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02/02/2014 n170
Conxita Tarruella:
“No quiero la
independencia, pero
hay que dejar votar”
Cada dos meses olvida que se sienta bajo las huellas de los disparos de Tejero y pasa seis horas en ‘su’ centro de Primaria ojeando cómo está la realidad del barrio. La suya, la familiar, la cuida especialmente desde el pasado septiembre, esperando renovar fuerzas con su futura nieta. Leridana por casualidad, dice “no” a la independencia, pero quiere que el pueblo catalán decida por sí mismo. Conxita Tarruella, portavoz de Sanidad de CiU en el Congreso de los Diputados, revela a ‘Revista Médica’ por qué sus padres no querían que fuese enfermera y cuándo pondrá punto y final a su carrera política.
María Márquez

Imagen:
Pablo Eguizábal
¿Cómo es su día a día entre Lleida y Madrid?
Los lunes los dedico al partido, a reuniones, o voy a la Consejería de Salud, a Barcelona. De martes a jueves estoy en Madrid. Los viernes preparo cosas de partido o de jornadas, y las proposiciones de los plenos. Los fines de semana los reparto entre la familia y las obligaciones que tengo como diputada. La provincia de Lleida es extensa, y me solicitan para actos y reuniones. Dedico muchas horas a buscar información o reunirme con expertos sobre las materias.

Desde el pasado septiembre, procuro dedicar todos los fines de semana que puedo a mi familia, para ayudarnos mutuamente porque hemos pasado momentos muy duros. Ahora estoy a punto de tener una nieta y eso nos hace muchísima ilusión.

¿Pensó mucho lo de trasladarse a Madrid o lo tuvo claro?
Yo me había retirado de la política cuando me ofrecieron ser diputada estatal. Había estado trabajando de enfermera los últimos dos años. Cuando acabé mi etapa en el Ayuntamiento de Lleida anuncié que me retiraba de la política. Para mí siempre ha sido pasajera. Para venir a Madrid, puse la condición de que no se presentase nadie más en Lleida, que no quería competir... Y no se presentó nadie más. Pero la verdad es que no me arrepiento. Esta es mi última legislatura. Yo creo en limitaciones de mandatos.

¿Volvería entonces a su plaza de enfermera?
Depende de cuándo acabe la legislatura, quizás unos meses podré volver. Pero estoy próxima a la jubilación… Ojalá pudiese, pero siempre seguiré relacionada desde el voluntariado, dando charlas a asociaciones de pacientes sobre sus derechos…

Con Josep Antoni Duran i Lleida, quien le convenció para que no dejara la política y fuera diputada nacional



¿También dejaría su partido, Unió Democràtica?
No, es mi partido desde hace muchos años. Seguiría en él.

¿Cuándo se hizo militante?
Hace 27 años. Yo era presidenta del Colegio de Enfermeras, me metí allí para cambiar las cosas, y me di cuenta de que para conseguirlo, tienes que entrar en política. Hablar y criticar es muy sencillo, pero intentar arreglar las cosas, es otro paso. En el Colegio pensé que había que dar un paso más. Por entonces conocí a Durán i Lleida, que era eurodiputado. Me gustaba su forma de pensar y su talante dialogante. Y me hice militante de Unió. En 1988, la Diputación de Lleida creó un área de servicios sociales para separarla de sanidad, y me ofrecieron hacerme cargo de ella. En 1992 fui al Parlamento de Cataluña, y más tarde fui directora general de Infancia.

¿Nunca le ha decepcionado la política?
Tiene dos caras. He aprendido mucho, he conocido a gente estupenda y trabajadora, pero también me he llevado grandes decepciones. Como sucede en todas las profesiones.

¿Qué decepción destacaría?
No saber explicar más a la gente qué hacemos en política. Ni todos somos iguales, ni todos trabajamos igual, pero la gran mayoría de políticos trabajamos en beneficio de los ciudadanos. En los plenos y las comisiones siempre se habla de las discrepancias, no de los acuerdos.

Entras en política con ganas de ayudar, y luego ves que los elementos son muy rígidos, que para que ‘se mueva un poquito’ tienes que insistir año tras año. Pero al final, es muy necesario que haya gente en política que quiera arreglar las cosas.

¿Debe Cataluña ser independiente?


Al final le ‘enganchó’…
Sí. Siempre piensas que podrás hacer algo, aunque sea poniendo en riesgo tu vida personal. No solo con tu familia, sino con amigos, a los que casi abandonas, porque pierdes mucho el contacto. Es muy grave cuando tu familia te dice “oye, hazte una foto actualizada bien grande porque no te vamos a conocer”. Eso duele.

¿Eso le dijo su familia?
Sí, cuando era directora general de Infancia. Aunque mis hijos y mi marido siempre me han ayudado muchísimo y me han animado a continuar porque sabían que me gustaba. También me decían “te ponen a caldo cuando estás trabajando todo el día y nosotros casi ni te conocemos”.

Pese a que muchas veces tienes ganas de abandonar, la responsabilidad pesa más. Es una especie de droga que te engancha para poder continuar.

Sin embargo, siempre he procurado no estar más de ocho años en el mismo sitio. No es bueno, porque pierdes la visión, te acomodas a lo que te cuentan y a las discusiones políticas.

¿Qué es lo que más siente haber perdido de su familia como madre, esposa…?
Yo me siento muy orgullosa de ellos, aunque me dijesen eso cuando se enfadaban por las mentiras que se decían. He procurado siempre un día del fin de semana dedicárselo a ellos, porque los dos días es casi imposible. Siempre procurábamos desayunar juntos. Cuando se independizaron mis hijos, he procurado que nos reuniésemos los domingos.

El primer golpe impresionante que he recibido en mi vida, después de la muerte de mi madre, fue el diagnóstico de una enfermedad incurable para mi hijo mayor, una esclerosis múltiple. Tenía 19 años, estaba estudiando. Al mismo tiempo, me estimuló para luchar por las personas que sufren estas enfermedades. Mi hijo desgraciadamente murió en septiembre por un accidente de tráfico que no tuvo nada que ver con su enfermedad. Ha sido el peor golpe que hemos podido tener en la vida. Puedes aceptarlo, pero no se supera. Mi compromiso de luchar al lado de los pacientes y las familias con enfermedades crónicas seguirá mientras siga en política y como voluntaria después.

Las enfermedades neurológicas son, como las raras, las que quizás necesitan más ayuda que el resto porque están más alejadas y castigadas en su conjunto. Además son de por vida y no tienen cura.

En una Comisión de Sanidad del Congreso, con el presidente de este órgano, el 'popular' Mario Mingo



¿Cómo recuerda la etapa en el Parlamento catalán?
Muy bonita. El día que tomé posesión de mi acta como diputada fue muy emocionante. Representar a tu gente, en tu Parlamento, me impactó. Recuerdo la etapa con mucho cariño y mucho esfuerzo. Por entonces estábamos (CiU) en el Gobierno, una etapa con mayoría y la otra sin ella.

¿Y el paso a parlamentaria estatal…?
Fue un cambio absoluto, hasta en las formas de denominar las proposiciones, las dinámicas… He pasado de estar en un grupo mayoritario de un parlamento autonómico a formar parte de un grupo pequeño en el español, y pese a que seamos el tercer grupo del Congreso hay mucha diferencia con los demás. Tu responsabilidad es muy fuerte porque es el tercer grupo parlamentario, pero en comparación con los más de cien diputados de los otros dos grupos… No estás con tanta intensidad y preparación como otros diputados que llevan solo una materia, nosotros tenemos que movernos mucho y resumirlo todo en cinco minutos. Si en una comisión hay catorce proposiciones, tenemos que opinar sobre todas ellas. Quitas horas al sueño y a tu familia, pero lo que más duele es que nuestro trabajo esté tan mal reconocido.

Pero lo que ha marcado su vida es la Enfermería. Lo tuvo claro desde la adolescencia...
Tuve problemas cuando dije que iba a estudiar Enfermería porque mis padres querían que fuese médico, decían que ser enfermera no era suficiente. Entonces, me puse a trabajar de noche en una clínica privada para costearme los estudios si ellos no me ayudaban. Al final, cedieron.

¿Y por qué esa vocación? ¿Tenía algún referente?
No, de hecho había médicos en mi familia. Me gustaba cuidar de las muñecas, de la gente… Fue mi cabezonería y nunca me he arrepentido.

Al poco de empezar a estudiar, a los 20 años, mi vida cambió cuando mi madre murió de cáncer.

¿Usted era la chica de la familia?
Sí, y la mayor. Lo que supuso que tuve que cuidar de mi padre, de mi hermano pequeño y de mi abuela, la madre de mi madre. Esto me hizo ser madura y responsable demasiado pronto.

¿Qué opina de los ministros de Sanidad a los que ha tratado?


¿Siempre ha vivido en Lleida?
Nací en Benavent de Segrià, a ocho kilómetros de Lleida. Tenía que haber nacido en Barbastro, donde vivíamos, y ser aragonesa, pero mis padres fueron a pasar un fin de semana allí, y nací yo, mes y medio antes de tiempo. Fui prematura, con bajo peso.

Viví en Barbastro hasta los 12 años, cuando la empresa maderera de mi padre tuvo problemas. Él cambió de trabajo y nos fuimos a Lleida toda la familia. Desde entonces vivo allí.

¿Qué recuerda de esa etapa?
Tuve una infancia muy feliz en el pueblo, con abuelos y primos. Me eduqué en colegios de monjas, y no tengo ningún trauma.

¿Qué le impactó más en sus primeros contactos con la Enfermería?
La primera vez que vi en vivo una operación.

¿De qué era?
Una simple apendicitis, pero eso de ver abrir los intestinos, te impactaba. Lo que siempre me ha costado mucho, incluso después, son las operaciones de boca, también las oftalmológicas.

Tarruella dice que el reconocimiento que más ilusión le ha hecho ha sido la Venera del Consejo General de Enfermería. Se la impuso el presidente Máximo González Jurado



¿Se especializó hacia alguna rama?
En aquel tiempo no existían las especialidades, pero fui instrumentista mucho tiempo, y en el momento en el que salió la carrera universitaria, enseguida hice la convalidación. He seguido estudiando. También hice cursos de gestión sanitaria, pero siempre me ha gustado más la práctica. La parte gestora la desarrollé cuando fui directora general de Infancia de la Generalitat.

¿Cómo fue esa etapa?
Desde el año 1994 al 1998. La recuerdo como un trabajo muy duro pero grato. Empezamos a poner orden en las adopciones internacionales, llegamos a acuerdos con el Ministerio, elaborando los primeros decretos para autorizar a entidades colaboradoras de adopción internacional.

Este era un terreno más social, pero toda mi vida he estado relacionada con el ámbito sanitario, y siempre con la Cirugía y la Neurología, y más con la Atención Primaria que con el hospital.

De hecho ahora, cuando dispongo de un día libre, procuro acercarme a un centro de Primaria para estar con las compañeras en un turno de seis horas, viendo, escuchando y compartiendo sus problemas. Siempre procuro que no pasen dos meses sin visitarlas. No me gusta perder el contacto con el día a día.

¿Por qué se decidió a estudiar Enfermería?


¿A qué centro va?
Donde yo vivo, en el área básica de Bordeta-Magraners, que comprende dos barrios obreros de la ciudad, quizás los barrios donde hay más problemas sociales. Allí es donde tengo la plaza de enfermera. Voy a enterarme por mí misma de los problemas, in situ.

De los homenajes que le han hecho, ¿cuál le ha emocionado más?
El que me hizo el Consejo General de Enfermería entregándome la Venera de Oro, hace tres años. El acto fue una auténtica sorpresa para mí, muy agradable, no me lo esperaba, los compañeros que no pudieron venir grabaron una dedicatoria. Lo recordaré siempre.

En esta etapa que vive ahora en el Congreso, ¿de qué iniciativa se siente más orgullosa?
Haber logrado que los padres de los niños con cáncer o enfermedades graves puedan cuidar a su hijo, al menos uno de los dos, sin perder su empleo y cobrando algo.
LECTORA A HORAS INTEMPESTIVAS
La lectura es todo un ritual para Conxita, da igual lo tarde que se acueste. Si se muere de sueño, al despertarse recupera ese ratito de evasión. Novelas policiacas, biografías, ensayos políticos… El género no importa. Y para olvidar las tensiones en el Congreso, nada mejor que el ‘aquagym’ y pasear con su marido.
El niño enfermo necesita a los padres, y ellos necesitan estar al lado de su hijo. El día en el que el Partido Socialista modificó tres leyes en los presupuestos generales para que eso fuera posible, encontré compensación a otras muchas dificultades.

¿Qué le gustaría conseguir antes de retirarse de la vida política?
Esta legislatura está siendo muy dura. Aplican ‘el rodillo’ a todo. He defendido muchas iniciativas que me han rechazado, y eso te frustra mucho. El Real Decreto 16/2012 ha marcado la sanidad de este país. Los APD, el copago, la asistencia a inmigrantes… Quisiera cambiar esta política sanitaria que está yendo a peor, pero la pared es muy grande con esta mayoría.

¿Cree que esta última etapa que está viviendo le dejará un sabor agridulce de su paso por el Congreso?
Si no sacamos adelante nuestros proyectos y conseguimos modificar algunas cosas, la verdad es que sí. La parte agria es que todo es ‘no’. Las propuestas que hace el Gobierno en las comisiones son cosas que ya están obligados a hacer… Es una pérdida de tiempo, para cubrir el cupo. Esto no me lo esperaba, estoy muy defraudada de cómo hace las cosas este Gobierno. Y una de las grandes decepciones ha sido la imposibilidad del Pacto por la Sanidad.

¿Qué nota le daría a los ministros con los que ha tratado?
He trabajado con cuatro ministros. A nivel personal, es otra cosa, porque a la ministra Ana Mato la aprecio como persona. La responsabilidad de las medidas es muchas veces del jefe de Gobierno, que es quien les nombra. El equipo que ahora está tomando medidas en materia de sanidad se está equivocando mucho, sobre todo en las formas. Así no se puede llegar a pactos con otras fuerzas parlamentarias.

He trabajado muy a gusto con Trinidad Jiménez, y también con Bernat Soria, a quien conocía de antes. A nivel legislativo, eran más receptivos que la ministra actual.

Los lectores del diario 'Redacción Médica' la eligieron 'Parlamentaria sanitaria más relevante'. En la imagen, con José María Pino, presidente de Sanitaria 2000, editora también de 'Revista Médica'



Como catalana, no como política, ¿cómo vive la polémica por la consulta sobre la soberanía?
Lo vivo con muchísima preocupación. Las mayorías absolutas de los Gobiernos de España y los incumplimientos con Cataluña se han vivido muy mal. Nuestro partido ha pedido un nuevo pacto fiscal sin renunciar a la solidaridad con el Estado, pero no en las proporciones que se han hecho hasta ahora. La actitud de falta de diálogo ha hecho que allí se viva muy mal.

No soy partidaria de la independencia, pero sí creo que hay que dejar votar.

¿Qué cree que pasaría si realmente se hace la consulta?
Cuanto más tiempo pase sin diálogo, más va aumentando el “sí” a la independencia. Si esto se hubiera hablado antes, quizás hubiese salido el “no”. Pero ahora ya tengo mis dudas.

En las peluquerías, en los bares, en las fruterías… En todos los sitios se habla de este tema, y con la misma preocupación que el paro, por ejemplo. Esto me preocupa.

¿Cree que el resto de España entiende esta demanda catalana?
En algunas partes sí, y en otras, no. Los catalanes que viven fuera de Cataluña nos entienden, pero los que solo saben de oídas, no. Hay quienes dicen que en Cataluña no se habla español, y eso es una gran mentira. En Lleida, la mayoría sigue hablando castellano y no pasa nada. La famosa ‘Ley Wert’ ha sentado como un tiro. El Gobierno de Rajoy hace excepciones para País Vasco y Aragón en la Ley de Régimen Local, y se la niega a Cataluña… Todo esto suma para ganar adeptos en el enfado con el Gobierno central, que cada día le pone más leña al fuego.