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26/01/2014 n169
El Celador
La dimisión de Rosell
y la mujer del César
Lo que se ha podido reír mi amigo Manolo con la dimisión del presidente del Barça Sandro Rosell, con lo madridista que es él. “Le han pillao con el carrito del helao y fuera”, gritaba en uno de nuestros ‘cafeses’ mojando el churro. Yo he intentado serenarle y hacerle reflexionar un poco.
“A ver Manolo, este hombre ha dimitido porque le han imputado y no quiere que eso afecte a la imagen del equipo que preside. Que le imputen no significa que sea culpable”, he tratado de explicarle, sin éxito. “Si no fuera culpable no habría dao la espantá”, ha seguido vociferando.
Ya al salir del hospital, volviendo a casa en el metro, me encontré con mi ‘amiguete’ el MIR y estuvimos juntos dándole vueltas al asunto de la responsabilidad de los cargos expuestos a la opinión pública. Me contó, por ejemplo, que el vicepresidente de los médicos españoles, un tal Ricard Gutiérrez, había estado imputado por un escándalo en un hospital catalán, y que muchos habían pedido su dimisión del cargo colegial. Al final el juez descartó cualquier culpabilidad en el asunto.
Que Rosell haya dimitido yo creo que no habla ni de su culpabilidad, ni de su inocencia. Simplemente debería ser un ejemplo de que cuando un cargo de esa relevancia queda expuesto a la sombra de la sospecha de una imputación, está detrás la imagen de la institución a la que representa. Tal vez es lo de la mujer del César, que además de ser honrada debe parecerlo.