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23/02/2014 n173
Alfonso Moreno:
“Me han caído
muchos palos
por la troncalidad”
Apasionado del toreo, Alfonso Moreno, presidente del Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud, sin capote, pero con mucha mano izquierda, ha mediado entre las diferentes especialidades, cuyos intereses encontrados le han valido a lo largo de los años de discusión del proyecto de troncalidad más de un disgusto. Casi tantos como su ‘Atleti’.
Hiedra García Sampedro

Imagen:
Miguel Ángel Escobar
Muchos años dedicados a la docencia médica, ¿cómo recuerda su propia etapa de formación universitaria?
Casi está olvidada por el tiempo que ha pasado, cuarenta y bastantes años. Evidentemente, era otro tipo de sociedad. Yo vine a estudiar a Madrid desde un pueblecito de Ávila y me alojé en una pensión porque los colegios mayores eran escasos. Allí nos daban de comer y cuando había sopa o puré nos lo servían en un plato llano y no hondo por las carencias que había. Eso refleja aquellos momentos, que, sin embargo, eran bastante agradables y con posibilidad de aprovechar las oportunidades.

Eran tiempos convulsos los de finales de los 60…
La universidad estaba muy agitada. Además, eran cursos extremadamente numerosos, en la Facultad de Medicina de la Complutense donde yo estudié los cursos sobrepasaban los 1.000 alumnos, y en algunos casos llegaban a 2.000. Eran los años 60, en los que no solo en la universidad se vivía el cambio, sino en la sociedad española y europea, que culminó en el famoso año 68, que si bien Francia fue la que lideró ese movimiento, también tuvo ramificaciones en España.

Entre la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y la ministra de Sanidad y Consumo, Elena Salgado



Era una época donde la formación de especialistas médicos aún no estaba reglada…
No estaba tan reglada como ahora. En aquellos momentos, terminabas la licenciatura de Medicina y te apañabas solo para formarte en la especialidad que te gustara o que pudieras. ¿Cómo lo hacías?, pues acudiendo al responsable del servicio, al hospital, y ‘chupando mucha rueda’.

¿Cómo se vivía aquél primer momento en el hospital?
A lo largo de la carrera teníamos un contacto intenso con el hospital porque existía la figura del alumno interno en un servicio o laboratorio que iba adquiriendo conocimientos. Eso te iba calando y al final era uno de los argumentos más importantes que tenías para luego elegir especialidad, solías quedarte en aquel servicio donde habías empezado como alumno interno.
Los inicios como alumno de Medicina y joven farmacólogo


¿Ese fue su caso, así comenzaron sus pasos en la Farmacología?
Sí me pasó, fui alumno interno por oposición desde tercero de Medicina en Farmacología. Entonces, recibíamos una gratificación pequeña por parte de la universidad, que no era un salario, pero estaba reconocido como un mérito importante.

¿Fue buen alumno? ¿De dónde le viene la vocación por la Medicina?
Yo digo que era un alumno normal. Me decanté por Medicina porque en mi pueblo había un médico de toda la vida, muy humanista y muy próximo, era el médico que se sentaba en la cama cuando iba a visitar al enfermo al domicilio y le cogía las manos y le hablaba. Quizás curaba poco, pero aliviaba muchísimo, y eso es muy importante en Medicina.

En la Subcomisión del Congreso para el Pacto por la Sanidad, donde compareció como experto



Sin embargo, en Farmacología no existe tanto contacto con el paciente…
No, pero no sé por qué razón -quizás porque conocí a gente dentro el departamento de Farmacología- cuando empecé con el tema del medicamento comenzó en mí una vocación que a lo mejor yo ni conocía.

Vocación por el estudio de los fármacos…
Sí, de lo nuevo, de lo que pudiera ser un avance o una innovación, de lo que pudiera ser útil para tratar de remediar lo posible la patología del enfermo.

Con la ministra Ana Mato y la secretaria general Pilar Farjas



¿Y cómo se siente un farmacólogo en el hospital entre tanto ‘médico asistencial’?
Nos sentimos bien, no olvidemos que el farmacólogo es médico y tiene que dar respuestas a muchas situaciones que te demanda el médico responsable del enfermo. Damos respuestas que van a orientar el tratamiento.

¿Tuvo la oportunidad de salir al extranjero en su etapa de estudiante para conocer qué se cocía en otros países?
En aquel momento era muy difícil, no tuve la oportunidad. Salí algunos meses a Francia, después de terminar la carrera de Medicina y estando ya en el laboratorio de Farmacología. No existían las facilidades de comunicación y de conocimiento que hay hoy, ni disponibilidades de todo tipo, incluso económicas. Nuestra generación se quedó en el sitio, lo cual no es bueno, porque es mejor abrir los ojos y conocer otras culturas, otros ámbitos universitarios y hospitalarios.
Los quebraderos de cabeza de la troncalidad


¿Con qué faceta se siente mejor, la universitaria o la hospitalaria?
Con las dos cosas en este momento, en docencia ves nuevas generaciones de personas que se van renovando y tú te vas quedando ahí, dándote cuenta de que cada vez te haces más mayor (que no más viejo).

Ya son 20 años como presidente del Consejo Nacional de Especialidades Médicas (luego en Ciencias de la Salud)…
Las primeras comisiones nacionales se crearon en 1978, y yo formo parte de la docencia de especialistas médicos desde que comenzó en ese año, en esos primeros momentos como vocal de la comisión nacional de mi especialidad. Después fui presidente de la comisión en los 80, y luego me presenté para presidente del Consejo en las elecciones del 94 y fui elegido por el pleno, que está integrado por los presidentes de las comisiones nacionales.
Andar, fútbol y toros
Alfonso Moreno es “espectador de muchas cosas”. Le gusta el deporte en general como espectador. En el fútbol se declara “sufridor”, del Atlético de Madrid. Se cuida haciendo ejercicio en una cinta de caminar en casa. Todos los días dedica una hora antes de ir al hospital, y eso que entra a las ocho menos cuarto de la mañana, por lo que se tiene que levantar a las cinco y media para que le dé tiempo. También le gusta estar enterado de todos los temas de actualidad. Y confiesa que es un aficionado profundo a los toros.


En principio, la renovación de las comisiones es cada cuatro años, bien es verdad que se va retrasando, no es como en las elecciones generales o autonómicas que inexorablemente a los cuatro años se realizan si no ha habido antes. En las comisiones hay algún solapamiento de cinco o seis años. Son varias las veces que yo he renovado en este puesto.

Y en ese tiempo ha visto cómo han ido apareciendo leyes sobre la formación de especialistas…
Al decreto del 78 le sucedió el del 84, que digamos perfeccionó más y acotó más la formación de los especialistas y fue crucial, prácticamente no se modificó hasta que la LOPS del 2003 lo dejó sin contenido.

Tanto la renovación de las comisiones como las normativas de formación se han caracterizado por el retraso, ¿siente que estos procesos van muy lentos?
Uno de mis tíos era médico e hice el bachiller en el pueblo donde trabajaba, Albox, que además tuvo una saga de médicos muy importantes en Almería. En el hospital más importante de Murcia, Virgen de la Arrixaca, un gran porcentaje de médicos procedía de allí. Supongo que aquella estancia me influyó en la elección.

Ha habido retraso. En cuanto a las comisiones, la lentitud viene de la elección de representantes por parte de las comunidades autónomas. Se tienen que poner de acuerdo las 17 para determinar los especialistas más competentes, y solo pueden nombrar a cuatro para cada comisión. El retardo está ahí, porque las sociedades científicas en su elección son bastante rápidas.

Rodeado de los ministros Bernat Soria, Mercedes Cabrera, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, y la Infanta Elena



¿Pasa lo mismo entonces con la legislación, por ejemplo con el actual proyecto de troncalidad?
Sí, también, porque todo pasa por la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud, compuesto por representantes de las comunidades autónomas.

En todo este tiempo, ¿destacaría algún representante ministerial más sensible con el tema formativo?
Siendo presidente del Consejo he conocido a nueve ministros. Empecé cuando la ministra era Ángeles Amador. Recuerdo a José Manuel Romay Beccaría como un ministro excelente, muy cercano, y a Ana Pastor muy volcada en estos temas, hacía un seguimiento muy directo, al igual que el actual director general de Ordenación Profesional, José Javier Castrodeza. Con Trinidad Jiménez y Ana Mato también hemos tenido contacto, sin embargo con Leire Pajín muy poco.
Un espectador de deportes que madruga para andar


¿Se ha sentido alguna vez como un árbitro, al tener que dirimir entre las especialidades por ejemplo con el tema de la troncalidad?
Muchas veces. Más de una vez he tenido que estar en el medio. En la troncalidad ha habido demasiado ruido. Se han emitido opiniones de forma prematura sin conocer el tema en profundidad.

¿Las especialidades quieren mantener su poder?
Probablemente. Se suele decir, ‘virgencita que me quede como estoy’, y ese dicho es apropiado en esta situación. Sin embargo, creo que este cambio es positivo para la formación del médico porque le va a proporcionar una base de conocimientos comunes muy amplia que va a sustentar su formación específica.

¿Le hubiera gustado que se desarrollara de otra manera este proceso?
Que no hubiera sido tan lento, porque llevamos ya diez años y medio. En marzo veremos el decreto y a partir de ahora, cuando ese decreto esté en el Boletín Oficial del Estado, hay que hacer un desarrollo, que no se realiza en un mes ni en dos meses.

Conversa con Íñigo Noriega, entonces presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medcina. Siempre ha tenido contacto muy directo con los estudiantes



¿Ha contado el número de reuniones que ha tenido a propósito de la troncalidad?
Muchísimas, aunque no soy maniático de contabilizar. Algunas semanas tres veces, y ha habido días que eran mañana y tarde. Ha habido multitud de reuniones con comisiones a favor, con otras en contra, y otras en el medio, con las que he tratado de mediar y de llegar a acuerdos y a veces recibiendo palos.

¿Y cómo se compagina esta labor en el Consejo con la de jefe del Servicio de Farmacología en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid?
Bien, porque he tenido la gran suerte de tener en el servicio a unas personas excepcionales. Creo que funcionan mejor cuando yo no estoy, sin ninguna duda. Los responsables del hospital que ha habido -el que más tiempo lleva es José Soto, el gerente actual- me han permitido desempeñar mi labor en el Consejo y han visto que es importante para el hospital tener representación.

¿Y en la facultad?
He tenido suerte. La clase es prioritaria y nunca me he perdido una por algún tema del Consejo. Las reuniones las convocaba fuera del horario de clases. A eso ha contribuido que soy un hombre madrugador y que las clases son a las ocho de la mañana, por lo que he podido compaginar todas las cosas.

Junto a su mujer, Natividad Nalda

Y desde el punto de vista personal, siempre he procurado ‘cerrar el quiosco’ a las seis de la tarde.

¿Y todavía visita aquel pueblecito de Ávila que dejó hace más de 40 años para ir a Madrid?
Entre mis tres hermanos y yo hemos rehecho la casa que tenían mis padres, de manera que tenemos un piso cada uno. Allí nos juntamos, aunque voy menos de lo que quisiera. Entre navidad y semana santa me escapo un día, y en navidad y verano estoy unos días más. También tengo que compaginarlo con otro lugar encantador, con Logroño, de donde es mi mujer. Disfruto estando en el pueblo, aunque yo soy urbano, me gusta vivir en un sitio cómodo donde tenga a mano todas las cosas, porque me gusta caminar o moverme en transporte público más que en el coche.