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02/03/2014 n174
El hospital innovador mima las ideas
Joan Chafer, Sergio Muñoz, Lorena Carrillo, Miguel Ángel Armengol e Irene Ruano, de la Unidad de Innovación del Clínico San Carlos
Catorce hospitales públicos han incorporado, desde 2009, unidades de apoyo a la innovación. Se trata de departamentos en los que trabajan ingenieros y periodistas, entre otros licenciados a priori ajenos a la asistencia del enfermo, para realizar una labor desco- nocida hasta la fecha: poner en contacto el conocimiento de los médicos y, más difícil todavía, materializar
materializar la chispa creativa que sabe aprovechar esta sinergia para atender necesidades clínicas reales. Dicho de esta manera, ni los facultativos más aventajados creerían en semejante milagro. Pero la velocidad con que se propagan las nuevas tecnologías ha puesto coto a la fantasía transformándola en soluciones que el paciente puede ver y tocar.
Javier Barbado

Luis es un niño de ocho años que en los recreos se queda apostado a un lado del patio y observa, resignado, cómo sus amigos juegan y se divierten. Desde los cinco padece asma y, aunque lleva consigo el ventolín allá donde va, sus profesores han recibido la instrucción de impedir que haga ejercicio en su tiempo libre. Pero no es el único que refunfuña durante el momento reservado para el ocio en el colegio. A Marta, su profesora, poca gracia le hace ver cómo Luis se come un bollo azucarado porque ella también lo quisiera para sí, pero su diabetes le impide ingerir glucosa a deshora. Por último, Carlos, el padre de Luis que se acerca esta mañana a verle tras hablar con Marta, debe hacerse controles rutinarios del anticoagulante que toma y que le mantiene libre del riesgo de infarto, pero también le impide recoger a su hijo del colegio todos los días que quisiera.

La unidad, la Red Itemas y la Incubadora de Ideas


Aprovechar las nuevas tecnologías Por suerte, los tres viven en la era de internet y de las nuevas tecnologías aplicadas al campo de la salud. Esta condición les hace la vida más fácil y les permite suplir por otros esos pequeños placeres que la enfermedad les ha arrebatado. Desde hace pocos años, investigadores del Clínico San Carlos de Madrid y de otros 13 hospitales del Sistema Nacional de Salud (SNS) buscan aplicaciones para el móvil –palabra recién incorporada al idioma– capaces de explicarles a Luis, Marta y Carlos,

El cirujano Julio Mayol dirige la Unidad de Innovación del Hospital Clínico San Carlos de Madrid

respectivamente, cuándo y cómo divertirse a pesar de la limitación de su función pulmonar; cuál es su cantidad de glucosa en sangre e incluso qué cantidades de azúcar de un aperitivo son admisibles por su organismo; y qué opina el cardiólogo de los valores del anticoagulante que le detectaron el día anterior.

Parecen cosas triviales, pero no lo son para millones de personas que se verían identificadas con estos tres problemas de salud tan reales como la vida misma. La innovación es una palabra abstracta de la que mucha gente no ha oído siquiera hablar (de hecho, tampoco hace tanto que la ‘i’ minúscula se incorporó a la investigación y el desarrollo para designar una partida específica de los fondos públicos: la I+D+i) y que, sin embargo, ha encontrado en España y en su sistema sanitario un lugar para realizarse. A pesar de la crisis económica –o tal vez como resultado de ella–, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) financia desde 2009 la Red Itemas, plataforma a la que pertenecen las unidades de apoyo a la innovación de centros como el Clínico San Carlos, dirigida en este caso por su cirujano Julio Mayol.

Ya se están recogiendo frutos Fruto del trabajo de este departamento existen esas ingeniosas aplicaciones, y no es una tarea que solo incumba a sus integrantes (una licenciada en Química, un médico e informático, dos ingenieros de telecomunicaciones y una periodista) sino a muchos otros profesionales que conocen las iniciativas, o las presentan, en las sesiones periódicas de la ‘Incubadora de Ideas’, algo tan sencillo como una reunión en la sede física de la unidad, en el pabellón que da a las urgencias del hospital, que después se cuelga en un portal de vídeos de internet y que pone en contacto a personas e ideas que, de otra manera, tal vez no hubiesen convergido nunca.

Nicholas J. Durr, Shivang Dave, Eduardo Lage, y el 'QuickSee' 

“Se puede dar por caso que el Departamento de Anatomía Patológica y el de Oncología, por ejemplo, trabajen al unísono en sendos proyectos que comparten aspectos sin que sus promotores hayan tenido la oportunidad de saberlo, aunque fuera tomando juntos un café”, explica a 'Revista Médica' la responsable de Comunicación de la Unidad, Lorena Carrillo.

Resulta fácil concluir que el arte de plasmar en inventos tangibles el conocimiento que emana de los profesionales del hospital, y, al mismo tiempo, de poner a éstos en contacto entre sí para “contagiarles” de ese potencial creador, justifica de sobra las funciones del equipo de Mayol, el cual dispone del respaldo del ISCIII para los próximos cuatro años como mínimo.

De esas sesiones matinales –que alguna que otra vez se han celebrado en dependencias ajenas al hospital como, por ejemplo, las del propio ISCIII o las de la extinta Agencia Pedro Laín Entralgo de la Comunidad de Madrid– surgieron ideas como la de ‘Kids Beating Asthma’, una ‘app’ (así se le llama también a las aplicaciones) para móviles y tabletas dirigida a niños con asma que contiene gráficos y contenidos diseñados por dos pediatras del centro, Germán Seara y Santiago Rueda, y software desarrollado por el ingeniero Sergio Muñoz, 

El ingeniero Sergio Muñoz plasma proyectos de la unidad

de la propia unidad, todo ello con el respaldo de la empresa MediaNet Software.

Con este ejemplo se ilustra muy bien el cometido de este servicio, que, según ha insistido Carrillo, parte de la idea de divulgar la cultura de la innovación entre los profesionales, facilitar que conversen entre ellos y, en última instancia, lograr que aparezca en escena la empresa financiadora del proyecto. Para potenciar este objetivo se creó, a su vez, el Consorcio Madrid-MIT M+Vision, “una iniciativa de la Comunidad de Madrid y del Instituto Tecnológico de Massachusetts [MIT] que persigue convertirla en un ecosistema de innovación global en el ámbito de la tecnología biomédica”, contesta Mayol cuando se le pregunta por ella. “Se compone de universidades, centros de investigación, hospitales, empresas y escuelas de negocios situadas en Madrid y en Boston, de modo que se ha conformado una estructura que vincula a grupos de estas dos ciudades para desarrollar productos de innovación tecnológica”, explica. En la práctica, se elabora un programa académico que incluye la formación de investigadores en este campo, y también su rotación durante uno o dos meses por diferentes hospitales para palpar sobre el terreno la adaptación de los trabajos a la realidad clínica.
Comunicación externa e indicadores de calidad, puntos fuertes


Un problema, una idea y una solución Para Carrillo, no cabe duda de que tal acuerdo va a convertir esta autonomía en el “epicentro” de la imagen biomédica del país, y, como botón de muestra, se remite a la última sesión de la ‘Incubadora de Ideas’, donde se abordaron avances en el terreno de la Oftalmología y en la que se presentó, en concreto, un invento que combina la utilidad práctica de graduar gafas de forma automática con la rentabilidad de hacerlo por poco dinero y sin la necesidad de que medie en todo ello una persona cualificada, tal como ha señalado a ‘Revista Médica’ Eduardo Lage, miembro investigador del consorcio.

“Sabemos que miles de millones de personas en el mundo carecen de acceso a las gafas que necesitan para ver y, de éstas, 200 millones padecen una discapacidad visual seria o incluso ceguera.

La app 'Kids beating Asthma', impulsada desde la Incubadora de Ideas del Clínico

La mitad de esta demanda se concentra en países como India y China, en particular en las zonas rurales”, indica. “Descubrimos que el problema reside en que no disponen del número suficiente de optometristas para que sus ciudadanos necesitados de gafas puedan obtenerlas con su graduación. De hecho, si en países como España o Estados Unidos se calcula que existe un optometrista por cada 6.000-8.000 habitantes, en India o en China la proporción es de uno por cada 250.000 personas”, explica Lage.

En los países desarrollados –continúa– se gradúa la vista con ayuda del autorrefractómetro, aparato del que se sirve el médico para obtener de forma objetiva una estimación inicial del déficit visual del paciente (y que no necesita, a priori, que esté presente un profesional formado para ser aprovechado). Pero esa máquina cuesta entre 5.000 y 15.000 dólares, y, por esa razón, en muchos países se recurre al retinoscopio, cuyo uso requiere de la presencia del técnico .

De este nudo gordiano Lage y sus colegas vislumbraron una idea que se ha merecido con creces el calificativo de “innovadora”: un dispositivo que cuesta la décima parte que un autorrefractómetro y que, sin embargo, ha probado ser mejor a la hora de medir los errores refractivos y el astigmatismo, que son las deficiencias visuales más comunes. Bautizado como 'QuickSee', está pendiente la presentación de su segundo prototipo este mes de marzo en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, y sus creadores se han puesto en contacto con una empresa que pertenece al prestigioso instituto oftalmológico indio Arabin. Todo un reflejo de cómo se materializa un pensamiento compartido entre clínicos, ingenieros y empresarios en un objeto capaz de hacer ver a millones de personas.

El retorno social, acicate para el financiador Para conseguir que las empresas financien los proyectos, la unidad que coordina Mayol utiliza una fórmula de medida de su potencial impacto social: el SROI (siglas en inglés de “retorno social de la inversión”). Según aclara Muñoz, “se trata de un método de medida económica que añade valores de índole social para conocer los beneficios que producirá el producto entre los ciudadanos”. “De hecho –apunta Carrillo– hemos comprobado que el uso del SROI en los proyectos de aplicaciones de salud sirve para triplicar sus beneficios”.

En su opinión, la unidad del hospital en que trabaja la integra un equipo que busca hacer rentables los conocimientos teóricos compartidos, y eso ha sido posible “con nuestra generación”. Como poco, ya han hecho más fácil la vida de Luis, Marta y Carlos.