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16/03/2014 n176
MARIO MINGO
“El espíritu de un amigo
me acompañó seis meses”

Si ven a Mario Mingo fijándose en el alumbrado municipal o el estado de las aceras, no se asusten, es la deformación profesional del exalcalde de Torrelodones. Fueron nueve años como ‘independiente’ en su pueblo, en el que sorteó pedradas tras partidos de fútbol y donde concilió a “señoritos” y “guardeses”. Parece una novela de Delibes, pero eran los años noventa y lo resalta como un logro. Tras su independencia política, llegó Aznar en 1996 y todo cambió. ‘Revista Médica’ se adentra en su faceta más desconocida, como su gusto por el espiritismo y la psique.

Con Ana Mato, antes de la primera comparecencia de ella en Comisión como ministra

Nacido el 30 de noviembre de 1947
en Torrelodones (Madrid).
Tiene seis hijos.
Licenciatura y Doctorado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Cirugía y Gastroenterología. Máster en Dirección y Gestión de Instituciones Sanitarias por la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid.
Su momento de la semana: los domingos, con sus hijos y sus nietos.
Sus lectura favoritas son sobre el más allá y la historia.
Le gustaría que el PP lograse “enamorar a la sociedad” como el PSOE.
¿La veteranía también es un grado en el Congreso?
Los primeros años son de novedad y aprendizaje, como en la profesión, en el matrimonio, en la amistad. Cuando llevas tantos años, persiste la curiosidad, nunca dejas de sorprenderte, y tienes más enraizada la facultad de decidir sobre lo importante y lo accesorio. Para mí, lo importante es el máximo común denominador, el máximo consenso. Esto, en el ámbito de la política sanitaria es imprescindible.

De su época de portavoz de Sanidad, ¿con qué se queda?
El enfoque es completamente distinto si estás en el Gobierno o en la oposición, pero llegamos a muchos acuerdos. En la época de Aznar, de 2000 a 2004, hicimos ocho leyes sanitarias, con Celia Villalobos y Ana Pastor, y siete se aprobaron por unanimidad. En el Gobierno socialista también se aprobaron algunas por unanimidad.

¿Alguna medida de la que se sienta especialmente orgulloso?
La Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias fue un momento maravilloso porque las profesiones la demandaban desde tiempo inmemorial. La de Investigación Biomédica también fue otro momento importante.

¿Qué día ha pensado “vale la pena este trabajo”?
Muchas veces. No sé destacar uno.

¿Y “quién me mandaría a mí meterme en esto”?
Algunas veces. Dedicarme tanto a la política ha disminuido mi presencia en la Medicina. Cuando fui alcalde, con 39 años había publicado más de 80 trabajos en el ámbito médico. Aquello no continuó, aunque he seguido ejerciendo mi profesión.

Desde la Presidencia de la Comisión de Sanidad, conversa con
José Martínez Olmos, portavoz del PSOE



¿Cómo decidió ese cambio?
Todo surgió de un grupo de amigos que querían cambiar la situación en Torrelodones. Queríamos un ayuntamiento más libre, que modernizara el pueblo, y donde todo el mundo fuese más feliz. Estuvimos ocho años en el Ayuntamiento con una candidatura independiente, y luego la mayor parte de nosotros nos afiliamos al Partido Popular (PP). Nos presentamos como PP, en el año 1996, y también ganamos. Estoy muy agradecido a la gente de Torrelodones porque siempre me ha dado su confianza.

¿De qué se siente más orgulloso como alcalde?
Del criterio de libertad, de no imponer, de abrir la mente. Desde instalar una antena parabólica porque no se veía la televisión, hasta colocar depósitos para garantizar el agua, el alcantarillado del pueblo, restaurar una escuela universitaria, la escuela de idiomas… En definitiva, modernizar el pueblo.

Y compatibilizaba el cargo con la Medicina…
No tenía sueldo como alcalde. Seguía en el Hospital Gregorio Marañón y tenía mi consulta privada.

¿Recuerda algún agradecimiento especial de un vecino?
Muchos, por conseguir trabajo, arreglar una calle… Los políticos que hemos sido alcaldes adolecemos de algún defecto y fijación. Vamos por las calles y vemos si están limpias, bien asfaltadas, con aceras cuidadas, si las fachadas están limpias… No dejas de ser alcalde nunca.

¿Era estresante?
No, pero repercutía en casa. La madre de mis hijos se quejaba mucho de que no estaba en casa. Con el secretario del Ayuntamiento despachaba muchas veces a las doce de la noche, de doce a dos de la mañana, y a las siete salía de casa para ir al hospital.

Ocho años así…
Nueve.

'CARPE DIEM'
Mario Mingo no se plantea el momento de la retirada. Su máxima es el ‘carpe diem’, solo se imagina leyendo sin descanso, una de sus mayores pasiones. No tiene grandes sueños para ese momento, no hay viajes ni grandes expectativas en el horizonte, solo seguir en Torrelodones (“¡soy un paleto!”, dice) y ser enterrado allí, como su padre.
Y en ese momento surge venir al Congreso…
Un par de años antes nos habíamos afiliado al Partido Popular, pero también tuve ofertas del Partido Socialista.

¿Cómo se decidió?
Me parecía una opción política mucho más en sintonía con mis propias ideas, mi estilo de vida y la familia en la que había nacido.

¿Antes había tenido algún tipo de acercamiento a la política?
No. En el hospital pertenecí a un sindicato. En Torrelodones había estado en grupos de juventud, parroquial, pero nada que ver con la política. Nuestra generación cambió totalmente el pueblo, antes había guerras tremendas entre la colonia y el pueblo.

¿Por qué?
Rivalidad extrema desde siempre. Cuando jugábamos a fútbol, además de tortas, nos lanzaban pedradas. Los señoritos y los guardeses casi ni se hablaban, había un enfrentamiento tremendo, y les unimos. Las peleas de ‘invernantes’ y ‘veraneantes’ eran odiosas, y también conseguimos unirles.

¿Cómo lo consiguió?
Siendo amigo de todos. La gente rica y la gente pobre tienen virtudes y defectos, como todos, y podemos lograr un máximo común denominador, donde todos podamos hacer las cosas relativamente bien.

Así que fue el pacificador de Torrelodones…
Todos lo fuimos. Las riendas del poder son terroríficas y la opresión que hacen sobre un sujeto, es tremenda.

Cuando se desvinculó de la alcaldía, imagino que los vecinos se sentirían un poco abandonados…
Algunos se enfadaron, y también cuando me hice del PP se sintieron traicionados. Yo les decía que tenían razón.

¿Se lo echaron en cara?
Claro, algunos. Pero yo les decía que era importante para el pueblo, porque cuando eres independiente tienes muchas menos oportunidades para hacer cosas que si estás en un partido político.

¿Quién ‘mandaba’ antes de usted en Torrelodones?
El alcalde anterior a nosotros primero estaba en UCD y luego fue independiente. Después de nosotros, el PP estuvo durante 16 años y ahora son un grupo de vecinos.
El pacificador de Torrelodones




Una vez que se afilió al PP siguió como alcalde…
Un año. Luego renuncié porque no podía tener dos cargos, claro.

¿Cómo decidió dar el salto al Congreso?
José María Aznar me apoyó para las listas del partido en las elecciones nacionales de 1996. Y ahí estamos.

¿Le atraía la política?
Nunca pensé en dedicarme a ella. Yo quería ser catedrático y jefe de Servicio de Cirugía. Tenía que estar todo el día trabajando, ¡tengo seis hijos! Estoy muy agradecido a la madre por hacerme padre de una familia numerosa. Es algo fantástico, un patrimonio maravilloso.

¿Es médico alguno de ellos?
No.

Lo dice un poco…
Tristón, sí. Pero lo más importante es la libertad. Yo siempre les digo a mis hijos “haced lo que queráis, porque alguien que te prohíba hacer algo es un horror”. Pero ahora bien, la otra cara de la misma moneda es la responsabilidad, tienes que ser responsable de tus actos.

Durante las legislaturas anteriores mantuvo una estrecha relación con Ana Pastor, ahora ministra de Fomento 


¿Son seis chicos…?
Cinco varones y una mujer.

Así que se dedican a mundos completamente diferentes al suyo…
Sí. Varios han hecho Derecho, y se dedican a distintas ramas: la banca, eventos, seguros, despacho de abogados… Los más jóvenes están iniciándose en el mundo laboral, como becarios y con trabajos temporales. En fin, la situación en la que estamos.

¿Qué edades tienen?
De 36 a 26 años. Tengo la suerte de que todos los domingos vienen a comer a casa.

¿Tiene nietos?
Cuatro, y uno en camino.

¿Ejerce de abuelo?
Trato de hacer constantemente la pelota a mis nietos para que me quieran.

¿Tiene tiempo para estar con ellos?
Los domingos. Procuro educarles un poquito.

¿Les malcría?
Un poquito también, lo normal.

Esos hijos más jóvenes que se inician en el mercado laboral le trasladarán el panorama actual…
Todas sus inquietudes y problemas, al igual que toda la gente que recibo todos los días aquí en el Congreso o en Torrelodones. Yo estoy para eso.

Así que le molestará la etiqueta de político ajeno a la realidad…
No, porque no me doy por aludido. No es verdad. Conozco perfectamente la realidad que me rodea, las dificultades de la gente, muchas económicas, además de insatisfacción, dolor y sufrimiento.

Eso se les achaca especialmente a los parlamentarios de Congreso y Senado…
¿Y no crees tú que los medios de comunicación tenéis alguna responsabilidad en esa imagen? Os pediría que transmitáis toda la verdad. La mayor parte de la gente que no me conoce pensará que gano muchísimo dinero en el Congreso, que soy un corrupto, que no trabajo, que lo único que me interesa es el poder personal… No es la realidad, es muy diferente.

¿Siente que ahora está más distorsionada que nunca esa realidad?
Sí. Antes se veía una noticia en un periódico y se daba por supuesto que era verdad, hoy día se dice “lo ha puesto el periódico, o la televisión”, y nadie se lo cree.

¿Están más politizados los medios?
No creo que la politización sea mayor ahora que antes. La línea editorial no es mala, es buena. Lo que les digo a mis amigos periodistas, muchos y muy buenos, es que no mezclen información y opinión.
La sesión de espiritismo


¿Se sentía más respetado como alcalde que como parlamentario?
No, más cercano, porque atiendes directamente a todo el mundo, pero aquí (en el Congreso) también atiendes a mucha gente. Yo recibo, como mínimo, de 12 a 14 visitas al día.

¿Es la trayectoria ideal, empezar como alcalde hasta una representación mayor?
Creo que es adecuada. Cuando eres muy joven, el triunfo es un drama. Como los grandes deportistas, que se jubilan a los treinta con una larga vida fuera de la gloria… Es difícil jugar ese partido. Pero si vas mejorando poquito a poco, creciendo en responsabilidad, la vida es más llevadera.

Cuando era alcalde, ¿no pensaba en seguir subiendo peldaños políticos?
Jamás pensé que me iba a dedicar a la política nacional siendo alcalde de mi pueblo.

Pero sí habrá visto el ejemplo contrario, la ansiedad por el poder…
¿Es intrínsecamente malo que una persona tenga en sus venas la aspiración a presidir una nación o a liderar un grupo? Eso es fantástico. La primera ley de la naturaleza es sobrevivir. El primer empleo de la naturaleza es mandar, ser jefe. No decimos nada malo de alguien que con ocho años toca el piano y quiere ser un experto. La política es la más difícil de las artes.

¿Por qué?
Saber mandar es dificilísimo, y mandar bien es ‘la repera’.

¿Cuál es la fórmula? Se le ve conciliador en la Comisión de Sanidad…
Porque tengo un papel de árbitro.

Durante la entrevista, con María Márquez



También es importante el carácter en política…
¿Sabes qué te hace brillar los ojos? La ilusión. Una persona es reconocida como líder por dos circunstancias: por ilusionarse y por ilusionar a los demás en su propio beneficio.

Esa es la fórmula…
Es la característica básica del liderazgo.

¿Y cómo mantiene la ilusión después de tantos años en política?
Cada día hay un nuevo reto. En el ámbito sanitario, la descentralización de competencias era un gran reto, pero al mismo tiempo había una gran ilusión por tener una asistencia más cercana y se podía competir para ofrecer el mejor servicio. Yo pensé que aquello iba a ser fantástico porque la sana competencia, a mi juicio, es enormemente deseable dentro de unos límites y en un orden. Lo que se llama ‘fair play’. Y sin embargo, nos hemos encontrado tensiones, siendo hoy la cohesión un reto que no teníamos hace unos cuantos años.

Así que la sanidad puede ser también un campo (por cambiante) que incentive especialmente esa ilusión…
Creo que el médico y el político tienen unas posibilidades extraordinarias de converger en sus facultades.

¿Quién le ha impresionado más de las personas que ha podido conocer gracias a esta vida parlamentaria?
Feliciano Blázquez, diputado del PP por Ávila. Es un hombre de una trayectoria profesional increíble, hijo de la persona más humilde. Fue presidente del PP en Ávila, llega con tres alcaldes y ‘lo deja’ con doscientos. Fue presidente de la Comisión de Sanidad del Congreso muchos años, con un talante agradable y siempre buscando la armonía. Él es digno de aplauso.

También Aznar me impactaba por su enorme convicción, por su fuerza, su confianza en sí mismo. Era muy difícil aglutinar a la derecha española. A mí jamás se me hubiera ocurrido afiliarme a Alianza Popular, pero me afilié con él al Partido Popular.

DON JOSÉ
Su padre, Don José, no le dejó opción: médico ‘sí o sí’. Acompañando desde niño al médico APD que fue Premio de Investigación Ramón y Cajal, descubrió que la vocación puede ser genética. Severo Ochoa, Gregorio Marañón o Fuente Chaos eran visitas habituales en su casa.
¿Cómo ha visto el desprestigio que ha sufrido él y su mandato?
Hay gente que no le perdona a Aznar que demostrara a toda la sociedad española que hay una alternativa al gobierno del Partido Socialista. Rompe moldes y consigue la confianza, primero en minoría y luego con mayoría amplia ante el reconocimiento de la sociedad española. El país mejora notoriamente y nuestra imagen en el exterior era fantástica.

Tengo la convicción personal de que la sociedad no quiere a la gente que defendemos al PP, no está enamorada de nosotros y solo nos llama cuando nos necesita. Y cuando les hemos arreglado el problema, llaman a los que les han enamorado.

Ve al PP como un amante…
Los que les enamoran son los socialistas. Ellos tienen más capacidad para comunicar, para crear ilusión…

¿Lo piensa ahora?
Hace tiempo. A ellos les quieren, y como son un desastre en la gestión en líneas generales, se acaban cansando y es entonces cuando nos llaman, para sacarles de la dificultad.

¿Qué haría usted para que el PP enamorase a la sociedad?
Es muy difícil. Cómo te puedo enamorar si te digo “niña, tienes que estudiar. No puedes sacar malas notas”…

Disciplina…
Claro. Si te exijo, es difícil enamorarte. Y te exijo mucho porque creo que vas a ser más feliz y vas a llegar más lejos, y además lo vas a tener que compartir. Porque en el ámbito de la generosidad y la solidaridad, al Partido Popular no le gana nadie. Creamos las riquezas y las posibilidades para que eso sea posible, y los demás, no.

¿Se entiende mal la libertad?
Se entiende mal el nivel de exigencia, la necesidad de mejorar. El impulso vital del hombre es vivir, y después procrear para que se mantenga la especie. ¿Qué nos diferencia del animal? La curiosidad, la comprensión… Y por último, trascender. Tú has nacido para crecer, madurar y saltar al más allá.
Feliciano Blázquez y Aznar, referentes


¿Qué estaría haciendo si no estuviese ahora en el Congreso?
Dedicaría más tiempo a la Medicina e indagaría un poco en el comportamiento, leería más en el ámbito de las premoniciones, del más allá.

¿Le interesa ese mundo?
Sí, mucho. El espiritismo.

¿Por alguna experiencia que haya tenido?
Siempre me ha interesado, el concepto del túnel y la luz… Lo he vivido cuando era joven, me llamaban para cuidados intensivos y situaciones extremas (estados de coma) para preguntar a los enfermos qué había pasado. Recogí 28 testimonios, donde la mitad me manifestaron exactamente lo descrito por distintos autores estadounidenses.

¿Coincidían?
Todos. Entrada en el túnel, la luz, la salida a un prado verde o de distintos tonos, un lugar donde no había mucha gente, sensación de paz. Y todos describían también la obligación de volver.

Hay un libro de un neurocirujano, que estoy deseando leer, en el que describe cómo desde su incredulidad vive una experiencia de varios días en coma, algo espectacular. Me parece un campo apasionante. Anticipación, telepatía… Todas las facultades paranormales del hombre que hoy no son reconocidas como científicas, dentro de 20 años serán un axioma científico ineludible.

Me sorprende porque da la impresión de que los médicos son ‘anti’ este mundo…
Los médicos nos tenemos que centrar en la biología, en la fisiología, en la histología, en la propia evolución del enfermo, pero eso no significa que todos los días no encontremos casos sorprendentes que no nos podemos explicar. La evolución comparativa de dos enfermos con las mismas características, por ejemplo. Curaciones incomprensibles…

Mario Mingo posa para 'Revista Médica' en el Congreso


¿Algún caso que le llamase especialmente la atención por incomprensible?
Muchos. No todo es matemática cien por cien, hay muchos matices, y eso lo hace apasionante, al igual que la política.

¿Tiene algún libro de cabecera?
Hay varios. Me gusta mucho también la novela histórica.

¿Y autores?
Lloréns, Posteguillo, Falcones, Sánchez Adalid.También me gustan Julia Navarro, Zafón, Asensi. Extranjeros me gustan Archer, Follet… Leer a Follett es un placer, es fantástico.

¿Cuándo lee?
Por la noche. También leo sobre perfeccionamiento del ser, trastornos del comportamiento…

Volviendo al mundo espiritista, ¿ha indagado en alguna práctica?
Cuando hicimos en Torrelodones el ‘club de los pobres’ para que los humildes pudiesen tener una piscina y un lugar para reunirse, porque solo lo tenían los ricos, hicimos cursos y me encargaron el de parapsicología. Ya de alcalde, seguí organizando este tipo de cursos y llevé a las mejores videntes y a los mejores espiritistas. En una reunión, nos fuimos a cenar a casa de un amigo y montamos una sesión de espiritismo. Tuve la convicción real de que el espíritu estaba detrás de mí, sentí una fuerza fría, no tengo ninguna razón científica para demostrar su existencia, pero tuve la sensación evidente de que aquello era una realidad.

¿Invocaron a algún fallecido?
No. Podría contar muchas anécdotas sobre espiritismo y de cómo hay personas que nos abandonan de una forma trágica o interrumpen violentamente su vida y que tienen más dificultades para irse y se abrazan a ti, y lo hacen manifestando ciertos síntomas.

Mi mejor amigo, que murió con 33 años, me acompañó durante seis meses, estuve con su presencia constantemente. Tenía muchos dolores de cabeza. Este tema es enormemente ilustrativo y plantea dudas, porque los sentimientos son reales y los hechos son reales.

Supongo que su fallecimiento fue una experiencia muy fuerte…
Muy fuerte. Iba todos los días a verle, era exseminarista, estaba casado y tenía dos niños pequeños, y me decía “no lo entiendo, Mario, si es que soy tan joven”. Era un drama. Hay distintas formas de afrontar tu muerte, hay gente que se quiere morir para alcanzar el descanso eterno. No es nada ominoso ni negativo, es el fin de la vida terrena, hay que pasar por ello. Y hay gente que busca la muerte.  Las personas mayores que van a peor, con más dolores y problemas… Eso es heroicidad.

¿Le gustaría ser muy longevo?
Esa pregunta depende fundamentalmente de las circunstancias. Si tengo muchos dolores casi diría “libérame Dios de este cáliz”. Creo que el problema de ser muy longevo es que pierdes las relaciones, tu mujer y tus amigos mueren, y te encuentras en una gran soledad.

Yo creo que hay momentos en tu vida que no quieres vivir, y son profundamente tristes. Pero hay otros momentos tan maravillosos… Hay que vivir los dos momentos. Lo más importante es la vida y el amor.

La familia…
Hay cuatro tipos de amor en la filosofía clásica: el amor-afecto, amor-eros, amor-amistad, amor-caridad. Hay que tener los cuatro porque son trascendentes.