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09/02/2014 n171
Jesús Aguirre:
“Conseguí el disco de
‘Jesucristo Superstar’
de contrabando”
Se tomó el cambio de siglo con ganas. En poco más de 10 años, ha llegado al Senado desde su tranquila plaza de APD en un pueblo cordobés. La mecha del adolescente inconformista y fan de ‘Jesucristo Superstar’ la encendió la campaña electoral de Juliana Fariña. Más tarde, la llamada de Javier Arenas para ser portavoz de Sanidad culminó una etapa cuyo final aún ve lejos, pero cuando llegue, el destino será El Rompido (Huelva). Jesús Aguirre cuenta a ‘Revista Médica’ con quién comparte el clan de ‘los pichurriquis’ y qué foto guarda con más cariño.
María Márquez

Imagen:
Miguel Ángel Escobar
Con tanto viaje entre Madrid y Córdoba, ¿no le pasa factura el estrés?
No. Lo elimino a base de ‘paddle’. Cuando voy en el AVE voy cerrando el partido. Sé que tengo un vicio, y además soy de los que machacan.

Competitivo…
Muy competitivo. Y esto hace que elimine gran parte del estrés que acumulo. Y aparte, también tengo mi tratamiento para la tensión.

¿Cuántos partidos juega a la semana?
Tres o cuatro.

¿Con pareja?
Tengo aquí (señala el móvil) mi base de datos que pone ‘paddle’, muchos amigos a los que aviso por ‘whatsapp’. Les digo “¿quién viene a las ocho?”. Tengo la suerte de tener pista en mi casa, por lo que es muy fácil organizarme.

¿Tiene pareja fija?
Solo mi mujer. En el ‘paddle’ no es importante tener pareja fija, sino nivelar las parejas. Sé perfectamente cómo juega toda mi base de datos, y ahí organizamos.

¿Cuándo comenzó su afición?
Antes que la de Aznar. Yo era campeón de tenis universitario, en mi época de la Facultad de Medicina. Esta gordura engaña, eh (risas).

Con la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, con la que tiene una excelente relación

A veces los amigos de mi hijo que vienen en plan cachas dicen “¿con este gordo calvo vamos a jugar?”. Y no les perdono, a esos sí que los machaco.

En una época de muchísimo trabajo, en la pública y en la privada, no pude seguir con el tenis, pero lo retomé en 1992 con el ‘paddle’, con la primera pista que se hizo en Córdoba, en Hornachuelos, al lado de donde yo trabajaba.

¿Por curiosidad?
Como venía del tenis… Aunque peses 100 kilos, si sabes situarte y moverte un poquito, llegas perfectamente a la pelota. La habilidad la coges con la experiencia y a base de romper muchas raquetas.

Entonces decidió montar la pista en casa…
El chalé donde yo vivo está al lado del de mi padre. Él tenía una pista de tenis, y la hemos adecuado para el ‘paddle’.

Así que adicción total…
Total. Al trabajo y al ‘paddle’.

¿Y este ánimo competitivo lo traslada a su actitud vital?
Sí. Mi mujer se queja muchas veces y me dice “a tus niños, ni al parchís le dejabas ganar”. Mis hijos hablan de la suerte, pero siempre he pensado que la suerte es la que uno se busca, a base de trabajo y de empeño. Cuando juego al ‘paddle’, le digo a mi pareja “lo importante no es ganar, es machacar al contrario”. Va en el carácter.

¿Le ha ayudado ser así?
Yo siempre he sido innovador. Cuando he llegado al Colegio de Médicos de Córdoba, al Consejo General de Médicos, al sindicato médico, a las sociedades científicas… Hay un pensamiento que siempre me ha guiado: ante la adversidad no hay que pensar qué te va a pasar, sino qué vas a hacer. No pasar de puntillas ante las cosas, sino tener una posición clara y contundente, conlleva a que muchas veces seas políticamente incorrecto, colegialmente incorrecto, sindicalmente incorrecto. Pero bueno, es mi estilo, y mi forma.

¿En qué momento ha dicho “me he pasado”?
Muchas veces he pensado “para qué me meto yo en estos fregaos”.

¿Más en la etapa colegial… O ahora?
En la etapa colegial, en Andalucía, yo era el discordante porque era el innovador. En 2002, como presidente del Colegio de Médicos de Córdoba, y también en el Consejo General de Colegios.

Recibiendo la medalla del Consejo Andaluz de Médicos, en presencia de su amigo Serafín Romero

Fue una época en la que había que llegar a pactos y lo conseguimos ense- guida.

Los tiempos políticos son diferentes, sobre todo para aquel que no tenga una trayec- toria de muchos años, como es mi caso. Cuando llegué al Senado, me comía el mundo, con muchas ideas, proposiciones de ley. Pero luego vi que había unos cauces y unas personas a las que había que respetar. El primer año y medio lo pasé mal hasta que me supe poner en mi sitio, hasta que supe controlarme y conocer los tiempos políticos, más pausados.

¿Y en la etapa colegial, por qué iba a contracorriente?
Cuando llegas a un colegio con una candidatura que se ha enfrentado a las dos oficialistas y ha ganado, siendo un médico al que no conoce nadie, con una candidatura de amigos… Por entonces, un periódico decía “la izquierda mangonea al Colegio de Córdoba”. Y “la izquierda” era yo, un militante del Partido Popular. Lo que pasaba es que entré con ideas renovadoras. Pero fue una época muy bonita, y ‘de esos polvos vienen estos lodos’. A senador no llegas de la nada, tienes que tener una trayectoria, pero no estaba en la estructura orgánica cuando vinieron a proponerme en las listas con el PP para el Senado, hace seis años.

¿Cuándo se había hecho militante?
Diez o doce años atrás, mi mujer llevaba más tiempo.

¿Esta afinidad política le ha pesado en su etapa colegial? ¿Se lo han echado en cara alguna vez?
Al contrario, me echaban en cara que ‘la izquierda’ llegaba al colegio. Fíjate el despiste que tenía aquel periódico. No tiene que ver una cosa con la otra.

¿Nunca le han atacado por ahí?
Sí, pero prefiero callarme. Sabía cuáles eran mis funciones en el colegio, la defensa de la calidad asistencial de los colegiados hacia la población, por eso me posicionaba con leyes, independientemente del signo político que tuviesen.

¿Eso es fácil cuando se tiene una orientación política clara?
No tienes por qué comulgar cien por cien con la tendencia política. En aquella época, podía tener disparidad de criterios y sabía cuál era mi prioridad colegial, como ahora sé perfectamente que mi prioridad es el programa electoral del Partido Popular. A eso es a lo que me he comprometido.

El senador recuerda el día que aceptó entrar en la lista del PP


¿Se acuerda del día en el que le llamaron para encabezar las listas del PP?
En 2008, me iba a Venezuela. La llamada supuso un trauma para mi familia, la verdad. Un shock. Pero a mí me gusta meterme en todos los charcos. El presidente provincial del partido, actual alcalde de Córdoba, me llamó. Había hablado con él en alguna ocasión, sobre todo del Plan de Abordaje Integral al Médico Enfermo (Paime), que emanó del colegio. El colegio por entonces estaba en expansión. Le dije que “sí” y luego tuve que convencer a mi familia.

¿Por qué eran tan reacios?
Dar un paso a la política nacional supone un compromiso muy importante con tu electorado. Además, como decía mi mujer, era pasar de la profesión más valorada, la de médico, a la más denostada, la de político. Pero me metí en esto, y estoy a gustísimo, como en los otros cargos que he tenido.

Seis años más tarde, ¿qué pone en la balanza?
El hecho de que tu ideario pueda servir para pequeños cambios dentro de tu ámbito de competencia, como es la sanidad, que cree corriente de opinión, es muy positivo. La política la entiendo como servicio. Estoy convencido de que hay que conocer la política a través de la vida, y no al revés, así que para mí ha sido gratificante. No es mi ‘modus vivendi’, porque tengo mi plaza de APD, pero es algo que me aporta una gran satisfacción.

¿Y negativo?
Pues estamos ahora mismo en la picota. El político no está muy identificado con la sociedad, y es nuestra razón de ser. Eso hace que te falte el apoyo. Muchas veces ves que es complicado. Tenemos que identificarnos más con la sociedad, la culpa es nuestra, quizás hemos estado un poco a espaldas del votante. Creo que es cuestión de tiempo. Ahora toca que nos ‘den leña’, y si nos la dan, es porque nos lo merecemos. La razón es de la sociedad, no se equivoca. A veces te replanteas si merece la pena estar metido en esto o disfrutar en mi consulta, donde he disfrutado toda mi vida.

¿Y la repercusión mediática? Hubo un momento en el que acaparó titulares…
Esas declaraciones tenían dos puntos. En uno, decía que era el momento de que, una vez pasadas las elecciones andaluzas,

En su etapa de presidente del Colegio de Médicos de Córdoba, con la entonces alcaldesa de la ciudad, Rosa Aguilar

los políticos dijesen la verdad sobre el déficit sanitario que había en Andalucía. Por otro lado, dije que la sanidad pública no es gratuita. Son frases que en el contexto no son tan duras. Estoy convencido de que la sanidad no es gratuita, sino que la pagamos con los impuestos de todos, y lo que es gratuita es la asistencia, tanto la Atención Primaria como la hospitalaria. Es verdad que muchas veces tenemos discursos según la época, y ese es un tema que tenemos que limar, es una de las causas de la falta de empatía con el tema electoral.

Echando la vista atrás, ¿le sorprende estar en el Senado? ¿Tenía curiosidad por la política?
Yo no había salido nunca de mi pueblo. Yo soy médico de pueblo, no me conocía nadie. Éramos un grupo de amigos que pensamos en cambiar el Colegio de Médicos de Córdoba. Pero quién me iba a decir en el año 2001, que no hace tanto, que iba a estar yo en el Senado. Eso era impensable. Jamás lo pensé, yo estaba concentrado en mis pacientes, mi familia y mis cosas. Pero nunca sabes…

Y portavoz de Sanidad…
Por supuesto, es lo mío. En un principio iba como subdelegado de Gobierno, incluso salió en toda la prensa de Córdoba. Pero de pronto, a través de Javier Arenas, salió la oportunidad de ser portavoz de Sanidad. Me llamó y me dijo, “tienes diez minutos”. Y le dije “me sobran nueve”. Lo mío es la sanidad.

Y además ese cargo sería más cómodo, en su ciudad…
Sí, pero me desvinculaba de mi mundillo sanitario. Y la portavocía es muy importante.

Con una reforma sanitaria de fondo…
Yo la veo interesantísima. Venimos de la Ley General de Sanidad, cuando estábamos muy bien, pero más tarde la sanidad se debilitó quizás porque se han tomado decisiones políticas y no técnicas, o porque se han creado pozos de ineficiencia. Los 105 reales decretos que ha decidido el PP había que hacerlos para que no solo no se hundiese la sanidad, sino el barco entero.

En 2006, tras ser elegido en asamblea vicepresidente de la OMC. Junto a él Juan José Rodríguez Sendín, ahora presidente de esa corporación, y entonces secretario general

No le amedrentó…
En absoluto. Participo al cien por cien en los decretos del Gobierno, y los defiendo vehementemente, totalmente convencido. Aunque ahora mismo la gente se sienta defraudada por la presión que estamos dando, estoy convencido de que se nos votó con mayoría absoluta para hacer un cambio, y sabían que era duro. De aquí a un tiempo, la gente no se acordará de las medidas que se han tomado, pero sí de los resultados.

¿Qué le sorprendió de la dinámica de trabajo del Senado?
Yo no tenía ni idea de nada. No sabía lo que era una moción, una PNL… Me dieron un librito y empecé a leérmelo. Me fui a Venezuela y cuando volví, me vi en campaña electoral, y tampoco tenía ni idea de cómo se daba un mitin.

Ahora disfruto mucho, hoy mismo se ha llegado a puntos de consenso en una ponencia de estudio. Se llega al consenso, la diferencia no es tan grande entre los grupos.

Desde fuera, se percibe que el acuerdo puede ser un poco más fácil aquí que en el Congreso…
Siempre. Aquí no tenemos la misma presión mediática.

Son conscientes ustedes también…
Claro. La presión mediática hace que tengas que ser más rígido en tus planteamientos. Por ejemplo, con la Ley del Medicamento, de la que he sido ponente, era más fácil negociar aquí que allí [Congreso].

Habrá oído muchas veces que se cuestiona el papel del Senado…
Muchísimo. Habrá que cambiarlo, todo es mejorable. Como Cámara de segunda lectura, podríamos sacarle mayor rendimiento. Para mí, el Senado ideal sería una cámara interterritorial. Teniendo en cuenta las leyes que crean disparidad de criterios entre comunidades autónomas, lo único que se consigue son comunidades de primera y de segunda. Esas leyes deberían lograr la reválida en el Senado, eso conseguiría una España lo más unida posible desde el punto de vista legislativo.

Por qué quiso Aguirre ser presidente del COM de Córdoba


¿Cómo es su relación con el resto de portavoces? ¿Se separa lo político de lo personal?
Buena, sin ningún problema. Cada uno tiene su criterio a la hora de enfocar cualquier tema, lo que no significa que perdamos la caballerosidad, el respeto. De hecho, acabamos de quedar para irnos a almorzar un día para hablar de una ponencia. La relación personal es importante, muchas veces el tiempo personal condiciona el tiempo político. Si tienes buena empatía, es más fácil consensuar. Es más lo que nos une que lo que nos desune.

¿Se ve un senador de largo recorrido?
Ya tengo mis añitos (risas). He empezado tarde. Si hubiéramos gobernado en Andalucía, a lo mejor no estaría aquí, sino en el ejecutivo andaluz. Nunca se sabe dónde vas a estar. A lo mejor en el futuro estoy en el Parlamento andaluz, o tranquilamente jubilado en casa y con mi mujer.

AMIGOS Y BEST SELLER
‘Los pichurriquis’ comparten desde hace muchos años cenas semanales, comidas de domingo y un viaje al año. Eso sin contar las palizas que Aguirre quiere darles al ‘paddle’. Algunos son médicos y otros llevan como pueden “el monotema”. Además de cultivar la amistad, el senador ‘popular’ no se pierde estrenos de cine ni los ‘best sellers’ de Noah Gordon, al que por cierto ha conocido.
Sigue muy vinculado a la realidad andaluza…
Totalmente. Estoy muy en contacto con la portavoz parlamentaria, Ana María Corredera, y en mi grupo asesor a nivel autonómico están todos los parlamentarios de Sanidad del PP. Estoy en continuo contacto con ellos.

¿Cómo vivió el resultado de las últimas elecciones andaluzas?
Con la alegría de haber ganado y la tristeza de no gobernar. Yo creo que la alternancia hubiese sido positiva. Estábamos muy ilusionados. Hicimos un programa electoral muy bueno desde el punto de vista sanitario, que salió de los foros que yo coordinaba, después de tres años de debate. Era muy innovador, de hecho en más de una consejería lo implementaron. No llegamos a conectar con nuestro electorado, y la razón es de quien lleva el voto.

¿Volvería a involucrarse tanto en otra campaña?
Ya estoy involucrado en la próxima, actualizando el programa. Se llamará ‘La sanidad andaluza caminando hacia Europa’.

¿En qué lugar se queda ahora el ‘mundo’ APD?
Es mi gente. Soy APD hasta la médula.

¿Desde cuándo no ejerce?
Desde que entré en política, hace seis años. Tengo mi plaza en el centro de salud de Colón, en Córdoba. Ahora estoy en excedencia.

¿Lo echa de menos?
El trato con la gente. Me decía la hija de una señora “deme una foto suya que la mire de vez en cuando para que se ponga las pilas”. La sanidad ha sido mi razón de ser, he disfrutado con mis pacientes, he llorado con ellos… El médico de APD, de Familia, no es solo médico, es un confidente. Y yo tengo facilidad para que la gente me cuente. Conocía las circunstancias familiares y eso me permitía hacer un tratamiento más integral. Me impliqué mucho en el tema de las drogas, ya desde principios de los ochenta, también con el tema del alcohol.

La primera campaña de la triple vírica que se hizo en Andalucía, en 1985, la hicimos Serafín Romero [expresidente del Colegio de Córdoba y secretario general de la Organización Médica Colegial (OMC)], Bernabé Galán [presidente del Colegio de Córdoba]y yo. En el despacho de Juanjo Rodríguez Sendín [presidente de la OMC] hay una foto de 1987 de los tres con Juanjo. Quién nos iba a decir a los cuatro, por entonces médicos titulares, rurales, cada uno en nuestro pueblo, que el tiempo nos iba a unir otra vez. Ninguno de nosotros ha pasado de puntillas ante nada.

Con Ana María Corredera, compañera en el PP de Andalucía, y Javier de Teresa y Juan José Sánchez Luque, presidentes de los Colegios de Médicos de Granada y Málaga



¿Lo pasó mal con la medida sobre los APD contemplada en el RD 16/2012?
Ya se ha solucionado, gracias a Dios. Dejando ‘sine die’ la integración forzosa que se estipulaba. Personalmente, me afectó. No le vi la razón de ser, aunque, según la secretaria general de Sanidad y Consumo, Pilar Farjas, tenía su justificación. Pero valoro muy positivamente que el Ministerio pudiese dar marcha atrás. Cuando en 1993/94 nos integró forzosamente la Junta de Andalucía también protestamos, pero no dieron marcha atrás. El ministerio ha sabido hacerlo.

Los APD somos un cuerpo de médicos con mucho sentimiento ‘de cuerpo’. La última oposición fue la mía, en 1983. El que no se ha jubilado, le queda poquito.

De la etapa colegial, ¿con qué ‘foto’ se queda?
Quizás la foto más importante fue la de unos médicos de pueblo, a los que no conoce nadie, y que deciden organizar el primer congreso nacional del Plan de Abordaje Integral al Médico Enfermo (Paime). La foto allí me la hice con Rosa Aguilar, como alcaldesa de Córdoba, y Ana Pastor, como ministra de Sanidad. Esa fue la foto de impacto. En el evento también estaban Roberto Sabrido, Guillermo Fernández Vara… La gente nos preguntaba cómo habíamos conseguido ese éxito de convocatoria, y yo respondía: “echándole cara”.

¿En qué año?
2003-2004. Además, la agencia EFE la incluyó como una de las fotos del año en Córdoba.

¿Y sigue involucrado en la organización del Paime?
Ya no, pero también he puesto en marcha en Brasil los Foros Iberoamericanos de Entidad Médica, de Portugal, España e Iberoamérica sobre varios temas como colegiación, acreditación, formación…

¿Cómo fue el paso de su tranquila vida de médico APD a la representación colegial… Un arranque de combatividad?
Fue durante un ingreso hospitalario de mi hermano.

En el Senado, acompañado por Carmen de Aragón, presidenta de la Comisión de Sanidad de la Cámara alta

Estaban en campaña electoral en el Colegio de Médicos de Madrid. En el hospital vi un programa electoral de Juliana Fariña, le quité las chinchetas y me lo llevé. Como me quedé cuidando a mi hermano unos cuantos días, allí empecé a darle vueltas, cogí un papel y empecé a hacer un miniprograma electoral. Averigüé qué se estaba haciendo en otros colegios. Por aquel momento los punteros eran los de Alicante y Barcelona. Pensé “¿y por qué no?”. Nos juntamos en mi casa, presentamos una candidatura… Todas las ‘conspiraciones’ sanitarias son en mi casa (risas). Allí empezamos a formar un equipo de gente sin vinculación colegial. Me acuerdo que Serafín Romero me decía que pensaba que era de coña…

Así que era un grupo de veteranos de la clínica pero sin experiencia en representación…
Amigos de ‘peroles’, como decimos nosotros.

¿No fue por nada especial… Para cambiar algo en concreto que no les gustaba?
No, pero siempre estábamos en la crítica y pensando que el Colegio de Córdoba podría mejorar cosas. Hubo tres candidaturas, la nuestra era la externa, y ganamos.

Ese fue un punto de inflexión en su vida… ¿Qué edad tenía?
47 años.

Un adolescente ‘hippie’


Antes nunca le había llamado el mundo colegial…
Nunca. Había estado en el Sindicato Médico. De hecho, lo fundé en Córdoba. Desde el Sindicato de Médicos Titulares nos fusionamos a principios de los años 80 con los de Cupo y Zona, con el que luego fue mi vicepresidente, Fernando León. Soy el sindicado número uno de Córdoba, pero yo seguía con mi consulta y mis cosas.

¿Cuándo se produjo la ruptura con el sindicalismo?
Dimití como vicepresidente del Sindicato Médico cuando presenté mi candidatura al colegio. Siempre he pensado: ‘una persona, un puesto’.

No se veía de sindicalista…
Sí, me veía de todo. ¿Por qué no? Estaba en la junta de personal, me gustaba el debate… La verdad es que estaba muy a gusto. Participé activamente en su puesta en marcha. Al final estoy aquí por mi carácter y temperamento. Con otro carácter, a lo mejor sería ahora presidente del Sindicato Médico de Córdoba.

Pero en cualquier caso, siempre dando la cara, ¿no?
Por supuesto. Eso va en mi temperamento.

En cuanto a la Medicina, ¿había tradición familiar?
En mi casa hay muchísimos médicos, también enfermeros, auxiliares… En la mesa se habla de Medicina. Tengo un hijo estudiando Diseño y Programación de videojuegos en Madrid y siempre dice “vaya petardo de casa” porque siempre se habla de Medicina. Nunca de política.

¿Su hija es médico también?
Una de ellas prepara el MIR y la otra tiene un cargo gerencial en un hospital privado de Alicante.

Su familia es un apoyo fundamental. Posan con él su hija Teresa y su mujer, Teresa Clavero

¿Su mujer es APD?
Médico de Familia.

¿Nunca se planteó otra profesión?
No. Además, siempre he sido muy mal estudiante. No hubiese sido médico si me hiciese falta nota para entrar. Hubo un ministro, un iluminado, que dijo que en vez de empezar el curso en septiembre, se empezase en enero. Yo había suspendido COU, lo saqué en diciembre y me incorporé el 1 de enero a estudiar Medicina. Pero la verdad es que una vez que empecé, mi expediente fue brillante. De adolescente sí que era un ‘matao’ en los estudios.

¿Por qué?
Los amigos, me gustaba filosofar. Me gustaba una copita de vino y hablar de literatura, de poesía… En mi casa todo el mundo lee. Por entonces, era contrario al poder establecido, contrario a Franco. Creo que el joven tiene que ser así. Era la época de ‘Jesucristo Superstar’. Nos trajimos el disco de contrabando, porque aquí estaba prohibido. Nos íbamos al Círculo Juan XXIII de Córdoba, que era progresista, al conservatorio, hablábamos de música…

Un poco hippie entonces…
Formaba mi personalidad. Iba poquito a clase.

En ese ambiente, ¿no pensó en estudiar otra cosa, Letras quizás?
Tenía claro que sería Medicina, pero dudaba porque era un ‘matao’ como estudiante.

Y cuando llegue la jubilación…
Me iré con mi mujer a El Rompido (Huelva), pero ella dice que no aguantaré sin trabajar. La adrenalina engancha.

No se quiere jubilar sin…
Sin estar en un cargo ejecutivo, quizás. Pero tampoco es necesario. No sé qué complemento me hace falta para cerrar mi vida laboral. Como siempre he estado tan bien donde he estado, nunca he echado nada de menos. Dios dirá.

¿Representación pública más alta?
Más alta sería la caída. Estoy bien donde estoy, pero si el partido me dice que vaya para algún sitio, allí iré.