es el único país de Europa que carece de esa cartera, y le explico que, salvo en Reino Unido, predominan los departamentos de Sanidad y Seguridad Social, por ejemplo en Francia y Alemania”.

La fundación del CDS tras patinar la reforma sanitaria Ya en los 80 Suárez fundó el Centro Democrático y Social (CDS), que apenas obtuvo representación parlamentaria en los comicios de 1982, y a ese proyecto poco o casi nada se a ligó Sánchez de León. ¿Fracasó el difunto presidente en la reforma de la sanidad, imprescindible tras el franquismo según todos los agentes del sector? No lo hizo, por cuanto mantuvo en lo posible al frente del ministerio recién nacido al hombre preparado y dispuesto para acometerla, algo meritorio, como poco, si se repara en el clima político de la Transición. Para Sánchez de León no cabe duda de que los criterios económicos aplastaron con su dosis de realismo la expectativa del Servicio Nacional de Salud que él imaginó. Lo que después hicieron otros no compete a este reportaje, pero sí la presencia paralela y confraternal del presidente Suárez con la primera línea política sanitaria, que no descuidó, al menos en su primer mandato, ni relegó a un segundo plano, sino que dejó que caminase mientras se tuviera en pie, como, en efecto, sucede con los tentetiesos.
El exministro de Sanidad recuerda sus encontronazos con Abril Martorell 

Con este símil el propio entrevistado redondea la trayectoria de Adolfo: alguien dispuesto a encajar los golpes y regresar a su posición de partida para continuar su mandato. Su dimisión –que no hubiera consumado de disponer del menor indicio del pronunciamiento de Tejero, según Sánchez de León– se produjo después de que el propio partido renunciara, en la práctica, a sus planes sanitarios. Cuajó el mensaje y quedó plasmada la intención. El resto pertenece a la historia de los gobernantes posteriores.


- El autor de este reportaje, Francisco Javier Barbado Cano, lo es también de 'UCD y la Reforma Sanitaria: ¿una experiencia frustrada?', trabajo de investigación de la Diplomatura de Estudios Avanzados (DEA). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación. Universidad San Pablo CEU de Madrid.