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02/02/2014 n170
La guerra de la homeopatía

El intento de regulación por parte del Ministerio de Sanidad de los requisitos mínimos y el procedimiento de autorización para que los productos homeopáticos se adecúen a los de los medicamentos de uso humano fabricados industrialmente ha abierto la caja de los truenos. Los detractores y los partidarios se mueven en posturas difícilmente reconciliables. Incluso hablan de ‘guerra’ entre ellos.
Revista Médica


“Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”. La genial y célebre frase del escritor y poeta Oscar Wilde tal vez se le podría aplicar en estos momentos a la homeopatía en nuestro país. Una práctica que actualmente está sin regular como medicamento, pero que a raíz de la publicación del borrador de orden del Ministerio de Sanidad que muestra la intención de hacerlo ha visto cómo buena parte de la

Enrique Lázaro, presidente del CEEM

comunidad médica española se le echa encima cantando y contando sus escasas virtudes. La principal, su falta de evidencia científica, denuncian sus detractores.

En contra de esta regulación ya se han pronunciado ‘pesos pesados’: la federación que agrupa a las sociedades científico-médicas reconocidas por el ministerio, Facme; la Organización Médica Colegial (OMC); también los estudiantes de Medicina a través de su consejo estatal, el CEEM; y la Sociedad Española de Farmacología Clínica. Todos ellos han efectuado un posicionamiento público.


Sin evidencia
La punta de lanza han sido los estudiantes, que reaccionaron horas después de hacerse público el borrador ministerial. “En el momento en que algo que no está demostrado científicamente sale al mercado se crean muchos peligros potenciales”, dijo Enrique Lázaro, presidente del CEEM. Días después Twitter era testigo de que el ‘hashtag’ #NoSinEvidencia, promovido por este consejo estudiantil, aglutinaba miles de reacciones en contra de esta regulación. La respuesta a este movimiento anti-homeopático la lideró Santiago de la Rosa, presidente de la Comisión de Médicos Naturistas del Colegio de Médicos de Madrid, que respondía: “¿Los estudiantes de Medicina en contra de la homeopatía?

Santiago de la Rosa

Que terminen la carrera antes de opinar sobre el tema”. Tal vez pensó que la mejor defensa era un buen ataque a la línea de flotación de la falta de experiencia.

Pero otros que fueron estudiantes en su día, y que ahora ya son médicos experimentados, agrupados en organizaciones profesionales, han ido al rescate del CEEM. La OMC ha hecho sus apreciaciones, eso sí, tal vez ‘obligada’ por la presión recibida por cientos de médicos en Twitter. Su asamblea general, reunida en Granada a mediados de diciembre, consensuaba una declaración que señala que todos los médicos “están obligados por las normas del Código de Deontología Médica a emplear preferentemente procedimientos y prescribir fármacos cuya eficacia se haya demostrado científicamente”. Sin mencionar directamente a la homeopatía, la corporación recuerda que “no son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, y los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces”.


Cese la guerra
Ante el empuje de las ‘tropas’ de la OMC, De la Rosa sacaba bandera blanca, pero insistía en sus argumentos: “Somos médicos colegiados, no curanderos ni estafadores, y nos limitamos a poner nuestro granito de arena, nuestra voluntad y nuestros conocimientos al servicio de los pacientes;

Carlos Macaya preside Facme

pido que termine esta guerra, que se respete la libertad de elección de los pacientes, que no se les trate como tontos -el nivel socioeconómico de quienes recurren a nosotros es medio-alto-, que no se les atemorice ni se les engañe, y a quienes nos critican, sobre todo a los estudiantes, les digo que en Medicina no hay una verdad única, un camino exacto, por mucho que quienes idolatran la estadística y retuercen el método científico así quieran presentarlo”.

Ho hay tregua
Pero con el nuevo año han regresado las hostilidades. Facme, en una nota emitida esta semana de forma conjunta con los farmacólogos clínicos, ha pedido que el ministerio introduzca la obligación de incluir en los envases una leyenda que especifique que se trata de un “producto homeopático sin eficacia demostrada”, porque entiende que “es imprescindible que en este proceso se evite la confusión de los ciudadanos, que creen con fundamento que los medicamentos autorizados que se venden en las farmacias han sido objeto de una evaluación de su eficacia por parte de las autoridades reguladoras. En este tipo de productos, sin embargo, el papel de la Agencia Española de Medicamentos es el de revisar su composición y las garantías de calidad en su fabricación para descartar posibles efectos nocivos del producto, pero en absoluto avalar su eficacia terapéutica”, detalla el comunicado.


No quieren polémica
En el fragor de esta batalla hay voces que quieren alejarse de polémicas y centrarse en su objetivo. Por ejemplo, la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH) –que integra a once asociaciones autonómicas- busca que llegue a buen puerto la regulación y que sea un “primer paso” para una “más ambiciosa” del ejercicio médico de la homeopatía y de la formación profesional. “Estamos de acuerdo con esta regulación si facilitara el acceso a todos los medicamentos homeopáticos en las farmacias con la misma facilidad con que se accede en la actualidad, y con la existente en los países de nuestro entorno, como Alemania y Austria, que tienen legislaciones en vigor sobre medicamentos homeopáticos desde hace muchos años”, comentan desde la FEMH.

El laboratorio por excelencia de productos homeopáticos es Boiron. Consultado por ‘Revista Médica’ sobre el enfrentamiento que está rodeando a la regulación, tampoco ha querido echar leña al fuego.

La Asamblea General de la OMC emitió una declaración bastante dura contra la regulación

Un portavoz ha manifestado que “como señala el proyecto, se emprende un proceso que lo que hará será regular unos medicamentos que ya están, de hecho, integrados en la realidad social, asistencial y científica en España. Reconoce que las exigencias para cada solicitud de registro de estos medicamentos deben ser exactamente las mismas a las directrices que se marcan en el resto de los países de la Unión Europea, por lo que los criterios de evaluación de las solicitudes deben coincidir también con los aplicados en los países de nuestro entorno. Se trata, en definitiva, de que los pacientes españoles tengan las mismas oportunidades de elección del tratamiento y de acceso a los medicamentos que los pacientes de Francia o Italia, por ejemplo”.

Boiron ofrece datos sobre la presencia de la homeopatía. Dice que se utiliza en más de 80 países, con más de 300 millones de pacientes y alrededor de 248.400 médicos la incorporan en sus consultas. En España, 10.000 médicos aconsejan productos homeopáticos, y un estudio reciente indica que uno de cada tres ciudadanos encuestados ha utilizado la homeopatía en alguna ocasión, y un 27 por ciento la utiliza de forma ocasional o regular. El laboratorio pone sobre la mesa además otro estudio que señala que 8 de cada 10 usuarios se muestran satisfechos o muy satisfechos con los resultados obtenidos, alcanzando el 99 por ciento de satisfacción en los pacientes que la usan de manera más regular.

Difícilmente estos números pintados tan positivos van a apaciguar a la legión de profesionales médicos que están clamando contra esta práctica, pero, hoy por hoy, los partidarios de la regulación en torno a los productos homeopáticos cuentan con una baza importante: la directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), Belén Crespo, está de su lado. “Lo que vamos a hacer es aclarar este mercado. Los ciudadanos son soberanos y tienen que estar educados en la utilización de los recursos sanitarios. Si hay alguien que quiere ir a que le traten con homeopatía tiene el derecho a hacerlo con garantías de calidad, y seguridad”, manifestaba recientemente en el diario ‘El País’. Tal vez por eso, en las estancias oficialistas de esta corriente no quieran ‘menear’ el tema para que no se tuerza, y a los detractores les convenga lo contrario: cuanto más ruido, mejor.