¿Quiere recibir Revista Médica en su correo de forma gratuita?
26/01/2014 n169
Hay un crónico
olvidado en mi planta
Javier Leo

Hay miles de pacientes pluripatológicos ‘bloqueando’ camas de agudos en los hospitales públicos. El presidente de Canarias, Paulino Rivero, ha levantado esta semana una ‘liebre’ que en todo el Sistema Nacional de Salud (SNS) podría suponer más de 15.000 camas de agudos ocupadas por pacientes ‘olvidados’ que demandan atención sanitaria a medio y largo plazo. Con estas cifras sobre la mesa, los profesionales denuncian, una vez más, el exceso de literatura y la falta de acción de las autoridades sanitarias en la reorientación práctica del SNS hacia el abordaje de los pacientes crónicos.


Aproximadamente una de cada seis camas del SNS está ocupada por un paciente crónico que tiene el alta médica pero requiere de una atención sociosanitaria que no puede ser proporcionada por sus familias, según los datos del Catálogo Nacional de Hospitales en 2012 y la estimación de los profesionales médicos. Así lo confirman desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), donde cifran en un 15 por ciento (en torno a 16.000 camas si se cruza el porcentaje con los números del catálogo) el número de plazas hospitalarias ‘bloqueadas’ por crónicos dados de alta. Este desajuste entre demanda y oferta asistencial lo ha puesto sobre la mesa el presidente canario, Paulino Rivero, que en unas polémicas declaraciones acusaba a las familias de “abandonar” en los hospitales a sus mayores, a pesar de contar con el alta médica. Detrás de esta falacia, de la que se ha retractado el propio Rivero restando responsabilidad a las familias y asumiendo la falta de recursos y coordinación, los profesionales sanitarios ven un problema del que mucho se habla pero poco se hace: la necesidad de un espacio sociosanitario tangible y efectivo, en Canarias y en la mayoría del resto de las autonomías.

El problema parece claro. Es necesario dar la respuesta asistencial adecuada a este grupo de pacientes que, una vez reciben el alta médica, no abandonan el centro médico porque requieren rehabilitación, porque tienen un nivel de dependencia elevado o porque carecen de familia o estructura familiar que pueda atenderles y en los que no se puede identificar a un cuidador.

xxxxxx xxxx xxx xxxxx xxx

Desde las islas, única comunidad que se ha prestado a reconocer con datos el problema, su presidente ha asegurado que se trata de “un problema cultural” y ha admitido que muchas veces “no hay capacidad para dimensionar el crecimiento de los servicios públicos al ritmo que ha crecido la presión poblacional”.

La directora del Servicio Canario de la Salud (SCS), Juana María Reyes, también ha salido al quite explicando que, ante estos casos, lo que la administración sanitaria intenta es trasladar a estos pacientes a un centro concertado o a uno sociosanitario para evitar ocupar camas en los hospitales. Reyes ha señalado que se trata de un problema que también afecta al SNS y que, aunque siempre ha existido, tal vez se ha visto agrandado por las dificultades económicas que padecen actualmente las familias y por la falta de recursos de la Ley de Dependencia.


Efectivamente, desde septiembre, existe un borrador de Orden conjunta de las consejerías de Sanidad y de Políticas Sociales canarias por el cual se regula el régimen de derivación de este grupo de pacientes. En dicha orden, pendiente de ser publicada en el boletín oficial autonómico, se especifican todos los protocolos a seguir para la derivación de estos pacientes a centros sociosanitarios o a centros concertados, desde los requisitos que debe cumplir el paciente hasta el proceso de traslado y el reconocimiento de su grado de dependencia.

Con orden o sin ella, la Consejería recurre como contrarréplica al argumento de que Canarias es la comunidad peor financiada de todo el Estado en el presupuesto para los servicios públicos esenciales, ya que recibe 387 euros menos por persona que el resto de comunidades autónomas. Este hecho "ineludiblemente" repercute en el sistema público de servicios sociales, pese a lo cual, Canarias “ha hecho un esfuerzo y presenta una mayor cobertura de plazas para personas con discapacidad y plazas públicas para personas mayores, y de otros recursos, como alojamientos para personas sin techo y para mujeres víctimas de violencia”, afirman.

Como respuesta a la crítica autonómica, el Ministerio de Sanidad ha tratado de quitar importancia al asunto. Para Sanidad, la situación canaria “es puntual” y se trata de un problema de gestión en la autonomía porque “existen mecanismos y ejemplos de coordinación en el ámbito de las competencias de las comunidades autónomas para dar solución a esta situación”. Por ello, no se trata de nada que tenga que ver con el sistema, el modelo o los recursos, subrayan desde el Ministerio.


Faltan recursos sociosanitarios
Hay regulación, experiencias pilotos, pero no se acaba de dar el paso definitivo. Los geriatras insisten en que, por mucha normativa que haya, su aplicación sigue siendo una utopía si no se cuentan con los recursos sociosanitarios necesarios.

xxxxxx xxxx xxx xxxxx xxx

Tal y como denuncia el presidente de la SEGG, José Antonio López Trigo, “hay muy pocas camas de estancia intermedia. No existen elementos de transición entre los hospitales de agudos y los domicilios o las residencias”. Los geriatras no hablan solo de falta de camas de estancia intermedia, a su juicio también son necesarias más plazas en residencias dotadas con recursos materiales y humanos que les permitan atender de forma adecuada a pacientes de larga estancia.

“No necesitamos un geriatra en cada esquina, pero sí un número de profesionales que sea suficiente para atender al peso demográfico de una población cada vez más envejecida y compleja de abordar”, asevera el presidente de la SEGG. Los hospitales de crónicos o de cuidados intermedios son una buena solución a largo plazo para garantizar la sostenibilidad, según López Trigo. En especial son buenas para el bolsillo de las autonomías. “Una cama en un hospital de agudos, con toda la dotación tecnológica que requiere, supone un gasto de entre 500 y 600 euros diarios. Los cuidados de rehabilitación que ofrece una cama de un hospital de cuidados intermedios suponen un coste de entre 110 y 120 euros diarios. La diferencia habla por sí sola”, argumenta.


Un problema “cultural”
El espacio sociosanitario está definido conceptualmente pero le cuesta arrancar en la práctica. No hay coordinación y faltan recursos, difíciles de conseguir en época de vacas flacas. La media de edad de los pacientes de un servicio de Medicina Interna supera los 80 años y las descompensaciones de enfermedades crónicas se siguen tratando como si de un paciente con un problema de salud agudo se tratase, explica López Trigo en alusión a la “cuestión cultural” que citaba Rivero. Para los geriatras, la redistribución de efectivos unida al “cambio en el chip” de los servicios sociales

xxxxxx xxxx xxx xxxxx xxx

y de los sanitarios es un elemento clave para superar este obstáculo.

Parece que cada uno se quita lo que no quiere. Las residencias ya no son entidades sociales a las que los mayores acuden a retirarse. Las necesidades de cuidado de los grandes dependientes acaparan la demanda de estos centros en la actualidad y no pueden ser asumidas por el hospital”, comenta. Sin embargo, lamenta López Trigo, “no somos capaces de convencer de ese cambio a los que toman las decisiones. Contamos con planes de atención a este grupo de pacientes muy complejos que contemplan la coordinación con todos los niveles asistenciales, pero si en comunidades como Galicia, Madrid, Andalucía o Comunidad Valenciana la Geriatría ni siquiera está dentro de la cartera de servicios, es difícil avanzar”.

A este respecto, el presidente de la SEGG alerta de las grandes diferencias de atención de los mayores con enfermedades crónicas entre comunidades autónomas y pide al Ministerio que “tome cartas en el asunto” porque se trata de una situación de “inequidad insostenible”.


La cronicidad “no está mal” en España
Más optimistas se muestran los internistas. Según Pilar Román, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), en España “no estamos mal” en lo que a atención a la cronicidad se refiere. “Hay otros países que nos ganan, desde luego, y hay diferente nivel de implantación del nuevo sistema para la cronicidad en las diferentes autonomías. Pero, en conjunto, no estamos mal”.

En este sentido, la presidenta de la SEMI indica que la hoja de ruta para solucionar el asunto de los crónicos ‘olvidados’ pasa “no tanto por crear unidades específicas, sino porque todos cambiemos de mentalidad para atender a los crónicos de otra manera.

xxxxxx xxxx xxx xxxxx xxx

No es que se hagan unidades, sino que cada servicio se organice de manera que pueda apoyar a cada uno de los centros de salud, de los médicos de Primaria, etc. En definitiva, organizarse para atender de una forma diferente a este tipo de paciente”.

Román rebaja la cifra de crónicos que alargan involuntariamente su estancia en el hospital del 15 por ciento apuntado por los geriatras a entre el 8 y el 10 por ciento. “Es cierto”, indica, “que en muchos servicios de Medicina Interna hay un porcentaje considerable de pacientes a los que nos es difícil ubicar una vez han recibido el alta, pero esto no se debe a que las familias no quieran recogerlos. En muchos casos se trata de personas que viven solas, que tienen una pareja también en edad avanzada o cuyas familias sencillamente no tienen recursos suficientes para hacerse cargo de su situación o para pagar a una persona que atienda a sus mayores”. Mientras se gestiona esa “ubicación” del paciente, explica Román, “es verdad que pasan más días en el hospital de los que les corresponden en teoría. Sin embargo, de ahí a decir que se ‘bloquean’ camas existe una interpretación aventurada”.


No faltan camas de agudos
“Si la pregunta es si faltan camas de agudos en España, la respuesta es clara: no. Tampoco faltan profesionales internistas. De hecho estamos un poco por encima de la media europea. El problema es que no están bien distribuidos. Hay plantillas sobredimensionadas en grandes comunidades como la de Madrid, cuando en otras hay déficit de internistas. Una mala planificación de recursos humanos, lo de siempre”, admite la presidenta de la SEMI. Donde sí ven un “claro déficit” los internistas es en el número de plazas en residencias. “En la mayoría de países de Europa esto no ocurre, pero en España hay una gran falta de plazas sociosanitarias en residencias públicas. Privadas hay de sobra, pero está claro que un gran número de pacientes crónicos que requieren de este tipo de atención no disponen de los recursos necesarios para pagarlas”, indica.

Nuevamente, para Román resulta “fundamental” el abordaje sociosanitario de la cronicidad. “En pacientes mayores que a veces viven solos o tienen problemas sociales –argumenta- es tan importante el abordaje social como el sanitario, porque son personas que ya no se van a recuperar completamente. Es necesario que estemos unidos. Lo que no es lógico es que estemos como ahora, separados y sin ningún tipo de conexión. El cuidado activo de estos pacientes que se indica en todas las guías de cronicidad es clave para prevenir las descompensaciones que les llevan al hospital de agudos y fomentar el envejecimiento saludable de la población española”.