¿Quiere recibir Revista Médica en su correo de forma gratuita?
23/03/2014 n177
Expresidente de Cantabria, y líder indiscutible del Partido Regionalista Cántabro (PRC), es de los pocos políticos que hablan igual de claro cuando ostentan un cargo público que cuando están en la oposición. A propuesta de ‘Revista Médica’ centra su incisiva visión en el sistema sanitario. Tiene claro dónde recortaría y qué es lo esencial que hay que defender.
Paul G. Rojo

Contemplando la bahía de Santander desde Pedreña

Revilla firma ejemplares de su libro 'La jungla de los listos'

El segundo libro que ha escrito: 'Nadie es más que nadie'

Recientemente su nieto Bruno le ha convertido en abuelo

En el Parlamento de Cantabria, donde es igual de directo como gobierno u oposición

Con unos jóvenes ganaderos en la feria de San Felices de Buelna

En el programa de televisión
'El Hormiguero', con el presentador Pablo Motos. Miguel Ángel Revilla es un personaje muy mediático

Usted fue a Valladolid a estudiar Medicina, pero no llegó a comenzar. Exactamente, fui a Valladolid pero no llegué a matricularme. Mi padre tenía un familiar con recursos económicos que era médico, tenía allí un hospital y le ofreció la posibilidad de pagarme la carrera, pues mi padre quería que estudiara Medicina. Sin embargo, yo entiendo que la Medicina es un tema de vocación, igual que la política, pero yo soy incapaz de convivir con el dolor y tantas situaciones terribles que se ven en la profesión. Sin duda, no tengo madera de médico.

Imagínese que por las casualidades de la política, usted es nombrado ministro de Sanidad. ¿Cuál sería su primera medida? Soy un defensor total de la sanidad pública. Eso sí, compatible con que exista una sanidad privada para el que tenga recursos y quiera pagársela, pero como derecho universal de los ciudadanos, reitero una sanidad pública y gratuita. Y esa es una garantía prioritaria.

¿Cómo ve que las competencias sanitarias estén transferidas a las autonomías? Las autonomías, que ahora son tan criticadas, han sido muy positivas para España, pero no se han corregido defectos que siguen latentes. Por ejemplo, cuando se hacen las transferencias desde Madrid. Sobre todo en las materias de sanidad y educación. Yo pensaba que paralelamente irían desapareciendo las estructuras ministeriales. Pero hoy vemos que se siguen manteniendo una burocracia en Madrid, absolutamente injustificable, pues hay una duplicidad de gasto que no tiene ningún sentido. Los ministerios sin competencias siguen “poblados” con mucho personal.

¿Seguiría manteniendo “vivo” el Consejo Interterritorial?
Sí, ese órgano me parece que tiene que cumplir una misión importante en la coordinación de las políticas sanitarias para garantizar que su aplicación y las prestaciones que reciben los ciudadanos sean equiparables en todas las comunidades autónomas, preservando el principio de igualdad entre todos los españoles.

¿Qué haría para acercar el Ministerio a los ciudadanos? El problema es que el Ministerio son ahora las comunidades autónomas; si es que prácticamente no hay competencias que tenga el Estado... Lo que sí habría que hacer es una coordinación de políticas idénticas para todo el territorio nacional. La sanidad y la educación no son dos competencias cualquiera. Es lamentable que en estas dos materias fundamentales no exista un criterio similar en todas las comunidades autónomas.

¿Más copagos sanitarios o erradicarlos totalmente?
Tiene que haber impuestos, pero los justos. Es decir, pagando más el que más gana. El gran problema de la recaudación fiscal española es que al no pagar los ricos prácticamente impuestos, para cubrir el déficit permanente de nuestra economía, los impuestos recaen en las clases populares y modestas, generalmente a base de imposiciones indirectas, que son las más injustas. Si en este país pagaran impuestos los que más tienen (las grandes empresas) en  proporción a los que pagan las pymes y los asalariados, no se necesitaría hacer ningún recorte ni en educación ni en sanidad.

¿Cree que los profesionales sanitarios están bien retribuidos?
Por supuesto que no. Si hay una profesión que requiere de una buena retribución, son los profesionales de la sanidad. Porque lo que se traen entre manos, ni más ni menos, es la vida de los demás. Para mí no es de recibo que en España los  jugadores de fútbol y grandes directivos de bancos ingresen grandes cantidades de dinero, casi pornográficas, mientras que jefes de servicios que tienen en sus manos, todos los días, equipos de médicos y vidas humanas, tengan unos salarios prácticamente de subsistencia. Esto no es de recibo.

Después de que el Tribunal de Justicia de la UE dictara en contra del ‘céntimo sanitario’. ¿Qué solución propone para disponer de dinero para la sanidad?  
Durante mi mandato como presidente del Gobierno de Cantabria me negué a poner en marcha el denominado ‘céntimo sanitario’. Primero, porque es una doble falacia, porque ni es céntimo ni es sanitario, ya que este impuesto va a un cajón que sirve para pagar todo tipo de gastos. La Unión Europea ha dicho que es una ilegalidad. Se trata de camuflar una doble imposición, que ya está pagada anteriormente a través de los impuestos del Estado, del denominado impuesto de carburantes.

¿Cómo ve la sanidad española y la cántabra actualmente?
Ahora mismo es uno de los sectores que más está sufriendo los problemas de la recesión. Es una pena que este sector, junto al de la educación, sea el más afectado por los recortes. Pienso que si hay dos cosas que más preocupan a los ciudadanos son su trabajo, cómo ganarse la vida, y su salud. Hay que tener en cuenta que la sanidad influye a todos, y este es un ámbito muy sensible. Los recortes están afectando de manera negativa. El otro sector es la educación, que es el futuro. Estos dos sectores, a mi manera de ver, deberían de estar absolutamente protegidos de cualquier tipo de recortes.

¿Entonces, por dónde se puede recortar?
Hay mil maneras de recortar. Por ejemplo, eliminar todas las diputaciones provinciales, las televisiones autonómicas, el Senado, así como cantidad de organismos que son totalmente inútiles. Pero tocar la sanidad, no; de ninguna manera, pues es de una gran sensibilidad para la población. Cualquier deterioro de la sanidad afecta a la salud y a la vida de muchísima gente.

Cantabria, si de algo puede presumir, es del Hospital de Valdecilla. ¿Usted ha denunciado recientemente que lo que se está haciendo en Valdecilla es una privatización de la sanidad?
Valdecilla es la gran decepción de este Gobierno y de todos los gobiernos. No hay ministro de Sanidad (desde que yo tengo uso de razón) y presidente del Gobierno que no haya prometido y jurado que Valdecilla iba a ser pagado íntegramente por el Gobierno de España. Valdecilla es un hospital de ámbito nacional en donde se atiende a pacientes de todo el Estado. Este era un compromiso de José Luis Rodríguez Zapatero, de Mariano Rajoy… de los ministros de Sanidad de uno u otro partido y, de hecho, la promesa del actual presidente del Gobierno de Cantabria, que fue a Madrid con la única petición de la fi- nanciación íntegra del Gobierno de España. Conclusión, que al final nos vamos a tener que cargar con el mochuelo de una obra que va a hipotecar de manera infinita a Cantabria durante 20 años, es decir, 600 millones de euros que van a impedir dedicarlos a otro tipo de inversiones.

¿Cómo ve el fenómeno del turismo sanitario?
El turismo sanitario es un problema para el sistema público español, siempre que implique la financiación con fondos públicos de asistencia para ciudadanos que no cotizan, ni pagan impuestos en nuestro país. La Administración Pública debe hacer cumplir la directiva comunitaria que prevé que la atención de los ciudadanos miembros de la Unión Europea será financiada por sus respectivos países.

¿La sanidad puede ser un foco de atracción para España?
La sanidad española, que tiene una excelente calidad, debe ser un foco de atracción de personas de otros países que vienen a solucionar sus problemas. Ahí tenemos el caso de Estados Unidos que se convierte en un ‘centro de peregrinación’ de personas que piensan que allí les van a solucionar los problemas que tienen. Si España tiene una sanidad de calidad, claro que la sanidad puede ser un gran negocio empresarial.

En la sanidad, ¿hay corrupción?
Supongo que habrá. No es un sector que tenga localizado como otros, pero supongo que también habrá.

En 2010 era el presidente autonómico mejor valorado en su comunidad, según una encuesta del CIS, y actualmente, con sus apariciones en los medios de comunicación, sigue manteniendo esta valoración… desde la oposición. ¿Qué receta recomienda para otros expresidentes de Gobierno? Yo encantado. A mí no me han preguntado nada. Siempre he tenido una alta aceptación y he sido muy valorado por los cántabros, desde que teníamos tres o cuatro diputados, hasta cuando he sido vicepresidente con el Partido Popular, presidente con el PSOE y ahora desde la oposición.

Después del éxito de sus libros ‘La jungla de los listos’ y ‘Nadie es más que nadie’, ¿va a seguir escribiendo?
Voy a escribir un tercero, y este será el último. Mi intención es dejar escrito un modelo de desarrollo social y económico para España en base a corregir las denuncias que están en los dos libros anteriores. Sí quería que fuera un libro de alternativas y propuestas, en vez de ser un libro de denuncias. Es decir, uno de soluciones. Y este sería el final.

Usted ha entrado en las redes sociales por la puerta grande. Tiene miles de seguidores en Twitter y en Facebook.
Soy el número uno de todos los políticos de Europa en Facebook [muestra el número de seguidores de Merkel que llega a los 498.857, y el de Polaciones tiene 506.000]. En España, de todos los políticos, el que más seguidores tiene es Mariano Rajoy, que supera los cien mil. Hay días en que algunas consultas pueden llegar al millón y medio de visitas. Hace unos días estuve en Guardo (Palencia) y estaba abarrotado, gracias a las nuevas tecnologías. Para  mí, esto ha sido el descubrimiento más importante que me ha ocurrido. Es una ventana a la comunicación. Cada día son más de 30.000 personas las que interactúan conmigo a través de las redes sociales.

Si esta reacción de los seguidores en Facebook fuera similar a unas elecciones nacionales de candidatura única a nivel de Estado, ¿qué pasaría?
Esto sería un pelotazo. Con una mínima campaña sería el más votado.